El Médico (Cuento). Yara Ortega

                                           EL MEDICO    (Cuento)                                                                                                Yara Ortega, 4
                                  Por YARA ORTEGA
I.- MAL Y DE  MALAS.
Qué dificil es haber nacido hombre…
Cuantimas cuando todos tus hermanos, hasta las niñas, ya se fueron de la casa. Más triste, porque cuanto mas grandes, mas lejos se van. César mi hermano mayor, dejò de estudiar un tiempo, se dedicó a ver la vida en la capital. Allí conoció a una americana que se lo llevó a USA. De allá, regresó con otra que lo mantuvo con su herencia hasta que acabó Arquitecto. Se casó con ella, y cuando obtuvo la ciudadanía, la dejó por su mejor amiga. Cuando esta se intentó suicidar, el ya esperaba su segunda hija con la que ahora es mi cuñada. Garañón el cabrón, dejara de ser bonito. Güero, ojo azul, alto, de espaldas anchas, o sea salió a lo españolito de la familia de mi amá. “güero, nomás San Juan fué bueno…” dicen por acá.
Luego la Maruca, lo siguió a la capital. Allí se metió de edecán para los eventos de la Universidad. Conoció al  primer violinista de un cuarteto que vino a un concierto y se casó con él. La rependeja no entiende que lo que quería el polaco era nacionalizarse. Se fueron a Nueva York, donde le salió lo joto, ai la botó para irse a Ucrania. Lástima de boda que le hicimos en el rancho, con harto mole, sopa de arroz, frijoles y tequila del fino. Ah, y botella de coñac pa’l amigo de mi papá, porque son de los ricos de San Sebastián de La Marranera. simpática la hija grandecita, nomás pues muy chiquilla entonces, pero ya como que le gustaba a los hombres. Digo, pues, mis primos, que no la dejaban de mirar. Lo bueno es que ninguno la sacamos a bailar.
Aiii, ais’tá la Carmela. Pinchi muchacha esa se me ha dolido. Fué la única que medio se atrevió a decirle a mi papa que me dejara ir a estudiar, que Ojo de Agua no estaba tan lejos, que nomás sacara l carrera  y que me devolvería a atenderle la botica. Ay, enmalora acepté.Bueno, pues lo pendejo no tengo a quien culparlo, nomás a mi.
Helia, más loca que la chingada. Nomás llegó a la capital, se metió a trabajar de bibliotecaria en la universidad en las mañanas, en la tarde estudiaba pa’lo mismo, en la noche se dedicaba a escribir unas poesías bien reterraras. Ah, pero puro pinchi joto traia de amigos. Gente bien rara, que pintores, que fotógrafos, que artistas. Ai luego llegó a la casa de mis papás con un chavo que ese sí hasta traía como cordones en la greña hasta la cintura. Ah, que ganas de echarle raid, por si las pulgas. O gasolina y un cerillo. Mugroso y jediondo como pocos, nomás le dijo en español mal mascado a mi amá, que se la iba a llevar a conocer a sus papás. Ya no regresó.
Me escribía a la botica, porque sabía que ni paqué a la casa. Allá la Rocío me abría las cartas, esperando una seña de la chava de la marranera. Ah porque que bien la jodía mi mamá: Aquella si cocinaba, se acomedía a levantar la mesa, sabía alzar la loza lavada, tejía, y bordaba, y desilaba, no comotras. Mta, y que empieza a hacer punto de cruz, y yo con mi libro a medias; no me quemó pues un dia las notas que traía sobre Pardavé? todo por no quererme acostar con ella.
Pinchi Helia, las cosas que decía… que el castillo de su marido en Inglaterra, que las vacaciones en Escocia, que el verano en España, porque tenían residencias en varios países. y yo, chales, pinchi echadora. Ps no, que junto una lanita y ai vamos, yo con mis papás y que llegamos. De la ventana de mi cuarto, veía el río de Londres entre la nublina que a veces estaba bien espesa. Y me daba miedo, por lo que contaban del Destripador.
Al que si estraño, me cai,es al Lupito.
