El Rincón del Mezquite, una población tranquila. Benjamín González Oregel

El Rincón del Mezquite, una población tranquila

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

El Rincón del Mezquite, Mpio. de Ixtlán de los Hervores, Mich.–  Conforme se acerca el viajero, se da cuenta que pocas veces el nombre  que lleva la población corresponde con tanta fidelidad a su entorno como el de esta comunidad ixtlanense. Porque El Rincón del Mezquite fue fundado precisamente aquí, donde el valle de Zamora termina, en su parte norponiente. O, en plan de broma, uno imagina el tamaño que puedo haber tenido el mezquite para que, en uno de sus rincones haya tenido cabida este pequeño pueblito.

En cuanto uno se aproxima, justo a la entrada del caserío, un arco y un par de troneras parecen abrazar al visitante al darle la bienvenida. Una vez traspuesto este punto, todo es tranquilidad, envuelta en una soledad que sobrecoge.

Aquí se vive tranquilamente. El último hecho sangriento ocurrió en 1978. “A mi me dieron 7 balazos. ¡Y no ha habido más!”, recuerda Ruperto Ramírez Gómez, un campesino que se dedica a la producción de granos y al cultivo de la fresa, en las parcelas que formaron parte de las propiedades de don Francisco Dávalos, dueño de la hacienda de San Simón. Cuyo casco se encuentra a unos 7 kilómetros, rumbo a la cabecera del municipio.

Bonito, aunque entre anarquía

La gente es amistosa. Y esto se confirma apenas se entabla plática con cualquiera de sus habitantes. En pocos minutos, hombres y mujeres que se acercan, de uno en uno, toman parte de la conversación. Somos “amistosos, nunca agredimos a nadie. Usted puede dejar su auto abierto y sus pertenencias se respetan. Si alguien tiene dificultades es la gente de afuera. Por poner un ejemplo: vienen muchos vendedores ambulantes, que traen su mercancía en sus propios vehículos, y, con el ánimo de no dejarse ganar, a la hora de la venta, discuten entre ellos”, cuenta Ruperto. Fácil, llegan 10 camionetas diariamente, indica el agricultor que, camino a su casa, tras la diaria jornada, ha detenido la marcha de su automotor. Le acompaña un par de sus hijos.

El aspecto que ofrece la población, es bonito. Las calles lucen limpias, barridas.  Muchas de ellas cubiertas con pavimento hidráulico, gracias a la buena disposición que mostró un joven presidente municipal, “priísta”, llamado Guillermo Oropeza, aunque aún se observan bastantes callejoncitos con empedrados. Sin llegar a ser muy empinadas, las vías, todas, muestran, unas más que otras, distintos desniveles. En medio de la anarquía, a veces, sobre todo si no se conoce el trazo de la comunidad, un camino termina en una cerrada.

Hasta 1970, “cuando mi padre fue encargado del orden, había casas en medio de las calles –recuerda Ramírez Gómez–. Él tenía unos amigos, Jesús y Primitivo Alvarado. Los 3, fueron a la secretaría (de Agricultura, en Zamora) y consiguieron una máquina, un topo. Había un señor, de Chavinda, avecinado aquí, que era medio borloterillo. Y tenía su casa a media calle. A él lo pusieron al frente del grupo encargado de las demoliciones de todas las viviendas como de la él. Cuando le llegó el turno a la de él, no quería. Pero como había tumbado las de otros, tuvo que aceptar, a pesar de lo revoltoso que era”.

Del ejido y la fresa

Cuentan, además, que como tienen mucho terreno comunal, los lotes que les han sido asignados a cada uno de los ejidatarios, son de 900 metros cuadrados. Y esto lo hacen para que las calles sean lo más rectas posibles. Aquí, además, no se conoce el régimen de la pequeña propiedad. “Todo es ejidal”.

La principal fuente de ingresos de los vecinos, es la agricultura. “Pero más de la fresa”, a pesar de que en el fértil valle se siembran el maíz, el sorgo, el trigo. Porque el jitomate, la cebolla, el pepino y las palmas gladiolas, son cultivos que realizan los habitantes de El Colongo. Hay gente de aquí que va a trabajar a esa comunidad. Pero la mayoría se emplea en la fresa. El salario, contrariamente a lo que sucede en otras partes del valle, percibe 170 pesos diariamente, por un jornal de trabajo.

El grupo ejidal está  formado por  97 personas. Las parcelas es encuentran en los predios conocidos con los nombres de: El Descanso, La Laguna, Pajacuarán, La Gavia, El Pelillo, el Potrero Grande y El Monte. De todos, solamente La Gavia carece de agua para riego. El Descanso cuenta con este servicio, gracias a un pozo profundo. Los demás son regados por las aguas procedentes de la presa de Urepetiro.

Los campesinos, en la actualidad, siembran preferentemente maíz y sorgo. Lo venden a los acaparadores. Suelen vender sus semillas en la Unión de Ejidos, en Ixtlán y en la vecina Chavinda. Pero también cultivan el frijol.

     Migración

En este lugar, como en todo el Estado, la migración es fuerte. Cuentan los vecinos que, antes, en cuanto los niños terminaban la secundaria, ponían sus ojos y empeño en Estados Unidos. Sin embargo, con la puesta en marcha de programas federales como Progresa, cuando empezaron a entregar becas a los niños, mucha gente lo pensó. Porque se comenzó a poner muy difícil para ingresar al vecino país. Hoy en día, el gobierno municipal de Chavinda envía, diariamente, un autobús para llevar y traer a los estudiantes, ya sea a que estudien la secundaria o la preparatoria –en el plantel del Colegio de Bachilleres–. El servicio es gratuito. El autobús llega a recoger a los estudiantes a las 6 de la mañana. Aunque se han dado casos en que, estudiantes, han tenido que acudir a clases a Santiago Tangamandapio.

Sin embargo, los actuales habitantes de la comunidad consideran que en Estados Unidos se encuentra un 60 por ciento de los nacidos aquí. Con una singularidad: son contados quienes cuentan con la documentación en regla, son casi todos ilegales. De allí que sean contados los que, cada año, en diciembre, regresan a su tierra a los festejos que el día 8 de diciembre, se celebran en honor de la Inmaculada Concepción, patrona del pueblo. Aunque eso sí, las mejores casas fueron y han sido levantadas por los que allá viven o han trabajado.

De unos 3 años a fecha, son pocos los jóvenes que han partido. Antes, nos quedábamos puros viejos, los viejos, como yo –dice entre risas Ruperto–. “Ahorita da gusto ver parvaditas de muchachos jóvenes”, en las calles. Esto nos beneficia porque, si requerimos unos 4 ó 5 peones, los encuentras fácilmente, remata Jesús Alvarado. Porque, por estos días, quien quiera trabajar, no tiene que salir a buscar empleo a otros lugares. Hay oportunidades para todos. Lo que sí hacemos –cuenta Ramírez Gómez–, es que rentamos tierras, por decir, en El Tepehuaje, pero llevamos trabajadores desde aquí (El Tepehuaje, comunidad chavindense, se encuentra a unos 4 ó 5 kilómetros de este lugar). Los de El Rincón no saben de hambre. Tienen trabajo.

Una actividad de la que también se ocupan los habitantes del pueblo es la ganadería. Hay mucho ganado, vacuno y caprino. Para esto, aprovechan los rastrojos de las parcelas. Alimentación que completan con suplementos, que generalmente les son suministrados por comerciantes de La Barca, Jalisco. La leche, de vaca como de chiva, la venden a los industriales del ramo, generalmente zamoranos. Los ganaderos cuentan, para que abreve el ganado, con 2 presas. Una, grande, construida dentro del Plan Benito Juárez, durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez, con la finalidad de regar las parcelas que se extienden valle abajo.

En cuanto uno enfila hacia esta población, se aprecia una maravilla natural: grandes y discontinuos acantilados, de rosadas canteras, separan y protegen al cada vez más angosto llano.

Vecina de El Tepehuaje, El Colongo, La Esperanza, La Soledad, San Juan Palmira, El Limón, La Plaza de El Limón, La Mulita. Pero si en este lugar los vecinos dicen desconocer si existió casco de la hacienda, como sí lo hubo en La Soledad, en el municipio de Chavinda, la verdad es que, en estos días,  El Rincón supera, con creces, en cuanto a servicios, a la ranchería en la aún se pueden observar vestigios de la época de las grandes haciendas y latifundios. Sus calles, generalmente son más anchas. Es mayor la superficie cubierta con cemento hidráulico. Las instalaciones escolares son mucho más grandes que las de La Chole. Lugar en donde lo que escasea son los alumnos.

