FANT.26.- MALENTENDIDOS, IMPORTAMADRISMOS Y OTRAS COSAS IGUALMENTE IMPORTANTES. Silviano Martínez Campos, a propósito del Día de las Madres

HPIM4262 HPIM4029 HPIM4261 HPIM4263 HPIM4477 HPIM4367 HPIM4251 HPIM4249 HPIM3681 HPIM0010 HPIM0012 HPIM0022 HPIM0092 HPIM0084 HPIM0204 HPIM0203FANT.26.- MALENTENDIDOS, IMPORTAMADRISMOS Y OTRAS COSAS IGUALMENTE IMPORTANTES

Saltar a: navegación, buscar

Martínez Campos, 27/I/07

GUIA
MALENTENDIDOS, IMPORTAMADRISMOS Y OTRAS COSAS IGUALMENTE IMPORTANTES

 

Silviano Martínez Campos
Cuentan quienes han recibido el don del humor, que un niño y sus papás pasaban frente a los aparadores de una juguetería y, ante tanto qué ver y comprar, el pequeño insistía ante sus progenitores: “molino”, “molino”; pero ellos naturalmente no tenían entre sus planes comprarle un molino y pensaban, más bien, en algún osito, camioncito o algún otro juguete artesanal dado que, se supone, en el tiempo del chiste no había entretenimientos infantiles tan sofisticados que embotaran la mente.

Y se trenzó un forcejeado diálogo entre niño y papás. El insistía en el “molino”, ellos en cualquier otro juguete, menos el molino, hasta que finalmente el pequeño se dio por vencido y les dijo: “ya moliné”, o sea como si dijera: “ya me oliné” y allí se borró el malentendido.

O aquel otro caso en que el pequeño, también ante sus atribulados padres, lloraba y lloraba y les decía: “teno tometón”, “teno tometón”. El caso era serio, como lo es todo caso en el cual los papás ven sufrir a sus hijos. Intervinieron como intérpretes otros miembros de la familia y nada, el niño insistía en lo de “teno tometón”. Por fin a alguien se le ocurrió la mediación de un intérprete de la misma edad y, efectivamente, ante el “teno tometón” del uno, el otro pequeñito le repuso de inmediato: “po lacate peneco”, y allí se borró el malentendido.

La vida está llena de malentendidos o, propiamente hablando, de equívocos, malas interpretaciones, malos entendimientos o incomprensiones, según reza el diccionario, desde los que pueden cambiar el curso de una vida, hasta los que pueden cambiar el curso de la historia.

Y en una relación personal, afectiva, no necesariamente tempestuosa, aquellos malentendidos que se expresan en canciones de despecho como la pintoresca de “me importa madre”, de la tradición popular, que no es otra cosa sino la expresión de un festivo desengaño de una relación amorosa.

Tal vez quien expresa dicha idea, en una canción con letra y música, cargadas de afecto, lo que está tratando de decir sea exactamente lo contrario, por rebote, por contraste, como si dijera: no te creas, es una forma de decirlo, ni siquiera es despecho, sino un grito de ayuda.

Lo que realmente necesito es, expresando completo el pensamiento de la canción, que me siento dolorido porque percibo que tu ya no me quieres y por el contrario, sí me importa me quieras y me hubiera gustado que esa supuesta reacción de rechazo no ocurriera.

Por eso te digo: “Me importa, madre, que tu ya no me quieras”. Y así entiendas al revés: me importa mucho que tú me sigas queriendo ya que necesito tu amor y tu afecto porque soy un hombre (o mujer en su caso, según quien la cante) y necesito tu cariño.

