MOSAICO, 16-I-014

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LA PARENTELA, XII, DÉCIMA SEGUNDA VERSIÓN

LA PARENTELA, XII, DÉCIMA SEGUNDA VERSIÓN.

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MI CAMINAR. Silviano Martínez Campos

Martínez Campos, 5/XI/2006; 19/I/2007; 5/I/2014

Mi Ziquítaro

MI CAMINAR

SILVIANO MARTINEZ CAMPOS

(Ziquítaro, Mich., México, 5 de Enero de 1935)

I.-  EL PASO POR LA ESCUELA

1944-1945   Primeros años de enseñanza, en la Escuela Primaria Rural Federal  “General Lázaro Cárdenas”, en Ziquítaro, Mich.

1946-1947 Tercero y cuarto años de primaria, en el Colegio Vasco de Quiroga, Penjamillo, Mich.

1948-1949 Quinto y sexto años de primaria en la Escuela Apostólica, de la Arquidiócesis de Puebla, en la ciudad de Puebla, Pue.

1950-1951  Primero y segundo años de “Latín” (humanidades), Seminario Conciliar Palafoxino en su casa de seminario menor en San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala.

1952-1953  Tercero y cuarto años de “Latín” (humanidades), en el   Seminario Conciliar Palafoxiano, en su casa de seminario menor en Puebla, Pue.

1963-1967     Estudios de periodismo, en la Escuela de Periodismo “Carlos Septién García, ciudad de México.

1977-1978   Dos cursos intensivos (una introducción al estudio de La                      Biblia), equivalentes a dos años de estudio,    denominados                       Seminario Bíblico, en el Instituto “Sedes Sapientiae” de la                       Arquidiócesis de México, ciudad de México.

1954           Curso introductorio, de un año, al idioma francés, en la                                   Alianza Francesa, ciudad de México.

1967-68   Curso introductorio, de año y medio, al idioma                       inglés, en el Instituto Mexicano Norteamericano de Relaciones            Culturales, ciudad de México.

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II.- CAMINAR EN EL PERIODISMO   

 

1957   Paso efímero de 3 meses, por el Diario Zócalo, ciudad de México. Trabajos de reporteo en área cultural. Artículos.

1965-1967    Agencia Mexicana de Servicios Informativos (AMSI), reporteo.

1967               Breve temporada en el diario El Universal, ciudad de México, reporteo.

1967-1989  Diario Ovaciones, ciudad de México. Reporteo, mesa de redaccón.

1968                         Diario La Prensa, trabajo en mesa de redacción.(Actividad paralela a la de Ovaciones)

1969-1971  Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), Chapingo, México, edición de material impreso. (Actividad paralela a la de Ovaciones)

1971-1972  Instituto Mexicano del Seguro Social, Orientación y Quejas, trabajos de redacción. (Actividad paralela a la de Ovaciones)

1971-1973  Revista Comunicación del Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS), ciudad de México. Artículos. (Actividad paralela a la de Ovaciones).

1989-1993  Diario La Voz de Michoacán, ciudad de Morelia, Mich., corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo, columna.

1994-1995  Diario Cambio de Michoacán, ciudad de Morelia, Mich., corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo.

1993-1996  Semanario Etcétera, La Piedad, Mich, colaborador. Reporteo, artículos, columna.

1994-2001  Semanario Por qué? de Michoacán, colaborador .Reporteo, columna.

1998-2000   Diario El Financiero, ciudad de México, corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo.

1993 a  la fecha, Semanario Guia, de Zamora, Mich, corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo, columna, trabajos literarios.

2006 hasta este día, página web MI ZIQUITARO, impulsor, colaborador.

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III.- OTRAS VEREDAS

1954           Banco Nacional de México, casa matriz, ciudad de México, trabajo de intendencia, mozo.

1955-1956 Una escuelita, de iniciativa propia,  en Ziquítaro, Mich.

1956-1962 (por temporadas) Obrero en la Aceitera Ejidal, Mexicali, Baja California. Esporádicamente, también, algunos turnos en la Despepitadora Ejidal, en las inmediaciones de Mexicali

1958-1959, trabajos del campo en el Sur de California, USA

1957-1961, Trabajos esporádicos en el campo, en el Valle de Mexicali, y en Ejido Eréndira, B.C.

1962   (Una temporada ,auxiliar de maestro en la Escuela Primaria Federal “Lázaro Cárdenas”, Ziquítaro, Mich.

1962 -1965  Almacenista de herramientas en la Fábrica de Dulces Bremen, ciudad de México.

1975   Clases en la Escuela de Periodismo “Carlos Septién García”, ciudad de México.

Década de los noventa, clases en la Academia Comercial México, La Piedad, Mich.

1999—2000; y 2002—2003, Consejero Electoral del Instituto Federal Electoral (IFE), Distrito 01 con cabecera en La Piedad, Mich.

2007.- Consejero Electoral en el Instituto Elecrtoral de Michoacán, en el distrito con cabecera en La Piedad.

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Barrios de Ziquítaro en temporada seca, en los setenta.Entonces poco poblado, se nota el  Cerrito de la Santa Cruz y El Consejo, ahora barrios. Foto de Silviano

(Ziquítaro en 1972. Foto de Silviano Martínez Campos)

Nota: A la siguiente sección de MI CAMINAR, le he puesto una barrera, una tercia de paréntesis. No es que esté prohibido el paso. Lo que pasa es que es provocativa, pro-voca, o sea que llama, invita, a ver la otra cara de la Luna, la otra cara de la moneda, la otra faz, pues, de quien escribe. Lo invito, la invito,  a que traspase la barrera y me haga el gran honor de leerme.

El templo

((( IV.- EN LA ESCUELA DE LA VIDA

 

En realidad, luego de MI CAMINAR, allá arriba, debí agregarle: A TROPEZONES, pero se hubiera embrollado la cosa. Mejor me reservo la apostilla, el agregado, para esta sección, con la advertencia de que es sólo un esbozo, una aproximación, porque desde luego quedan pendientes aspectos, muchos subjetivos, incluidas también las metidas de pata en baches, hoyos y a veces hasta barrancos, del caminar. Pero esos detallitos los reservo, si acaso, para el juicio final. De momento van, mi paciente y entretenido lector, lectora, unas pinceladas por si acaso le sirvan para situar sobre todo mis trabajos de fantasía, que yo he llamado, creo que con toda propiedad, literarios y, desde luego, si he de tener el honor de que los  visite.

¿Consideraría usted relevante, importante, en mi autoconsideración tan alrevesada, tan rimbombantemente llamada biografía, pero que viéndolo bien conforme a lo que significa el término, en buena parte lo es, consideraría importante, digo,  que comenzara mi caminar platicando un poco sobre mis primeras andanzas de vaquerillo, cuidando las vacas de papá Chon?.En El Guayabo

Creo que no, ni yo tampoco. Sin embargo, creo pertinente hacerlo, por lo que le voy a contar. Esas correrías, además de ser los primeros pasos en la exploración de mi tierra, fueron el principio para mis investigaciones sobre la Tierra en cuestiones  de geología, orografía, hidrografía, botánica y zoología. Desde luego también, y no al último, en relaciones humanas.

Estas pretensiones de hombre universal, requieren desde luego su explicación, porque lo primero que pudiera pensar usted, es que había en aquellos primeros pininos (pinitos) en el camino de la vida, una gran tendencia a la megalomanía, al delirio de grandeza. Y tendría usted razón, y así lo considero yo también: la había.

Lo que sucede, es que en mi niñez la ciencia  —mi conocer—, estaba integrada y me falta,  a ese propósito, la astronomía, motivo para mí  de tantos pesares; pero considero más bien oportuno, por la misma razón, dejarla para un análisis posterior.

Debo estar obligado, por mi método de exposición, o sea de prioridad, o sea porque enumeré, mencioné en primer lugar la geología, de referirme desde luego a ella. Lo que tal vez a usted desconcierte, sea el método para explorarla y la herramienta utilizada

Porque no creo sea muy ortodoxo, no muy apegado a las prácticas comunes, inspeccionar un paredón, de sentaderas, ni mucho menos con pantalón nuevo de mezclilla, resultado de lo cual podría poner en aprietos a la economía familiar y dar más trabajo a la sobrecargada del mismo, mamá Benita.

No es pues muy adecuado explorar las diversas capas de la tierra ni sentado, ni mucho menos de sentaderas, posaderas o cualquiera otra denominación que se quiera considerar para esa parte del cuerpo de la anatomía infantil. Hubiera estado mejor contentarse con observar los paredones en sus cortes transversales, con sus capas sobrepuestas de tierras, de sales, de piedritas, expuestas por el arroyo para la admiración infantil y en algunas barranquillas, para nidales del desaparecido cuiname.

O contentarse con admirarse por los yacimientos de tizate, las formas que tomaba el tepetate antes de convertirse en piso, o en enjarre de la vivienda rústica; explorar las concavidades de la cueva en la mina de arena; recorrer cual chiva los peñascales formados por lo siglos en la barranca o percibir la diferencia y hurgar en el porqué de la tierra blanca, la tierra negra, la tierra roja. Y por qué una es buena para el garbanzo, otra para el maíz y otra casi para nada.En el agua, en los sesenta. Depósito en  lo que haora es el jardín

Ha de disculpar el lector me aparte de mi propio esquema y trate en seguida la ciencia hidrográfica, de mayor interés y ocupación, tanto en mis exploraciones como en mis vivencias. De allí mi admiración por los manantiales, las fuentes, las ojodeaguas. Y los arroyos.

Por las barrancas no tanto, pero sólo en estos menesteres del agua, porque en lo demás, había y hay aún interés en esas exploraciones al interior de las cosas, aun cuando fallen métodos y haya, además, resistencias a aceptar lo que en ellas se encuentra. Y eso, lo sé por experiencia y vivencia, lo comprueba uno por sí mismo cuando adulto; pero estamos con la ciencia, la conocencia, la exploración infantil de la vida.

Soy consciente de mi indisposición contra las barrancas, pero sólo por una de ellas y en determinadas circunstancias. He de ser claro en esto y platicar por qué y cómo. Porque cuando no da uno razones razonables (¡mire usted qué redundancia tan razonada!), vienen los malos entendimientos, o sea los malos entendidos. Pero no es el caso aquí, desde luego.

Así es de que debo comenzar por situarme, en uno de esos días de secas, detrás de La Loma, antes llamada Pelona, pero ahora no tanto, gracias a la reforestación que hizo en ella el anterior propietario, don J. Trinidad Campos Silva, dejando la repoblación silvestre a su ritmo natural, con lo cual se recuperó de manera espontánea, en pocos años, el hábitat para el tepame, el nopal y la huizachera. No digamos de la liebre, aun cuando de esto no estoy tan seguro.

Ya sea por imprevisión de no llevar suficiente agua en la botella o en el guaje, ya sea por alguna tragazón imprevista con consecuencias indigestas, el caso es que durante las correrías de vaquerillo tras esa protuberancia (lo digo para no repetir loma) ya me andaba de sed. Tal vez el trance me condicionó para olvidar si andaba solo, o con mi compañerito de correrías, Chame, Samuel Ojeda, con quien me ligó el afecto antes y aún depués de que lo matara el rayo, él ya en el cielo, yo todavía caminando hacia él.

El caso es que ante aquel acoso estomacal, ardiendo la panza de sed, lo primero que se me ocurrió fue ir  a buscar agua a la barranca cercana, en vez de regresar a casa por ella, pocos kilómetros hacia el poblado, Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso.

Paraje, en Los GuanumosAcepto que fue un error de cálculo, ir a buscar agua donde no la puede haber dado lo avanzado de la temporada de sequía, cuando por allí sólo corre, o corría el líquido durante las aguas y pocos meses después, mientras los manantiales del área alimentan el arroyo.

Son lecciones de la vida, pero entonces no lo percibía, eso de buscar la satisfacción donde no se puede encontrar, trátese de las relaciones personales, o trátese de satisfactores tan elementales como el comer, beber, habitar y, a fin de cuentas, de todo el vivir.

Porque el  bajar sediento, ardiendo la panza, por la pendiente peñascosa de la barranca, no encontrar agua y tener qué subir de nuevo, no pasa de ser una tarugada, si se ven las cosas desde el sentido práctico. Pero es difícil  se tenga sentido práctico, de ese que da sentido a las cosas, no sólo en la infancia, sino además en el curso de la vida. Genio y figura, hasta la sepultura, podría recordarlo cualquiera.

Pero aquí lo inconcebible, es que a pesar de estas desilusiones y fracasos, cierto que pasajeros, vuelva uno a cometer los mismos errores y sea muy cierto que los seres humanos no sólo tropezamos dos veces en la misma piedra, sino cientos.Parte de La Penca, y El LLano

Digo esto porque llegué a cometer un segundo error y en la misma barranca, esa que conduce aguas con aguas, quiero decir cada temporada de lluvias, el agua a la Presa de la Luz, en las inmediaciones de Tirímacuaro, o más allá, hacia el Río Lerma, cuando el gran boquete de los cuarenta que facilitó, por cierto, que en su caja se cultivara el garbanzo por años.

Aquí he de mencionar, aunque no venga mucho al caso, porque no era lo mismo la caja de La Luz, ahora presa, que la caja, el terreno, también perteneciente a Ziquítaro (dicho sea de paso el ombligo del mundo), junto a la compuerta blanca, camino a la comunidad de La Luz.

Todo sea por buscar las fuentes de la vida, en el caso que mencioné, como es el agua. O pedir que el guayabo dé frutos entre peñascales y en tierra árida.

Pero de eso, ahora, no estoy tan seguro, porque a lo mejor le exigía que diera fruto a mi satisfacción , en tiempo y forma como se dice, cuando el ritmo del árbol era otro. En otras palabras, como si hubiese pretendido que tuviera las frutas disponibles en el momento en que yo lo deseara. Así es la vida, considero, pero en aquel trance no lo entendí.

No, desde luego no había abundancia de golosinas en mi tiempo y a decir verdad, tampoco en las secas había mucho dónde pepenar durante las correrías de vaquerillo. En las aguas, sí, desde luego, por lo menos tunas.        Aunque a este respecto, en el asunto de las tunas, he de decir que había una reserva, ante el abuso tuneril, por aquello que decían sobre el taparse con ellas. No tanto porque no fuera cierto, sino porque había de por medio la amenaza de que, si sucedía tal percance, el recurso supremo consistiría en hacer la operación de destape auxiliados con una aguja de arria, de esas de coser costales; o de plano encomendarle la tarea a un cúcuno.Rincón tradicional

Regreso, después de aquel breviario médico-anatómico, al asunto de las golosinas y he de decir que, en las secas, habrá de ser justos, también había nopales; pero no se estilaba entonces, ni creo que ahora, arrancar la penca, pelarla, ponerle su sal, limón y chile,  y dar cuenta de ella a manera de pepino.

