Arquitectura y urbanismo regionales: La Piedad, en el siglo XIX; El Barrio de San Francisco, en La Piedad. Sergio Pérez Sustaita

Arquitectura y urbanismo regionales La Piedad, en el siglo XIX

SERGIO PÉREZ SUSTAITA

Su patrimonio edificado como escenario de acontecimientos históricos

ESCUELA DE ARQUITECTURA PRIMERO DE MAYO

En siglo XVIII, en la piedad se creó un nuevo centro de la  ciudad a partir de la  construcción del templo del Señor de la Piedad, el cual se llevó a cabo entre los años de 1741 a 1749 en tierras altas donde pudiera estar a salvo de las inundaciones que provocaba el entonces llamado Río Grande. La edificación se hizo con las aportaciones económicas que hiciera el propietario de la hacienda de Santa Ana Pacueco, Pedro Pérez de Tagle. Hacia ese lugar la mancha urbana empezó a crecer en torno a dicho templo. Entonces era un pueblo que se encontraba en proceso de un importante crecimiento poblacional, debido a la inmigración de españoles y de otras castas que vivían en las cercanías y que seguramente percibían un buen desarrollo económico en ese lugar. Había sido hasta el siglo XVII el pueblo más pequeño de la comarca de Tlazazalca. Su crecimiento y desarrollo urbano comenzaron a partir de dos hechos principalmente: la creciente veneración de la imagen del Señor de la Piedad, así como un  motín ocurrido en Tlazazalca, el cual hizo que el párroco y otras familias nobles cambiaran de residencia a La Piedad. Con el transcurrir de los años tuvo un desarrollo urbano mayor que todos los pueblos de la comarca, así como de la misma Tlazazalca que era entonces la cabecera de la Alcaldía Mayor.

Durante el siglo XIX se convierte en un lugar que adquiere importancia por su ubicación geográfica en la que se encuentra, y se desarrollaron en él algunos acontecimientos históricos que lo vinculan con la historia nacional.

Durante la guerra de independencia, en mayo de 1811, visitó a la población el insurgente general Don Ignacio López Rayón, quien se hizo de gentes y de dinero para la causa y posteriormente se dirigió a Zacapu. Entonces La piedad era visitada por partidas tanto de insurgentes como de realistas, y en una de tantas el feroz padre Torres quemó, como acostumbraba, todo el poblado reduciéndolo casi a escombros. Esto aconteció en el mes de febrero de 1818.

El 26 de abril de 1821, el ejército de las tres garantías, al mando de don Agustín de Iturbide, pasó por el pueblo y llegó a la hacienda de Santa Ana Pacueco, pero no sin antes que Iturbide visitara la imagen del Señor de la Piedad.

Una de las grandes obras que sin duda identifican con La Piedad es el puente de mampostería que construyera el cura Don José María Cabadas y Dávalos en el año de 1832, quien entonces era el  párroco del lugar. Aunque probablemente el motivo del puente fue el de evitar el peligro que representaba para las personas el cruce de un río tan caudaloso, esta obra produjo innumerables beneficios para los pobladores de la Piedad, pero además, por ser el único lugar de cruce en toda la comarca, en aquellos años se hizo necesario el paso obligado al pueblo por algunos personajes que forman parte de la historia nacional que ocuparon pasar de un lado a otro del río.

El padre Cabadas construyó también el atrio y los altares para del templo del Señor de la Piedad, además de la traza de algunas de sus calles. La influencia que produjo su obra hizo que algunos vecinos comenzaran a utilizar la mampostería en la construcción de las casas y edificios. Un ejemplo notable de ello fueron las casas consistoriales que se construyeron en el año de 1858. Esta obra fue una empresa del Dr. Vicente Silva y de otros altruistas ciudadanos.

El 21 de diciembre del 1863, durante la intervención francesa, el ejército francés, comandado por el general Félix Douay, acampa al norte del Puente Cavadas. Al día siguiente, al sonar de los clarines y tambores, entra en la Piedad de forma pacífica cruzando el puente, sólo de pasada con rumbo a Zamora.

En la tarde del día 3 de octubre de 1864 visitó la población el archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo, a quien se le hicieron grandes honores, y él, como era su costumbre, entregó entre sus adeptos algunas medallas al mérito civil. Se hospedó en las casas consistoriales, hoy palacio municipal. Se quedó en el pueblo durante cuatro días y asistió durante todo ese tiempo de su estadía al Te Deum en el templo del Señor de la Piedad.

Durante el siglo XIX, La Piedad fue escenario de hechos históricos importantes para la sociedad local, tanto de la Guerra de la Independencia como la de Reforma, por lo que algunos de sus edificios y construcciones adquieren un valor, que va más allá de lo estético de sus edificios.