Como aquella canción picosa de antes, del chivo padre que decía en sus inicios más o menos: “por esta calle derecha, tengo chiles en vinagre y el que no me pueda ver, que vaya a…Chihuahua al baile”, a lo mejor denota que entre más fuertes y a los cuatro vientos sean los gritos de despecho, mayor es la necesidad de amor y afecto que se está expresando, sólo que al revés. Como para lanzarle un buscapiés al otro, o a la otra, a ver si reacciona y dice mira, pobrecito, cómo lo dejé, me necesita, y recapacite y vuelva a quererlo y si ni siquiera le echaba un lazo, por lo menos le regale una miradita.
DESPECHOS

Los verdaderos despechos, las verdaderas pasiones humanas de odio y desamor, no se expresan en canciones, aun de apariencia agresiva. Las verdaderas pasiones de desamor se expresan en agresiones mortales que en las relaciones personales llevan a crímenes y asesinatos, despojos e injusticias y en las relaciones sociales a luchas encarnizadas y guerras terribles.

Pero una canción, aun aquella de me importa madre que tu ya no me quieras, es una súplica, una oración, un sentimiento de humildad al reconocer que necesitamos al otro, a la otra y por eso le reprochamos ya no nos quiera. Como si dijéramos: ven, anda, te necesito, quiéreme.

Aunque como la zorra de la fábula digamos que las uvas están verdes y no las queremos, porque no las pudimos cortar, esto expresado con la letra de la canción que mas o menos dice: “ya estará jabón de olor, ni que perfumaras tanto”.

Y hay testimonios de una parejita humilde, muy humilde pero muy de buen humor –y parece que era cosa de familia—que cuando tenía una pequeña diferencia, un pequeño sentimiento de mutuo desencanto, algo qué sentir uno del otro, se lo reprochaba mutuamente con cancioncitas. Buena salida, en lugar de guardar escondidos resentimientos dañinos de reproches reprimidos que luego pueden aflorar en desamores.

Tal vez no habrá que tomar tan en serio a quien entone canciones como la de me importa madre. O más bien sí hay qué tomarlo en serio. Lo que está pidiendo, implorando, suplicando, es un poco de amor, de ése que a veces no sabemos dar, casi sin excepción, porque estamos esperando siempre que el otro comience.

Mas como en esto de los amores las cosas tienen su profundidad, parafraseando la canción, colocando tan solo una comita, a lo mejor hay reminiscencias infantiles, sentimientos que se quedan grabados, cuando uno tal vez no se siente lo suficientemente amado de la madre (lo cual no quiere decir tenga razón) y entonces le podría decir a ella:

“Me importa madre que tú ya no me quieras. Madre, me importa que me quieras o no”. O sea, madre, tu amor para mí es tan imprescindible, tan necesario para vivir, que no me es indiferente el que me quieras o no. Apuesto a que me quieras, te necesito y por eso, en mi infantilismo, te digo que me es indiferente tu amor, pero en realidad es lo contrario, sin él no puedo vivir.

La vida está llena de berrinches y muchas veces detrás de un berrinche, de niños o de adultos, hay una llamada de atención al otro, a veces desenfocada, para que se fije en nosotros. A veces en el amor humano nuestros berrinches no son más que una expresión, no tanto una carencia de afecto expresado por el otro, sino de una cierta incapacidad nuestra para percibir que realmente somos amados. Y lo que nos falta es precisamente ensayar nosotros mimos ese afecto que angustiadamente estamos solicitando mediante el reproche, la queja o la fase altisonante que endilgamos al otro para llamar la atención.
REPROCHES

Nuestras historias están llenas de malentendidos, desde aquel inicial de quienes creyeron que comiendo una fruta serían como dioses y terminaron reconociéndose desnudos, hasta quienes en los últimos tiempos creyeron que multiplicando hasta el delirio los arsenales nucleares iban a ganar la guerra y se encontraron desnudos de un poder que no podían usar sin autodestruirse.

O los malentendidos de quienes hurgaron dentro de las entrañas de la materia y siguen hurgando, descubrieron los secretos de las combinaciones químicas y están por desentrañar, si no es que ya lo hicieron, las combinaciones de los genes humanos. Y terminaron en el dilema de construir un hombre robot llevado a la muerte o desacelerar el paso e imbuir de respeto su indagación y reconocer que hay límites porque el árbol de la ciencia del bien y del mal aún sigue plantado en medio del paraíso.