Ese chamaco fue el único al que acompañé cuando leí el discurso de graduación en Ojo de Agua. Nomás le hablé, le dije echa un tacuche y vente pa’cá. El creyó que íbamos a un concierto, y bueno, pues si, pero ese fué después del Acto Académico. Yo me regresé a La Sabinera en cuanto amaneció. Ora si, ya era doctor, ora si, ya le hablaría a la Amelia… y esque desde la prepa, encontré en un bazar un retrato de una niña con la naricita como tobogán, con pelito como de ángel, que de perfil miraba perdido, como buscando algo, como si no lo hallara. Y cuando se casó mi hermana, vino a la boda, con un vestido igualito. Yo ya había bailado con ella, mas a güebo, porque mi papá me la aventó y el suyo no le negó el permiso.
Amelia, “dulce como la miel” en griego. Y sí. Ya luego, cuando se enviudó, la busqué porque me habló. Y luego de una tarde en la Presa de La Golondrina, la llevaba de vuelta a su casa… al coger la carretera, que viene un trailer de frente, y que le invado carril, y que le digo, bien contento: -“Ora si, que me lleve la chingada!”- Es que veníamos platicando muy agusto, cuando solté el volante del Jeep y que le agarro bien fuerte las orejas y le robé un beso. Ya como quince años que le traía ganas… No, ps lo malo es que apenas cruzábamos el puente de “Las Animas”, cuando se acabó, con el beso, la platicadera.
Ya no quiso hablar. Y yo ya ni me atreví a decirle nada. En el portón de su casa nomás dijo: “Cuando te quieras matar, hazlo solo, cabrón, no cuando traigas mis hijos”.
Noooooo, pero entonces si, ya pedo, que le hablo un día, y que no la hallo. Que estaba trabajando… y que me arranco y que llego a su trabajo. La subí al Jeep: me la atravesé como a los chivos, en el hombro, y que la amacizo por las corvas y el cuello con una sola mano y con la otra abrí la puerta. La eché en el asiento de adelante, mientras pataleaba el parabrisas y codeaba la ventana, a ver cuál rompía primero. Brava, se revolvía como perro enyerbado.
Nomás le dije: -“Estáte. Te voy a llevar. Ai nomás les hablas a tus papás en la mañana, les avisas que luego van mis jefes a hablar con ellos, porque te voy a depositar on’tá mi tío Rubén”- Y que me mira. Igual que la “Mona Lisa”. No entiendo cómo se calmó de a luego luego. Nomás dijo: -“Así serás hombre… consigue lo que quieras, pero no me tendrás. Vas a abusar de mi, y no me voy a resistir. Llévame cabrón, a ver cómo logras que te me entregue de a deveras…”
Ah chingaos, que mal me sentí entonces. Que me bajo y le abro la puerta.
II.- DE MALAS A PEORES
Amaneció. Ah, pinchi cruda…
Lo que mas me dolió, fue el desprecio. Y agarré la botella, el trago pues. Y para cuando el eclipse, agarro el telescopio y que voy a buscarla. -‘Amos a la zotehuela, y te enseño la luna como se va tapando”- Yo traía una grabadora, con los conciertos de Brandemburgo, el tubo del telescopio, y una sorpresa en la bolsa del saco.
