La Palma, pueblo de pescadores. Benjamín González Oregel

La Palma, pueblo de pescadores

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

Tratan de pescar en tierra, porque no hay qué  pescar en el Lago

La Palma, Mpio. de Venustiano Carranza, Mich.,–   Para los habitantes de esta población, que desde hace muchos años han vivido de lo que la Laguna de Chapala les ha dado, los tiempos no son los deseados. Con la desaparición de las especies acuáticas que alguna vez fueron motivo de orgullo –entre otras el pescado blanco–, los  pescadores ahora tratan de pescar en tierra firme, en los campos labrantíos, lo que el lago más grande del país ya no les puede dar: el modo de vida.

Guaracha y los pleitos

El origen de La Palma ocurrió, según consta en el Archivo General de la Nación, cuando le fue otorgada una Merced Real  de Ganado Mayor al presbítero don Hernando Toribio de Alcaráz. Esto sucedió el 16 de octubre de 1564. Esta Merced fue dotada con una superficie de  1775.6 hectáreas  de terreno. En el documento se asienta que fue “junto a unas fuentes de las altas vertientes de la laguna de Chapala”.

Fue hasta  1567 cuando  se empezó a poblar el lugar donde hoy se ubica la población, en la “caída del cerro” como lo marca el acta de referencia. 24 calendarios después, hacia el año de 1591, ya  se le conocía como hacienda. Se sabe que en 1603 pasó a poder de la familia Salceda, a los herederos del zamorano Pedro de Salceda. Años más tarde, Jerónimo de Andrade, miembro de la familia que heredó los potreros y latifundio de lo que en 1625 regentaban los Andrade, como propietarios que eran, desde Vista Hermosa y la ribera del Lerma, Briseñas incluida, como nuevo dueño, nombró  apoderada a doña María Cervantes, según la descripción antigua de curatos y sus doctrinas.  En 1628, ya formaba  parte del inmenso latifundio conocido como  Guaracha.

Por este régimen, como parte de las haciendas de Guaracha, la de La Palma, entró en pública subasta en 1710, y pasó a manos del nuevo dueño de Guaracha, el mílite don Fernando Antonio de Villar Villamil. Pero las cosas no estaban del todo claras. En 1736 los herederos de Alcaraz lucharon con el fin de que les fuese devuelto lo que tenía como propio la hacienda de Guaracha. Miembros de las familias Castellanos y Mendoza iniciaron  el litigio. 4 años más tarde, el asunto fue zanjado. La hacienda fue dividida, en 2 partes. Una para José Antonio Castellanos; la otra para Blas Macías. Herederos y sucesores de los reclamantes  lograron mantener, no sin dificultades y presiones, las propiedades,  hasta pasados algunos años después de la Guerra de Independencia.

Guerra de guerrillas y Mezcala

Porque los grandes terratenientes, dueños de vidas y haciendas como eran, no tenían llena. Ambiciosos e insaciables, recurrían a cuanto fuese necesario para engrandecer sus inmensas propiedades. Se sabe que tras el levantamiento armado encabezado por Miguel Hidalgo y Costilla, surgieron brotes de insurrección en buena parte del territorio de la Nueva España. Los Macías, encabezados por don Luis; y los Castellanos, representados por el cura don Marcos Castellanos, no se quedaron atrás; lideraron a un  grupo de palmenses insurrectos que, cansados de las atrocidades de los dueños de Guaracha –a los que motejaban  gachupines–, tomaron las armas para zafarse del yugo. Hay que decir que, el encargado de la organización del naciente ejército, era el viejo hacendado, don Luis.

Y éste, para combatir a tan desigual enemigo, ideó una guerra de guerrillas. La fuerza de las tropas realistas era mucho mayor. Los insurgentes tuvieron que refugiarse y fortificarse en la isla de Mezcala. La suerte  no estaba del lado del cabecilla hacendado y, hecho prisionero, fue fusilado en La Barca, Jalisco. Era el año de 1812.  Entonces  tomó el mando el sacerdote, nacido en este poblado. Tropas y jefe resistieron en el natural refugio que brota del Lago,  allá en lo que ahora es el municipio de Poncitlán, hasta 1816. Calendario en el que aceptaron el indulto que les ofrecía el monarca español.  Don Marcos Castellanos, sacerdote por siempre, se avecindó en Guadalajara. Ciudad de la que tuvo que salir, para hacerse cargo de la feligresía de Ajijíc –siempre la Laguna–, en donde murió, pobre y olvidado, en 1826. La propiedad,  empero, regresó a poder de los dueños de Guaracha, hacia mediados del siglo XIX.