Mas como todos somos Adán y todos somos Eva, nuestra debilidad es congénita y las serpientes tentadoras rondan por todas partes poniéndonos enfrente malentendidos que a veces son risibles pero, a veces, trágicos.

No deja de ser aleccionador que se haya creído que la Tierra y todo el firmamento giraba en su torno, lo cual generó malentendidos trágicos que hicieron historia; pero eso culminó en el descubrimiento de una creación insondable y maravillosa, con soles innúmeros, galaxias incontables y un Universo inmenso sin el Sol en su centro pero con el hombre como centro de perspectiva.

Que se hubiera creído que los hombres somos la medida de todas las cosas y encontrarnos con que puede haber innúmeros astros habitados por innúmeros seres inteligente. Pero aquí, entre nos, seguimos siendo la medida de todas las cosas.

Nuestra limitación nos llevó a malentendidos y por eso llegamos a nuestro actual dilema. Quisimos conocer y conocimos, pero nos podemos destruir y estamos agitados en una agitación que no conocieron anteriormente los siglos, la explosión de los elementos naturales, las sociedades y los sistemas en algo que parece una explosión de cólera de fuerzas desafiadas.

Pero “mientras más grande es la cólera, mayor es la explosión de amor” (pensamiento extraído de un poema de Karol Wojtyla, poeta). Pero hay muchos logros en el hombre, los cuales “…sin embargo no han de servir de pretexto para soslayar los defectos de un sistema económico cuyo motor principal es el lucro, donde el hombre se ve subordinado al capital, convirtiéndose en una pieza de la inmensa maquinaria productiva, quedando su trabajo reducido a simple mercancía a merced de los vaivenes de la ley de la oferta y la demanda” (pensamiento extraído de un discurso de Juan Pablo II, Papa).

Y VOLVER, VOLVER, VOLVER

Parece que en el fondo lo que sucedió fue que quisimos tomar, pueblos, sociedades y personas, nuestro propio camino, autónomo y le lanzamos a Dios el retador grito de rebeldía, admirados de nuestros propios poderes. Pero ahora por fortuna estamos recapacitando y le estamos diciendo: “Viva la Vida”. Habíamos hecho un gran berrinche a Dios para que nos quisiera, no dándonos cuenta que de todos modos nos ama.

Y en medio de la tempestad, cuando le estábamos pidiendo cuentas, nos gritó como a Job: dónde estabas Adán cuando generé la gran explosión del Universo que tejió galaxias, soles y planetas.

Dónde estabas cuando los rayos de mi potencia estimularon a tu Tierra para que generara en el seno de sus aguas vida innúmera y variada y se extendiera por la superficie inhabitada entonces de tus islas y continentes.

Dónde estabas cuando insuflé, en ti, limo de la tierra, mi Espíritu perenne para que tuvieras vida permanente. Dónde estabas cuando te dejaste engañar por la serpiente y creíste poder ser dios.

Pero para que se te quite lo berrinchudo y vuelvas a hacerme caso, borraré ese malentendido y te me daré a mí mismo, te haré un dios por participación, a ti criaturita, para que no vuelvas a creerte soberano dominador y explotador de todo, aun de los seres minúsculos de mi creación, que destruyes.

Por eso nos dio a Jesucristo, su Hijo, para que, a través de El, tengamos vida definitiva, plena, satisfactoria, una vez abandonados los ídolos que nos tentaban de ser omniscientes y todopoderosos. Porque con El, reproches aparte, se acaban todos los malentendidos.
(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, VENTANAS 4—B, 16 de Marzo de 1997)
Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web

 

 

GNU Copyright (c) 2007 Silviano Martínez Campos. Se autoriza la copia, la distribución y la modificación de este documento bajo los términos de la licencia de documentación libre GNU, versión 1.2 o cualquier otra que posteriormente publique la Fundación del Software Libre (Free Software Fundation); sin secciones invariables (Unvariant Sections), textos de portada (Front-Cover Texts), ni textos de contraportada (Back-Cover Texts).Se incluye una copia en inglés de esta licencia en el artículo Text of the GNU Free Documentation License.

 

Advertisements

One Response

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: