Chilchota.Benjamín González Oregel

Puebleando  Chilchota, lugar de chiles verdes, o el níveo de sus azahares.

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

Chilchota, Mich., —  Chilchota, tanto en purépecha como en náhuatl, tiene el mismo significado: “lugar de chiles o chile verde“. Sin embargo, algunos etimologistas interpretan la palabra como “lugar de sementeras“. La primera interpretación de Chilchota puede ser la más acertada, ya que durante la época prehispánica el chile era cultivado y recolectado en gran escala en toda la cañada, como forma de tributo y comercio con los pueblos de la puesta, se lee en la versión presuntamente oficial, que aparece en la monografía del municipio. Condición que ostenta desde que la Ley Territorial del año de 1831 le otorgó dicha categoría.

Sabemos que las primeras luces acerca de la existencia de lo que hoy la cabecera del municipio, que lleva el mismo nombre, proceden de la época de la conquista. Evento que se dio allá por el año de 1524. Desde entonces, Chilchota fue señalada como asentamiento de familias hispanas. Y fue allí, como en la entrega anterior se anotó, donde se instaló el corregimiento tributario, bajo la tutela de don Alonso de Haro (el 24 de septiembre de 1603), antes de ser constituido como “República de Indios”. Condición que, en no pocas ocasiones fue violada por los llegados del otro lado del Atlántico.

El territorio de este municipio, que se localiza al noroeste del Estado, en las coordenadas 19º51′ de latitud norte y 101º87′ de longitud oeste, a una altura de 1,770 metros sobre el nivel del mar, y que tiene como vecinos a Tangancícuaro, Purépero al norte y a Zacapu y Cherán, al este,  a Charapan y Paracho al sur, mientras al oeste vuelve a encontrarse con Tangancícuaro, y que dista unos 120 kilómetros de Morelia, no iba a ser la excepción en aspecto relacionado a la posesión y propiedad de las tierras. Lo que motivó la aparición de latifundios. Mismos que, al paso de los años y el cambio de las circunstancias, dieron origen al nacimiento de líderes de todo tipo.

En la investigación realizada por Christopher R. Boyer, de la Academy for International and Area Studies, Harvard University Department of History, Kansas State University, subtitulada Viejos amores: la llegada del agrarismo a Michoacán, puede leerse que:

“Cuando Francisco J. Múgica llegó al gobierno estatal en el año de 1920, pocos michoacanos habían experimentado levantamientos campesinos en su patria chica. En el siglo XIX, los insurgentes Miguel Hidalgo y José María Morelos levantaron ejércitos en la región occidental del país, pero durante la revolución del siglo siguiente, no hubo mayores trastornos en la región. En contraste a sus similares en Sonora y Coahuila, los terratenientes y políticos revolucionarios michoacanos nunca movilizaron grandes ejércitos de “sus” campesinos y empleados. Tampoco crearon los mecanismos del control de las masas armadas que los constitucionalistas lograron imponer en el norte. Y en contraste a Chihuahua y Morelos, nunca hubo un Villa o un Zapata que encendiera un movimiento amplio de gente rural. En Michoacán pues, la mayoría de la población experimentó la revolución como un periodo de inseguridad, carestía y enfermedad, sólo interrumpido a intervalos por la ocasional aparición de ejércitos revolucionarios que transitaron el territorio michoacano con destino a otros estados de la república.

“La relativa calma de Michoacán antes de y durante la revolución favoreció a los hacendados locales. Las haciendas más grandes continuaron sus operaciones agrícolas durante los años revolucionarios y consecuentemente obtuvieron ganancias impresionantes cuando la demanda por sus productos aumentó después de 1910. Por 1920, las tensiones entre hacendados y pueblos independientes circunvecinos se mantuvo en auge. Grupos de campesinos se quejaron de una nueva ola de saqueos. Denunciaban que las haciendas acaparaban cada vez más territorios, comprándolos, presionando a los pueblos a vender, o simplemente robándolos.

La revolución de los socialistas

“Francisco J. Múgica llegó al poder en octubre de 1920 gracias en gran parte a un levantamiento campesino bien planificado. La campaña electoral para gobernador había transcurrido tres meses antes, y produjo dos cámaras de diputados locales y dos gobernadores auto-proclamados. Para consolidar su posición, Múgica y sus aliados persuadieron a las defensas civiles de dos pueblos campesinos cercanos a Morelia. Les invitaron a expulsar a los anti-mugiquistas y también introdujeron otro grupo de campesinos armados, originarios de Uruapan, disfrazados de una banda de música. Las defensas agraristas se combinaron y sacaron a sus contrincantes de sus posiciones en el palacio municipal de Morelia. El destacamento federal en Morelia -en aquel entonces bajo las órdenes del joven general Lázaro Cárdenas, el gran amigo y confidente de Múgica- no impidió la intervención de las defensas civiles. Gracias a la movilización militar y política de campesinos afines, Múgica ganó un control raquítico del gobierno. Asimismo, dio un tono militante a su corta administración en Michoacán.

“Aunque muchos campesinos habían perdido sus tierras a manos de hacendados en las décadas antes de la llegada de Múgica, muy pocos apoyaron al gobernador agrarista. La política mugiquista, y sobre todo el anticlericalismo de los socialistas, sembró desconfianza entre la mayoría de los campesinos.  Además, Múgica no era el primer político que prometía una reforma agraria en Michoacán, y ningún político revolucionario había cumplido con sus promesas. Así que Múgica y sus aliados no tardaron en notar la falta de apoyo rural para su gobierno. Aun los campesinos que protestaron su apoyo a Múgica exigieron pago para asistir a las manifestaciones socialistas. Múgica hizo frente a sus problemas políticos por medio de una reforma agraria de relámpago, esperando que se le diera un apoyo más firme entre las clases humildes. Pero los socialistas, como casi todos los líderes de la época posrevolucionaria, tenían dificultades en hacer que sus disposiciones legales fueran respetadas en el campo y los pueblos, donde los que tenían el control efectivo eran los bandidos, las guardias  blancas y los militares. Los mugiquistas también se dieron cuenta de que tendrían que armar a los agraristas si querían realizar su programa político en el campo. La actuación de Múgica militarizó el proceso de la reforma agraria y fomentó la elaboración de discursos populares que asociaron la violencia colectiva con el establecimiento de los ejidos en Michoacán.

“Otro ejemplo del poder transformador de la política cultural posrevolucionaria se percibe en el hecho de que os jefes agraristas generalmente expresaron su poder a través de prácticas culturales bien establecidas y tradicionales. Ahora bien, es cierto que Primo Tapia, el famoso agrarista de Naranja, se burló del clero y expulsó unos supuestos “fanáticos” del pueblo. Pero Tapia también resucitó varias fiestas religiosas en Naranja. Tapia impulsó el litigio agrario de su pueblo con las ganancias de las fiestas locales. Pero por otro lado, reconoció el poder simbólico de las danzas tradicionales y la pompa religiosa. Según el antropólogo Paul Friedrich, Tapia ‘quiso reproducir el estímulo popular y sensible de las fiestas y ligarlo con el nuevo orden moral y político del agrarismo’.

“Otro cacique agrarista, Ernesto Prado, también participó públicamente en espectáculos anticlericalistas. No obstante, a él también le gustaba patrocinar las danzas tradicionales de su tierra natal. Además, Prado se llevaba bien con el párroco local y -tal como Tapia en Naranja- a él le gustaba encabezar los desfiles religiosos de La Cañada. Ambos caciques se comportaron como los tradicionales “cargueros” políticorreligiosos de Michoacán. Claro que esos ‘cargueros’ agraristas se diferenciaron de sus antepasados: también eran jefes políticos relacionados con la expansión del Estado posrevolucionario.

“Las prácticas que caracterizaron al agrarismo no eran completamente novedosas, pero el discurso agrarista que los caciques y maestros rurales construyeron, sí lo fue. Los revolucionarios pueblerinos tildaron a los hacendados de ‘explotadores latifundistas’, mientras que los agraristas se presentaron como ‘honrados y entusiastas campesinos’, y la reforma agraria (de por sí una novedad) llegó a ser una iniciativa hecha por el gobierno ‘por la emancipación de los derechos sagrados del pueblo, [que] ha dado al pueblo lo que es del pueblo’. El nuevo lenguaje revolucionario se difundió a lo largo de la esfera pública de Michoacán. Los maestros rurales asistían a los mítines agraristas y leían en voz alta su correo oficial; los políticos y maestros más destacados de la entidad pronunciaron plática tras plática en las escuelas y en los zócalos; y donde quiera que había un acontecimiento de alguna importancia, llovían pasquines y hojas sueltas.

El lenguaje político de los revolucionarios pueblerinos logró vincular las experiencias de los agraristas (sobre todo, su desconfianza en cuanto al clero) con la ideología oficialista revolucionaria que emanó desde Morelia y la capital de la república. Ya en 1923 -tres años antes de la cristiada- los líderes agraristas de Tiríndaro se quejaron de un cura que, “no solo se ha prestado como instrumento de los latifundistas aventureros.., sino que, ya en el púlpito, ya en el confesionario y por todos los medios a su alcance, hostiliza de una manera despitadada [sic] a los trabajadores en general. . .“. En los años siguientes, los agraristas se quejaron cada vez más frecuentemente del clero rural, y de “las clases reaccionarias” en general. Así, el radicalismo anticlerical de los agraristas se identificó simbólicamente con su lucha por la tierra”.

La migración y economía

Aunque es evidente, la migración de los nacidos en la cabecera del municipio –es más abundante esta sangría en las comunidades situadas al noroeste del municipio, allí donde se besa con Tangancícuaro, en donde se presume que más de la mitad de los allí nacidos viven fuera del terruño–, es mucho menor que la que  experimentan y sufren los vecinos, sobre todo hacia Estados Unidos. Notable es, sin embargo, la frecuencia con que los hijos de los chicholtenses, cuando han salido a completar su educación, gustan avecindarse en la capital del Estado, principalmente.

Cruzado por las corrientes de los ríos Duero y Rito, el municipio cada vez depende menos de los recursos que le proporcionan especies maderables como son el pino y el encino. Gracias a tala indiscriminada a que han sido sometidos sus bosques. Lo que ha propiciado el surgimiento de grandes plantaciones aguacateras.

Un lugar preponderante, en lo económico, lo ocupan la panadería –un pan que se consigue, consume y aprecia en buena parte del noroccidente del Estado, y que es ofrecido, en no pocas veces,  por los chicholtenses tahoneros; y la fabricación y confección de azahares y prendas para ocasiones especiales. En esta actividad, las cifras que se dan a conocer son increíbles. Tanto que podríamos afirmar que al verde de sus bosques, lo cubre el regio níveo que elaboran sus mujeres.

Hijos ilustres

Jesús Álvarez Constantino nació en esta población el 17 de octubre de 1914. Narrador. Estudió en la Escuela Normal de Morelia. Fue director de Educación Federal y Estatal. Editor de Nosotros; dirigió las ediciones de Renovación y La Gaceta Municipal. Presidente del Círculo de Amigos de la Cultura de La Piedad, escribió y publicó una par de novelas: El Centauro y El Quijote adolescente. Además, como maestro que fue, enriqueció la docencia con obras como: La educación en la comunidad, Lecciones de historia de Michoacán, para uso de los alumnos del tercer año de enseñanza primaria, Lecciones de geografía de Michoacán, para uso de los alumnos del tercer año de enseñanza primariaDirección de escuelas, teoría y práctica, Los nuevos programas de educación primaria,  Interpretación y desarrollo, Nociones de lingüística, Gramática funcional del español y El pensamiento mítico de los aztecas. Murió, en 1986. Es, con mucho, el más preclaro de cuantos hijos ha dado esta comunidad.

Como insignes son también: el poeta Agapito Silva (quien murió jovencito, nació en 1850 y partió 19 años más tarde); así como el jurisconsulto, dramaturgo y también poeta, Francisco Vaca (1824-1894).

Una visita a este lugar es recomendable. Además de las bellezas naturales que nos ofrecen la Cañada, el valle y las vistas de sus pueblitos, podremos disfrutar de su gastronomía y artesanías; y hasta de un buen chapuzón en el Ojo de Agua.

(Tomado de GUIA, Semanario Regional Independiente.

Zamora, Mich., México. www.semanarioguia.com.mx )

Cañada de Los Once Pueblos. Benjamín González Oregel

Otra perspectiva de la catedral de Morelia Mic...

Otra perspectiva de la catedral de Morelia Michoacán. (Photo credit: Wikipedia)

Español: Casa de las Artesanías de Michoacán, ...

Español: Casa de las Artesanías de Michoacán, recinto cultural público ubicado en la ciudad de Morelia, Michoacán, México; enfocado en la conservación y difusión del arte popular de las distintas regiones del estado, tiene su sede en un ex convento del siglo XVI. (Photo credit: Wikipedia)

Puebleando  A la Cañada de los Once Pueblos, hay que “divisarla desde lejos”

                            BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

(Primera de 2 partes)

Cañada de los Once Pueblos, municipio de Chilchota, Mich.,–  Conocida con el nombre de Cañada de los Once Pueblos, esta región del noroccidente michoacano, también conocida entre sus habitantes con el nombre de Eraxaman, vocablo que, según Maturino Gilberti, significa: “Y derecho su camino”. Aunque, según el diccionario de la Lengua Tarasca, se traduzca como “divisar, acompañar con la vista desde lejos”.

Según se puede leer en “La ley y la costumbre en la Cañada de los Once Pueblos”, obra nacida del trabajo de Moisés Franco Mendoza, cuya edición seguramente fue auspiciada por el Colegio de Michoacán –sitio en donde se puede conseguir, previo pago–, las primeras noticias sobre esta parte del municipio de Chilchota datan del último cuarto de siglo de la centuria XVI. Y nos lo  narra así: “El autor de la Relación de Chilchota –el 15 de octubre de 1579— nos ofrece una descripción del lugar de manera sucinta:

“El primero y cabeza es Zirapo, en lengua tarasca que en lengua mexicana, quiere decir Chilchota, y en lengua castellana quiere decir “Axi verde” ( ) está fundado en un valle que en lengua de los naturales, que son tarascos, se llama el valle Charaperaqueo, que en lengua castellana quiere decir Charaperaqueo “valle vermejo”; es el valle pequeño de largo legua y media y de ancho en lo más ancho un cuarto de legua, en otras partes menos; es tierra fértil de muchos montes”.

Y esta característica orográfica, seguramente es la responsable de dicho nombre. Y si hablamos de la feracidad de los terrenos, que ya mencionaba el autor de tal Relación, no podemos olvidar que mucho cuenta y ha contado el caudal de aguas conducidas por el río Duero. Singularidad aparte, es la cercanía que hermana a cada una de las comunidades con la vecina inmediata. Tal vez el mejor ejemplo de esta particularidad es el núcleo poblacional formado por Tanaquillo, Acachuén, Santo Tomás, Zopoco y Huáncito, separadas entre sí unos cuantos metros, por unas cuantas parcelas. Tierras que, vistas desde algún punto más alto, visten el verde café, generalmente, de las huertas aguacateras que allí se cultivan.

La Cañada de los Once Pueblos inicia en Carapan, si comenzamos la cuenta y recorrido desde el oriente, y termina en la cabecera del municipio. Y a pesar de todo lo común que puede parecernos, cada una de las once poblaciones mantiene toques distintivos que le son propios y que la hacen diferente a las otras. Así, cada una de las comunidades cuenta con su iglesia. Aunque, en este rubro, Tanaquillo y Huáncito aventajan a sus nueve hermanas restantes, debido a la riqueza de sus artesanados, propios de sus estilos.

De esta forma, las  poblaciones asentadas son: Carapan, Tacuro, Ichán, Huáncito, Zopoco, Santo Tomás, Acachuén, Tanaquillo, Urén y Chilchota. Son 10, el último sitio, cuando se hizo la relación, era Etúcuaro, situado en el extremo oriente del valle de Tangancícuaro. Este sitio ha sido ocupado por San Juan Carapan, un poblado que ha surgido junto a Carapan.

Breve historia

Sin embargo, es bueno señalar que no todos los asentamientos anteriormente anotados nacieron y crecieron por voluntad propia de los que los habitaron inicialmente. Hubo grupos de indios que recibieron órdenes de así hacerlo. Mandatos que giraron los conquistadores.

El investigador Franco Mendoza lo cuenta así:

“El 24 de septiembre de 1603 se comisionó a Alonso de Haro, corregidor de Chilchota, para que formase una congregación en el pueblo de Chilchota, pero sin cambiarlo de su lugar. En aquel entonces (Chilchota) tenía 87 tributarios, y se le decía que pusiera en “traza y policía” si no la tuviera, y a la vez se le ordenaba que juntara y congregara en ese lugar a los siguientes sujetos:

“San Miguel Tanaco con 50 tributarios, Tucuro (Tacuro) con 10, Urén con 13, Santo Tomás con 9, San Pedro con 30, San Juancarapo (Carapan) con 46, Tucuaro (Etúcuaro) con 26 e Ychán con 12 tributarios. Esta cantidad, más los que se contaban en la cabecera, la congragación se formaría con 313 miembros tributarios. El fin perseguido era la catequización que llevaría a cabo el religioso que estuviera a cargo de tal misión.

“Para llevar a cabo la congregación de pueblos se le pedía al corregidor que confirmara el informe que el juez demarcador había rendido, pues a su parecer Chilchota tenía la capacidad para recibir a las poblaciones que se le indicaban. Asimismo se le ordenaba que informara a los indios sobre la obligación de mudarse a Chilchota, para que estuvieran enterados de esta disposición, y, en el caso de que se opusieran al traslado, se les escuchara y admitieran sus ‘contradicciones y probanzas’.

“Algo muy importante que también se encomendaba al Corregidor era la advertencia que debía dar a los indios de que al mudarse de sus sitios no perderían sus tierras, pues, desde el nuevo lugar de asentamiento podrían disfrutar y gozar de las que dejaran, con la misma comodidad antes de congregarse. Además, debía hacerles saber que darían nuevas tierras en el valle de Chilchota”.

Le indicaban al señor Alonso de Haro que solamente juntase, llevase y congregase a 4 de los sujetos: San Miguel Tanaco, Tacuro, Urén e Ichán; pero que no moviese de sus lugares a los demás pueblos, “puesto que así convenía, de conformidad con los informes que habían proporcionado los señores licenciados Vasco López y Gonzalo Gómez de Cervantes”.  Tal orden fue expedida el 25 de septiembre de 1603, por el conde de Monterrey, quien la escribió por mandato del virrey Pedro de Campos.

“La congregación se llevó a cabo y los pueblos que debían cambiarse se asentaron en el lugar que ahora se conoce como la Cañada. El traslado trajo como resultado que sus tierras quedaran en dos sitios diferentes, unas en torno a su ‘pueblo viejo’ y las otras en el lugar del nuevo asentamiento. Se estableció una nueva relación entre los pueblos congregados y sus tierras, pues los conflictos por límites de tierras no se hicieron esperar. También se designó a Chilchota como cabeza de los otros pueblos, los cuales quedaron como ‘sujetos’, es decir, sometidos a la jurisdicción de la cabecera”, asegura el investigador Franco Mendoza.

     Los Sujetos, sus significados

Los nuevos sujetos de Chilchota, de acuerdo al mismo autor, fueron:

“Tenaco”, llamado por otro nombre, San Miguel. En la actualidad conocido  de diversa manera: Tanaco el Grande (para distinguirlo de Tanaquillo), Santa Cruz Tanaco, o simplemente Tanaco. Se ubica al sur de La Cañada.

”Anzitacuaro”, que significa “lugar de tiraderas, también se llamaba San Pedro. También situado al sur.

“Acachuén”, significa “jícara tapada”, se conocía como San Francisco. Antes estuvo situado al sur de la Cañada.

“Oren”, también llegó a ostentar el nombre de San Bartolomé. Estuvo situado en el sureste.

“Sopoco”, cuyo significado se traduce como gavilán, también fue conocido con el nombre de San Pedro. En la actualidad, lo único que ha mudado es la forma de escribirlo. Ahora se hace y conoce como Zopoco, además de haber sido cambiado unos metros al norte del asiento original.

“Tocuro, quiere decir “lugar de lechuza”, llevaba el nombre de Asunción. Hoy es Tacuro, y también se encuentra al norte del lugar original.

“Ichán”, quiere decir “su tierra”, y también llevó el nombre de San Francisco. Y aunque ha conservado su nombre, fue uno de los centros poblacionales que fue recorrido de su asiento original, durante la orden para la formación de la Congregación

“Cuzinducuaro”, cuyo significado es “cosa encarnada”, también fue conocido con el nombre de San Bartolomé. Estuvo al poniente de Chilchota.

Y así, hasta completar el número de sujetos tributarios que exigieron los conquistadores.

Debemos precisar que en nuestros días, los habitantes de esta Cañada de los Once Pueblos con frecuencia utilizan su idioma, el Purhépecha, para la comunicación interna. Cuando de hablar con extraños se trata,  utilizan el castellano.

Como todos los indígenas de esta región, los habitantes de la Cañada han defendido la posesión de la tierra desde la época colonial, y para ello han recurrido al término inmemorial, debido a la “inmemorialidad” del tiempo. Con esto, han afirmado que son propietarios de la tierra que poseen y han poseído.  Sin embargo, es bueno recordar que según las leyes que pusieron en vigor los españoles, en cuanto a la tenencia y posesión de la tierra, a Chilchota se le reconoció su calidad de República o Pueblo de Indios, con el fin de tender una especie de protección para los indígenas. Ley que, por desgracia, en no pocas veces fue violada por los llegados de allende el océano.

Artesanías

En la actualidad, los habitantes de La Cañada, una buena porción de ellos, se ganan el sustento diario de la alfarería de barro vidriado y loza de cambray, madera tallada y torneada, joyería –aretes y arracadas de plata–, deshilados y bordados, ramos de azahares.

Gastronomía 

Los alimentos, como lo hacen los demás habitantes de los pueblos y comunidades de la Meseta Purhépecha y todos los que se asientan en los territorios por los tarascos conquistados, la alimentación tiene como base el maíz. Delicias como las corundas, los uchepos y tamales de zarzamora, forman parte de la gastronomía propia. No podían faltar el  churipo, las chapatas (tortillas de trigo), takerechuskuta (gorditas de trigo). Tiene buena  fama el pan de la localidad de Carapan; así como el atole de grano de maíz y anís. Como famosas son las carnitas que allí, en Carapan, suelen ofrecerse sobre la carretera.

(Continuará)

Tanhuato. Benjamín González Oregel

Puebleando  Tanhuato, lugar cerca del cerro, ¿o una población olvidada?

                                                                       BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

Tanhuato de Guerrero, Mich.–Los enterados en el tema, los traductores, aseguran que la palabra Tanhuato proviene de la lengua chichimeca, del vocablo Tamhuata, y que significa “lugar cerca del cerro”. A mí me da la impresión de que se trata de una población olvidada, arrinconada, sobre todo para los que vivimos en esta parte del Estado. Y es que nadie, que transite por sus cercanías, que se dirija hacia o desde Guadalajara o el Distrito Federal, desviará su camino para hacerlo a través de esta población.

Breve historia

Hoy se sabe que este fue un pequeño pueblo que perteneció al gran imperio purhépecha, luego de que los guerreros, súbditos del Caltzonzin, vencieron a los chichimecas. Esto ocurrió hasta la llegada de los españoles. Quienes se presentaron hacia el 1530, bajo las órdenes de Nuño de Guzmán, uno de los más voraces y ambiciosos peninsulares de que se tenga memoria. Y corrió la misma suerte de todos los pueblos de la región. Tras la conquista, como toda la región, quedó sujeto a los caprichos y mandatos de latifundios y latifundistas. Por ese tiempo se le conoció con el nombre de San Pedro de Tanhuato.

Como sucedía con buena parte del noroccidente michoacano, una gran cantidad de la superficie de lo que ahora es el municipio estaba cubierta por las aguas de la laguna de Chapala, lo que obligaba a los moradores del lugar a vivir en las faldas del cerro Pelón, también conocido con el nombre de cerro de El Tambor.

Hacia 1734, el obispo de Michoacán, quien visitaba Tlazazalca, se dio cuenta del crecimiento económico y poblacional de algunas comunidades, que estaban muy alejadas de la cabecera distrital (Tlazazalca). Esta situación obligó al jerarca eclesiástico a designar un vicario, con el fin de que atendiera a la población de Tanhuato, en cuanto a los servicios religiosos. El clérigo, empero, no sólo debía auxiliar a los habitantes del lugar, debía, como mandato obispal, servir a quienes radicaban en sitios como Yurécuaro y una parte de Guanajuato, la vecina de esta región.

Según el padrón, ordenado por el virrey de la Nueva España, y realizado en 1743, el vecindario, la comunidad estaba compuesta por 112 familias de indios y una de españoles. Era 1754 y este poblado pertenecía al curato de La Piedad. En 1769, ya había 16 familias llegadas de allende el mar y mestizos, y 110 de indios. Había iniciado la desaparición de indígenas. Fenómeno que culminó con la casi total desaparición de sangre india.

Pasada la guerra de Independencia, debido a la Ley Territorial del 10 de diciembre de 1831, esta comunidad fue elevada al rango de municipio, y pasó a formar parte del Partido de La Piedad. Por esos años, mucha gente se ganaba el pan diario con la quema de cal. Sin embargo, poco les duró el gusto a los tanhuatenses, si de categorías se habla. El primero de mayo de 1874, vieron cómo descendía su condición política: pasó a ser tenencia de Yurécuaro. Sólo que, cuando faltaban 6 días para que se cumplieran los primeros 3 años con su nueva categoría, recuperó lo perdido. El 24 de abril de 1877 fue elevado al nivel municipal.

El título de Villa se le otorgó el 20 de abril de 1902, con el nombre de Tanhuato de Guerrero, en honor al héroe de la independencia de México, general don Vicente Guerrero. Actualmente su cabecera municipal conserva dicha nominación.

Hijos ilustres

Entre sus personajes, entre sus hijos ilustres hay que mencionar a: Rafael Méndez Aguirre, educador;  Luis Mora Tovar, político y escritor;  Vicente Sánchez Cervantes, político; Refugio Gallegos Baeza, magistrado; José Campos Náres, magistrado; Jaime Carrillo Cázares, General Constitucionalista. Sobresale, empero, por méritos propios, el presbítero don Manuel Ponce.

Para Gabriel Zaíd, Manuel Ponce ocupa un lugar destacado en la poesía mexicana del siglo XX. La principal virtud que destaca Zaid en este ensayo bio-bibliográfico es su capacidad, rara en un poeta religioso, de originalidad formal, estética y moral.

“Hace más de medio siglo –escribió Zaíd–, Editorial Jus publicó dos libros notables en la historia de la poesía mexicana: Subordinaciones de Carlos Pellicer (1949) y El jardín increíble de Manuel Ponce (1950). Cada uno siguió su propia órbita, pero exactamente a los cincuenta años vuelven a coincidir en la segunda edición: Subordinaciones en 1999 (Fondo de Cultura Económica) y El jardín increíble en el 2000 (nuevamente en Jus). Además de esta curiosa coincidencia, se puede señalar otra: el tratamiento religioso de la naturaleza. En la selva de Pellicer, lo natural se vuelve connatural; recuerda la fraternidad de San Francisco con todas las criaturas:

Cuando a un árbol le doy la rama de mi mano
siento la conexión y lo que se destila
en el alma cuando alguien está junto a un hermano.

En el jardín de Ponce, lo natural se vuelve sobrenatural. Recuerda a los místicos arrobados por el trino de un pájaro entre los árboles:

Nos ha traído una muerte lejana
a este puro silencio de bosque partido,
en el canto de ayer que se delata en nido,
en el silente nido que cantará mañana.

Callamos por la luz que se rebana,
por la hoja que se ha distraído
y cae. Yo estoy herido
de muerte, una muerte venial y liviana.

“Ponce nació el 15 de febrero de 1913 y murió en la ciudad de México el 5 de febrero de 1994. Como Pellicer, no le daba importancia a las fechas exactas. Tardíamente, se me ocurrió buscar el acta de nacimiento (que no existe) y la partida de bautismo (que acabo de obtener, gracias a la eficacia de la parroquia de Tanhuato, que me dio el servicio por correo, con una simple llamada telefónica), porque la Academia Mexicana de la Lengua prepara un libro de Semblanzas de académicos para su aniversario 125 y, al encargarme la de Ponce, me entregó su currículo, que discrepaba de la información que él me había dado sobre su nacimiento (y no objetó cuando la publiqué).

“Solitario, pero siempre cordial; contemplativo (y hasta con algo de poeta despistado), pero lleno de iniciativas de servicio; cumplía con sus funciones pastorales (fue párroco más de una vez), pero le daba especial importancia a la revelación de Dios en el arte. Tocaba el piano y compuso algunas sonatas que prefirió no publicar. Organizó en Morelia el Instituto Arca (Arte y Caridad) con talleres de poesía, música y pintura; y en la ciudad de México una Casa de la Poesía. Promovió que el arte moderno entrara a la vida religiosa y defendió el antiguo de la incuria oficial y parroquial. Parecía tener la fe religiosa expresada por Dostoyevski: la belleza salvará el mundo”.

Aquí vio la primera luz un bien recordado líder agrarista y político: Onofre Vázquez Ortiz, fallecido hace años, y miembro fundador de lo que ahora es el  PRD.

No falta quien asegura que “Las Hermanas Padilla”, cantantes de música ranchera, son originarias de este lugar.

Monumetos

Este municipio se localiza al suroeste del Estado, a una altura de mil 280 metros sobre el nivel del mar. Limita con el Estado de Jalisco y con los municipios de Yurécuaro, Ecuandureo, Ixtlán y con Vista Hermosa. Su distancia a la capital del Estado es de 172 kilómetros.

Se comunica por el entronque en Churintzio con la autopista de occidente México-Guadalajara, por las carreteras federales 15 y 37, en sus tramos Morelia-Zamora y Carapan-La Piedad.

Además de sus hermosos paisajes naturales –llaman la atención lo bien cuidado de sus bosques, aunque no sean maderables–, cuenta con un  monumento, en la plaza principal, en honor a Don Vicente Guerrero, Generalísimo del Ejército de la Libertad y Gloria de México –y de quien adoptó su apellido–. Hermosa es la iglesia parroquial, construida en honor y devoción al Santo  Cristo Milagroso. En el atrio de la parroquia se encuentra un busto con el que se recuerda al Señor Cura Manuel Serrato, a quien se le debe en gran parte la construcción de la parroquia y la devoción de Santo Cristo, imagen que ahí se venera.

Este municipio tiene una extensión territorial de 230.99 kilómetros cuadrados, en el año 2,000 contaba con 14 mil 413 habitantes distribuidos en 15 localidades. Las principales son: Tanhuato de Guerrero es su cabecera municipal y su principal actividad económica es la agricultura y el comercio, Los Charcos, Cieneguitas, Tinaja de Vargas, San José de Vargas, Tarimoro, El Calvario y Rancho Nuevo, La Colmena, Los Pilares, El Barreno, Villanueva y La presa.

Economía

Su orografía está constituida por la depresión del Lerma y los cerros Pelón y El Prieto. Su hidrografía está compuesta por el río de las Nutrias. Arroyos: el Indandiro y el de Sequía; así como de las presas de Laguna Honda y La Alberca. Existe explotación de carpa y charal. En cuestión agrícola, se cultiva principalmente maíz, garbanzo, frijol, trigo, camote, alfalfa, sorgo, jitomate, guayaba, limón y granada roja. En este territorio, además, inició un plan piloto con el que se pretendía reforestar la parte jalisciense de la Ciénega de Chapala. En el proyecto figuraban inversiones para el fomento de la plantación de especies propias de esa ribera. Supe de plantaciones de guamúchiles –las hicieron empresarios chavindenses–, árboles con los que, a más de los beneficios propios de la reforestación, se pretendía que la gente obtuviera alguna remuneración con la venta del fruto.

En el campo laboral, por otro lado, desde hace casi medio siglo se han instalado fábricas de ropa –pantalones y vestido para damas–, lo que ha beneficiado a quienes requieren de una fuente de empleo.

Para realizar las operaciones comerciales y de servicios, los habitantes de Tanhuato suelen apoyarse en la vecindad y cercanía de ciudades como Yurécuaro y La Piedad, principalmente esta última. Sin embargo, Guadalajara, la capital jalisciense, no está lejos, y es muy visitada por quienes requieren hacer alguna compra importante. Zamora, en este campo, se queda un poco atrás. Además, con la ventaja que le da el hecho de estar asentada, la cabecera del municipio, en medio de las 2 principales vías de comunicación con la Perla Tapatía –la Carretera de los Altos y la autopista de Occidente–, el comercio local se ha visto favorecido con el paso de transportistas y viajeros. Aunque, hay que decirlo, esto también le ha creado más de un perjuicio.

Migración y fiestividades

La migración, a Guadalajara y los Estados Unidos, principalmente, no es asunto menor en el municipio. Es por tanto uno de los pilares de economía local. Además, muchos de los que han regularizado su residencia en aquel país, suelen venir a las fiestas del pueblo. Y éstas se realizan: el 3 de mayo, celebración religiosa en honor al Cristo Milagroso; el 25 de julio, celebración en honor del apóstol Santiago, y el 29 de junio fiesta en honor a San Pedro apóstol. Y, como sucede en todo el territorio michoacano, son más los que vuelven durante el último mes de cada año.

Justo es mencionar que la fiesta en honor del Cristo Milagroso se realiza desde que el obispo de Zamora, don Manuel Fulcheri y Pietrasanta, le asignara tal fecha, para que no interfiriera con la que se realizaba, antes del Paricutín, en San Juan de los Conejos, en honor del Señor de los Milagros.

Milagros son los que, en estos tiempos, requieren Tanhuato y sus habitantes, para librarse de los males que, desde hace algunos abriles, les aquejan.

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(Tomado de GUIA, Semanario Regional Independiente,
Zamora, Mich., México www.semanarioguia.com.mx )

Atecucario. Benjamín González Oregel

Puebleando  Atecucario, donde un cura guió a los peticionarios de tierra.

Atecucario de la Constitución, Mpio. de Zamora, Mich.–  En cuanto uno pone el pie sobre la placita Rafael Galván Galván, de esta localidad, se observan 2 humildes placas que fueron colocadas a ambos lados de la figura que se encuentra en el centro del jardín, el visitante comienza a comprender el por qué del conjunto recreativo construido en este espacio, en honor de un presbítero que ejerció su ministerio entre los fieles de esta comunidad. En una se lee: “Al señor cura, Rafael Galván Galván, insigne benefactor, guía espiritual y social para este poblado. Nació el 4 de febrero, de 1878. Falleció el 6 de febrero de 1940”.

Y es que, con el apoyo y dirección del párroco Rafael Galván Galván, los cabecillas del movimiento agrarista de esta tenencia zamorana, lograron que el reparto de las tierras de lo que fue la hacienda de Atecucario, se hiciese realidad. “Y las tierras del ejido, llegan hasta donde está Zamex”, aseguran los atecucarienses. ¿No que los curas apoyaban a los terratenientes?

266, más o menos, es el número de ejidatarios que fueron beneficiados con el reparto de otras tantas parcelas. Predios en los que se siembra fresa, maíz, trigo y algunas verduras y vegetales. Además, los campesinos productores, a pesar de no contar con congeladoras en sus terrenos, no sufren en ese aspecto. A unos cuantos kilómetros, en la cabecera del municipio, en la parte norte de la ciudad, se ubican los centros de acopio y venta para sus productos: las grandes congeladoras del Valle de Zamora.

Este núcleo ejidal poblacional es vecino de Atacheo, El Sáuz de Abajo, Romero de Torres, Romero de Guzmán, Zamora y Ecuandureo, nunca ha sabido de la escasez de agua. Sí ha sufrido, sobre todo las mujeres, por la falta de infraestructura para llevarla a las casas habitación. Aún son visibles un par de estanques, parecidos a las atarjeas en las que abrevaba el ganado –una seguramente desde los tiempos en que existía la hacienda–. Hoy, de ambos estanques, escurren sendos y gruesos chorros del vital líquido. El par de construcciones, coincidentemente, se encuentra junto a los centros de reunión con los que cuenta la comunidad, cerca de las placitas del pueblo. Sin embargo, para los vecinos, lo que vemos, ahorita, no es nada en comparación con lo que los ojos de agua que hay allá arriba, en las montañas que nos separan de Ecuandureo, daban hace años. “Antes de que se presentaran los años de la resequedad. Porque en el lado ese que usted ve, todo ese lugar, se conocía con el nombre de El Pantano”. Antes, “la pila esa se utilizaba para que abrevara el ganado”.

Cuentan los habitantes del ejido que, en el sitio en donde se encuentra la iglesia, dedicada a San Isidro Labrador, se encontraba el casco de la hacienda. Afirman que en el sitio que ahora ocupa la Casa Ejidal, también existían instalaciones de la antigua finca; lo mismo que otro par de construcciones –de las que nada queda–, también pertenecientes a los terrenos del latifundio. Hoy, en los patios de la Casa Ejidal, llama la atención  un viejo tractor, renovado y repintado por los ejidatarios, que da cuenta de la maquinaria utilizada por los últimos hacendados. Según afirman los vecinos, los últimos propietarios de la hacienda eran unos señores de apellido Verduzco.

Hijos ilustres

Cuando uno habla de hijos ilustres, y menciona el grupo musical de Los Humildes, entre los habitantes nacidos en el pueblo, las opiniones se dividen. Para unos, los miembros de la familia Ayala, residentes desde hace décadas en California, y que se dieron a conocer allá por la década de los setenta, del pasado siglo, como interpretes de la música norteña, no son de aquí. Por lo tanto, no deben ser enlistados como hijos del pueblo. Uno de los papás, dicen los impugnadores, es de aquí. Los que sí nacieron aquí, precisan, fueron los abuelos. Y aunque los miembros del grupo hayan nacido en Zamora, para otro sector de los habitantes de este lugar, son de Atecucario.

No se olvidan, no podía ser de otra manera, de gentes como Francisco Figueroa, Fernando Andrade, José Gutiérrez y Juan Romero, líderes durante el reparto agrario. Guiados, asesorados por el padre Galván Galván.

El recuerdo que no divide a los vecinos del pueblo es el del doctor Arnulfo Alfaro, quien se entregó a favor de la salud de los habitantes del entonces rancho y poblaciones vecinas. Dicen, además, cuando hablan de médicos, llenarse de orgullo al saber que gentes como el doctor Jesús Ayala, reconocido pediatra que ejerce su profesión  en Zamora, hayan visto la primera luz en esta localidad.

Migración

Los nacidos en este lugar son, como los habitantes de esta parte del Estado, aventureros por naturaleza. Muchos son los hijos de esta tierra que, en la actualidad, radican en los Estados Unidos. Sitios como Los Ángeles, Napa, Oxnard y el Valle de San Joaquín, en California, han sido y son su tierra prometida. Pero su estancia, en aquellas tierras, no ha sido gratis. Allá por la década de los setenta, durante las épocas de cosechas, las sombras de los árboles de las huertas de poblaciones como Linden, cerca de Stockton, hacían las veces de casas habitación para estos michoacanos que recolectaban esa deliciosa fruta que es la cereza. Sobre todo de la variedad bing. Aunque ya entrados en sitios de residencia, hay que decir que en el estado de Oregon, también habita gente oriunda de esta tenencia. Allá, a más de cerezas, suelen ocuparse en la cosecha y poda de frutas como la pera y, si caminan más al norte, en el estado de Washington, en el cultivo de la manzana.

Las mejores casas del pueblo, afirman los habitantes de la tenencia, pertenecen a quienes radican fuera de la localidad. A los emigrados, principalmente.

La parroquia local, dedicada a San Isidro Labrador, la iglesia, da la idea de ser demasiado obscura, probablemente porque el plafón es muy bajo. Sencillo el retablo, al costado izquierdo, visto desde la entrada, luce al patrono del pueblo. A quien los fieles gustan celebrar, en el día que el santoral ha marcado: el 15 de mayo. Sin embargo, la fiesta más rumbosa es la que se organiza en diciembre, el 8 del último mes del año. En esos días, muchos de los que radican en California, acostumbran venir. “Los emigrados, porque los que no tienen papales, que antes venían, ya no vienen. Está muy duro para volver a entrar”, señala el propietario de una breve estancia en la que se vende comida rápida y antojitos mexicanos; y que hoy, como día festivo que es, ha terminado con lo que su esposa había preparado para la venta.

La economía

En esta localidad, la economía se sostiene del campo. De su fértil campo. Por estas fechas, deben sentirse alentados y agradecidos los hombres que laboran y cultivan las parcelas que se extienden sobre todo hacia el sur de la población. De no presentarse un desastre natural, habrán de cosechar al cien por uno. Los sembradíos de maíz –más apretados no pueden ser los maizales–, lucen 2 y 3 grandes mazorcas en cada caña. Y cuentan los vecinos que la principal fuente de ingresos proviene del cultivo de la fresa. Aunque también cultivan el trigo, el frijol y el jitomate. Los peones reciben entre 130 y 150 pesos por jornal trabajado. Y no trabaja sólo quien no quiere hacerlo.

Con una breve sonrisa, en la que se mezclan la añoranza y la resignación, don Alejandro Garibay, un setentón comerciante, niega que las remesas enviadas por los norteños sean la base de la economía local. “Eran. A ver dígame: ¿quién manda dinero de allá? Ya están, también, rejodidos. Están igual que los que estamos aquí. Mucha gente, que vivió mucho tiempo allá, cuando han ido a ver a sus hijos, vuelven, al pueblo, convidados a no volver, a estados Unidos, ni de paseo”. Asegura que, los que no tienen papeles, ni el intento de volver hacen. Y los que los tienen, “prefieren quedarse aquí”, sostiene. “El pago de la renta, allá”, es bien duro.

La fresa, indica don Alejandro Garibay, propietario de una paletería ubicada a un costado de la plaza principal, “hasta ahora, según eso, está dando algo. Porque antes, cuando sembraban esa fresa sin tapar, los agricultores ganaban un año; y 4 ó 5 no. Que porque helaba, porque granizaba. Y ya ve, el cultivo tiene muchos contratiempos”.

Para esta actividad, los agricultores cuentan con el agua del río “que viene de la presa de Álvarez, así como de la que extraen de los pozos profundos que han perforado. Han hecho muchos pozos, aquí, en Atecucario”, precisa el paletero.

Como es natural, los habitantes de esta comunidad acuden, a hacer sus compras y a realizar sus ventas, por lo general, a la cabecera del municipio; distante unos cuantos kilómetros. Cuentan, para ello, con un par de buenos caminos –asfaltados, aunque hay tramos en los que la carpeta comienza a deteriorarse–. Uno, con salida hacia el poniente, hacia el Sáuz de Abajo. Otro, rumbo al sur. Este, con un par de bifurcaciones: una hacia Romero de Torres; otra vía el aeropuerto. Cuyas instalaciones, si tomamos en cuenta la propiedad de los predios y su ubicación, habremos de concluir que se asienta en terrenos del ejido de Atecucario.

El rostro del centro urbano

Nada extraño resulta que en esta localidad, en cuanto a su trazo, la anarquía sea la constante. Como sucede en cualquier centro urbano que haya crecido luego del reparto agrario. Las construcciones, en no pocos casos, limitan la longitud de las calles y callejones que, en buen número, descienden desde las faldas de las montañas que se extienden hacia el norte, allá por los rumbos de Ecuandureo. Hay vías que han sido recubiertas, con asfalto mayoritariamente, pero también con planchas de cemento. No son pocas las que carecen de todo.

Hay un constante servicio de transporte suburbano, lo que facilita la comunicación con los ranchos y poblaciones vecinas. Pero, como nada es gratuito, es fácil suponer que esto ha contribuido al deterioro de carpeta asfáltica de la calle principal de la tenencia.

En la actualidad, el servicio de agua potable se abastece con el líquido extraído de pozos profundos. “Antes, había allí –y señala una parte visible desde aquí, al pie de la cuesta–  un pocito. Se alimentaba con el agua que bajaba del cerro grande. Y todos tomábamos agua de allí. Pero hoy, todas las casas tienen agüita”, dice don Alejandro.

Al fabricante de helados y paletas, le acompaña su esposa, que fue la causante y origen del oficio: su padre, suegro de don Alejandro, fue el fundador del negocio. Y la señora nos cuenta que, para comer, durante las celebraciones especiales, el platillo común –que no por ello deja de ser sabroso–, es el mole. La carne puede ser de res –en birria–, de cerdo o de pollo. Guarnicionado con sopa de arroz y frijoles. Los sábados, además, tienen fama las carnitas que prepara un “hijo de nosotros”, que tiene una carnicería, metros más abajo, rumbo a El Sáuz. Elabora, los domingos, chicharrones. Pero no son de esos chicharrones grandes. Se trata de los tradicionales, de tamaño pequeño.

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(Tomado de GUIA, Semanario Regional Independiente,
Zamora, Mich., México. www.semanariogia.com.mx )

Tangancícuaro. Benjamín González Oregel

Puebleando  Tangancícuaro, lugar donde se clavan las cosas

Aunque sus hijos  prefieren, muchas veces, no plantarse

(Primera y Segunda partes. Más Complemento )

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

 (Primera de 2 partes)

Tangancícuaro de Arista, Mich.—  Tangancícuaro, que es un compuesto de las palabras purhépechas, tanaci, que significa cosa, y kua, con la que se designa clavada, hundida, y el sufijo ro, que se traduce lugares, interpretados por los conquistadores, se convirtió en cosa clavada, o donde se clavan cosas, según los escritos del historiador lugareño don Martín Sámano, en sus Apuntes para la Historia, aparecidos a finales de la década de los setenta, del siglo pasado. Basado en la versión dejada por don Diego de Besalesque, quien en su Historia de la Orden de San Agustín en Michoacán, al referirse a este lugar “Tangansécuáro”, le dio el significado antes anotado. Niegan, por tanto, las interpretaciones en las que se afirma que  el nombre proviene del término tarasco tanimo ítzi gua  ro. En donde la palabra itzí, se traduce como agua. Además, según anotó el historiador, no son 3 los manantiales existentes en el valle, sino 4: Cupátziro, Camécuaro, Junguarán y Toray. Todo esto sin tomar en cuenta la laguna que ocupaba, en aquellos tiempos, el centro del valle.

Cuando los primeros españoles llegaron, allá por el año de 1531, lejos estaba el caserío se estar apiñado. Las viviendas de los naturales se encontraban dispersas. Sin embargo, sus centros, comercial y religioso, se ubicaban en un sitio aún conocido con el nombre de el Acuitze (la víbora, en la lengua de los nativos). De esto, todavía hay vestigios, yácatas y ruinas de casas, según escribió el licenciado Eduardo Ruíz. Entonces, según el célebre historador, al lugar se le conocía con el nombre de Acuítza. Las ruinas existentes en un lugar llamado Las Capillas, revelan el grado de esplendor que alcanzó la cultura local de la época. Aunque hoy, por lo visto, todas esas reliquias están condenadas a la desaparición, al ser arrancadas por quienes se dedican la fabricación de tabiques para la construcción.

Se sabe que entre los años de 1535 y 1545, los naturales fueron concentrados en lo que ahora ocupa la cabecera del municipio, con la finalidad de catequizarlos. Realmente, la intención de los españoles era la de despojarlos de las tierras que labraban los indígenas, y que eran las mejores de la región. Para eso, los nuevos cauces del manantial de Cupátziro, en el tránsito hacia su confluencia con el río del Santuario, fueron desviados. El islote formado quedó comunicado con 5 puentes. Uno de los cuales, el de El Pescador, no ha mucho tiempo permanecía intacto.

En cuanto al despojo de tierra de que fueron objeto los aborígenes, se habla de que, conocida la fertilidad que dan el clima y el agua, una vez conocidas por los peninsulares avecindados en Jacona y Zamora, fueron las causas de tal acción.  Se menciona el nombre de un tal Francisco Martín Trasierra, como el personaje que, en no pocas ocasiones utilizó la violencia para apoderarse de las tierras. Lo que motivó que la comunidad se quejase ante el virrey de la Nueva España, don Martín Enriquez de Almanza. Se sabe que éste, prestó oídos a las demandas de los naturales, y, mediante un escrito, alertó al Alcalde Mayor de Zamora, a quien ordenó:

“Don Martín Enriquez, hago saber a vos, el que fuera Alcalde Mayor de la Villa de Zamora, que por parte de los naturales de Tanguancítaro me ha sido hecha relación de que un Francisco Martín Trasierra, vecino de dicha villa, se le dio un mandamiento para la visita de un sitio de estancia para ganado menor, con una caballería de tierra, en términos del dicho pueblo de tanguancítaro y Jacona, el cual al presente se está presentando y haciendo otras diligencias, y que por dádivas inducimientos que el dicho Francisco Martín Trasierra ha hecho a ciertos maceguales amigos suyos, por la fuerza y contra su voluntad, les había hecho firmar consentimiento de lo que el dicho Francisco Martín pretende en mucho daño y perjuicio, de más de tener como tienen mandamiento de amparo, para que el susodicho, ni otra persona asiente sitio, no tome tierras en los dichos términos y en especial dentro de la banda del río. Atento a habérselas tomado muchas tierras para la población de la Villa de Zamora, y me pidieron los mandase guardar y remediar. Y por mí visto, por la presente os mando que este es mi mandamiento os sea mostrado, veáis el mandamiento que por mí está dado, en este caso a los indios naturales de Tanguancítaro, el cual habéis guardar y cumplir, según que por él se manda”. México, 10 de diciembre de 1579.

Fue obra de los agustinos la evangelización de los nativos. Como prueba del paso de esta congregación, se habla de que fueron ellos quienes construyeron el primer molino de trigo, la edificación del hospital. De aquel, los propios clérigos obtenían los conducente para su manutención, ya que, como bien dice el Evangelio, “no sólo de pan vive el hombre”, tiene que comer pan, para realizar el mandato cristiano.

En ese afán, con tal de que los frailes caminaran una senda menos ardua, fue que, alguna vez trataron de reunir a los distintos grupos que habitaban la región: los de Jacona, los de Santiago Tangamandapio y los de Tangancícuaro. Sin embargo, reunidos los representantes de cada uno de los pueblos mencionados, no se logró tal propósito. Las lenguas con que comunicaban cada una de las partes, eran distintas. Eso creaba un problema. Otro, lo era, y fue parte esencial a la hora del resolutivo: la calidad de los terrenos. Un tal Pedro Pérez, habló acerca de la inconveniencia de “congregar a Tangancícuaro con Xacona” ni “con Santiago, pero sí es necesario y debe tomarse en cuenta que la primera tiene mejores tierras que la segunda y que los (indios) de esta podrán asentarse en Rincón del Mezquite que está algo apartado de Xacona”.

Por acuerdo del obispo de la Provincia de Michoacán, don Martín de Elisacoecha, los servicios eclesiásticos quedaron en manos del bachiller  Francisco Xavier Dávalos, en su calidad de teniente de cura, del partido de Jacona. La entrega del juzgado eclesial corrió a cargo de fray Antonio Cuellar. Esto ocurrió el 15 de noviembre de 1768.

Sin embargo, justo es consignar que en archivo parroquial en que anotó la información, se tienen datos a partir de 1679, sabido como es que el pueblo fue destruido, consumido por las llamas, el 30 de octubre de 1816, de la conflagración escaparon, únicamente: el hospital, el convento y la iglesia parroquial.

Según los datos existentes, tocó a fray Joseph de Alica, firmar las primeras actas, como párroco, el 29 de octubre de 1679. 31 años más tarde, despachaba don Jacinto Ávila, desde el mismo encargo. El primero, de Alica a rubricar, como responsable de la grey católica, en 1730. El último de los agustinos que estampó su firma, como párroco del lugar, fue fray Joseph de Rayas, en 1740. Por eso la creencia de que hacia 1679, ya había sido construida la iglesia parroquial. Esto debió ocurrir entre los años de 1601 y 1678.

Tangancícuaro insurgente

Seguramente tocó a los arrieros del pueblo –actividad a la que se dedicaron muchos de los criollos avecindados en el pueblo–, al regresar de sus viajes por el territorio nacional, dar a conocer que en un pueblo de Guanajuato, un cura habíase levantado en armas contra el imperio español. Esto es creíble, porque cuando don Miguel Hidalgo y Costilla estuvo de paso, en Zamora, con rumbo a Guadalajara, un grupo numeroso, formado por naturales y mestizos, vecinos de esta población, se unió a su movimiento. La guerra de Independencia descompuso la vida social del pueblo. Principalmente la de los adinerados. Muchos de los cuales tuvieron que salir de la localidad, en busca de sitios más seguros.

De poco sirvieron las exhortaciones y amenazas del teniente de cura, don Francisco Mendieta. El primero de julio de 1811, una gran muchedumbre formada por vecinos, y armada con machetes y lanzas, salió a las calles en medio de gritos de. ¡Viva América! ¡Muera el mal gobierno! Los recién levantados, engrosaron las filas de José Antonio Torres, un insurgente de la región, que había tomado La Piedad, hacía poco tiempo.

Sin embargo, para muchos de los insurrectos, poco duró la aventura. En Tlazazalca, a fines de febrero de 1812, el ejército realista, al mando de Pedro Celestino Negrete, derrotó a las huestes insurgentes –en la batalla murió José Antonio Torres–. Esta pérdida, la del líder, fue la excusa enarbolada, 4 años más tarde, luego de una sorpresiva toma de la plaza de Tangancícuaro por las fuerzas insurrectas, para tomar venganza. Venganza que se concretó a pesar de las súplicas –se dice que se hincó–  del bachiller José Rafael Sarabia, el 30 de octubre de 1816. Fecha en la que el pueblo ardió, en su totalidad –con las excepciones arriba mencionadas: la iglesia, el hospital y el convento–. Nada quedó en pie, ante los azorados ojos de los moradores, quienes habían huido, con lo que pudieron cargar, a las cercanas montañas.

Las pérdidas, por la guerra

Seguramente, entre la clase alta, la pérdida más significativa fue el asesinato de un anciano, con 87 años a cuestas. Don Francisco Victorino Jasso y Dávalos. De quien escribió, no mucho tiempo ha, don Jorge Moreno, en estas páginas, cuando trató de uno de los testamentos que mayor impacto han tenido en la diócesis y la región: “El testador, Francisco Victorino Jasso nació en Tangancícuaro en 1724, de una familia de ascendencia española. Algún escritor nos dejó esta cita respecto al “pueblo de Nuestra Señora de la Asunción de Tangancícuaro… Hay en este pueblo 70 (setenta) vecinos españoles, cuyo principal giro es la arriería y el de conducir a Chihuahua y otros parajes de Tierra Adentro, azúcar, colambres, zapatos, sillas, frenos, y otros efectos regularmente habilitados de don (Francisco) Victorino Jasso (de Dávalos), comerciante el de muy grueso caudal y de un comercio extremadamente grande, así en lo respectivo a géneros de Europa como de mulada, partidas de ganado y demás producciones del reino”. En efecto Don Victorino Jasso, hombre activo y de amplia visión empresarial, llegó a organizar con cerca de 80 recuas de mulas y otros tantos hatajos de burros, así como una flota de varias carretas, un gran organización para comerciar y transportar especies, semillas, utensilios, etc. hacia todos los rumbos de la Nueva España; incluso llegó a incluir en sus itinerarios poblaciones de Guatemala y Texas. Tal actividad en manos de Don Francisco Victorino influyó mucho en la vida económica de Tangancícuaro y su región, no sólo por el movimiento de mercancías, sino también por dar trabajo a cientos de personas que se dedicaron a la arriería bajo sus órdenes. Se calcula que las ganancias anuales de sus negocios pasaba de los 100,000.00, cosa que parece ratificar lo que pagaba por igualas, tanto en el Diezmo como en el Gobierno, ya que, en 1784 pago por ellas más de 6,400.00. Más aún, agrandó su riqueza y actividad comprando varias haciendas y ranchos a los que hizo producir con eficacia en la siembra y la ganadería. Por diversas circunstancias fue asesinado durante la guerra de Independencia en junio de 1911”.

Las Haciendas de Don Victorino

“Al morir Don Victorino –continúa don Jorge Moreno–, mucha de su riqueza pasó a manos extrañas, pero la mayoría de sus inmuebles, mediante algunos subterfugios, pudieron quedar a salvo y ser asignadas a algunos de sus parientes. Tales inmuebles salvados fueron, sobre todo, las Haciendas y Ranchos que había adquirido y que lo habían convertido en “uno de los más grandes latifundistas del occidente de la Intendencia de Valladolid”, entre los que se contaban  las haciendas de San Juan Guaracha, la de Cojumatlán, la de San Antonio Guaracha, El Platanal y La Mula, y el rancho de El Rincón del Mezquite.

“La Hacienda de San Juan Guaracha (sin duda la más importante de todas ellas) la había adquirido Don Victorino en 1791, en una subasta. Dicha Hacienda, a pesar de su extensión y calidad de sus tierras, había estado casi ociosa por mucho tiempo, pero cuando Don Victorino la adquirió, comenzó a producir en abundancia maíz, trigo y caña de azúcar, además de que se pobló pronto de ganado vacuno (llegaron hasta 9,000 las reses) y equino (varios cientos de ellos). Más aún, se fue extendiendo poco a poco, invadiendo, por compra o ‘a la mala’ otros terrenos, de tal manera que pudo la Hacienda arrendar tierras a 30 familias de españoles llegadas a la región. Tales arrendamientos, a bajo costo (de 5 a 10 pesos anuales), supuso ganancias extras para Don Victorino y sostenimiento para aquellas familias y varios trabajadores más.

“Los límites de esta Hacienda eran los siguientes: ‘…por el oriente con la Hacienda de San Antonio, por el poniente con la de Cojuymatlán y pueblo de Sahuallo; por el norte con el pueblo de Guarachita y Hacienda del Platanal y por el sur con los pueblos de Jaripo, Totolán y Jiquilpan’.

“La Hacienda de Cojumatlán contaba con siguientes límites: ’…por el oriente con la Hacienda de Guaracha, por el poniente con el Río de la Pasión y Portillo de Santa Columna; por el norte con el pueblo y Valle de Mazamitla; por el sur con el pueblo de Cojumatlán y Laguna de Chapala’.

“La Hacienda de San Antonio: ’por el oriente con tierras de Santiago y Valle de Chavinda; por el poniente con las de San Juan Guaracha; por el norte con las del Platanal y por el sur con las de los pueblos de Jaripo, San Ángel y Tarecuato’.

“La Hacienda de El Platanal: ‘Por el oriente con la de San Antonio Cuesta Colorada; por el poniente con el pueblo de San Pedro Caro y Tierras de Vallejo; por el norte con el pueblo de Pajacuarán y por el sur con la Hacienda de San Juan Guaracha’.

“La Hacienda de La Mula: ‘por el oriente con tierras del Puesto del Muerto, por el poniente con las de Cuesta Colorada, por el norte con las de San Simón y por el sur con la de los ríos’.

“El Rancho de El Rincón del Mezquite: ‘por el oriente, poniente y norte con la Hacienda de San Simón y por el sur con la Hacienda de Las Cruces’.

(Continuará)

 

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Puebleando  Y Tangancícuaro, se recuperó, tras el impacto

sufrido

 
 

(Segunda  parte)

Tangancícuaro de arista, Mich.–  “Como consecuencia del profundo impacto que sufrió la comunidad por la destrucción de sus hogares –escribió el historiador local, don Martín Sámano Magaña–, desapareció, como por encanto, la división que existió desde su nacimiento entre los diferentes grupos que la integraban, formando un solo grupo humano, sin distinción de razas ni categorías sociales. A semejanza de un enjambre de abejas y bajo una perfecta disciplina, se dio principio a la reconstrucción, conducido paternalmente por el presbítero Vicente Ríos y el bachiller José Rafael Sarabia, este último teniente de cura de la parroquia del lugar”.

Se dice que las primeras reconstrucciones correspondieron a edificaciones que había existido en el centro del poblado. Así, la alcaldía fue levantada en el mismo sitio donde había funcionado, desde los tiempos de la Colonia. “Contigua a ésta, y por el lado sur –relató el historiador–, la casa de don Martín Sámano Galván; frente a esta, y en el solar que ocupó la casa del capitán Rojas, último representante del gobierno virreinal, fincó la suya el señor Jesús Munguía”.

En 1818, con su “propio peculio”, mandó construir, el presbítero Vicente Ríos, la capilla que se denominó Santuario del Señor de la Salud, en torno se encontraba el panteón que sirvió por cerca de 2 siglos.

En 1820, se iniciaron los trabajos y la edificación de lo que hoy conocemos como parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, “en la parte oriente del solar que ocupó la casa de don Francisco Victorino Jasso, cedido para tal fin, y contando para su construcción con la cantidad de 10 mil pesos”, donado por la señora María Dolores Moreyón de Jasso.

Para el historiador, todo lo anteriormente anotado se debió, en buena medida, a la ampliación de la superficie de tierra laborable, merced a la desecación de la ciénega; a la creación del primer sistema de riego, ya que utilizaron las aguas del río Mala Hora; al mejoramiento de la técnica para el curtido de pieles, en el sitio ahora conocido con el nombre de La Tenería; a creación de talleres para la carpintería de obra negra, en donde se fabricaban ruedas de carreta y arados para yuntas de bueyes; así como la venta de remate hecha por la hija de don Ignacio Jiménez, que había muerto repentinamente, llamada Angelina, quien estaba casada con don Antonio Méndez Padilla, propietario de la hacienda de Canindo, en cuyos terrenos abarcaban el lago de Camécuaro. Predio comprado por don Antonio Gómar, originario de Purépero, para fundar la hacienda de Camécuaro, aunque se trataba de un terreno cenagoso y que, mediante el esfuerzo e ingenio del nuevo dueño, fue transformado en un sitio laborable y fértil.

Como consecuencia de todos estos factores, llegaron al lugar varias familias, de la región, así como de algunos países europeos. Entre estas: don Pablo Tortoriello, originario de Italia, los licenciados Aguiar y don Gonzalo Echeverrieta, que fuera esposo de la poeta Primitiva Quiroz Sámano; los hermanos Alfonso y Florencio Prado, de Huesca, España.