Ya con la luna tapada, que le cojo la mano y que le digo: -“Cásate conmigo. Te acuerdas de las revistas que te traje, donde aparecen los muebles bonitos y las casas con patio y macetas. Así mismo, como los viste, los compré iguales alos que te gustaron. Ya tengo la casa, junto a la Presidencia Municipal, frente al Jardín. Me la vendieron, por ser a mi, con los helechos que dan hasta el suelo, con las macetas de cantera, los candiles que llaman “arañas”, las lunas francesas, los visillos de gancho y desilados… porque saben que me gustan las mujeres de casa, que vas a saber ser señora. Y anduve buscando muebles de los de antes, de bejuco y palo de rosa. Fuí a san Miguel y a san José, donde supe que había tiliches viejos. Y los jueves que no trabajo en las tardes, yo mismo los arreglé que ni nuevos. Hallé de las jarritas que tienen on’tá tu mamá, con monitos pintados y flores, con las orejas doradas. Y tapetes de los de mas antes, mesitas que tienen patas flacas, nomás para poner adornos. Y nomás vieras qué cama. Camota, camota grande. Ya le puse colchón nuevo, pulí el latón, le cambié el mosquitero. Mandé hacer la tapadera de arriba igual a la colcha y a las cortinas, de brocado de seda rojo, pa’mirarte desnuda, tan blanca, encima de lo rojo… Y de día, no dejan pasar la luz, pa’que te duermas hasta bien tarde, dicen que es bueno dormir mucho cuando ‘tan enbasadas las mujeres. Porque ya tienes tres, tan bonitos, seguiditos. No feo el difunto, los mios te van a salir mas bonitos, bien sanotes. Porque de menos, te voy a hacer media docena. Y te voy a poner quien te ayude con ellos, porque en entrando a la casa, se acabó tu madre y tu padre, las amigas. Ya no irás al café a platicar con esos señores tan viejos. Ora, vas a estar en tu casa, recibiéndome a mis amigos. Los atiendes y te vas con los chiquillos. Y ni sueñes con ir a la botica, ni por un mandado. Ah, otra… se acabó lo de los bocaditos a mi mamá. No quiero que le hables, porque a saber que vayan a tramar entre las dos. Ella en su casa, tu en la tuya y Dios en la de todos. En la familia, se estila que el hombre arrime lo del mandado. Y si te llevo nomás tres quesos, a ver que haces con ellos; yo no como del dia anterior. Nomás guiso del dia. No hay teléfono, porque nomas van a estar chingando que quieren consulta, o te la vas a pasar hablando quien sabe a donde y con quien. Va a estar el sobrino de Cuco para que mandes recado si se ofrece algo, y si ocupas para la comida, igual, mandas decir que te mande, no el dinero, sino el encargo. De los Herreros, ninguna vieja ha salido de la casa despues de casada… y menos a trabajar! Chingaos, faltaba mas, que anden diciendo en el pueblo que ni pa mantenerte sirvo… Y a misa, los domingos temprano.
Ni cuenta me dí a la hora en que se bajó de la zotehuela.
III.- DE PEORES A SIN REMEDIO.
Y que me bajo en chinguiza loca. Ya habían apagado las  luces, ni modo de tocar. Y que pongo el caset de las “Cuatro Estaciones” de Vivaldi, porque tocaron La Primavera cuando se casó mi hermana, en la parroquia del Carmen, onde mismo mi mamá, y donde ya tenía apalabrado al cura, con misa y todo. Cómo no iba yo a querer a la Amelia, si hasta iba a ser capaz de irme a hincar delante de Dios. Cómo chingaos no la iba a querer, si hasta mandé hacer de a varios moles a “La Higuera”, y la que lo hiciera mejor de las rancheritas, me la iba a llevar a la casa para que ayudara en la cocina; si la Amelia cocinaba como monja, así de buenos los chongos y los pasteles que le mandaba a mi madre, en canasta de mimbre y con servilletas desiladas, que albeaban de almidón. Cómo no iba a andar entrado, si yo crecí con las rodillas de fuera y de guaraches, y ella traía a sus niños siempre bien vestiditos, aunque con ropita sencilla, oliendo como a recién bañados; aunque anduvieran en el terreguero, no se ensuciaban. No lloraban, nomás la chiquita hasta que le arrimaba el pecho, debajo de un rebocito, sencillo, pero bien limpiecito. Ah, la Amelia, con sus ojos de miel, con su boca de panal, con la cintura como de avispa… y su cuerpo bien firme debajo del vestidito sencillo, de algodón, sin encajes ni moños, ni listones. Y su trenzota, que doblada ya le daba a media espalda. Ya me la sentía abrazada, destejiéndole el pelo, mordiéndole las arracadas de plata, viéndole su cristo enmedio de los pechos, siempre llenos de leche, igual que las vacas, que hasta las venas se le brotaban de tanto alimento que guardaba…
Ya qué luna ni qué eclipse iba yo andar mirando, extraviado en mis pensamientos como andaba. Cojí carretera. Que me regreso ‘ontá mi madre y que le digo: -“Carmela, prepárese. Ora si es la buena.”- Ni dormí siquiera. Y que amanezco como jilguero, bañándome con agua fría, a ver si se me bajaba el antojo. Ora si, iba a ser mia la Amelia. Y que me voy al pueblo. Compré docena de camisas, media de pantalones, botas, zapatos, trajes de con el sastre, cintos finos, sombrero Stetson 50X, pulí la pistola, le compré funda pitiada en plata igual al cinto, y en la tienda dejé apartados unos vestidos que le dí la talla por la memoria del dia que bailamos los valses en el casino, cuando las bodas de oro de mis abuelos; que fue cuando le abracé la cintura, bien delgadita. También unos cortes oscuros, de florecitas chiquitas, pa’ dias de guardar. Y mandé hacer unas ajorcas y arracadas de pajaritos, en oro y perlas con aguamarinas y turquesas para los ojos de los pajaritos; y dejé apartadas una medalla de la Virgen de los Remediosy una cadena gruesa como dedo de mujer. El vestido de novia, iba a ser de chantú negro, pero ese lo encargaría a México, faltaba más.