No quiero extenderme mucho en esto, ni mucho menos a costa del guayabo. El error fue mío y también el desenfoque, no del árbol. Pero sí he de decir que mis servicios informativos indicaban que en el fondo de la barranca, había un guayabo y que tal vez pudiera pepenarse de él una que otra guayaba.

Era grande la tentación  — no tanto como las que se presentan cuando adulto  y no sólo en el plano erótico, que han sido las más famosas en la historia, sino las de otros órdenes derivados del tener, poder y gozar–, de ir a buscar guayabas y lo mas natural era buscarlas en el guayabo.

Así es de que emprendí la excursión pendiente abajo, y todo sudoroso me encontré con el guayabo de tan verde follaje, plantado en el fondo de la barranca, en medio de las peñas. ¡Con cuánta avidez hurgué en su follaje, en busca del tesoro oculto, de la piedra filosofal, en busca de la guayaba madura! ¡Y creo que ni las había verdes!.

No hay  peor frustración, considero, que desandar lo andado luego de verificar, in situ, quiero decir en el mero lugar de los hechos, que las cosas no eran como uno las creía. Sin embargo, y a pesar de los contratiempos, como el hecho de subir la pendiente sin guayabas y con sed redoblada, siempre hay manera de comenzar de nuevo y de manera más plena.

Porque en este caso no le pedía peras al olmo, como dice el dicho, ni tunas al guayabo, sino guayabas. Y la falla estuvo en que las busqué donde no y cuando no era oportuno. Esto me lleva a considerar que las frustraciones traen a veces su desquite, si sabe uno aprovecharlas.Rita y Benita Campos Cerda

Y bien que las aproveché, en el caso de las guayabas. Y fue tiempo después, al llegar la ocasión de pasar al tercero de primaria, porque en mi Ziquítaro en esas cuestiones no andaba la cosa tan regular. Por influencia, positiva desde luego, de mi abuelo paterno don Vicente Martínez del Río, mis padres decidieron enviarme a continuar el estudio en Penjamillo, en este caso en el Colegio Vasco de Quiroga.

Era desde luego importante encontrar dónde hospedar al tal Silviano, durante los cinco días de clase. Porque sábado y domingo eran buenos para regresar a casa y entonces siete y medio kilómetros de recorrido a pie, entre los terrones o el lodo, según temporada,  no eran gran cosa ni trastorno para quien estaba acostumbrado a las andanzas vaqueriles.

Y qué mejor lugar al encontrado por la solicitud paterna, que la casa de unas magníficas personas, amistades, con ligas al Ziquítaro vecino, que las de la familia González- Díaz. Sí, la de don Ciro González y la de doña Luisa (Luisita) Díaz. Él carpintero de oficio, ella maestra de profesión.

Y sus hijitas Raquel, Guadalupe, Etelvina. Otra, la Paz, la Pacita, en el estudio en Morelia. El niño montaraz conviviendo con niñas. Para mí “ranchero”, ellas pueblerinas y, en fin, con una familia a la que, si en aquel tiempo y luego de joven y por razones que no vienen al caso, tal vez retraimiento e intensa lucha por la vida (por la papa, para ser claro), no pude agradecer lo debido, ahora les rindo agradecido homenaje.

Sé que nunca es tarde para reconocerlo, pero vuelvo al tema central, en este caso las guayabas. Porque en aquella casa de Penjamillo, no podía faltar la pequeña huerta de naranjales, limonares y mangos pero ¡Oh sorpresa!, poblada de guayabos.

De alguna manera debí entender que había huerta libre, porque sin pedir permiso la hice mía y no había quién me bajara de los guayabos, donde la única competencia para mí, eran los pájaros. Debe ser bueno el desquite, aunque en este caso saludando con sombrero ajeno, tanto la huerta como el guayabo, mientras el de la barranca era comunitario.

Claro, en aquellos tiempos mi cabecita, aunque ya los captaba, no se hacía la vida problemática  ni pesada en cuanto a las teorías sobre la propiedad privada. Cuantimás que durante las correrías por terrenos ejidales, cuando más o menos funcionaba el ejido, permitían a uno libremente agarrar de lo que se podía, y había. El recuerdo, pues, del solitario y austero guayabo barranqueño, había quedado en el pasado.

Compensación, dirían los entendidos; pero en aquellos dos años de abundancia de frutas, entre ellas las guayabas ¡quién iba a interesarse en las cambiantes teorías en torno al comportamiento humano! Lo que sí sé decir es que a pesar de mis tragazones personales, el viernes por la tarde la benevolente familia me invitaba a que llenara la arganita para surtir de limas, naranjas y guayabas, a mis hermanas y hermano de mi Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso.

¡Cómo poder olvidar las bromas de don Ciro!, encaminadas siempre, ahora detecto muy bien su intención, a que mi vida fuera encausada, si no hacia las altas esferas eclesiásticas, por lo menos a cura rural. Claro que no faltaba el recurso a la vanidad latente del niño campesino, al asegurar don Ciro que al regreso del seminario, estarían recibiendo al padre Martínez a repique tendido de campanas. Y esto, lo decía el bondadoso hombre, acompañado de una sonrisa, transformada en carcajada, que de momento desconcertaba, pero que pude interpretar después como amorosa.

No fue así, es cierto. Pero con todo y todo, guardo un grato recuerdo de dicha familia. Mi agradecimiento a don Ciro, porque a petición mía me hizo una pequeña alcancía de madera. No, no nací para banquero, porque nunca logre llenarla. Más bien tuve el descaro de desclavarla cuando llevaba unos cuantos centavos, monedas, para sacarlos. Y fue a dar la alcancía a manos más previsoras y prácticas, como las de Mariquita, mi abuelita materna.

Del cura frustrado, tal vez lo supo don Ciro. Pero de ahorrador fracasado, de seguro no. Porque ninguna alcancía, de madera, de metal o electrónica, pudo lograr de mí el hábito del ahorro.

Si usted, amable lector, benevolente lectora, me ha seguido hasta aquí, lleva un diez y mención honorífica, en mi consideración, por lo que se refiere al interés y a la paciencia. He de ofrecerle disculpas, sin embargo, porque el asunto de las guayabas desvió un poco las consideraciones de tipo hidráulico que me había prometido abordar, a propósito del interés por manantiales y arroyos.

Sin embargo, es de justicia un par de menciones más a las guayabas, que dicho sea de paso, tienen fama de ser tan nutritivas como el limón en eso de la vitamina C, en la cual lo aventajan. Pero aquí no hay recriminaciones, nada sobra en la creación y todo salió bueno de Sus manos: debe reconocerse  la versatilidad del limón en cuanto aderezo tanto de moles en su rica variedad, como de carnes, pozoles, menudos o “pancitas”, hasta la proletaria botana.

Ni qué escoger, pero en eso de lo sabroso, me quedo con la guayaba como fiel compañera en su aromática crudeza, o en la dulzura de su postre después de haber pasado por el sacrificio del fuego para convertirse en guayabate. Igual que el alma, dicen, después de los desarraigos  a que obliga la vida o tanto mejor cuando son voluntariamente buscados.