Tangancícuaro, que en 1831 había sido  elevado a la categoría de Cabecera de Municipalidad, mientras que el Obispo de Michoacán, don José Clemente de Jesús Munguía en 1854, por su cuenta y riesgo, lo había erigido en curato independiente, con  la desamortización de los bienes eclesiásticos, sufrió “una recomposición de la propiedad agraria y de la propiedad rural. Las mejores tierras de labor se quedaron en manos de los más pudientes y a los humildes les tocó la periferia del pueblo y tan solo pequeños lotes que poco a poco fueron perdiendo por deudas o por presiones económicas”, señala Guillermo Fernández Ruíz, cronista de esta ciudad.

Porfiriato

“Durante el porfiriato –continúa Fernández Ruiz– hubo un auge constructivo en Tangancícuaro. En toda la región del valle de Zamora se desarrolló una estructura agrícola-comercial que naturalmente tuvo repercusiones visibles en cierta prosperidad de los habitantes y en la transformación del perfil urbano. Los cambios originaron nuevas necesidades y la adecuación de nuevos espacios para satisfacerlas: mercado, panteón, plaza, rastro”.

Tangancícuaro, que desde el 20 de noviembre de 1861 luce el apelativo de Arista, en memoria del general Mariano Arista, recibió el siglo XX, con sus mejores galas. Durante la última etapa del Porfirito, la primera década de la nueva centuria, estrenó empedrados en sus calles. Vio terminada y redecorada la iglesia y se terminó la construcción de las torres. Una en 1902; la otra 2 años después. El quisco lució alumbrado público un par de calendarios más tarde. Se construyeron presas, ruedos para las peleas de gallos, y se contó con servicio telefónico y de telégrafo.

     El reparto agrario

La reforma agraria se hizo efectiva, en el municipio, en 1925. Gobernaba el Esado el General Enrique Ramírez. El movimiento local fue encabezado por los señores: Epifanio Magaña, Miguel Sámano, Socorro Vaca y Benjamín Montañez. Se dijo, entonces, que a partir de ese momento, las 3 cuartas partes de los productos de la región beneficiaban a las 2 terceras partes de la población. Con este acto borraban la amarga experiencia en la que la mayor parte de las cosechas era enviada a la ciudad de Zamora.

Hoy, los agricultores locales, ven con orgullo que el producto de sus esfuerzos y desvelos.   Su actividad es de suma importancia para el municipio siendo sus principales cultivos: el maíz, el trigo, el sorgo, la fresa, la cebolla, la calabacita, el jitomate, el tomate, el frijol, la alfalfa, el garbanzo, la cebada, el chile verde, la papa y el brócoli. Atrás han quedado los tiempos aquellos en que los primeros habitantes del lugar sólo producían maíz, trigo y lentejas.

En el ramo ganadero, que también ocupa un lugar de primer orden, se crían especies de los ganados: bovino, caprino, porcino, ovino, aves de corral. Se realiza también la apicultura.

En el municipio existe gran actividad agroindustrial. Hay congeladoras, descremadoras, empacadoras,  plantas forrajeras, molino de trigo,, curtidoras, fabrica de mosaicos, tabique, tubos y aserraderos siendo está la principal actividad económica del municipio.

Personajes ilustres

En esta tierra vieron su primera luz, el poeta Rafael Paz Romero,
(1822-1875) , Ramón Silva Álvarez, filántropo , Primitiva Quiroz Sámano, poeta, Rubén C. Navarro, poeta (1892-1957), Ángel Morales, obispo de Sonora, Francisco Victoriano Jasso de Dávalos, benefactor del pueblo, Angel Mariano Morales y Jasso, obispo y político, fue diputado a las Cortes de Madrid antes de la Independencia de México, y ya de regreso  al Congreso Nacional, en 1837 fue miembro del Congreso de Gobierno.(1784-1843) , Mariano Irigoyet, Obispo de Abdera, Ramón Paz Romero, Fue poeta e impresor autor de “Recuerdos”
(1835-1911), Rafael Galván, sacerdote, sociólogo, apoyo la labor pro-agrarista, autor del libro de Derecho Civil Mexicano (1878-1940), David Marín Quiroz, revolucionario, se le concedieron dos condecoraciones al mérito militar (1890-1961), Rubén Claudio Navarro Murgia, revolucionario, poeta, desempeño algunos cargos administrativos durante el periodo del Presidente Venustiano Carranza, fue diputado local, agregado comercial de México en la ciudad de los Ángeles, Cónsul, editor del libro “Ritmos de Otoño”, fundo una compañía cinematográfica, fue nombrado hijo predilecto del pueblo de Tangancícuaro (1894-1958), Roberto Quiroz Guerra, Maestro Normalista, Director de Educación en el estado de Puebla y Yucatán Director Federal de Educación en el Estado de Jalisco, supervisor General y Jefe de Zona (1914-1978)  y Martín Sámano Magaña, profesor e historiador (1897-1987).

La migración

Vecino de Zamora, Jacona, Tlazazalca, Chilchota, Tingüindín, Purépero, Charapan, Los Reyes  y Tangamandapio, el centro urbano  de Tangancícuaro aparece, orgulloso, apenas el viajero deja las suaves ondulaciones y breves montañas que amorosas lo acunan. Y esta imagen la conocen muy bien sus hijos, principalmente los que, por tradición, por herencia y conveniencia, se han ausentado del terruño. No olvidemos a don Francisco Victorino Jasso, que llegó a ser considerado uno de los más grandes arrieros de la Nueva España y que, si él no viajaba –por aquello de que “al ojo del amo, crece el dinero”–, los arrieros que conducían sus recuas debieron contar, a cada regreso de los largos viajes –iban más allá de lo que hoy son las fronteras del país–, acerca de sus experiencias en aquellos sitios.

Fiestas,  y tradiciones

Cada  15 de agosto, la población celebra a su patrona, Nuestra Señora de  la Asunción. Pero ese es el último día del quincenario que, con el inicio del octavo mes del calendario, sacude a los católicos de la parroquia, hoy bajo la batuta del padre Nacho Gil Moreno, un joven sacerdote chavindense que antes había oficiado en sitios como Angahuan , Sahuayo y Jacona, como ecónomo del Seminario Mayor. Le auxilia el padre vicario Pedro Cortés, según cuentan los fieles. Porque tienen que atender, además, el Santuario del Señor de la Salud –que volvió a ser consumido por las llamas, y que hoy luce traje de gala. Su día grande es el 14 de noviembre.

Sin embargo, la fiesta mayor, en cuanto a rumbosa, es la que se organiza  durante el último mes del año. Todos los días, a partir del primero de diciembre, las romerías anteceden a las celebraciones litúrgicas, antes de las lúdicas. Es que han vuelto muchos de los que han emigrado. ¡Ni para qué hacer comparaciones con las demás fechas de fiestas. Estas son las grandes!  Con menos brillo, sin faltar el entusiasmo, los fieles de este lugar recuerdan, cada 19 de marzo, al Santo Cristo . Febrero 2, encienden velas y maderos en honor de La Candelaria, fiesta tradicional entre los pueblos de la sierra.

Gastronomía y turismo

Por sus condiciones naturales el municipio cuenta con lugares propios para el desarrollo turístico, el cual constituye una actividad de vital importancia, para el desarrollo económico. Cuenta con el Lago de Camécuaro, el Parque Nacional, una Zona Arqueológica y manantiales. La actividad artesanal también juega un importante rol, sobre todo en la región de la montaña: Patamban y sus alfareros tienen  bien ganada fama, en la región, el país y el extranjero.

La comida típica del municipio, son: el Churipo, los uchepos, la camata -putzuti (atole de grano), la barbacoa de borrego y las corundas.  Hay que venir a este paradisíaco pueblo y visitar  los centros turísticos como: el Lago de Camécuaro, el Parque Nacional de Camécuaro, la Zona Arqueológica, manantiales y balnearios.

Pero, venir a Tangancícuaro e irse sin probar las carnitas, es pecado mortal.

 
 
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Complemento a “Puebleando por Tangancícuaro” (Guía,  8  y 15 de Sept.)

 

Templo de la Divina Providencia * El Proyecto de Asilo de Ancianos * Próspera Secundaria regional *

 Colonia El Refugio * Cupátziro,  una maravilla

(Complemento)

Por Benjamín González Oregel

Tangancícuaro de Arista, Mich.,–  Don José Antonio Torres Partida, párroco de la Divina Providencia,  me había dicho para Puebleando por Tangancícuaro “¡venga para que conozca la parte bonita de Tangancícuaro!”, luego de haber leído que el señor cura del lugar era el chavindense padre Nacho Gil Moreno. Jamás imaginé que en esta cabecera del municipio hubiese otra parroquia.

Respondiendo a la invitación

En cuanto el par de motociclistas detiene  sus motocicletas, y uno de ellos me indica que hemos llegado al lugar que busco, creo estar lejos de Michoacán. Frente a mí aparecen imágenes y visiones propias de sitios, de ciudades muy alejadas de mi querido Estado. Lo que mis ojos ven nada tiene que ver con los paisajes de los pueblos y ciudades de esta parte del occidente del país. El tipo de construcciones, la amplitud de la calle y la extensión de la misma –que parece perderse, sin desviación ninguna, más allá de las montañas que la separan de la Meseta– , me recuerda mis estancias en lugares como Culiacán, Ciudad Obregón, o hasta en alguna ciudad de California. Pero me encuentro en Tangancícuaro de Arista, frente a la iglesia de la Divina Providencia.

Entre iglesias

–Esta es la iglesia que busca –señala uno de los  atentos policías que me han guiado desde el centro del poblado, y que junto con su pareja se dispone a continuar su rondín.

Para colmo, a esta hora del día, con la amplia avenida desolada, las puertas del sagrado recinto parecen estar cerradas. Camino unos cuantos metros –creo que hacia el sur, sobre la banqueta en cuya acera se levanta la moderna construcción– y al descubrir que un portón permanece entreabierto, lo traspongo. Subo unos cuantos escalones y, de pronto, me encuentro a la puerta de la nave eclesial. Lo que veo, me deja boquiabierto. ¡Qué estancia más digna para visitar a Dios!

Luego de una breve mirada, vuelvo sobre mis pasos y salgo a la calle. Desde allí, auxiliado por un grueso y pesado aro metálico, que cuelga de una puerta, llamo. Casi al instante aparece el sacerdote. Me invita a pasar. Subimos a la azotea de la casa, a través de una laberíntica escalera. Las vistas que se me ofrecen, desde ese sitio, son espléndidas: “Aquel es el cerro de Patamban, detrás de esa montaña se encuentra Purépero, aquel cerro es el de Tlazazalca. La gente de aquí gusta pasear, los domingos, por esa loma… “, afirma el anfitrión, mientras señala con su dedo y su brazo alargados, los distintos puntos. Pero también advierto que, nada más cruzar la amplia avenida, se levanta una modesta capilla donde los hermanos pentecostales se reúnen.

Para presumir

Volvemos al interior de la iglesia. La exposición que hace revela que sabe lo que tiene en sus manos: en la nave –dispuesta para que el visitante no se distraiga durante su estancia–  caben 600 personas. Hay bancas, como las tradicionales, para los jóvenes, para los ancianos y los enfermos; hay butacas de fibra de vidrio recubiertas con suaves materiales plásticos. Encima, más allá del amplio portón, hay un mezanine donde se instalan los miembros del coro. El altar y el retablo, son para presumir. Todo, bañado por la abundante luz que dejan pasar los hermosos vitrales que se encuentran en lo alto de los muros, por todos los costados del edificio. Entre las imágenes, sobresale un crucifijo que pende a un costado del retablo y que, en estos días, resalta si tomamos en cuenta la vertical Bandera, con sus hermosos colores, que nos recuerda que estamos en Septiembre, el mes de la Patria. Esto es obra del padre Belmontes, me dice el párroco.

Tata Keri

En uno de los espacios libres que quedan dentro de la iglesia, es posible ver una maqueta. Se trata del proyecto Tata Keri, que quiere decir: papá viejo, abuelo. Es obra de los arquitectos José Luis Oropeza López y su esposa Lourdes Galicia Rivera –y del que GUÍA dio cuenta hace unos días–.  En el modelo a escala, también aparecen los nombres de Guillermo Adso Fernández Arceo, José Luis Menchaca Cruz, Silvia Angélica Peña Gil y el ingeniero Miguel Ángel Mendoza Muñíz. “Para todo esto, no estoy pagando ni un solo centavo”, señala el sacerdote.

De acuerdo a las palabras de don José Antonio Torres Partida, en este lugar podrán vivir ancianos de todos los puntos y pueblos del Estado. “En Los Reyes –donde fue párroco–, hice un asilo de ancianos. Es el más grande de Michoacán, el más bonito, llamado El Buen Samaritano. Fue iniciativa mía. Allí tenemos ancianos de Uruapan, Purépero, Maravatío, Apatzingán, Los Reyes, Zamora, Tangancícuaro; de todos lados. No se le cierra la puerta a ningún anciano, en un asilo”. Este asilo está pensado para albergar a gente pobre. Pero la gente, los ancianos que tengan posibilidades económicas y quieran ir allí, pagarán una cuota. “Pero, la idea es de que sea para gente pobre”. Se tiene pensado que el número de residentes sea de hasta 54 personas.

Peso a peso, casa por casa

De acuerdo con la maqueta –donde se observa un quiosco, “porque a los ancianos no les gusta estar encerrados, les gusta estar en las plazas”–, y según lo confirmó el propio presbítero, el espacio a construirse no es nada pequeño; abarcará una hectárea. Regalo del señor Salvador Fernández Zamora, se encuentra al lado poniente de la cabecera municipal. En el modelo influyó el espacio creado en Los Reyes, “los arquitectos fueron a ver el de Los Reyes”, por lo que el proyecto es algo parecido, indica don José Antonio. Aunque admite que en “hermosura, va a superar al de Los Reyes”.  Afirma que para la construcción y mantenimiento del asilo, ha conseguido que empresarios y políticos se comprometan con sus donativos. “Hoy, precisamente, fuimos reconocidos como Asociación Civil”, para que las donaciones sean deducibles de impuestos.

Hemos hablado con empresarios. Están dispuestos a apoyar para la realización de esta obra. Pero, lo “más importante es que estas obras se hacen peso a peso. Las hace la gente, peso a peso. En todos los negocios vamos a poner alcancías. Vamos a recolectar casa por casa, cada 8 días. Tenemos alcancías en las iglesias. No nos preocupa mucho lo de la construcción. Sabemos que hay que empezar y, según el ánimo que le ponga la gente, así vamos a acabar”.

El Tangancícuaro más hermoso

Platicar con don José Antonio es agradable, muy ameno. Además, se trata de un hombre que se preocupa por lo que acontece en su parroquia. Seguramente son muchos los políticos con los que cultiva buenas relaciones –posiblemente de amistad–, ahora que,  por lo visto, éstos se han atrevido a dejar, arrinconados, esos prejuicios que siguieron a la Guerra Cristera, sobre todo en algunas regiones del occidente de México. Y si traigo a cuento lo anterior se debe a que es notoria esa posible relación.

Días ante, el párroco me había asegurado que el Tangancícuaro más hermoso era el que se asentaba en los terrenos que su parroquia abarcaba. Para confirmarlo, nos dimos una vueltecita, en su propia camioneta.

La primera gran diferencia es que las calles, en este Tangancícuaro moderno, son amplias, a más de muy limpias. Se nota que quienes aquí habitan suelen pasar la escoba cada mañana. Contrariamente a lo que sucede en el centro, no son visibles –por lo tanto no hay molestias–  los tapones y atascos automovilísticos que se sufren en el centro de la población, sobre todo en la parte más vieja.