Por fortuna, esta localidad, que había sido considerada entre las más importantes poblaciones portuarias de la Ribera, pudo conservar este rango. Tanto que, por obra del inversionista norteamericano, Duncan Cameron, tuvo a bien recibir la visita del vapor Libertad, el año de 1868. Cameron, además,  tenía dispuesto, que en este puerto, se construyese la última etapa del tren Sullivan, donde cargaría y descargaría mercancías desde y para Morelia.

Cuesta Gallardo

Por esos años, tal vez ya habían contraído matrimonio, en Atequiza, Jalisco, Manuel M. Cuesta y Álvarez del Castillo y Josefa Gallardo Riesch.  De cuya unión nacieron Manuel y Joaquín Cuesta Gallardo (1873, 1874). Un par de hermanos cuyo paso dejó honda impronta en la comunidad  y en el futuro de la Ciénega de Chapala. Sobre todo Manuel, que fue un reconocido y atrevido ingeniero que,  en los inicios de la centuria número 20 (1905), tuvo la osadía, y la capacidad económica, para desecar la parte oriental de la Laguna de Chapala, mediante un bordo, que hoy, lleva su nombre.

De esa obra, escribió el periodista Luis R, Álvarez que, “entre las muchas obras emprendidas por el conocido hombre de negocios Manuel Cuesta Gallardo, merece especial atención, al ocuparnos de ella, la que actualmente emprende desde ‘La Palma’, hasta ‘Punta de Arenas’, comprendiendo una distancia de 25 kilómetros, en los cuales se hace un dique con el fin de evitar la invasión de la Laguna de Chapala y aprovechamiento de los terrenos inundados por ellas, que son magníficos para la agricultura. Actualmente trabajan unos 4 mil operarios, que se rayan semanariamente de 30 a 35 mil pesos , calculándose por esto la magnitud de la obra, una de las mejores y más costosas que ha emprendido el señor Cuesta Gallardo, pues al final le importará la respetable suma de 3 millones de pesos”.

Los terrenos aprovechables –continuaba la nota–, abarcan unas 40 mil hectáreas. “Y el bordo y dique que se ha de establecer, tiene una anchura de unos 30 metros”. El constructor y hacendado, además, era accionista de la Compañía Hidro-Eléctrica e Irrigadora de Chapala. Las obras afectaron  la laguna de Pajacuarán, la ciénega de San Pedro Caro y buena parte de los terrenos cercanos al  pueblo de Ixtlán de los Hervores. Manuel fue, además, el último de los gobernadores porfiristas de Jalisco. Cargo al que llegó, gracias la cercanía con el oaxaqueño Porfirio Díaz. Personaje que solía frecuentar el Lago, durante la Semana Santa, no sin antes descansar en Atequiza. Manuel fue, por si algo faltara, diputado federal por el distrito de La Barca. A raíz de la intervención norteamericana ofreció su cosecha de 15 mil cargas de maíz para las tropas mexicanas. Posteriormente se unió al Villismo. Pero al triunfo del Constitucionalismo, le fueron confiscadas varias propiedades.

Manuel y Joaquín, que también era ingeniero, se valieron de influencias y dinero para apoderarse de los terrenos de los indígenas, para despojar a comunidades indígenas que habitaban la rivera del lago y a quienes les pagaban miserables cantidades de dinero por sus terrenos. Había que apoderarse de los predios cercanos a sus asentamientos y las porciones desecados. Para 1907 los dueños de la hacienda de Briseñas les vendieron el casco y,  con ella, los terrenos desecados de Maltaraña , y la boca del río con su brazo interior hacia el lago de Chapala. Manuel y Joaquín, a su vez, bordearon estos terrenos con materiales extraídos de lugares cercanos.

Conveniencias y sangre

Durante los primeros meses de 1908 Manuel y Joaquín Cuesta Gallardo se repartieron los terrenos ganados al lago de Chapala y acordaron  que Joaquín se convirtiera en dueño de  la isla de Maltaraña, que comprendía una superficie aproximada de 114 hectáreas, además de otras 1975  que pertenecían a las cercanías de la hacienda de La Palma. Con el tiempo y viento a su favor, Joaquín Cástulo Cuesta Gallardo, aconsejado por su padre,  contrajo  matrimonio con doña Antonia Moreno y I. Corcuera, hija de don Diego Moreno; dueño de la hacienda de Guaracha. Esto, con el fin de acrecentar  linaje y poderío familiares. En poco tiempo don Joaquín y doña Antonia hicieron prosperar tan hermosa y fértil hacienda, labrada y cultivada con manos y sudores de peones indígenas en su mayoría precedentes de Michoacán y de familias de rancherías cercanas a Jamay.

Poco le duró el gusto a Joaquín.  En 1913, durante la celebración de un banquete, en honor de Francisco Villa, en Guadalajara, en donde el revolucionario había conseguido un millón de pesos de los cresos tapatíos, tras la batalla de Ocotlán, en la que Joaquín había combatido al lado de El Centauro, un antiguo peón de la hacienda, comenzó a dejar correr la versión de que Villa ya no estaba con los pobres. Y señaló a  Joaquín Cuesta Gallardo como uno de los hacendados más ricos del estado. El general Villa desenfundó su pistola y personalmente la descargó en la persona de Joaquín; que murió instantáneamente. Después  lo mandó colgar en los balcones del palacio de gobierno para que fuese exhibido a la población y externó “ahora sí pa’ que no les quede duda: Villa está con los pobres”.

16 años más tarde, Manuel Cuesta Moreno, hijo de Joaquín y Antonia, cuando dirigía la hacienda de Maltaraña, fue atacado por el diputado federal Rafael Picazo, líder agrarista de la Ciénega, en una estación del tren. Corrió con suerte, logró dar muerte al protegido de don Dámaso Cárdenas. La venganza no tardó en llegar, a pesar de que Manuel fue hecho prisionero. La pagó su hermano  Joaquín, quien fue sorprendido, junto a uno de sus peones, cuando recorría sus terrenos, por un grupo de agraristas comandados por Felipe Picazo, en el año de 1931. Meses más, tarde, Manuel, que había recobrado la libertad, corrió la misma suerte, a manos del mismo matón.

Se contó que doña Antonia, abandonó todo y se refugió en Guadalajara.

De todo ha dado la mata

El presbítero Marcos Castellanos y el viejo hacendado don Luis Macías,  han sido, con mucho, los aquí nacidos mejor y más recordados. Una placa metálica, visible en un breve muro levantado en la plaza, da fe del cariño que guardan los habitantes del pueblo, por los Héroes de la Independencia. También, se acuerdan con especial sentimiento, del presbítero don Enrique Sánchez Navarro, primer párroco de la iglesia, La iglesia parroquial  se debe a el empuje y esfuerzo por el sahuayense liderados. Motivo de particular orgullo, es para los ribereños, hablar de Efrén, “El Alacrán Torres”, un púgil nacido aquí, que llegó a ser Campeón Mundial, en la categoría peso mosca.

Sin embargo, de todo ha dado la mata. A pesar de que la comunidad no tomó bando durante La Revolución –sí aportó cristeros durante La Cristiada–,  tiene que soportar una carga nada confortable: de aquí fue oriundo el mayor Francisco Cárdenas, el asesino material de Francisco I Madero. Por esa causa, sufrió ataques –entre ellos la quema del pueblo–, por parte de los revolucionarios. Huelga decir que no escapó a la furia de Inés Chávez García.

Cardenismo de raíces profundas

Esta comunidad, que fue erigida tenencia de Sahuayo en 1924, y que en 1935 pasara, con el mismo rango, a formar parte de municipio de Venustiano Carranza, fue una de las primeras poblaciones de la Ciénega de Chapala. Dotada de su ejido por la resolución del 25 de octubre de 1923 que desmembró la hacienda de La Palma.

Y no lo olvidan los habitantes de esta tenencia. Apenas se adentra al poblado, se topa con  un monumento  en honor del general Lázaro Cárdenas del Río –se cuenta que intervinieron las mujeres en su construcción–  de quien se observa una busto de cobre, en el que  destaca  una placa que dice: “Al general Lázaro Cárdenas del Río, con admiración, cariño y respeto, de los campesinos de la comunidad agraria de La Palma”.Una cuidada y lustrosa lancha da el toque distintivo, tal vez con la finalidad de recordar las fuentes de vida de la población. Esta localidad es  un trozo de tierra donde más se recuerda al cardenismo. Y se comprueba  al caminar sobre la misma vía: se llama Dámaso Cárdenas. No termina allí la cosa: a un costado del atrio parroquial, al final de la calle principal, hay una centro escolar con el nombre de la madre de ambos: Felícitas del Río.

En esta comunidad, que se aferra con todo a la montaña que la protege y esconde por el sur y el poniente, conocida con el nombre de Cerro del Copito, o Cerro de la Cruz,  tal vez de invisibles enemigos, lo común son sus laberínticos callejones. Uno sabe por dónde entra. Imposible predecir,  por dónde ha de salir.  La  placita del lugar, luce  verdes jardines y frondosos árboles, exhibe un irregular piso, formado por  octágonos; amarrados por pequeños rombos. Hay un modesto quiosco, que viste brillantes  colores.

Festividades, prácticas

El Divino Rostro, lienzo e imagen de los que nos ha dado cuenta, con amplitud y contundencia, don Jorge Moreno, en estas páginas; sobre todo al narrar aquella parte de cuando los católicos de esta localidad tuvieron que vérselas con sus vecinos –laguna de por medio–  de Jamay,  Jalisco; quienes se negaban a devolver el lienzo, una vez que les fue concedido, en préstamo, es la fuente de la fe para los nativos. En honor de esta imagen, que ahora preside el retablo parroquial –desde que el padre José Luis Villaseñor, luego de un milagro recibido, decidió colocarlo en el sitio en que se encuentra–, los fieles de la parroquia de El Sagrado Corazón, organizan  –bajo la dirección del párroco–, un “novenario –que es más–, que inicia el primer sábado de agosto y termina el 12. Luego, hay  un paréntesis,  un descanso, un respiro, puesto que la fiesta grande se da el 15” del octavo mes del año.

Desde hace tiempo, años, los romeros y devotos del Divino Rostro, llegan a postrarse desde de Ocotlán, Guadalajara, el Distrito Federal,  Cojumatlán y de los pueblos de la Ribera del Lago. Estos, generalmente, acuden en sus canoas. Los de Cojumatlán, por su parte, lo hacen a pie. A través de un camino asfaltado.

Destaca, entre las ceremonias que se ofrecen, la misa que oficia el párroco sobre las aguas del Lago. Sobre una lancha, acondicionada y adornada para la ocasión. Los pescadores, de toda la ribera de la Laguna –Petatán, Jamay, Ocotlán, Chapala, Poncitlán, etc.–, acuden en sus embarcaciones. El sacerdote, por  tanto, debe ser experto en eso de estar sobre el agua, pienso. Porque  celebrar una Eucaristía, sobre las aguas, por tranquilas que estén, tiene su qué ver.

“Pero es muy bonito”, afirma una señora. Concluida la celebración, el preciado lienzo regresa a la parroquia. Así, los fieles devotos que radican en la Ribera, son reconfortados con la sola presencia del Divino Rostro, y se evitan los líos que vivieron sus ancestros.  Nadie cree que los católicos palmenses estén dispuestos a prestar el origen y motivo de su fe.

Entre risas, los habitantes de este lugar  aceptan que los ribereños –sobre todo los jaliscienses–, ansían hacerse de la imagen.  Consideran que el origen de aquellos pleitos con los de Jamay, fue “porque el Divino Rostro es milagroso. Muy milagroso. ¡Tantos milagros que ha hecho!”.

El patrono del pueblo, empero, es el Sagrado Corazón. Sin embargo, en la fiesta que se organiza en tal fecha,  sólo participa la gente del pueblo. Y lo mismo sucede en diciembre, durante la celebración que los fieles dedican a la Virgen de Guadalupe.