Ya todo listo, que me devuelvo a la casa, con los paquetes y las bolsas; le dije a mi madre: -“Ai alce bien esto, luego se lo pido”- Casi le da un váguido cuando vio entrar a los mozos de las tiendas en fila, como en procesión. Y luego luego me olió la colonia: pachulí del fino. Yo que ni jabón de olor uso…
Y que me apersono en casa de la Amelia. Toqué con el aldabón. Salió la hermanilla. -“Que dice mi hermana que no está, que haga el favor de no regresar”- Ah, qué chingaos, si ya traía media botella de tequila entre pecho y espalda, y a la Amelia, esa si bien metida, entera, en la mente. Y que saco la pistola, y que empiezo a echar tiros. Y a la esquitera que sale su papá. -“Mira médico, andas medio tomado…vete a descansar, colega, y ya mañana, con la luz del sol…”- Astái nomás llegó, porque salió la Amellia con una batita media corta y bien transparente. Se le adivinaba el abrevadero de la ñiña, nomás por el frío que hacía. Y se me acabó el valor cuando me dijo: -“Qué no oyes? Que te vayas.”- y nomás me subí al jeep, y que me devuelvo.
Ya luego me preguntó el Padre Ambrosio, que cuándo la presentación, porque la misa con cantor y los niños del coro ya estaban pagados por mi padrino, que era el único que sabía mis planes. Y le dije, ai guárdelos pa’otro día, me la estoy pensando mejor. Cartas iban, y venían con el sello del correo: Destinatario negado. O sea, las devolvía sin abrir.
Y  parado un dia frente a la Terminal de los Foráneos, que veo una muchacha: alta, ojona, pestañuda, cejona. Con el escote bajo y la falda jolina. Y que le digo: -“Buenas, chula. Anda sola? Qué, apoco se desmameyó el cielo, que andan los ángles cayendo?”.- Que la invito a un refresco, pidió cerveza. Que la invito a dar una vuelta en la plaza y que dice que venía cansada, que dónde podría pasar la noche. Ah, carajo. Así de fácil. A quién le dan pan que llore…
No, ps lo que sea de cada quien, si era señorita. Ya ni me acordaba, nomás de peda en peda acordándome del descolón de la Amelia. Y que llega a la botica un viejillo con cuatro matones y la muchacha ya enbasada. “-Buenas le de Dios, amigo. Ai hizo una tropelía y vengo a que responda.-” No, ps lo que sea, que bien educado si soy, y que le digo que si respondía como hombre, pero no me iban a hacer hincar. Pronto se arregló, le dije al Juan que se encargara, que ai venía yo al rato. Ya nomás la deposité con mis papás, y que me devuelvo a la cantina, hasta que cerró. Pasé al estanquillo, compré otra de tequila y me fuí a la botica. Al día siguiente, mandé por el juez y nos casó en el comedor de la casa de mis papás. No hubo fiesta, ni música, ni cohetones, ni baile, ni madrinas, ni invitados. Cuantimenos luna de miel.