La Secundaria más grande del Estado

A menos de 500 metros, apenas se deja la amplia calzada por la que se va rumbo a Patamban,  Charapan,  Uruapan y más abajo, allá por Tierra Caliente, se observa una gran explanada, salpicada de altos árboles. Es la escuela secundaria “más grande del Estado”, dice el sacerdote. Se trata de un plantel en el que la mística es el trabajo. “Es raro que haya paros en esta secundaria. Ahora que los hubo en todo Michoacán, esta secundaria siguió trabajando”, señala. Hay una buena dirección en la institución y “parece que la educación que se brinda a los estudiantes es de calidad”. Hasta sus aulas, cada mañana, acuden estudiantes de los Once Pueblos, de Patamban y de Zamora. De esta última, vienen 2 camiones con muchachos a estudiar a esta secundaria. Sin contar a los que acuden procedentes de las comunidades del municipio: San Antonio, Gómez Farías, Ocumicho, Etúcuaro. Me han dicho que hay cerca de mil alumnos, repartidos en 2 turnos”. Se trata de la secundaria número 23, indica el clérigo.

Desde la calle, son visibles las instalaciones con que cuenta la institución: canchas deportivas, bajo techo y a cielo abierto: canchas para voleyball, basketball y futbol. Además de los edificios en las que se ubican las aulas.

El Refugio, colonia

En el plan original, el que habíamos acordado, nos habíamos planteado visitar el ojo de agua de Cupátziro, para que conociésemos, los lectores y este corresponsal, un lugar paradisíaco. Camino  hacia ese sitio,  se nos atraviesa una colonia nueva, conocida con el nombre de El Refugio.

En este lugar, cuenta el anfitrión, habita gente procedente de un rancho, que se encontraba en el municipio de Angamacutiro, llamado El Refugio. El gobierno construyó una presa y esta obra inundó el caserío –al parecer la presa se construyó en 1970, y lleva por nombre Melchor Ocampo–. Entonces, el constructor –el Ejecutivo– se vio forzado a darles tierra. Y se las dio en Tangancícuaro. Les construyó las casas y la gente, procedente de aquel rancho, bautizó al nuevo asentamiento con el nombre de colonia El Refugio.

A leguas se adivina que los refugiados salieron beneficiados con el cambio. Ya que, a más de las viviendas, el gobierno los dotó  de mejores tierras, en la fértil llanada que circunda a esta población. Ellos, por su parte, construyeron una ermita “esta” –y me señala con el dedo la iglesia–, dedicada a la Virgen del Refugio. “No se olvidaron de su patrona”, advierte el pastor, cuando el vehículo pasa frente a la iglesia. Es una más, entre las 5 iglesias que debe atender el sanjosefino sacerdote.

–Y ¿cómo le hace? –le pregunto.

–¡Así, a la carrera! –entre risas me responde.

–¿No tiene vicario?

–No, los vicarios están escasos. No hay muchas vocaciones. Pero mire, es una colonia bonita, habitada por gente contenta. Les fue bien. Estas tierras son mejores. Por otro lado, la gente, aquí en Tangancícuaro, no vive con mucha pobreza. Muchos de los habitantes de la misma  ya nacieron aquí, pero la gente grande llegó de El Refugio.

Pero no están solos los habitantes del refugio en esta parte de la cabecera del municipio, tienen como vecinos a los afiliados a la propriísta asociación llamada Antorcha Campesina, compuesta por ciudadanos de cualquier lado de la República.

Cupátziro, una maravilla

La fracción donde se encuentran los manantiales de Cupátziro está  cercada y se ubica frente a la porción donde se levanta la capilla de la Virgen del Refugio.  A simple vista, el visitante se da cuenta que se trata de un sitio bien atendido, protegido. Limpio en su interior, sólo se advierten algunas hojas que han caído de los frondosos y verdes árboles que allí crecen: sabinos y Sauces.  Una batería de bombas –5 ó 6– se encarga de la extracción y propulsión del agua con que se llena la red de agua potable con que cuenta la población, que ya no es chica. Bien asegurado, el sitio cumple con lo que había sentenciado el párroco de la Divina Providencia: “este ojo de agua, es más bonito que el mismo Camécuaro”. Y a la verdad no faltaba. Cupátziro es una maravilla, merced a sus manantiales color esmeralda. Y lo mejor, conforme se observa el conjunto, se advierte que esto fue descubierto y tenido en cuenta hace muchos años, por todos los que han tenido alguna responsabilidad en el municipio, a lo largo de los tiempos.

La calle Adoquinada –así es nombrada entre los moradores de la Villa–, que corre sobre uno de los costados del predio donde brotan los  azulados veneros del vital líquido, reconfirma lo anterior, por si quedasen dudas.  En épocas de estío, cuando los rayos solares queman, debe ser una delicia caminar bajo la sombra de los cientos de fresnos centenarios que delinean y refrescan los miles de adoquines que la cubren. No se trata de un espacio angosto. Al contrario. Aquí, cuentan los habitantes, se le llamó y conoció, mucho tiempo ha, como El Callejón. Son visibles algunos huecos, dejados por la incuria, tal vez,  o la necesidad de los propietarios de los terrenos aledaños para ingresar a sus viviendas, quienes tuvieron que cortar algunos especímenes de estos árboles.

Gente trabajadora, no es pueblo pobre

Conforme se transita por esta parte de la población, uno cae en la cuenta de que Tangancícuaro es más hermoso de lo que deja ver desde la carretera federal. Además, asegura el presbítero, la gente es muy trabajadora; sin dejar de lado que, metidos en la globalización, este paraíso michoacano no ha escapado a la avaricia de las transnacionales, “las que se llevan la mayor parte del dinero”, producto de la generosidad de la tierra.

A simple vista uno advierte que no se trata de un pueblo pobre. La generalidad de las viviendas nos habla de que los habitantes de este lugar disfrutan de un nivel económico bueno, sobre todo los que habitan en la parte que corresponde, en lo eclesiástico, a la parroquia de la Divina Providencia. Aunque, bueno es precisar, que hacia el centro de la población, las casas de adobe con tejados a dos aguas, no son extrañas. Tanto que, por momentos, me recuerdan a la hermosa Santa Inés, un pueblo serrano en cuya formación  también intervinieron tangancicuarenses. Tal vez de allí la semejanza en sus construcciones.

Y mientras recorremos los límites de la circunscripción parroquial, el sacerdote, nacido en San José de Gracia, Michoacán, refiere que, como pastor, ha ejercido su ministerio en las parroquias de Los Reyes durante 18 años, Penjamillo una docena de calendarios y “aquí apenas voy a cumplir 4”.

Birria de lengua y buñuelos, únicos

Cuenta el párroco que, contrariamente a la información que publiqué hace días en un Puebleando, la comida típica del lugar no es la que yo anoté. Esa variedad corresponde a los pueblos de la sierra. Lo que aquí se acostumbra y que da fama a la cocina lugareña, es la “birria de lengua de res, y los buñuelos”. Se trata de una birria especial, que gusta a los habitantes de Zamora. “Porque yo no la he visto en ningún lugar, solamente aquí”.

Complemento a “Puebleando por Tangancícuaro” (Guía,  8  y 15 de Sept.)

Templo de la Divina Providencia * El Proyecto de Asilo de Ancianos * Próspera Secundaria regional *

 Colonia El Refugio * Cupátziro,  una maravilla

Por Benjamín González Oregel

Tangancícuaro de Arista, Mich.,–  Don José Antonio Torres Partida, párroco de la Divina Providencia,  me había dicho para Puebleando por Tangancícuaro “¡venga para que conozca la parte bonita de Tangancícuaro!”, luego de haber leído que el señor cura del lugar era el chavindense padre Nacho Gil Moreno. Jamás imaginé que en esta cabecera del municipio hubiese otra parroquia.

Respondiendo a la invitación

En cuanto el par de motociclistas detiene  sus motocicletas, y uno de ellos me indica que hemos llegado al lugar que busco, creo estar lejos de Michoacán. Frente a mí aparecen imágenes y visiones propias de sitios, de ciudades muy alejadas de mi querido Estado. Lo que mis ojos ven nada tiene que ver con los paisajes de los pueblos y ciudades de esta parte del occidente del país. El tipo de construcciones, la amplitud de la calle y la extensión de la misma –que parece perderse, sin desviación ninguna, más allá de las montañas que la separan de la Meseta– , me recuerda mis estancias en lugares como Culiacán, Ciudad Obregón, o hasta en alguna ciudad de California. Pero me encuentro en Tangancícuaro de Arista, frente a la iglesia de la Divina Providencia.

Entre iglesias

–Esta es la iglesia que busca –señala uno de los  atentos policías que me han guiado desde el centro del poblado, y que junto con su pareja se dispone a continuar su rondín.

Para colmo, a esta hora del día, con la amplia avenida desolada, las puertas del sagrado recinto parecen estar cerradas. Camino unos cuantos metros –creo que hacia el sur, sobre la banqueta en cuya acera se levanta la moderna construcción– y al descubrir que un portón permanece entreabierto, lo traspongo. Subo unos cuantos escalones y, de pronto, me encuentro a la puerta de la nave eclesial. Lo que veo, me deja boquiabierto. ¡Qué estancia más digna para visitar a Dios!

Luego de una breve mirada, vuelvo sobre mis pasos y salgo a la calle. Desde allí, auxiliado por un grueso y pesado aro metálico, que cuelga de una puerta, llamo. Casi al instante aparece el sacerdote. Me invita a pasar. Subimos a la azotea de la casa, a través de una laberíntica escalera. Las vistas que se me ofrecen, desde ese sitio, son espléndidas: “Aquel es el cerro de Patamban, detrás de esa montaña se encuentra Purépero, aquel cerro es el de Tlazazalca. La gente de aquí gusta pasear, los domingos, por esa loma… “, afirma el anfitrión, mientras señala con su dedo y su brazo alargados, los distintos puntos. Pero también advierto que, nada más cruzar la amplia avenida, se levanta una modesta capilla donde los hermanos pentecostales se reúnen.

Para presumir

Volvemos al interior de la iglesia. La exposición que hace revela que sabe lo que tiene en sus manos: en la nave –dispuesta para que el visitante no se distraiga durante su estancia–  caben 600 personas. Hay bancas, como las tradicionales, para los jóvenes, para los ancianos y los enfermos; hay butacas de fibra de vidrio recubiertas con suaves materiales plásticos. Encima, más allá del amplio portón, hay un mezanine donde se instalan los miembros del coro. El altar y el retablo, son para presumir. Todo, bañado por la abundante luz que dejan pasar los hermosos vitrales que se encuentran en lo alto de los muros, por todos los costados del edificio. Entre las imágenes, sobresale un crucifijo que pende a un costado del retablo y que, en estos días, resalta si tomamos en cuenta la vertical Bandera, con sus hermosos colores, que nos recuerda que estamos en Septiembre, el mes de la Patria. Esto es obra del padre Belmontes, me dice el párroco.

Tata Keri

En uno de los espacios libres que quedan dentro de la iglesia, es posible ver una maqueta. Se trata del proyecto Tata Keri, que quiere decir: papá viejo, abuelo. Es obra de los arquitectos José Luis Oropeza López y su esposa Lourdes Galicia Rivera –y del que GUÍA dio cuenta hace unos días–.  En el modelo a escala, también aparecen los nombres de Guillermo Adso Fernández Arceo, José Luis Menchaca Cruz, Silvia Angélica Peña Gil y el ingeniero Miguel Ángel Mendoza Muñíz. “Para todo esto, no estoy pagando ni un solo centavo”, señala el sacerdote.

De acuerdo a las palabras de don José Antonio Torres Partida, en este lugar podrán vivir ancianos de todos los puntos y pueblos del Estado. “En Los Reyes –donde fue párroco–, hice un asilo de ancianos. Es el más grande de Michoacán, el más bonito, llamado El Buen Samaritano. Fue iniciativa mía. Allí tenemos ancianos de Uruapan, Purépero, Maravatío, Apatzingán, Los Reyes, Zamora, Tangancícuaro; de todos lados. No se le cierra la puerta a ningún anciano, en un asilo”. Este asilo está pensado para albergar a gente pobre. Pero la gente, los ancianos que tengan posibilidades económicas y quieran ir allí, pagarán una cuota. “Pero, la idea es de que sea para gente pobre”. Se tiene pensado que el número de residentes sea de hasta 54 personas.

Peso a peso, casa por casa

De acuerdo con la maqueta –donde se observa un quiosco, “porque a los ancianos no les gusta estar encerrados, les gusta estar en las plazas”–, y según lo confirmó el propio presbítero, el espacio a construirse no es nada pequeño; abarcará una hectárea. Regalo del señor Salvador Fernández Zamora, se encuentra al lado poniente de la cabecera municipal. En el modelo influyó el espacio creado en Los Reyes, “los arquitectos fueron a ver el de Los Reyes”, por lo que el proyecto es algo parecido, indica don José Antonio. Aunque admite que en “hermosura, va a superar al de Los Reyes”.  Afirma que para la construcción y mantenimiento del asilo, ha conseguido que empresarios y políticos se comprometan con sus donativos. “Hoy, precisamente, fuimos reconocidos como Asociación Civil”, para que las donaciones sean deducibles de impuestos.

Hemos hablado con empresarios. Están dispuestos a apoyar para la realización de esta obra. Pero, lo “más importante es que estas obras se hacen peso a peso. Las hace la gente, peso a peso. En todos los negocios vamos a poner alcancías. Vamos a recolectar casa por casa, cada 8 días. Tenemos alcancías en las iglesias. No nos preocupa mucho lo de la construcción. Sabemos que hay que empezar y, según el ánimo que le ponga la gente, así vamos a acabar”.

El Tangancícuaro más hermoso

Platicar con don José Antonio es agradable, muy ameno. Además, se trata de un hombre que se preocupa por lo que acontece en su parroquia. Seguramente son muchos los políticos con los que cultiva buenas relaciones –posiblemente de amistad–, ahora que,  por lo visto, éstos se han atrevido a dejar, arrinconados, esos prejuicios que siguieron a la Guerra Cristera, sobre todo en algunas regiones del occidente de México. Y si traigo a cuento lo anterior se debe a que es notoria esa posible relación.

Días ante, el párroco me había asegurado que el Tangancícuaro más hermoso era el que se asentaba en los terrenos que su parroquia abarcaba. Para confirmarlo, nos dimos una vueltecita, en su propia camioneta.

La primera gran diferencia es que las calles, en este Tangancícuaro moderno, son amplias, a más de muy limpias. Se nota que quienes aquí habitan suelen pasar la escoba cada mañana. Contrariamente a lo que sucede en el centro, no son visibles –por lo tanto no hay molestias–  los tapones y atascos automovilísticos que se sufren en el centro de la población, sobre todo en la parte más vieja.

La Secundaria más grande del Estado

A menos de 500 metros, apenas se deja la amplia calzada por la que se va rumbo a Patamban,  Charapan,  Uruapan y más abajo, allá por Tierra Caliente, se observa una gran explanada, salpicada de altos árboles. Es la escuela secundaria “más grande del Estado”, dice el sacerdote. Se trata de un plantel en el que la mística es el trabajo. “Es raro que haya paros en esta secundaria. Ahora que los hubo en todo Michoacán, esta secundaria siguió trabajando”, señala. Hay una buena dirección en la institución y “parece que la educación que se brinda a los estudiantes es de calidad”. Hasta sus aulas, cada mañana, acuden estudiantes de los Once Pueblos, de Patamban y de Zamora. De esta última, vienen 2 camiones con muchachos a estudiar a esta secundaria. Sin contar a los que acuden procedentes de las comunidades del municipio: San Antonio, Gómez Farías, Ocumicho, Etúcuaro. Me han dicho que hay cerca de mil alumnos, repartidos en 2 turnos”. Se trata de la secundaria número 23, indica el clérigo.