Además, en esta parroquia, elevada a tal rango en 1943,  desde hace años, los miembros de una agrupación  Adoradores del Santísimo Sacramento, acompañan y ruegan, desde hace tiempo, durante cada hoja del calendario, a El Santísimo Sacramento, expuesto las 24 horas del día. Esta tarde, toca a la joven señora Ana Castellanos Flores, esposa del coordinador del grupo, hacer la guardia correspondiente. Quien asegura que todo aquel que guste asociarse, sobre todo para los horarios nocturnos, tiene las puertas abiertas. “Nos hacen falta adoradores”, dice.

Sin pesca, los pescadores

Cuando uno habla con los vecinos dicen, con tristeza, que “ya casi no hay pescado. La Laguna está muy baja y el pescado se fue muy lejos. Ya casi no sacan nada, los pescadores. Además, corren mayores peligros”, afirman. Mucha gente, que antes se dedicaba a esta actividad, ahora busca el pan diario en la agricultura.

Por el bajo nivel del agua, muchos paseantes, que solían acudir a este lugar, de poblaciones como Sahuayo, Jiquilpan, San Pedro, de los pueblitos cercanos, han dejado de visitarnos, dicen, con desconsuelo. “Como el agua se acabó, la gente ya no viene”, revela una señora, mientras atiende su puesto de frutas y golosinas situado frente al gigantesco faro. Esta es una construcción de fierro armado  y tabique, que se encuentra en la etapa de obra negra. “Antes venían a bañarse, a pescar. Ya no” lo hacen.

La crianza de ganado vacuno, origen de la población, está muy disminuida. En este campo, la porcicultura le lleva ventaja. En la actualidad, en la parte que han abandonado las aguas, se cultiva  calabaza mayoritariamente. Largas y apretadas guías dan forma a una gigantesca y verde alfombra, salpicada y adornada por el amarillo de las flores que logran sobresalir de entre tanto verdor. También suelen tirar las semillas de sandias y melones, cuentan los vecinos. Y si uno levanta la vista, hacia el norte y el oriente, reconoce que lo dicho por ellos es verdad.

Comercio, compran y venden

Estamos en el  tiempo de cosechar estas delicias –melón y sandía– que esta pródiga tierra –y el trabajo de los campesinos–  nos ofrece. Pero esta producción la llevan a Sahuayo, La Barca y Guadalajara, “el que tiene mucha huerta”. Sin embargo, lo que más producen los hombres del campo, es maíz. Aunque también siembran cártamo, frijol  y garbanzo forrajero. “La garbanza, por apetitosa, porque se la roba la gente, por eso, poco la ponen”, aceptan entre maliciosas risas, los entrevistados.

Desde tiempos sin memoria, los pobladores de esta tenencia han acudido, al  hacer sus compras, a Sahuayo. Ciudad en la que también encuentran compradores para lo que producen. Sin embargo, el apoyo más significativo, en cuanto a la economía, los palmenses lo encuentran en los Estados Unidos. “Si no fuera por ellos –expresan–, aquí estuviera muerto. Las casas más bonitas, las más grandes y lujosas, han sido edificadas con el sudor de quienes están allá. La gran mayoría de los hijos ausentes, de los que viven allá, radican en las ciudades de Fresno y Oakland, en California. “Pero allá está, ahora, tan duro como aquí”. Indican, además, que no son pocos los que radican en Guadalajara.

Gastronomía

En esta breve comunidad, centro turístico desde tiempos sin memoria, los visitantes encuentran los servicios indispensables, si de comida se trata. Hay más de un restaurante en el que se ofrece, seguramente,  la especialidad de la casa, cuando se habla de platillos típicos de este lugar. Lo más conocido y solicitado es la “hueva de la mojarra. Pero está escasa. Porque la gente viene, a este lugar, a la mojarra y a la hueva”. Y dicen, que “aquí esos productos no están contaminados”. Empero, entre los vecinos, cuando de celebrar se trata, gustan de la birria de becerro y carnitas de cerdo, guarnicionadas con  distintas formas de arroz y tortillas hechas a mano.

Vengan a conocernos. Conozcan el pueblo. Trátenos. No se arrepentirán, dicen los vecinos, mientras el número de paseantes aumenta, sobre todo jóvenes, quienes alegran el paseo con  música grupera que brota desde el interior de sus vehículos.

Autor:
(Tomado de GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México. http://www.semanarioguia.com.mx )

Las multitudes en las calles: ¿cómo interpretarlo?. Leonardo Boff

Português: Estados Unidos do Brasil - parte do...