Dije dos menciones, pero en realidad son tres porque no puedo ni debo terminar el ciclo de la guayaba sin dar cuenta  de la vez en que tal vez esa frutita sacó de apuros a mamá Benita y a papá Chon y a mí me dejó medio frustrado. Pero ni a ellos ni a ella les guardo sentimiento, aunque me acuerdo y tal vez venga a ser lo mismo.

El caso es que sí me acuerdo de don Lencho, don Lorenzo y basta el nombre aunque falten apellidos. En los archivos profundos , habrá muchos Martínez o López o Molina, pero cada Silviano, o José o Melesio en sí es original y será llamado desde el disco duro por su nombre,  no apellido, mientras, en tanto al final reciba el nombre nuevo prometido.

Don Lencho llegaba encaramado en su burrito, con dos chundes o cestos de carrizo atravesados con el sabroso pan, creo de El Guayabo, con aquellas semas  de granillo, endulzadas con piloncillo que hacían buena pero muy buena compañía con la tibia leche. Pero más que todo, en los chundes iban también las aromáticas guayabas. Y era un peregrinar por conseguir el cinco, o el centavo, para abordar al viejo bondadoso y mercadear con él pan o guayaba.

¡Y quién podrá olvidar La Jamacua, surtidora de caña o de guayabas!. Era toda una aventura montarle al burro y emprender la marcha familiar por La Mesa, bajar la barranca en burro o en caballo, llegar al manantial tan generoso y recorrer la huerta de guayabas. Y en aquel calorón de temporada, volver cargados de caña y de guayabas frescas, de corazón rosa o amarillo, robustas, aromáticas, como una mujer en plenitud creativa.

Nadie lo tome a mal, no es mi intención desfogar sentimientos soterrados, sino sólo hacer mención de algo muy chistoso, si ha de verse ahora en tiempos de abundancia, tiempos de consumismo y de derroche cuando de complacer a los críos se trata, en tiempos de fin de año, o de Los Santos Reyes.

Porque no era uso común que los Reyes Magos, tan ocupados en las ciudades, pasaron por los pueblitos. Pero algo se sabía de su llegada, por lo que se atrevía uno a dejar el zapato, o el guarache, si de niño campesino de entonces se trata,  por allí, por si acaso ellos los vieran. Pero esos reyes, agotados, habían vaciado ya sus bolsas en las ciudades y al rancho llegaban, si llegaban, con bastante retraso y ya sin nada.

Por eso es que aquella vez por la mañana, acudí a donde el zapato, más bien el guarache, por si acaso y ¡Oh sorpresa!, encontré dentro de él ¡una guayaba! Pero eso no es nada, en otra ocasión encontré sólo un piloncillo. ¿Tendrán esas dos circunstancias algo qué ver en mi gusto por el guayabate?. No alcanzo a entenderlo, porque no hurgué en ello cuando me aficioné a leer sicología, buscando explicaciones más bien en torno al erotismo, o al sentido profundo de la vida.

Vuelvo pues a los manantiales, aun cuando los arroyos mantengan su atractivo, ya sean crecidos o secos. Mi desfortuna, en este caso, es que mi inclinación es igualmente marcada por el agua y la sequía, por lo verde y lo árido, por lo boscoso o por lo desértico. Igual admiro la obra de arte del Creador, en un mogote poblado de casahuates y nopales, que en un barranco peñascoso y seco. Lo mismo la noche oscura, tenebrosa y estrellada, con Luna o sin ella, que el día esplendoroso con su resolana y su Sol quemante. Ni de aquí, ni de allá, podría ser el resumen de toda vida, retomando el título de la chistosa película.

Así, y todo, no puedo menos de recordar mi empecinamiento y tozudez, quiero decir mi terquedad en saber de dónde venía el agua en la Ojodeagua de La Pila. Y no me contentaba con admirar el arroyito del venero ruidoso que llenaba poco a poco las pilas para el baño, o para los menesteres del lavado de ropa, o la atarjea cercana para el ganado.

No escapa a mi pensamiento la idea de que alguna teoría interpretara ese interés por las profundidades, en un soterrado impulso de volver al seno de la madre, o de recorrer a la inversa el camino que ha seguido el mundo hasta llegar a mí. Me inclinaría por esto último, aunque viéndolo bien, podría pensarse también que el mucho hablar de sí mismo delata una inclinación narcisista a explicarse las cosas a partir de uno mismo. Y no faltaría razón, porque pienso y digo, de quién va a saber uno un poco más, en el maremagnun de interpretaciones, si no es de uno mismo.

De todas maneras, no fue el caso de todas estas elucubraciones en aquella edad temprana. Es la ventaja de ser niño. Y es la desventaja de ser adulto. Entonces vives, y sueñas; ahora interpretas. Si vives, sueñas e interpretas, tal vez encuentres el añorado equilibrio.

Puede que sea la lección de los manantiales, porque siempre hay la tendencia a hurgar de dónde viene el agua. Antes, in situ, en las ojodeaguas, ahora, in situ al asomarse un poco a los rumores de que puede haber algo en el fondo de los agujeros negros, tal vez otro Universo, o percibir la barrera “teórica” en torno al Big-Bang del que venimos.

Pero en el caso de la Ojodeagua del Sáuz (Sauce), en El Llano Grande,  no es lo mismo. Porque allí el venero era callado y llenaba desde abajo el pozo. Aquí sí también sabes que viene el agua, y a dónde va, pero no de dónde viene. Igual como el viento. Lo bueno que, en ambos casos, llegan y, a veces, cuando menos se espera. Como gotas, o como torrentes. Como caricias, o como huracanes.

Dije sauce, en este caso, sabinos, en La Pila. Arbol, manantial juntos; peñas, cerritos, mogotes. ¡Qué interesante! Y con razón los antepasados fincaron allí cascos de haciendas. Como en La Nopalera, como en El Chorro, como en La Ojodeagua central más abundante, como en La Pila.

Y hay más agua: El Ojito de Agua, en el barrio La Penca. Y Tía Tula, más modesta, pero no menos importante. Y El Pocito, un venero que sobrevívía, año con año, unos meses a las aguas, para que en él pudieran abrebar, beber, huilotas, conguitas y pájaros diversos. Y no se puede olvidar el venero temporal del Cerrito de la Santa Cruz, ni aquél muy efímero también surtido por una pequeña meseta por las inmediaciones de La Nopalera, pero cerca del Santamarillal, en terrenos donde don Emilio Mejía ponía sus chilares.

¿Se podrá desligar de la memoria la Ojodeagua central, de la misma vida de Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso?. Creo que no, porque sus aguas abundantes en tiempo lluvioso llenaban la presita que en tiempos rudos era bendición para el ganado y era todo un ritual bajar las vacas a abrebar en la tarde, con todo el  bramadero de reses como saludándose unas a otras desde manadas vecinas. Y la atarjea de aguas más transparentes para facilitar la bebedera al caballo, o al burro.

La Ojodeagua, centro de comunicación entre vecinas para transportar noticias de uno a otro barrio. Agua blanquisca para que en una de sus pilas la muchacha o el ama zambullera su cántaro, o el joven o el señor igualmente, pero en cántaros colgados en par en la burra de palo, travesaño de madera para equilibrar el peso, y el paso. O bien en el burro equipado con arames de Palodulce y cuatro orificios con asiento para los cántaros, cuando el viaje hacia Los Guanumos, Los Nopales Altos, El Llano y otros barrios, era obligado antes de los sesentas cuando llegó la técnica moderna del pozo profundo, el depósito en alto nivel y la tubería domiciliaria.