Desafortunadamente, el desconocimiento y la poca importancia que algunos le dan al patrimonio edificado de la Piedad, hace que sus monumentos se encuentren en abandono, y con frecuencia han realizado en ellos intervenciones sin menoscabo de la alteración que producen en ellos. El atrio del templo del Señor de la Piedad, que construyera el P. Cabadas, fue demolido a mediados del siglo XX para dar cabida a la circulación de los autos y entonces lo que quedó como banqueta resulta insuficiente para recibir a los fieles que salen de misa.  El templo mismo desapareció casi en su totalidad por la ampliación a la que fue sometido dejando sólo para el recuerdo la fachada de acceso principal con su torre. Dicha fachada conservó durante más de un siglo los agujeros que produjeron las balas como muestra de las guerras históricas en el lugar, hasta que hace algunos años se aplanaron sus muros para ocultarlas y que tuviera mejor apariencia. Las casas consistoriales han sufrido constantes remodelaciones, ampliaciones y modificaciones y el puente Cabadas se conserva con descuido y desinterés.

Como en muchos otros lugares de nuestro estado, en La Piedad lamentablemente no se invierte en la restauración de sus monumentos y se advierte la falta de una política adecuada de conservación.

Las Casas consistoriales de mediados del siglo XIX, es un lugar de importancia histórica.

El antiguo casco de la hacienda de Santa Ana Pacueco, fue un lugar de acontecimientos históricos relevantes vinculados al desarrollo histórico de La Piedad, es un edificio olvidado que muestra descuidos y desinterés por su conservación.

 Su patrimonio edificado como escenario de acontecimientos históricos

ESCUELA DE ARQUITECTURA PRIMERO DE MAYO

En siglo XVIII, en la piedad se creó un nuevo centro de la  ciudad a partir de la  construcción del templo del Señor de la Piedad, el cual se llevó a cabo entre los años de 1741 a 1749 en tierras altas donde pudiera estar a salvo de las inundaciones que provocaba el entonces llamado Río Grande. La edificación se hizo con las aportaciones económicas que hiciera el propietario de la hacienda de Santa Ana Pacueco, Pedro Pérez de Tagle. Hacia ese lugar la mancha urbana empezó a crecer en torno a dicho templo. Entonces era un pueblo que se encontraba en proceso de un importante crecimiento poblacional, debido a la inmigración de españoles y de otras castas que vivían en las cercanías y que seguramente percibían un buen desarrollo económico en ese lugar. Había sido hasta el siglo XVII el pueblo más pequeño de la comarca de Tlazazalca. Su crecimiento y desarrollo urbano comenzaron a partir de dos hechos principalmente: la creciente veneración de la imagen del Señor de la Piedad, así como un  motín ocurrido en Tlazazalca, el cual hizo que el párroco y otras familias nobles cambiaran de residencia a La Piedad. Con el transcurrir de los años tuvo un desarrollo urbano mayor que todos los pueblos de la comarca, así como de la misma Tlazazalca que era entonces la cabecera de la Alcaldía Mayor.

Durante el siglo XIX se convierte en un lugar que adquiere importancia por su ubicación geográfica en la que se encuentra, y se desarrollaron en él algunos acontecimientos históricos que lo vinculan con la historia nacional.

Durante la guerra de independencia, en mayo de 1811, visitó a la población el insurgente general Don Ignacio López Rayón, quien se hizo de gentes y de dinero para la causa y posteriormente se dirigió a Zacapu. Entonces La piedad era visitada por partidas tanto de insurgentes como de realistas, y en una de tantas el feroz padre Torres quemó, como acostumbraba, todo el poblado reduciéndolo casi a escombros. Esto aconteció en el mes de febrero de 1818.

El 26 de abril de 1821, el ejército de las tres garantías, al mando de don Agustín de Iturbide, pasó por el pueblo y llegó a la hacienda de Santa Ana Pacueco, pero no sin antes que Iturbide visitara la imagen del Señor de la Piedad.

Una de las grandes obras que sin duda identifican con La Piedad es el puente de mampostería que construyera el cura Don José María Cabadas y Dávalos en el año de 1832, quien entonces era el  párroco del lugar. Aunque probablemente el motivo del puente fue el de evitar el peligro que representaba para las personas el cruce de un río tan caudaloso, esta obra produjo innumerables beneficios para los pobladores de la Piedad, pero además, por ser el único lugar de cruce en toda la comarca, en aquellos años se hizo necesario el paso obligado al pueblo por algunos personajes que forman parte de la historia nacional que ocuparon pasar de un lado a otro del río.