Ai se quedó instalada, yo mientras me iba a dormir al cuarto “de los Alacranes”, esperanzado me picara uno y me librara de este destino. O me quedaba en la botica, en el tapanco o la trastienda, encima de unos costales y tapado con un zarape. Ya nomás me avisaron en la madrugada del dia de San Juan que nació mi ñiña.
Y la casa de las macetas… se la vendí a una amiga, medio manflorona. En el pueblo nomás se corrió el rumor que un fuereño había comprado y luego de que la arregló, la traspasó a la madrota de La Estación. Los vestidos, ni sé, creo que aistán toavía, en el ropero que era de mi abuela, donde se guardan las cosas finas. Y los recuerdos.
Un dia de tantos en la peda, me llegó la Rocío a la botica, y de joto no me bajó. Y que saco a los amigos, que me encierro con ella, y encima del mostrador, le hice al ñiño. Ya nacido, por el día de San Pancho; que se enoja porque no me acostaba con ella, porque “me iba con las putas, si hasta el síndico me había visto”, que me apersonaba allá dias y dias con sus noches, y que no me cobraban ni las copas que me bebía, ni las sillas que quebraba, ni las macetas que patiaba; y que luego ya perdido, me daba por llorar encima de una mesa, hasta que me dormía. Que ni borracho ni en mi juicio, daba razón de la pena que traía.
La del colmo, cuando coje mis papeles, y los pedacea con los dientes y con las manos. Entonces si, que me le voy encima y le puse dos cachetadas. Y que le hablo al Juan, un mozo que está allí con nosotros desde antes que yo naciera, y que le digo: tráite un carro de alquiler y ve y devuelve esta vieja a su casa. Dile a su papá que luego mande por los ñiños y por sus cosas. Y que ya me cansó, que no es mujer y se la pasa en un pleito con mi madre. Que lo acordamos, que vivirían juntas donde mi papá y yo en casa aparte. Que soy hombre de honor y que no les faltará nada. Pero que si la veo acá, la mato.
Ya para estas fechas, mi ñiño casi termina la primaria, la ñiña el Comercio. Maruca mi hermana se dejó del hombre y se quedó con la  Marja. Quesque se pintó el pelo de negro, porque quiere ser mexicana. Maruca, cuida ancianos y les da rehabilitación. Eso pasa por no estudiar.
Carmela, vive feliz en Barcelona, cerca de la “Catedral”, con su marido alemán y el ñiño que llamaron “Calvino”.
Helia, con un varón que se llama “Lutero”,estudia en Suiza y al que ve solo en las vacaciones, que pasan en la “Costa Azul” de Francia.
César, con tres hijos y cuarta concubina, es un arquitecto prestigiado en Nueva York, que ha ganado premios y concursos internacionales para la construcción de museos y residencias en Europa y Oriente. Está por irse a Japón.
Lupito, en Québec, pintando cuadros con motivos mexicanos para galerías privadas y abstractos para coleccionistas. Casado con Isabelle, montó su estudio en la azotea de su casa, para trabajar sin salir y poder cuidar a su hija mientras Isabelle trabaja. Cuando iba a nacer la ñiña, me preguntó qué nombre sería adecuado: Amelia. Entonces la llamaron Ámelié Isabelle. Es rubia, de ojos casi amarillos y la piel oscura. Dulce como la miel.
Yo, aquí nomas tristiando.
(Yara Ortega, nacida en el DF y piedadense por decisión. Promotora cultural independiente y arqueóloga-antropóloga dilettante. Ubicado en el Bajío, en el corazón de México: ombligo de Jalisco, Michoacán y Guanajuato…

Escrito en la madrugada pietense, de hace dos años (2011) para estas fechas del quincenario. Y.O.).
Nota: El quincenario, devoción piedadense que culmina en la fiesta de La Asunción, el 15 de agosto. Instituida por monseñor Estanislao Alcaráz Figueroa, cuando párroco en La Piedad,luego arzobispo de Morelia, congrega devotos de la ciudad y sus barrios, así como comunidades, en peregrinaciones y participación en actos litúrgicos y festejos populares (smc).
 Enviado por correo electrónico.
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2 Responses

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