Y la pintoresca noria de la familia Mejía, con el animalito, un macho, dando vueltas y vueltas en el cúmulo que remataba la noria, para surtir agua a la huerta de naranjales desde la presa cercana. Y desde ese cúmulo, el ingenio del primer amor improvisando lenguajes cifrados de señas  convenidas cuyos secretos ingenuos se fueron al cielo, y se quedaron en la tierra. Lenguajes y señas que cruzaban la aroma de azahares de naranjos y flores encarnadas de granados para volar al otro barrio donde eran recogidos para,  en juego convenido, regresarlos en retroalimentación bonita y así entretener la mente y el afecto en la transparencia del idilio campirano.

Esto que voy a contar ahora, no tiene parangón con el resto de mi biografía, si acaso cuando me agarraron en la maroma luego que le robé un palomar de lodo a José Duarte. O cuando aproveché al cien por ciento la llegada de divisas cuando papá Chon era bracero y la distraída mamá Benita ni cuenta…Lo cual, todo junto, me da a entender que de haber seguido por ese camino y no me hubiesen mandado al internado, pude haber terminado en político millonario.

(José Duarte, Jose (sin acento y de cariño). Gratos recuerdos para él y para toda su familia, tan buenos vecinos, hay qué decirlo: doña Altagracia, don José, Poncho, Roberto, Toya, Alicia, Salvador, Consta y Fitos, todos pues sin que deba faltarme ninguno).

Tampoco tiene parangón como cuando me agarraron en la maroma tras mi operación del apéndice, con una mentirilla impropia de “piadoso” seminarista; o cuando ví a un ángel, una bellìsima enfermera,  tras la operación del oído, el definitivamente sordo. Eso no tiene nada de raro, pues en mi vida me he topado con un montón de ángeles y no sólo, por cierto, con ángeles de cofia. Pero esto que digo aquí, sería materia de otro ciclo si acaso, y no del niño campirano, lo cual es el caso.

Hay cosas que rozan tanto la intimidad, que es mejor queden reservadas al amor propio, si es que en estas cuestiones hay amor, aunque sea propio. Lo digo porque de haberse sabido, ni imaginarse la pena que me hubiese dado con las niñas, ángeles pues, donde me hospedaba y no sólo con ellas. Después de todo, en esto, todos somos pecadores y la diferencia estará si acaso en reconocerlo. Pero por favor, que los demás no lo sepan.

Digo esto porque ese día por la tarde, andaba en la plaza de Penjamillo. El turno para niñas en el colegio, era vespertino y para los niños, en la mañana. Así que buen turno ese para investigar, vagar, correr y qué mejor que hacerlo en la plaza, en el tan bello jardín de la cabecera municipal.

No está usted para saberlo, ni yo para contarlo, mi posible amable lector, lectora: no recuerdo haber abusado de golosinas porque hasta eso, salvo huerta libre, no había manera: no abundaba el dinero para las compras, pero ni siquiera las golosinas chatarra como ahora, disponibles para todos los bolsillos infantiles.

Sospecho que estoy retrasando el desenlace, por algún atavismo que me hace revivir aquel trance del cual, aunque tal vez manchado  —porque mi plumaje sí se ha manchado en la vida, no lo niego—; pero a salvo de la crítica y el posible hazmerreír de mis compañeros de juegos, no digamos del desde entonces digno de tomarse en cuenta, el juicio crítico del bello sexo y me refiero a las niñas.

El caso es que a media tarde ya me andaba. No había entonces, que recuerde, baños, sanitarios públicos, si acaso algún paraje solitario por el rumbo del arroyo, a unas cuantas cuadras de la plaza. Pero ni eso se me atravesó por la mente, ante tamaño trance, ante el temor de salir con mi batea de babas, o batea peor y hacerme a media calle.

He de hacer aquí una consideración muy razonable ( a manera de paréntesis), porque desde entonces, mayormente ahora mayor de edad, es decir viejo, tengo en cuenta los sitios estratégicos para todo efecto de emergencia. Con mayor razón que en la zona urbana, una trasgresión voluntaria o involuntaria, puede ocasionar encarcelamiento, así sea momentáneo, por faltas a la moral. Ya ve usted que en esa materia la moral ha sido muy estricta desde siglos, no en otras cuestiones como latrocinios, homicidios, genocidios y masacres.

Nunca me he creído con vocación de matemático, ni mucho menos de topógrafo, aunque en eso terminé ahora, midiendo calles, al volverme caminante, aunque comencé desde niño. Lo digo sinceramente, pero en ese caso comenzó a funcionar mi mente a las mil maravillas, pero sólo la mente, por lo que contaré enseguida. De seguro hice mal cálculo y creí que aguantaba hasta la casa, a unas cuatro, cinco cuadras si ha de tomarse en cuenta medida urbana, aunque en el poblado eran sólo dos largas, infinitas cuadras según lo recuerdo, y lo sentí entonces. Mal cálculo, digo, porque, en todo caso hubiese estado mejor tomar el atajo más corto, hacia el arroyo, conforme a la experiencia de vaquerillo, y así me hubiese ahorrado tantas angustias ¡y reservas!.

Y hay cosas que son inevitables, según las leyes de la naturaleza o de la imprevisión humana, aun cuando se sea niño. Porque a medio camino sucedió, ¡Y sucedió!… Y no hay poder humano en esos casos para detener los acontecimientos. Aunque aquí la ventaja, si se han de sacar lecciones, fue mejor llegar a la casa con tambache que de otra manera menos digna.

¡Y qué huerta ni qué huerta, ni mucho menos treparse a los guayabos! Lo razonable fue llegar directo al lugar reservado para la condición humana desde siglos de siglos, hacer lo conducente y sepultar por siempre hasta el cuerpo del delito, para que no quedara rastro de aquel trance inoportuno, ahorrando investigaciones a quien pretendiera hacerlo.

Nunca aprende uno las lecciones, y lo digo por lo que debí aprender muchos años atrás de esa infortunada fecha del incidente al que me referí, allí mismo en Penjamillo. Cómo no recordar sus fiestas con la devoción mariana de Mayo, con sus vistosos y devotos arreglos en el templo, la entrada de la flor el día 30, aromas de pinos, frescura de los lirios, con sus pintorescas mojigangas y el día último la fiesta en grande,  la banda de música de la sierra que se tupe ahora sones tan sabrosos como el Juan Colorado, o Arriba Pichátaro, y en aquellos días la Casita de Paja, La Virgen Morena, o Guadalajara.

Pero no hay mayor estropicio para las reglas que soltarle al niño campesino, por lo general deseoso de golosinas, abundancia de dinero. Y si no le dan, lo busca, como entonces, poniendo en juego todas sus artes de pediche, entre la parentela, hábitos que se adquieren y a veces no terminan sino con la vida. El caso es que en una de esas fiestas no hubo sandía, aguacate, plátanos, mangos verdes,  perones y dulces que no llegaran a pasar por la  panza de Silviano, entonces de unos ocho años, o tal vez uno menos.