Português: Estados Unidos do Brasil – parte do grupo escultórico Monumento a Carlos Gomes, na Praça Ramos de Azevedo, centro de São Paulo, Brasil (Photo credit: Wikipedia)

Las multitudes en las calles: ¿cómo interpretarlo?


2013-07-30

Un espíritu de insurrección de masas humanas se extiende por el
mundo, ocupando el único espacio que les queda: las calles y plazas. El
movimiento apenas está comenzando, primero en el norte de África, luego
en España con los “indignados”, en Inglaterra y Estados Unidos con los
“ocupas”, y en Brasil con la juventud y otros movimientos sociales.
Nadie se refiere a las banderas clásicas del socialismo, de la
izquierda, de algún partido liberador o de la revolución. Todas estas
propuestas o están agotadas o no ofrecen la atractivo suficiente para
mover a las masas. Actualmente interesan los temas relacionados con la
vida cotidiana de los ciudadanos: el trabajo participativo, la
democracia para todos, los derechos humanos, personales y sociales, la
presencia activa de las mujeres, la transparencia pública, el claro
rechazo a todo tipo de corrupción, un nuevo mundo posible y necesario.
Nadie se siente representado por los poderes instituidos que generan un
mundo político palaciego de espaldas al pueblo o manipulando
directamente a los ciudadanos.

Interpretar este fenómeno supone un reto para cualquier analista. No
basta la razón pura, tiene que ser una razón holística que incorpore
otras formas de inteligencia, datos no racionales, emocionales y
arquetípicos y acontecimientos propios del proceso histórico e incluso
de la cosmogénesis. Sólo así tendremos una forma más o menos completa de
hacer justicia a la singularidad del fenómeno.

Para empezar, hay que reconocer que es el primer gran evento resultado
de una nueva fase de la comunicación humana completamente abierta, una
democracia en grado cero que se expresa a través de las redes sociales.
Todo ciudadano puede salir del anonimato, tomar la palabra, encontrar
sus interlocutores, organizar grupos y reuniones, alzar una bandera y
salir a la calle. De repente, se forman redes de redes que mueven a
miles de personas más allá de los límites del espacio y del tiempo. Este
fenómeno debe ser analizado cuidadosamente, porque puede representar un
salto civilizatorio que marcará un nuevo rumbo a la historia, no sólo
de un país, sino de toda la humanidad.

Las
manifestaciones de Brasil provocaron manifestaciones de solidaridad
en decenas y decenas de otras ciudades del mundo, especialmente en
Europa. De repente, Brasil ya no es sólo de los brasileños. Es una parte
de la humanidad que se identifica a sí misma como especie, en una misma
Casa Común constituida por las causas colectivas y universales.

¿Por qué estos movimientos masivos han estallado en Brasil ahora? Hay
muchas razones. Me detengo solamente en una y volveré a las demás en
otra ocasión.

Mi
sentimiento del mundo me dice que, en primer lugar, se trata un
efecto de saturación: el pueblo está harto del tipo de política que es
practicado en Brasil, incluso por las cúpulas del PT (hago notar la
excepción de las
políticas municipales, que aún conservan el antiguo fervor popular). El
pueblo se ha beneficiado de los programas de bolsa familia, luz para
todos, mi casa mi vida, del crédito consignado… y ha entrado en la
sociedad de consumo. ¿Y ahora qué? Bien dijo el poeta cubano Ricardo
Retamar: “el ser humano tiene dos hambres: hambre de pan, que es
saciable, y hambre de belleza, que es insaciable”. Por belleza se
entiende la educación, la cultura, el reconocimiento de la dignidad
humana y de los derechos personales y sociales, una atención sanitaria
de
calidad y un transporte básico menos inhumano.