El padre Cabadas construyó también el atrio y los altares para del templo del Señor de la Piedad, además de la traza de algunas de sus calles. La influencia que produjo su obra hizo que algunos vecinos comenzaran a utilizar la mampostería en la construcción de las casas y edificios. Un ejemplo notable de ello fueron las casas consistoriales que se construyeron en el año de 1858. Esta obra fue una empresa del Dr. Vicente Silva y de otros altruistas ciudadanos.

El 21 de diciembre del 1863, durante la intervención francesa, el ejército francés, comandado por el general Félix Douay, acampa al norte del Puente Cavadas. Al día siguiente, al sonar de los clarines y tambores, entra en la Piedad de forma pacífica cruzando el puente, sólo de pasada con rumbo a Zamora.

En la tarde del día 3 de octubre de 1864 visitó la población el archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo, a quien se le hicieron grandes honores, y él, como era su costumbre, entregó entre sus adeptos algunas medallas al mérito civil. Se hospedó en las casas consistoriales, hoy palacio municipal. Se quedó en el pueblo durante cuatro días y asistió durante todo ese tiempo de su estadía al Te Deum en el templo del Señor de la Piedad.

Durante el siglo XIX, La Piedad fue escenario de hechos históricos importantes para la sociedad local, tanto de la Guerra de la Independencia como la de Reforma, por lo que algunos de sus edificios y construcciones adquieren un valor, que va más allá de lo estético de sus edificios.

Desafortunadamente, el desconocimiento y la poca importancia que algunos le dan al patrimonio edificado de la Piedad, hace que sus monumentos se encuentren en abandono, y con frecuencia han realizado en ellos intervenciones sin menoscabo de la alteración que producen en ellos. El atrio del templo del Señor de la Piedad, que construyera el P. Cabadas, fue demolido a mediados del siglo XX para dar cabida a la circulación de los autos y entonces lo que quedó como banqueta resulta insuficiente para recibir a los fieles que salen de misa.  El templo mismo desapareció casi en su totalidad por la ampliación a la que fue sometido dejando sólo para el recuerdo la fachada de acceso principal con su torre. Dicha fachada conservó durante más de un siglo los agujeros que produjeron las balas como muestra de las guerras históricas en el lugar, hasta que hace algunos años se aplanaron sus muros para ocultarlas y que tuviera mejor apariencia. Las casas consistoriales han sufrido constantes remodelaciones, ampliaciones y modificaciones y el puente Cabadas se conserva con descuido y desinterés.

Como en muchos otros lugares de nuestro estado, en La Piedad lamentablemente no se invierte en la restauración de sus monumentos y se advierte la falta de una política adecuada de conservación.

El antiguo templo parroquial de la Piedad, hoy santuario del Señor de la Piedad, casi desapareció por completo. El atrio que construyera el padre Cabadas a principios del siglo XIX, desapareció para abrir paso a los vehículos automotores.

Las Casas consistoriales de mediados del siglo XIX, es un lugar de importancia histórica.

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El antiguo casco de la hacienda de Santa Ana Pacueco, fue un lugar de acontecimientos históricos relevantes vinculados al desarrollo histórico de La Piedad, es un edificio olvidado que muestra descuidos y desinterés por su conservación.

Autor:
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Arquitectura y urbanismo regionales El barrio de San Francisco en La Piedad

SERGIO PÉREZ SUSTAITA

Tradición, cultura y pérdida patrimonial

ESCUELA DE ARQUITECTURA PRIMERO DE MAYO

Uno de los barrios más antiguos de la Piedad es el de San Francisco. Las tradiciones y cultura de este lugar cercano a lo que se considera como el centro de la ciudad, resguardaron durante mucho tiempo la imagen urbana de este sector de la ciudad, como un ejemplo de la traza urbana y de la arquitectura tradicional piedadense.

El barrio se localiza al norte de la ciudad, junto al Río Lerma. Sus límites son: la calle Hidalgo al sur, antiguamente conocida como del Tepeyac y jaboneras, al poniente Pedro Chavolla, antiguamente conocida como del ruiseñor, y al norte y oriente con el boulevard Lázaro Cárdenas. La traza urbana obedece a la topografía del terreno, por lo que sus calles son sinuosas y sus manzanas irregulares. Aunque se ubica junto al río, el barrio estaba desplantado sobre tierras altas que le permitían resguardarse de posibles inundaciones.