Debo reconocer mi gusto por los mesones de entonces, estancias de vieja herencia con su amplio corral, cuartos para el hospedaje de los viajeros pueblerinos, depósitos para la pastura de caballos y burros, el pozo  y, por qué no decirlo, más que hoteles de cinco estrellas para el cansado huésped, sobre todo después del ajetreo sin fin durante el jolgorio de una fiesta patronal. Y esto explicaría, soy sincero, la admiración fantasiosa del adulto por los mesones españoles, pero los de la literatura cervantina, allá llamados Ventas, con todo y Maritornes.

Por eso el reparador, así se dice, descanso de la turba familiar donde pudiera tenderse, acomodarse, y no había poder que pudiera despertarlos de su bien ganado y merecido sueño, después de disfrutar de cuanta diversión era posible, en aquellos tiempos de austeridad forzada.

Dije que no hay poder, pero debo retractarme, porque hice entonces, a media noche o comienzo de madrugada, un despertadero con el poder de mis gritos. Y no era para menos: se me había abultado la panza y la alarma entre el vecindario familiar era razonada: Silviano estaba sofocado.

¡Denle yerba del haito!, decía una, recomendando una de las recetas preferidas, recuerdo, de la tía Conchita; pónganle un lavado, decía creo que la tía Chuche. No, cósanle el estafiate, parecía decir otra, en referencia, claro, en eso del estafiate, a la yerbita medicinal usual en estos menesteres. Y creo que la consulta, en debate abierto de la concurrencia, terminó en lavativa, se haya cocido (con “c”),  o no cosido (con “s”), el estafiate, lo que en honor a la verdad, de plano, no recuerdo.

Cierto, entonces, en la edad de la inocencia, no había tanto amor propio. Pero luego, en la edad de la conciencia, como en la aventura tan bochornante de la plaza, antes referida, ya afloraba el sentimiento tan difuso como indefinible, del respeto humano. Igual que en el mundo de ahora, pero, de seguro, hoy en grande.

Insinué algo parecido a corretiza desde la plaza, con aquello de la urgencia que terminó en borrar todo rastro, en la casa del hospedaje, en el lugar reservado. Aunque viéndolo bien, más fue autocorretiza, porque no había factor ajeno que la hiciera, sino las leyes de esta naturaleza que llevamos a cuestas, y a mucha honra.

Pero es momento de referirme también a otras dos corretizas, una tal vez ilusoria y otra más real, pero ambas motivadas por el miedo.

Las correrías infantiles no eludían, desde luego, los peñascales, fueran en barrancas o en arroyos secos, por lo que aquella vez, arribita de El Chorro — barrio, paraje y manantial, que los tres significados abarca–, muy cerca de la casita de mi tía Rafaila Cerda y de la casa de mi tio Pancho Mora, fui víctima de la corretiza primera de las dos a que hice referencia.

No sé qué diantres andaba haciendo por allí, en el arroyo entonces seco, pero que en tiempo de aguas forma un poco adelante una cascada, en la Barranquilla de donde nace, de un costado, el manantial de El Chorro. Allí  se llenaban cántaros utilizando una penca de maguey, aunque después se construyó un depósito, a la moderna, frente a la casa de mi tío Pancho y en la falda Oriente del cerrito de La Santa Cruz, ahora fincado por ese y por otro lado.

En aquel tiempo yo no estaba tan influenciado por pasajes bíblicos, como los relativos al Paraíso Terrenal, donde las víboras hasta hablaban. Menos iba a creer entonces que hasta corrían dando saltos sepenteantes (esto literalmente, porque también son serpientes). Y fue el caso, que en un momento dado vi al animalito, le digo así de cariño no tanto porque sea de mi particular devoción, sino porque a pesar de todo es criatura del Señor.

No sé si ese miedo vino antes o vino después de que un travieso muchacho, no digo nombres porque esta es una página amigable, me puso de corbata una víbora muerta. Así le fue con mi mamá Benita, pero el susto nadie me lo quitó.

Por eso tal vez imaginé que la víbora del peñascal no sólo iba serpenteando en vertical, sino me iba correteando. Lo confieso, eso de que caminaba está por verse, a lo mejor aquella que dije ni tampoco hablaba.

Pero en todo caso, son animalitos a los que, junto con el zorrillo, aun cuando en este caso por razones no tanto visuales sino más bien olfativas, mejor no me les acerco. De haber practicado cuando joven y aún como adulto, carreras de obstáculos, por lo menos termino en algún estadio olímpico y cosechando medallas, porque la carrera que emprendí en el peñascal, dizque correteado por la víbora, no envidiaría a nadie ni en velocidad ni en destreza. Y eso de que el miedo no anda en burros, está por verse, aunque ni por asomo me comparo con el manso animalito, al que admiro por sus dos grandes antenas.

La otra corretiza pendiente de platicar, fue más realista y más a lo humano, no faltaba más. Sé que a veces son más de confiar los animales que los hombres y no es cosa de devanarse los sesos para entenderlo: los animalitos están diseñados con un propósito propio al que son fieles, y los humanos también diseñados con un propósito, pero en el que participan y por eso pretenden ser libres,  y al buscar cumplir su propósito se cruzan con los propósitos ajenos.

Pero eso no implica, por supuesto, coincidir con el Kempis en aquiello de  que en la medida en que convivivió con los hombres, se sintió menos hombre. Por el contrario, en la medida en que conviví con los hombres (sobre todo mujeres), me sentí más hombre. Y habría qué ver qué se escoge, si ser devorado por un fuego atómico, o por el contrario acogerse a la caricia liberadora de un cuerpo humano.

Pero esas no son consideraciones de niño y allí radica la inocencia. ¡Cómo no voy a acordarme de Toño Gómez!, si junto con otros vaquerillos cuidábamos el ganado paterno, fueran dos o cinco reses, no es el caso de cantidad, sino de calidad. Por eso andábamos de potrero en potrero y en una de esas Toño me enseñó a hacer hondas, echando mano de ixtle sacado de costales o hilos y de popotes cosechados en la barranca de El Consejo, de la plantita que llamábamos soromuta, si no se me cuatrapea el nombre con otra llamada tacari, propia para rellenar colchones rústicos.

Por eso conocía yo más o menos el manejo de las hondas, la apantallada que daba uno a los demás haciéndola chasquear con la pajuela, al lanzar la piedra y, no se diga, los efectos si daba uno en el blanco. Ni por asomo hubiera imaginado yo el poder destructivo de las bombas inteligentes de ahora, pero en cuanto a las hondas, sabía que no sólo eran juguetes de vaquerillo.

Por eso y por no sé qué diferencia, alguna expresión tal vez con involuntaria carga de sentido, como a veces lo hace uno ya entrado en el viejo oficio del periodismo (y aún ya viejo el oficiante), un compañero que aun cuando recordara el nombre no lo diría porque esta es una página amigable, entabló pleito conmigo.

Creo que no medí fuerzas, porque era más grandulón que yo, así que, en un momento dado, opté por el retiro estratégico, no sé si con honda o no en la mano y acogiéndome un poco sin darme cuenta, a la sabia sentencia de más vale que digan aquí corrió que aquí quedó, la emprendí corriendo loma abajo, rumbo al poblado y a la casa paterna.