Esta segunda hambre no ha sido atendida adecuadamente por el poder
público, sea el PT u otros partidos. Los que han saciado su hambre,
quieren ver atendidas otras hambres, y no en último lugar el hambre de
cultura y de participación. Aumenta la conciencia de las profundas
desigualdades sociales, que es el gran estigma de la sociedad brasileña.
Este fenómeno se hace más y más intolerable en la medida en que crece la
conciencia de ciudadanía y de democracia real. La democracia, en
sociedades profundamente desiguales como la nuestra, es puramente formal,
practicada sólo en el acto de votar (que en el fondo viene a ser el poder de
elegir a su “dictador” cada cuatro años, porque el candidato, una vez
elegido, da la espalda al pueblo y practica la política palaciega de los
partidos). Una política que aparece como una farsa colectiva y esa farsa está
siendo desenmascarada. Las masas quieren estar presentes en las
decisiones de los grandes proyectos que les afectan y para los que no se
les consulta en absoluto. Y no hablemos de los indígenas cuyas tierras
son secuestradas para el agronegocio o las industrias hidroeléctricas.

Este hecho de la multitud en las calles me recuerda la obra de Chico
Buarque de Hollanda y Paulo Pontes escrita en 1975: “La gota de agua”.
Se ha llegado a la gota que desborda el vaso. Los autores de alguna
manera intuyeron el fenómeno actual al decir en el prefacio del libro:
“La clave es que la vida brasileña pueda ser devuelta, en el escenario,
al público brasileño… Nuestra tragedia es una tragedia de la vida
brasileña”. Ahora esta tragedia es denunciada por las masas que gritan
en las calles. El Brasil que tenemos no es para nosotros, no nos
incluyen en el pacto social que garantiza siempre la parte del león para
las élites. Quieren un Brasil brasileño en el que el pueblo cuenta y quiere
contribuir a la reconstrucción del país sobre otras bases, formas más
democráticas, participativas, más éticas y menos malvadas de relación
social.

Este grito no puede dejar de ser escuchado, comprendido y seguido. La política puede ser otra en el futuro.

Página de Leonardo Boff

Ermita de San Miguel de Carceña (Las Pléyades ...

Ermita de San Miguel de Carceña (Las Pléyades y Nebulosa de Orión) (Photo credit: http://www.josemiguelmartinez.es)

Las multitudes en las calles: ¿cómo interpretarlo?. Leonardo Boff

Las multitudes en las calles: ¿cómo interpretarlo?. Leonardo Boff.

vía Las multitudes en las calles: ¿cómo interpretarlo?. Leonardo Boff.

Facing My Fears Head On

Live to Write - Write to Live

I have this quirk where once I work through something. I’m done. I’ve moved on. Been there, done that, don’t need to deal with it again.

Oh, if only life worked that way.

You’d think by now, I’d have mastered facing fear. Especially fear of new beginnings, because at 45, I’ve had my fair share of new beginnings, some by choice, some not so much. And yet, here I am again at another new beginning and the fear stands right beside me.

I’ve been fortunate to be able to focus on my kids these last few years. The plan was to turn out my first romance novel in the space between volunteering at school, volunteering for the Cub Scouts, writing for the town paper (pro bono), managing the household, cooking more meals, and running the kids to karate, cub scouts, ski club, garden club etc.  Some how things didn’t work…

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Fat Willy’s Rib Shack

Matt on Not-WordPress

Ribs, brisket, and an amazing brownie.

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ANÁLISIS A FONDO. J. Francisco Gómez Maza. LA BARDA DE LA IGNOMINIA

ANÁLISIS A FONDO. J. Francisco Gómez Maza. LA BARDA DE LA IGNOMINIA.

vía ANÁLISIS A FONDO. J. Francisco Gómez Maza. LA BARDA DE LA IGNOMINIA.

Mensajes cotidianos consoladores

Leonardo Boff

Por más que estudiemos e investiguemos, tratando de descifrar los misterios de la vida y de discernir los designios del Creador, de hecho, somos guiados por unos pocos mensajes que solemos poner debajo del cristal de nuestra mesa o frente a nuestros escritorios. Son mensajes que leemos y releemos una y otra vez y tienen una fuerza secreta para sacarnos de la opacidad natural de la vida. Otras veces, son fotografías de nuestros seres queridos, de los padres, de hijos e hijas que amamos, y nos aligeran el trabajo a menudo cansado e incluso pesado.

Hace apenas unos días vi en la mesa del director de un banco, una frase tomada de la Imitación de Cristo, libro que ilumina a muchas personas desde hace más de 800 años: “¡Oh luz eterna, superior a toda luz creada, lanza desde lo alto un rayo que penetre en lo más profundo de mi…

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