Desde la calle, son visibles las instalaciones con que cuenta la institución: canchas deportivas, bajo techo y a cielo abierto: canchas para voleyball, basketball y futbol. Además de los edificios en las que se ubican las aulas.

El Refugio, colonia

En el plan original, el que habíamos acordado, nos habíamos planteado visitar el ojo de agua de Cupátziro, para que conociésemos, los lectores y este corresponsal, un lugar paradisíaco. Camino  hacia ese sitio,  se nos atraviesa una colonia nueva, conocida con el nombre de El Refugio.

En este lugar, cuenta el anfitrión, habita gente procedente de un rancho, que se encontraba en el municipio de Angamacutiro, llamado El Refugio. El gobierno construyó una presa y esta obra inundó el caserío –al parecer la presa se construyó en 1970, y lleva por nombre Melchor Ocampo–. Entonces, el constructor –el Ejecutivo– se vio forzado a darles tierra. Y se las dio en Tangancícuaro. Les construyó las casas y la gente, procedente de aquel rancho, bautizó al nuevo asentamiento con el nombre de colonia El Refugio.

A leguas se adivina que los refugiados salieron beneficiados con el cambio. Ya que, a más de las viviendas, el gobierno los dotó  de mejores tierras, en la fértil llanada que circunda a esta población. Ellos, por su parte, construyeron una ermita “esta” –y me señala con el dedo la iglesia–, dedicada a la Virgen del Refugio. “No se olvidaron de su patrona”, advierte el pastor, cuando el vehículo pasa frente a la iglesia. Es una más, entre las 5 iglesias que debe atender el sanjosefino sacerdote.

–Y ¿cómo le hace? –le pregunto.

–¡Así, a la carrera! –entre risas me responde.

–¿No tiene vicario?

–No, los vicarios están escasos. No hay muchas vocaciones. Pero mire, es una colonia bonita, habitada por gente contenta. Les fue bien. Estas tierras son mejores. Por otro lado, la gente, aquí en Tangancícuaro, no vive con mucha pobreza. Muchos de los habitantes de la misma  ya nacieron aquí, pero la gente grande llegó de El Refugio.

Pero no están solos los habitantes del refugio en esta parte de la cabecera del municipio, tienen como vecinos a los afiliados a la propriísta asociación llamada Antorcha Campesina, compuesta por ciudadanos de cualquier lado de la República.

Cupátziro, una maravilla

La fracción donde se encuentran los manantiales de Cupátziro está  cercada y se ubica frente a la porción donde se levanta la capilla de la Virgen del Refugio.  A simple vista, el visitante se da cuenta que se trata de un sitio bien atendido, protegido. Limpio en su interior, sólo se advierten algunas hojas que han caído de los frondosos y verdes árboles que allí crecen: sabinos y Sauces.  Una batería de bombas –5 ó 6– se encarga de la extracción y propulsión del agua con que se llena la red de agua potable con que cuenta la población, que ya no es chica. Bien asegurado, el sitio cumple con lo que había sentenciado el párroco de la Divina Providencia: “este ojo de agua, es más bonito que el mismo Camécuaro”. Y a la verdad no faltaba. Cupátziro es una maravilla, merced a sus manantiales color esmeralda. Y lo mejor, conforme se observa el conjunto, se advierte que esto fue descubierto y tenido en cuenta hace muchos años, por todos los que han tenido alguna responsabilidad en el municipio, a lo largo de los tiempos.

La calle Adoquinada –así es nombrada entre los moradores de la Villa–, que corre sobre uno de los costados del predio donde brotan los  azulados veneros del vital líquido, reconfirma lo anterior, por si quedasen dudas.  En épocas de estío, cuando los rayos solares queman, debe ser una delicia caminar bajo la sombra de los cientos de fresnos centenarios que delinean y refrescan los miles de adoquines que la cubren. No se trata de un espacio angosto. Al contrario. Aquí, cuentan los habitantes, se le llamó y conoció, mucho tiempo ha, como El Callejón. Son visibles algunos huecos, dejados por la incuria, tal vez,  o la necesidad de los propietarios de los terrenos aledaños para ingresar a sus viviendas, quienes tuvieron que cortar algunos especímenes de estos árboles.

Gente trabajadora, no es pueblo pobre

Conforme se transita por esta parte de la población, uno cae en la cuenta de que Tangancícuaro es más hermoso de lo que deja ver desde la carretera federal. Además, asegura el presbítero, la gente es muy trabajadora; sin dejar de lado que, metidos en la globalización, este paraíso michoacano no ha escapado a la avaricia de las transnacionales, “las que se llevan la mayor parte del dinero”, producto de la generosidad de la tierra.

A simple vista uno advierte que no se trata de un pueblo pobre. La generalidad de las viviendas nos habla de que los habitantes de este lugar disfrutan de un nivel económico bueno, sobre todo los que habitan en la parte que corresponde, en lo eclesiástico, a la parroquia de la Divina Providencia. Aunque, bueno es precisar, que hacia el centro de la población, las casas de adobe con tejados a dos aguas, no son extrañas. Tanto que, por momentos, me recuerdan a la hermosa Santa Inés, un pueblo serrano en cuya formación  también intervinieron tangancicuarenses. Tal vez de allí la semejanza en sus construcciones.

Y mientras recorremos los límites de la circunscripción parroquial, el sacerdote, nacido en San José de Gracia, Michoacán, refiere que, como pastor, ha ejercido su ministerio en las parroquias de Los Reyes durante 18 años, Penjamillo una docena de calendarios y “aquí apenas voy a cumplir 4”.

Birria de lengua y buñuelos, únicos

Cuenta el párroco que, contrariamente a la información que publiqué hace días en un Puebleando, la comida típica del lugar no es la que yo anoté. Esa variedad corresponde a los pueblos de la sierra. Lo que aquí se acostumbra y que da fama a la cocina lugareña, es la “birria de lengua de res, y los buñuelos”. Se trata de una birria especial, que gusta a los habitantes de Zamora. “Porque yo no la he visto en ningún lugar, solamente aquí”.

 
(Tomado de GUIA, Semanario Regional Independiente,
Zamora, Mich., México. www.semanariogia.com.mx )

El Platanal, La Planta, sitio en donde se genera luz. Benjamín González Oregel

El Platanal, La Planta, sitio en donde se genera luz

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

Pero la luz  no brilla por ninguna parte

El Platanal, Mpio. de Jacona, Mich., —   “Te invito a El Platanal, para que escribas un Puebleando”, me soltó el maestro, artista del pincel, Aurelio García Lúa. “Estoy pintando unos murales para una congregación religiosa, formada por frailes”. En la parte trasera de su camioneta pick up, cargaba una pintura. Un retrato al óleo sobre una piedra laja, de unos 4 ó 5 centímetros de espesor. Las ondulaciones propias de la roca hacían más evidentes la enmarañada y crecida barba del personaje allí representado.

Además, “para que veas una reliquia de la tecnología porfirista, aún en servicio: la planta hidroeléctrica”, indicó.

Con lo poco que he podido encontrar, en la Internet, puedo decir que esta comunidad nació con la instalación de esa planta. Al parecer, la primera en su género en el territorio michoacano. Es verdad que el nombre oficial del poblado es el de El Platanal. Empero, para el común de la gente, en la región el nombre con el que mejor se le identifica es con el de La Planta. Y pertenece al municipio de Jacona de Plancarte.

Guanajuato Power

La Guanajuato Power and Electric Company nació en marzo de 1902, en el estado de  Colorado, Estados Unidos, con un capital inicial de 3 millones de oro americano. En agosto de ese mismo año ya había adquirido la concesión, de parte del gobierno mexicano, a través de Carlos M. Rubio, para el aprovechamiento de la energía motriz de la corriente del río Duero, en el distrito de Zamora, según la maestra María Leticia Galván Silva.

No conformes con eso, los inversionistas consiguieron que el Congreso local autorizara al gobernador del Estado, don Aristeo Mercado,  pudiese otorgar exenciones de impuestos; así como una franquicia para la realización de sus actividades empresariales, sin perjuicio del Estado. Lo más sobresaliente: le fue autorizada, sin el pago de los derechos arancelarios, la importación de maquinaria, instrumentos científicos y los aparatos necesarios para el trazo, construcción y explotación de las mismas obras, sin costo alguno. Las inversiones en bienes muebles e inmuebles, mientras fuesen destinadas a los objetivos de la concesión, quedarían libres de las correspondientes retribuciones estatales o municipales; “incluyendo los de traslación de dominio, así como los derechos de registro, por el término de 30 años, a partir de 1903”, año en que se inauguró el complejo. Lo que sí aceptó la compañía fue estar bajo la jurisdicción de los tribunales mexicanos en todos los negocios. Con esto perdía cualquier derecho de extranjería, ya que era considerada como una empresa mexicana. Aunque todos sus asociados fuesen extranjeros. Se comprometió, además, a proporcionar los servicios de alumbrado público a la ciudad de Zamora y a la villa de Jacona.

Aristeo Mercado fue un militar nacido en la Hacienda de Villachuato, jurisdicción de Puruándiro, el 30 de septiembre de 1839, que estudió en la capital la preparatoria y la carrera de ingeniería. Fue oficial del ejército mexicano durante la Segunda Intervención Francesa en México. Gobernó el estado de Michoacán desde el 16 de septiembre de 1892 hasta el 13 de mayo de 1911. Fue el último gobernador porfirista en Michoacán. Murió en Morelia, en 1913.

Pero el nacimiento de la Guanajuato Power no fue el único en Michoacán. Meses después apareció la Michoacán Power. Todo durante el gobierno de don Aristeo Mercado (y aquí vale la pena preguntar ¿qué tuvo que ver esto, la dinastía Moreno, con la que tuvo amistad don Porfirio, propietaria de Guaracha? Tangancícuaro no está lejos, y alguna raíz debieron tener los hacendados en esta última población).

Sin embargo, todo cambió con la revuelta revolucionaria de 1910. Las compañías sufrieron serias bajas en cuanto a sus intereses. Los inversionistas estadounidenses temían por sus inversiones, ya que su participación en el rumbo de los hechos que se vivían en el país, desde su punto de vista, podía influir en el resultado final del conflicto armado.

Adiós al compromiso

En los albores de la década de los 20´s, del pasado siglo, la Guanajuato Power, que se había olvidado de su compromiso de no considerarse extranjera, a través de sus consulados, solicitó al gobierno federal el pago, como indemnización,  por las pérdidas sufridas durante la lucha armada. Esto la llevó a verse inmiscuida en un enredado juicio de amparo, al que acudió, para impedir que el gobierno del Estado, encabezado por don Francisco J. Múgica, le embargara sus bienes, por “falta de pago de impuestos” (el general Múgica había sido recaudador de rentas en Chavinda, durante el largo gobierno de don Aristeo, y algo debía saber del negocio). Todo, a raíz de una iniciativa, por parte del Congreso local, para poder echar a andar el Proyecto de Presupuesto de Ingresos, en el que se incluía la tarifa por derechos de patente para las plantas generadores de luz eléctrica de primera clase. De esta manera, por primera vez, desde su creación e instalación, las compañías se vieron obligadas a pagar miles de pesos. Todo, a raíz de la puesta en vigencia de la Constitución de 1917.

Sin embargo, el dinero no llegó a las arcas municipales de Jacona. La Guanajuato Power logró que la Justicia Federal la protegiera, mediante una declaración en la que afirmaba que el ayuntamiento jaconense y el visitador de hacienda habían violado los artículos de la Carta Magna. Para tal efecto, la compañía contó con el apoyo y asesoría fiscal de la Oil Pierce Corporation, que la defendió ante Hacienda.

Era tal la influencia que ejercían las compañías extranjeras que el propio gobernador constitucional del Estado, el tingüindinense Francisco J. Múgica, debió abandonar el cargo al verse envuelto en litigios judiciales, políticos y agrarios, 2 años después de haber sido electo. Tocó al general Lázaro Cárdenas del Río, en 1928, cambiar drásticamente el rumbo de la compañía. 2 años más tarde, el gobierno tomó las medidas conducentes y solicitó el pago de impuestos, dado que con las reformas de 1917 dejaban de ser efectivas las exenciones de impuestos otorgadas en 1903. De esta manera, al verse forzada, la compañía tuvo que firmar un nuevo contrato con el gobierno  del Estado.

Para 1936, con Cárdenas en la Presidencia, la situación ya no le era favorable a la Guanajuato Power, ni a las inversiones extranjeras, al quedar a merced de  leyes y autoridades locales. En 1939, las medidas en lo referente a la planta generadora, en lo relativo a los impuestos, corrieron a cargo del gobierno Federal.

Todo terminó el 27 de septiembre, de 1960, cuando el presidente Adolfo López Mateos decretó la nacionalización de la Industria Eléctrica.

El país, dueño absoluto

“Ese acto marcó el inicio de una acción muy amplia de nacionalización, habida cuenta que en su oportunidad fue complementada mediante una reforma al Artículo 27 de la Constitución de la República, a fin de que con fecha 27 de diciembre de 1960, quedase consagrado en el párrafo sexto el siguiente texto:

“”Corresponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, transferir, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la Nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines”.

“De esta manera, a través de la reforma transcrita quedó sellado el proceso de nacionalización iniciado dos meses antes y a partir de esa acción nuestro país pasó a ser dueño absoluto de un recurso necesario para impulsar su desarrollo.

“López Mateos dio así paso fundamental en la vida de nuestro país; tan trascendental como el que el general Lázaro Cárdenas del Río diera el 18 de marzo de 1938, al expropiar la industria petrolera”, escribió Guillermo Cosío Vidaurri, el 6 de octubre del 2008.

La Planta, en la actualidad

Según lo recabado por el corresponsal, en la actualidad la planta hidroeléctrica que aquí se encuentra es, como siempre ha sido, “muy productiva”, gracias a que cuenta con 2 unidades generadoras de energía. Aquí, las máquinas trabajan las 24 horas del día, los 365 días del año. Con una condición: esto es posible sólo si se cuenta con agua suficiente para las 2 unidades.  Ha trascendido que durante las temporadas de esquiaje, de secas, la planta pone a funcionar una máquina de mayor potencia. “Una máquina 7MW”, asegura un vecino que, se nota, conoce del tema. Por lo que, podemos intuir, durante le época de lluvias deben de funcionar ambos generadores (al parecer se trata de una 5MW), con lo que se pueden obtener entre 8 mil 900 y 9 mil kilowatts, cada mes, cuenta el informante. Mismo que opina que, con lo que se genera en este lugar se alimentarían las ciudades de Zamora, Jacona y la propia tenencia. Aunque se entiende que lo que se genera en todo el sistema eléctrico nacional, lo que se produce por central, no necesariamente se utiliza o se queda en la región. Todo se envía a la central y, desde allí, se reparte para su comercialización

Para el común de la gente, estas cosas pasan inadvertidas. Sin embargo, entre la población existen ciudadanos que, ya sea de oídas, o por lazos de amistad o sangre, consideran entender lo que allá, detrás de las bardas y cercados sucede. De allí que, a pesar de la productividad de la planta, se pueda suponer que en tiempos no muy lejanos, el complejo podría ser objeto de modernizaciones, con el fin de potenciar su capacidad de producción. Con esto se aprovecharían mejor las aguas del lago de Camécuaro. Lo que implica la existencia de convenios con la Conagua.