Lo que es cargarle la mano a uno, en este caso la honda, porque en la corretiza, ésta sí provocada, me llovían las pedradas que, por fortuna ninguna dio en el blanco, porque de haberlo dado, ni lo estuviera contando. No logré averiguar si el contrincante, sacando ventaja de estatura, edad y tecnología, haya disparado sólo balas (digo piedras) disuasivas, o haya tirado a dar. No tuve tiempo de averiguarlo, porque en la corretiza cuesta abajo, hasta olvidé las vacas.

Creo  fue desde entonces que comprendí: mi fuerte no son las armas y, salvo agresiones verbales que no faltan en el curso de una vida a tropezones, he preferido las batallas que usan como herramienta la razón , aunque aún así no son tampoco polémicas (batallas) sino razonables, discursivas, porque en estos terrenos, como en amores o afinidades, los zapatos entran mejor sin calzador. Y siempre, siempre, es mejor con-vencer que vencer a secas. La imposición tiende a aplastar: la persuasión tiende a levantar. Y hay su diferencia entre quien conquista y quien libera.

Llego aquí a mi descubrimiento central, el Cosmos. Y aunque pudiera parecer presumido, por aquello del “descubrimiento del Cosmos”, debo precisar que mi primer conocimiento profundo del mismo no me vino por horas y años en alguna universidad de prestigio ni en algún observatorio astronómico, sino me llegó gratis.

Y es natural que un niño campesino, en su despertar a eso de los seis o siete años a lo que lo rodee, se encuentre con que hay grillos que cantan. O estrellitas que relumbran. Otra cosa será cuando percibe que las estrellitas cantan y que los grillos relumbran. Y para el caso, en su primer saber campirano en torno al Cosmos, es lo mismo: la estrella que canta, el grillo que brilla. Y ambos, al unísono, son en sí mismos el Cosmos que se expresa.

Y claro, el gran poeta laureado, el mexicano, dirá lo mismo de su experiencia adulta y hasta le compondrá al suceso un pequeñito poema. Y así es que se nos dirá lo mismo, seamos niños o adultos.

¿Tendrá eso relación con el gusto, el placer de contemplar el cielo estrellado, el Camino de Santo Santiago (la Vía Láctea) tendido de espaldas sobre un manojo de rastrojo luego de haber consumado al rústica cena, que culmina en “postre” con un toqueri tostado en las brazas de la hoguera, de la lumbre, una noche de  noviembre durante la vela del “montón” (de maíz) tras su cosecha en la milpa de El Guayabo?.

¡Quién sabe!: pero no es desestimable haya nacido allí el gusto por lo grande, lo grandioso y el toque por el misterio que rodea la existencia, que hace, en los años de juventud, capturar aquella frase de un salmo en un libro que no sé por qué decía en italiano “cieli narrano la gloria di Dio”, luego leída en su versión latina también: “caeli enarrant gloria Dei”, o sea “los cielos proclaman la gloria de Dios”.

Y de allí, llegar en la madurez a la verdadera megalomanía, sentirse grandioso porque eres y formas parte, de ese formidable proyecto creativo que nació con el Big-Bang y culminará ¿cómo?. Con un nuevo nombre, con un nuevo ser para todo.

Pero esto me lleva a otro gran descubrimiento, mi limitación y mi incursión en la gran herencia recibida, la cultura en su expresión del pensamiento cristiano.

Podría, si estuviera en mi mano, proporcionar a mi paciente lector, lectora, no sólo diez y mención honorífica, sino diplomado, o algún otro grado en el saber, luego de aguantarme hasta estos renglones, en los cuales parece que desbarro y sobre paso límites con temas o vivencias fronterizas.

Y tiene razón, desbarro porque he llegado a una zona límite, en la que comenzaron mis penas y empezó al mismo tiempo para mí, la verdadera riqueza heredada: el don de la palabra y tal vez, con modestia lo digo, el Don de la Palabra.

Y fue en el Colegio de Penjamillo, donde pasaron por mis manos y mi vista, aquellos textos de la Historia Sagrada (FTD) o de la liturgia, mismos que, en honor a la verdad, junto con otros como los relativos a historia, capturaron mi interés.

Llego, luego de tanto rodeo, a mi remembranza de la Madre Francisca, la bondadosa religiosa y maestra. Debió su sensibilidad maternal verme un poco desnutrido, no sé, o algo amarillento de mi faz, lo que me hace temer haya correspondido a la realidad, a juzgar por algunas exclamaciones del público (digo de compañeros de aula), a la hora de la hora.

Y esa hora de la hora, era a media mañana, cuando la madrecita, con una imperativa pero amorosa seña o mirada, me mandaba a la cocina. Allí estaba siempre Marina, la cocinera, que preparaba desde luego al interfecto su tacita de caldo de frijol sancochado.Ziquítaro, con el Cerro del Metate, al fondo

Debió la madrecita saber de alguna cualidad nutritiva del caldo, porque tenía qué ser de frijol y sancochado. Pero no se crea que el tentempié matutino se reducía siempre al frijol, porque de vez en cuando la dieta de las monjitas–maestras incluía pollo, por lo cual el no muy grato caldo rutinario, se convertía en el más agradable de gallina.

Si algún especialista pretendiera darme lecciones sobre cómo nacen los complejos, bien podría decirle, en réplica, que muy a tiempo lo supe. Porque todo era que la madrecita hiciera la seña consabida y el estudiante de tercero encaminara sus pasos hacia la cocina, para que alguna que otra voz celosa comenzara a maullar como si dijera: “hái” va el gato. O el epíteto del limón amarillento.

No debo terminar mi ciclo del caldo, sin mencionar lo realmente importante: fue allí, con la madre Francisca, cuando recibí mi primer curso, mi primer tratado de teología sistemática, si se me permite usar para el caso, términos académicos sin que por asomo pretenda atribuirme en ello competencia.Ziquítaro, paisaje

La madre amorosa puso, pues, en mis manos, la Instrucción Religiosa, librito famoso entonces bajo el subtítulo de “El Cristianismo. Sus dogmas, Oraciones, Mandamientos y Sacramentos”, 375 páginas según una reimpresión que adquirí muchos años después en una librería de viejo en la ciudad de México.

Pedagógico, o no, para un niño de once años, el caso es que me soplé el librito de pe a pa: la tradición de mi Iglesia en unas cuantas páginas. Fue de cierta manera, el librito, el principio en un proceso de “intelectualización” de la fe. Por eso me habrían de hacer después un Concilio, a fin de revisar todo eso y llegar al “aggiornamento”, a la puesta al día en la cual aún estamos. Luego seguiría por mi cuenta en la literatura repectiva. Por eso digo, y a pesar de que el desandar lo andado ideológico trae sus pesares, bendita la madre Francisca que me abrió el paso hacia lo recibido comunitario, la tradición de mi Iglesia.

Esa tradición, mi contemplación del firmamento, el convivir con bichos, peñascos y matorros y  las vivencias de niño campesino, aunque no sólo, fueron la gran escuela de mi vida. Y de alguna manera todo ello se refleja, también, en esos breves trabajos que he llamado Fantasías. Y si tuve el honor de que me siguiera hasta aquí, lector (a) amigo (a), espero tener también el honor de que las visite. Habré quedado convencido de que, a pesar del caminar mediante tropezones, algo pudo quedar, entre el caer y levantarse. De ser así, por mí, se lo regalo)))Ziquítaro. burritos

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NOTA BENE:

No sé si lo anterior sea primera, o última parte. El caso es que, ni por asomo, está debidamente agotado el ciclo de la infancia. Prometo, de ser el caso, un agregado con matices subjetivos de la misma.