Comercio

Desde hace décadas, los habitantes de esta comunidad han acostumbrado, a la hora de realizar sus compras, a llevarlas a cabo en la vecina población de Chavinda. Allá encuentra desde artículos para el hogar, hasta implementos y maquinaria para la agricultura. Si de construcciones se trata, no se diga.   Tan estrecha es la relación que existe entre ambas poblaciones que, cuando han requerido del servicio postal, lo hacen en Chavinda. “Porque una carta, cuando nos escribían a Ixtlán, llegó a durar meses, para llegar a nuestras manos”, señala Jesús Tamayo. Además, cuando se habla de dinero, los vecinos de El Rincón, son sujetos de crédito en la Caja Popular de Chavinda, cuando son socios. Esto les ha facilitado sus actividades en el campo. El interés que pagan, por un préstamo en esa institución, es mucho menor que el que tendrían que pagar a los agiotistas de la región. Pero las grandes casas comerciales de Zamora, también cuentan con buena cartera de clientes en este Rincón, sobre todo en el ramo abarrotero.

De recuerdos

Algunos recuerdan, con tristeza, la forma en que eran –y tal vez no falte el que aún así sea tratado–  despojados de sus cosechas, luego de haber acudido a estos prestamistas. Mucho más voraces que los banqueros, que ya es decir.

Aunque no todos los recuerdos que tienen son amargos. Los vecinos del lugar reconocen los hechos de hombres como don Jesús Ramírez, don Jesús Alvarado, don Roberto Barragán, don Elías Romero, don Aurelio Barragán, ya que fueron los iniciadores de esta comunidad. Fueron los que empezaron a preocuparse por la población. Todos, sin excepción, fueron presidentes del comisariado ejidal, la máxima autoridad, de facto, en el pueblo. El encargado del orden ocupa el cargo sólo para cumplir con el aspecto legal, dicen.

Jesús Alvarado cuenta, con los ojos próximos al derrame de lágrimas, cómo fue que la población pudo contar con el servicio de agua potable. Y lo narra así:

“Era gobernador del Estado el ingeniero Luis Martínez Villicaña, quien, durante una gira de trabajo, vio cómo las mujeres del rancho cargaban cántaros, botes y cubetas, con agua, desde el canal que pasa frente a la comunidad de El Tepehuaje. Es el agua del drenaje de Zamora, que arrastra el río Duero. Esa era el agua que teníamos, en ese tiempo, porque se había agotado la que almacenaba una presita que hay allá arriba. Las mujeres caminaban, sobra la brecha, en fila. Y esto conmovió al Gobernador. Una semana más tarde, llegaron, ingenieros y maquinaria, y allí tenemos ese pozo profundo, del que nos abastecemos de agua” –y señala, con el dedo, hacia donde se alza un transformador de luz, sostenido por un poste.

Las birrias, lo común en gastronomía

La señora Martha Leticia Alvarado, que es la consorte de Ruperto, afirma que, en lo religioso, esta comunidad católica es pertenece a la parroquia de San Simón. La fiesta, como ha sido escrito antes, se lleva a cabo el 8 de diciembre, de cada año. Y se organiza con el fin de honrar a la Inmaculada Concepción. Es la única festividad, durante el anual calendario. Y cuando habla de los platillos preferidos por los habitantes del lugar, dice que son especialistas a la hora de preparar el mole, de carne de res, cerdo, o de pollo, la sopa de arroz.  Pero lo que las distingue son las birrias, de res o de chivo, “que es la que más le gusta a la gente que nos visita”

Hombres y mujeres de El Rincón del Mezquite invitan, cordialmente, a los lectores de Guía, a que “nos visiten. Los trataremos con gusto y amabilidad. Les ofrecemos tranquilidad, mucha tranquilidad”.

Autor:
(Tomado de GUIA, Semanario Regional Independiente,
Zamora, Mich., México. http://www.semanarioguia.com.mx )
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