Una información, de la que no se puede tener certeza, es respecto al número de personas que prestan sus servicios en las impecables instalaciones –vistas desde la amplia calle, de alargados jardines, separados de los carriles de circulación por jardineras que hacen las veces de asientos–. Características que no muestran ni la oficina del Jefe de Tenencia, ni el espacio que se anuncia como asiento de la delegación del SUTERM (Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Méxicana), liderado por Víctor Fuentes del Villar, una de cuyas virtudes consiste en haber sido, según los conocedores, sobrino de Leonardo Rodríguez Alcaine. En lo que coinciden es cuando señalan que el personal que aquí labora es de base. Solamente desempeña esta función. Nada tiene que ver con áreas como la comercialización, la transmisión, o en el centro de control de energía. Por experiencia, los habitantes de El Platanal saben que, desde siempre, las actividades han sido y son supervisadas o dirigidas por un ingeniero.

El olvido

Mientras recorro las calles de la comunidad, me asaltan recuerdos muy gratos. Tengo la fortuna de haber conocido a gente nacida aquí, con la que me une una gran amistad: la familia formada por  don Francisco Ibarra y doña Carmelita Cortés. Él, empleado de la Comisión. No podía ser de otra manera. Ella, inolvidable e incansable mentora. Directora de más de una renombrada institución educativa de Zamora. Al ver el mal estado en que se encuentra buena parte de la infraestructura de la población, trato de entender las condiciones que, en parte, los pudo haber obligado a dejar el caserío existente en esos años.

Lo malo es que, transcurridos más de 60 calendarios, comunidad y habitantes de la misma no pueden ocultar el olvido en que los han mantenido las autoridades. Principalmente las administraciones municipales –aunque no salen bien librados los gobiernos local y federal–, de varios colores: tricolores, azules y hasta los del FCRN. Parece injustificable que un municipio, menos pobre que muchos de la región, como lo es Jacona, haya preferido voltear la cara hacia otros lados, y no atender las necesidades más apremiantes de la tenencia y sus moradores.

La administración que encabeza don Martín Arredondo tiene mucho qué hacer en este campo. Los callejones que desembocan sobre la amplia calle principal, además de la tradicional anarquía con que se trazaron, nada bueno dicen de sus gobernantes al carecer de lo que ahora resulta indispensable para la vida. La capa de asfalto de la calle mayor pide,  a gritos, ser renovada. El tráfico vehicular es pesado, aunque necesario, vista la actividad en que se mueve la economía del pueblo.

Aquí, en donde la patrona es la Virgen de Guadalupe, cuya imagen se venera en una moderna iglesia parroquial, contrariamente a lo que se observa en otros sitios, las calles no lucen la desolación que se palpa en otros lugares. Muchos son los jornaleros que, cada mañana, tienen que salir en busca del trabajo que, en la cabecera del municipio, o en las comunidades vecinas, suelen encontrar. Dicen que, diariamente, devengan salarios que oscilan entre los 150 y 160 pesos. A los que deben descontar, no siempre, los pasajes.

La tarde es gris, y es tiempo de abandonar el pueblo. El camino que deben recorrer, pueblo y autoridades, se ve tan empinado y requerirá tanto esfuerzo como el que hay que hacer para alcanzar la cumbre de La Beata, montaña que observa desde el norte. Porque,  es paradójico que, en La Planta, sitio en donde se genera luz, ésta no brilla por ninguna parte. Como sí destella, vistos desde la parte alta, sobre la llanura que se extiende hacia el noroeste y en la no tan lejana Zamora.

Autor:
(Tomado de GUIA, Semanario Regional Independiente,
Zamora, Mich., México. http://www.semanarioguia.com.mx )

El Rincón del Mezquite, una población tranquila. Benjamín González Oregel

El Rincón del Mezquite, una población tranquila

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

El Rincón del Mezquite, Mpio. de Ixtlán de los Hervores, Mich.–  Conforme se acerca el viajero, se da cuenta que pocas veces el nombre  que lleva la población corresponde con tanta fidelidad a su entorno como el de esta comunidad ixtlanense. Porque El Rincón del Mezquite fue fundado precisamente aquí, donde el valle de Zamora termina, en su parte norponiente. O, en plan de broma, uno imagina el tamaño que puedo haber tenido el mezquite para que, en uno de sus rincones haya tenido cabida este pequeño pueblito.

En cuanto uno se aproxima, justo a la entrada del caserío, un arco y un par de troneras parecen abrazar al visitante al darle la bienvenida. Una vez traspuesto este punto, todo es tranquilidad, envuelta en una soledad que sobrecoge.

Aquí se vive tranquilamente. El último hecho sangriento ocurrió en 1978. “A mi me dieron 7 balazos. ¡Y no ha habido más!”, recuerda Ruperto Ramírez Gómez, un campesino que se dedica a la producción de granos y al cultivo de la fresa, en las parcelas que formaron parte de las propiedades de don Francisco Dávalos, dueño de la hacienda de San Simón. Cuyo casco se encuentra a unos 7 kilómetros, rumbo a la cabecera del municipio.

Bonito, aunque entre anarquía

La gente es amistosa. Y esto se confirma apenas se entabla plática con cualquiera de sus habitantes. En pocos minutos, hombres y mujeres que se acercan, de uno en uno, toman parte de la conversación. Somos “amistosos, nunca agredimos a nadie. Usted puede dejar su auto abierto y sus pertenencias se respetan. Si alguien tiene dificultades es la gente de afuera. Por poner un ejemplo: vienen muchos vendedores ambulantes, que traen su mercancía en sus propios vehículos, y, con el ánimo de no dejarse ganar, a la hora de la venta, discuten entre ellos”, cuenta Ruperto. Fácil, llegan 10 camionetas diariamente, indica el agricultor que, camino a su casa, tras la diaria jornada, ha detenido la marcha de su automotor. Le acompaña un par de sus hijos.

El aspecto que ofrece la población, es bonito. Las calles lucen limpias, barridas.  Muchas de ellas cubiertas con pavimento hidráulico, gracias a la buena disposición que mostró un joven presidente municipal, “priísta”, llamado Guillermo Oropeza, aunque aún se observan bastantes callejoncitos con empedrados. Sin llegar a ser muy empinadas, las vías, todas, muestran, unas más que otras, distintos desniveles. En medio de la anarquía, a veces, sobre todo si no se conoce el trazo de la comunidad, un camino termina en una cerrada.

Hasta 1970, “cuando mi padre fue encargado del orden, había casas en medio de las calles –recuerda Ramírez Gómez–. Él tenía unos amigos, Jesús y Primitivo Alvarado. Los 3, fueron a la secretaría (de Agricultura, en Zamora) y consiguieron una máquina, un topo. Había un señor, de Chavinda, avecinado aquí, que era medio borloterillo. Y tenía su casa a media calle. A él lo pusieron al frente del grupo encargado de las demoliciones de todas las viviendas como de la él. Cuando le llegó el turno a la de él, no quería. Pero como había tumbado las de otros, tuvo que aceptar, a pesar de lo revoltoso que era”.

Del ejido y la fresa

Cuentan, además, que como tienen mucho terreno comunal, los lotes que les han sido asignados a cada uno de los ejidatarios, son de 900 metros cuadrados. Y esto lo hacen para que las calles sean lo más rectas posibles. Aquí, además, no se conoce el régimen de la pequeña propiedad. “Todo es ejidal”.

La principal fuente de ingresos de los vecinos, es la agricultura. “Pero más de la fresa”, a pesar de que en el fértil valle se siembran el maíz, el sorgo, el trigo. Porque el jitomate, la cebolla, el pepino y las palmas gladiolas, son cultivos que realizan los habitantes de El Colongo. Hay gente de aquí que va a trabajar a esa comunidad. Pero la mayoría se emplea en la fresa. El salario, contrariamente a lo que sucede en otras partes del valle, percibe 170 pesos diariamente, por un jornal de trabajo.

El grupo ejidal está  formado por  97 personas. Las parcelas es encuentran en los predios conocidos con los nombres de: El Descanso, La Laguna, Pajacuarán, La Gavia, El Pelillo, el Potrero Grande y El Monte. De todos, solamente La Gavia carece de agua para riego. El Descanso cuenta con este servicio, gracias a un pozo profundo. Los demás son regados por las aguas procedentes de la presa de Urepetiro.

Los campesinos, en la actualidad, siembran preferentemente maíz y sorgo. Lo venden a los acaparadores. Suelen vender sus semillas en la Unión de Ejidos, en Ixtlán y en la vecina Chavinda. Pero también cultivan el frijol.

     Migración

En este lugar, como en todo el Estado, la migración es fuerte. Cuentan los vecinos que, antes, en cuanto los niños terminaban la secundaria, ponían sus ojos y empeño en Estados Unidos. Sin embargo, con la puesta en marcha de programas federales como Progresa, cuando empezaron a entregar becas a los niños, mucha gente lo pensó. Porque se comenzó a poner muy difícil para ingresar al vecino país. Hoy en día, el gobierno municipal de Chavinda envía, diariamente, un autobús para llevar y traer a los estudiantes, ya sea a que estudien la secundaria o la preparatoria –en el plantel del Colegio de Bachilleres–. El servicio es gratuito. El autobús llega a recoger a los estudiantes a las 6 de la mañana. Aunque se han dado casos en que, estudiantes, han tenido que acudir a clases a Santiago Tangamandapio.

Sin embargo, los actuales habitantes de la comunidad consideran que en Estados Unidos se encuentra un 60 por ciento de los nacidos aquí. Con una singularidad: son contados quienes cuentan con la documentación en regla, son casi todos ilegales. De allí que sean contados los que, cada año, en diciembre, regresan a su tierra a los festejos que el día 8 de diciembre, se celebran en honor de la Inmaculada Concepción, patrona del pueblo. Aunque eso sí, las mejores casas fueron y han sido levantadas por los que allá viven o han trabajado.

De unos 3 años a fecha, son pocos los jóvenes que han partido. Antes, nos quedábamos puros viejos, los viejos, como yo –dice entre risas Ruperto–. “Ahorita da gusto ver parvaditas de muchachos jóvenes”, en las calles. Esto nos beneficia porque, si requerimos unos 4 ó 5 peones, los encuentras fácilmente, remata Jesús Alvarado. Porque, por estos días, quien quiera trabajar, no tiene que salir a buscar empleo a otros lugares. Hay oportunidades para todos. Lo que sí hacemos –cuenta Ramírez Gómez–, es que rentamos tierras, por decir, en El Tepehuaje, pero llevamos trabajadores desde aquí (El Tepehuaje, comunidad chavindense, se encuentra a unos 4 ó 5 kilómetros de este lugar). Los de El Rincón no saben de hambre. Tienen trabajo.

Una actividad de la que también se ocupan los habitantes del pueblo es la ganadería. Hay mucho ganado, vacuno y caprino. Para esto, aprovechan los rastrojos de las parcelas. Alimentación que completan con suplementos, que generalmente les son suministrados por comerciantes de La Barca, Jalisco. La leche, de vaca como de chiva, la venden a los industriales del ramo, generalmente zamoranos. Los ganaderos cuentan, para que abreve el ganado, con 2 presas. Una, grande, construida dentro del Plan Benito Juárez, durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez, con la finalidad de regar las parcelas que se extienden valle abajo.

En cuanto uno enfila hacia esta población, se aprecia una maravilla natural: grandes y discontinuos acantilados, de rosadas canteras, separan y protegen al cada vez más angosto llano.

Vecina de El Tepehuaje, El Colongo, La Esperanza, La Soledad, San Juan Palmira, El Limón, La Plaza de El Limón, La Mulita. Pero si en este lugar los vecinos dicen desconocer si existió casco de la hacienda, como sí lo hubo en La Soledad, en el municipio de Chavinda, la verdad es que, en estos días,  El Rincón supera, con creces, en cuanto a servicios, a la ranchería en la aún se pueden observar vestigios de la época de las grandes haciendas y latifundios. Sus calles, generalmente son más anchas. Es mayor la superficie cubierta con cemento hidráulico. Las instalaciones escolares son mucho más grandes que las de La Chole. Lugar en donde lo que escasea son los alumnos.

Comercio

Desde hace décadas, los habitantes de esta comunidad han acostumbrado, a la hora de realizar sus compras, a llevarlas a cabo en la vecina población de Chavinda. Allá encuentra desde artículos para el hogar, hasta implementos y maquinaria para la agricultura. Si de construcciones se trata, no se diga.   Tan estrecha es la relación que existe entre ambas poblaciones que, cuando han requerido del servicio postal, lo hacen en Chavinda. “Porque una carta, cuando nos escribían a Ixtlán, llegó a durar meses, para llegar a nuestras manos”, señala Jesús Tamayo. Además, cuando se habla de dinero, los vecinos de El Rincón, son sujetos de crédito en la Caja Popular de Chavinda, cuando son socios. Esto les ha facilitado sus actividades en el campo. El interés que pagan, por un préstamo en esa institución, es mucho menor que el que tendrían que pagar a los agiotistas de la región. Pero las grandes casas comerciales de Zamora, también cuentan con buena cartera de clientes en este Rincón, sobre todo en el ramo abarrotero.

De recuerdos

Algunos recuerdan, con tristeza, la forma en que eran –y tal vez no falte el que aún así sea tratado–  despojados de sus cosechas, luego de haber acudido a estos prestamistas. Mucho más voraces que los banqueros, que ya es decir.

Aunque no todos los recuerdos que tienen son amargos. Los vecinos del lugar reconocen los hechos de hombres como don Jesús Ramírez, don Jesús Alvarado, don Roberto Barragán, don Elías Romero, don Aurelio Barragán, ya que fueron los iniciadores de esta comunidad. Fueron los que empezaron a preocuparse por la población. Todos, sin excepción, fueron presidentes del comisariado ejidal, la máxima autoridad, de facto, en el pueblo. El encargado del orden ocupa el cargo sólo para cumplir con el aspecto legal, dicen.

Jesús Alvarado cuenta, con los ojos próximos al derrame de lágrimas, cómo fue que la población pudo contar con el servicio de agua potable. Y lo narra así:

“Era gobernador del Estado el ingeniero Luis Martínez Villicaña, quien, durante una gira de trabajo, vio cómo las mujeres del rancho cargaban cántaros, botes y cubetas, con agua, desde el canal que pasa frente a la comunidad de El Tepehuaje. Es el agua del drenaje de Zamora, que arrastra el río Duero. Esa era el agua que teníamos, en ese tiempo, porque se había agotado la que almacenaba una presita que hay allá arriba. Las mujeres caminaban, sobra la brecha, en fila. Y esto conmovió al Gobernador. Una semana más tarde, llegaron, ingenieros y maquinaria, y allí tenemos ese pozo profundo, del que nos abastecemos de agua” –y señala, con el dedo, hacia donde se alza un transformador de luz, sostenido por un poste.

Las birrias, lo común en gastronomía

La señora Martha Leticia Alvarado, que es la consorte de Ruperto, afirma que, en lo religioso, esta comunidad católica es pertenece a la parroquia de San Simón. La fiesta, como ha sido escrito antes, se lleva a cabo el 8 de diciembre, de cada año. Y se organiza con el fin de honrar a la Inmaculada Concepción. Es la única festividad, durante el anual calendario. Y cuando habla de los platillos preferidos por los habitantes del lugar, dice que son especialistas a la hora de preparar el mole, de carne de res, cerdo, o de pollo, la sopa de arroz.  Pero lo que las distingue son las birrias, de res o de chivo, “que es la que más le gusta a la gente que nos visita”

Hombres y mujeres de El Rincón del Mezquite invitan, cordialmente, a los lectores de Guía, a que “nos visiten. Los trataremos con gusto y amabilidad. Les ofrecemos tranquilidad, mucha tranquilidad”.

Autor:
(Tomado de GUIA, Semanario Regional Independiente,
Zamora, Mich., México. http://www.semanarioguia.com.mx )