A finales del siglo XIX el barrio ocupaba una quinta parte de la extensión territorial de la ciudad, la cual tenía una población de 15,000 habitantes aproximadamente. Existía entonces, en aquel barrio, una intensa actividad pues era cercano al puente Cavadas, que era el único lugar para cruzar el río en toda la región, lo que le permitió la proliferación de servicios. Era un lugar, en el que se diversificó el mercado, dada la cantidad de personas que transitaba hacia el centro de la ciudad. Hubo, en aquel tiempo, fábricas de jabón al oriente del barrio, junto a la calle precisamente llamada jaboneras.

Su ubicación respecto a la ciudad era inmejorable, no sólo por la cercanía con el puente y el centro de la ciudad, sino con el río también, porque sus habitantes podían dedicarse a la pesca tanto para el consumo propio como para la venta, pues había fondas y restaurantes donde se podía degustar el famoso caldo michi.

Bajo el auspicio de los frailes franciscanos Luis Moret y Luis Portugal, en el año de 1884, se inició  la construcción del templo de San Francisco, en un terreno en donde convergen las llamadas antiguamente calles del cuervo y del porvenir ahora Nicolás Bravo y calle Cavadas. Es un templo de pequeñas proporciones de un estilo ecléctico, con elementos neoclásicos dentro de una composición general barroca. Su fachada es de cantera rosa, que refleja el lugar donde se encuentra. No tiene torre y es muy sencillo.

El día 4 es la celebración de San Francisco; las calles del barrio se visten de fiesta. Ha sido costumbre desde antaño realizar los llamados achones, que era la preparación del novenario en honor de San Francisco, que la gente hacía antes de la fecha de la festividad, en donde las familias hacían una fogata afuera de su casa para convivir.

La casa tradicional se presenta desde la calle en tres tipos, según la condición  social y económica de los habitantes. Las más modestas tienen el muro hacia la calle de adobe, un acceso y una ventana, sus dinteles, tanto de la puerta como de la ventana son de madera. Otro tipo es el de las casas que tienen el muro frontal construido con mampostería de cantera enjarrado, con una puerta de entrada y una o dos ventanas, las cuales están enmarcadas de cantera sin relieves. Un tercer tipo es el de aquella casa cuyo terreno tiene un ancho considerable, cuenta con dos ventanas y una puerta de ingreso, y todos los vanos  están enmarcados con cantera con molduras. Las cubiertas en todos los casos son de madera y teja con pendiente hacia el patio central. Desde la calle, las casas se aprecian con muros simples, diferenciándose únicamente por las molduras de los marcos y de los anchos del terreno.  Todos los muros están rematados, en la parte superior, por una pequeña cornisa de tabique. Casi todas las casas alcanzan la misma altura, por lo que se apreciaba una gran unidad.

La imagen urbana de este antiguo barrio era de gran armonía formal, porque se percibía como un conjunto. Aun hasta los años 70´s, no se había roto esa uniformidad; sin embargo, actualmente, está muy transformada, una vez que las casas, en su afán de mostrar actualidad, tienen un carácter individualista e internacional negando de alguna forma el lugar donde se encuentran.

La desaparición del modelo tradicional popular de vivienda se establece como pérdida, toda vez que desaparecen los vestigios históricos, la armonía formal urbana y la identidad de un sitio tan particular, que van de la mano con los cambios culturales y el olvido de las tradiciones como  un reflejo del fenómeno de globalización.

Pero esta pérdida también es reflejo de la falta de aplicación legal por parte de las autoridades locales y de falta de una visión social, que es uno  de los graves problemas que aquejan al país.

Estos cambios que la ciudad refleja, no dejan de preocupar respecto a nuestros bienes culturales y la falta de amor por las raíces, porque representan un atentado contra la memoria colectiva. Se requiere de una participación ciudadana más activa y menos indiferente que exija el cumplimiento de las leyes y se proteja el patrimonio urbano-arquitectónico de nuestras ciudades michoacanas.

Foto y dibujo del templo de San Francisco. La primera, reciente, la segunda corresponde a los años 80´s.  Al compararlas se aprecia la alteración de la imagen urbana en este antiguo barrio.

Dos casas tradicionales en abandono. Desapareciendo totalmente por la sustitución de obras cuya solución urbana, es muy discutible.

Imagen que muestra la alteración de la imagen urbana en el viejo barrio. Se convierte en una ciudad diferente, sin historia y sin identidad. Para quienes recuerdan a la ciudad de los 70´s, resultan sus calles difíciles de identificar.

Autor:
(Tomados de GUIA, Semanario Regional Independiente,
Zamora, Mich., México. http://www.semanarioguia.com. mx )
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2 Responses

  1. […] Arquitectura y urbanismo regionales: La Piedad, en el siglo XIX; El Barrio de San Francisco, en La P…. […]

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