He de hacer notar, sin embargo, que en el terreno laboral,  práctico,  ya adentrado en la vida urbana, mi caminar comenzó allá por el 53, en México. Mi interesado lector (a) habrá de saber que mi primera incursión en ese mundo interesante, antes de ser contratado por el Banco, fue allegarme al taller automotriz de mi primo Chente.

Él, benevolente, a fin de que me ganara unos pesos, me pidió cambiar la llanta en el carro de uno su clientes, tan decentito  que hasta vestía traje. Hice todo el propósito de cambiar la llanta. El bondadoso cliente captó el trance, me ayudó a cambiar la llanta y me “pagó” el servicio: dos o tres pesos…¿Crisis de un adolescente, de 19 años recién desempacado del exilio campirano?. No, crisis de civilización: el joven inexperto, de mentalidad campirana; el ex internado de mentalidad monacal, incapaz de adaptarse a las primeras de cambio a la práctica urbana de la vida moderna. Y ahora al revés, la mentalidad tecnológica superacelerada, destructiva, cibernética y virtual, incapaz de recuperar su origen: la convivencia con yerbas, bichos y el trato directo, transparente que da el contacto con la vida y el alma campirana…

Ziquítaro, paisaje con Cerro del Metate al fondo

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MI CAMINAR, SEGUNDA PARTE

MI CAMINAR. POR LA SEGUNDA VEREDA

La Piedad, 5 de Enero de 2014.

A pocas horas de que la manecilla del reloj de los 78, entregue su relevo a la que sigue, ¡qué momento más oportuno para recordar!, un 5 de enero, cuando se cumplen los 79 y, lo más importante, se penetra, al atardecer, como no queriendo, en el túnel enigmático de los 80s.??????????

El calendario formal, es lo de menos. El “calendario” del soñar, es lo de más. Y por eso unas horas más, daré vuelo a mis ensueños para contar, cantar, y quien quite logre salir de mi narcisismo y de mi “egocentrismo” y así poder decir algo a propósito de mi caminar, pero a la hora del atardecer, en el crepúsculo de la ancianidad y, por qué no, en la aurora del amanecer, si las cosas han de verse con Esperanza, según se vea o se sienta, conforme a las enseñanzas del caminar, pero éste comunitario.

         Bajo pues la escalera, hacia los sótanos del mí mismo, dijéramos, hacia mi propia subjetividad según lo prometido en MI primer CAMINAR, http://eltaller.us.es/index.php/MI_CAMINAR

 para incursionar en el país de los sueños, vale decir, del recordar. Y lo haré a manera de pinceladas, de aquí, y de allá. De aquí, como lo veo ahora. De allá, como lo presentía tal vez entonces.ENTRADA A LA VISCOSA. AL FONDO, SOLAR CON AGAVE Y EL QUE A LO LEJOS PARECE POCHOTE

Y en la mañanita del cinco,  y a las cinco cuarenta y cuatro marcada en el reloj de “pader” que me acaba de regalar GUIA (a ver si así mando más temprano mi material, digo yo) , y lo agradezco, vago por mis ensueños para contar de aquella vez en que se me apareció un monstruo. Y fue en Panindícuaro.

Siempre me han gustado las mañanitas, sobre todo campiranas. Siempre me han gustado las tardecitas, sobre todo campiranas. Y aquella mañana, no sé ni por qué, andaba por  Panindícuaro con mi papá Chon, a quien siempre me le pegaba en sus correrías de músico pueblerino, o a la hora de sembrar el trigo, o el garbanzo, en el potrero ziquitarense llamado La Ciénega, o simplemente a la hora de las cosechas del maíz, fuese en la milpa del Potrero de los Cerdas, ahora barrio, fuese en El Palo de la Llegada, o en la “pedacera” de parcelitas en El Guayabo, o en El Potrero Viejo.ESTACION DE COMUNICACIONES

Pero creo que en Panindícuro mas bien andábamos de turistas y no en planes de trabajo. Alguna encomienda de los afanes familiares, o tal vez alguno de los mandados, a los cuales era afecto el servicial de mi papá.

El caso es que sentí algo como escalofrío al oír con su gran intensidad los resoplidos del monstruo y quedé paralizado por el no saber y el no  poder, aun cuando quedaba en mí un dejo de confianza, porque en ese trance no estaba solo, sino bajo la protección de mi padre.

No alcanza mi imaginación para describir aquel monstruo de fauces indefinidas, rasgando con su presencia y lo blanquizco de su vaho, la oscuridad todavía de la naciente mañana.

Decían que esa bestia, ese monstruo, pasaba todos los días, y que brotaba de las tierras de Guanajuato para caminar asustando chiquillos por todo un trayecto que pasaba por donde dije, recorría en su chacachaca rodar pasando por Ajuno, cerca de Zirahuén, y no sé si llegaba hasta Uruapan.??????????

Debió llegar, porque una vez, según decían, ya en las entrañas del monstruo, hubo necesidad de recorrer sus corredores intestinos para buscar dónde, el niño tragón, hiciera de la popo, lo que no logró por cierto, según decían, porque se  hizo antes y alcanzó por ello enérgico reproche. Y según decires chistosos de Trinillo, el sonriente vecino de parcela paterna, el dicho defensivo del niño aquel, era simplemente: nomás no me legañes Cana (mi papá). Es que en tal aprieto y al intentar pasar de un carro al otro, hubo el riesgo de que ahora me fuera imposible contar aquello, y no tanto porque me hubiera hecho antes de tiempo.

De todas maneras, guardo gratos recuerdos de aquello que me pareció bestia. Fue el primer medio de transporte que me llevó a México, cuando mi abuelo Vicente nos trasladó a Ramiro, Ramón y a mí, a Puebla, donde comencé, por no sé qué designios, mi internado educativo de seis años, para completar poco a poco la información que había captado en el librito que me regaló en Penjamillo la bendita madre Francisca, según dije.??????????

De ese año en adelante, hasta bien entrados los cincuenta y creo que aún después, aquello que consideré bestia me trasladó también, en su seno, a recorrer mundo, las muchas veces que viajaba a la capital, desde la antigua estación de Santa Ana (le decíamos estación de La Piedad), o a Mexicali, la primera vez, ya de joven, con mi papá, ida y vuelta, pero el regreso en un trayecto que duró tres días, en asientos de madera. O al regreso de Morelia, ya con críos, en un recorrido de casi un día, hacia la ciudad de México, toda una excursión que nos permitió disfrutar de cuanta golosina se nos puso por delante por afanosos vendedores durante cada estación pueblerina, o  atisbar el misterio de por qué muchachos, en la noche oscura, por las inmediaciones de Tacuba, agarraban al tren a pedradas, antes de  éste llegar a la entonces nueva estación de Buena Vista.

LA VISCOSA. AL FONDO EL CERRO DE EPEJANPero ¡Oh decepción!, se acabó el encanto de los trenes populares, luego que los afanes privatizadores los vendieron al negocio privado. Pero en el pecado llevamos la penitencia: ahora se considera que el ferroviario es un transporte ecológico, y se piensa volver a ellos, como en la vieja Europa, donde bien que funcionan. Aunque sea sin el chacachaca monótono durante los interminables recorridos contemplando desde la ventanilla el variopinto paisaje mexicano, con la tracción silenciosa del diesel o más aún, de la energía eléctrica.

Ahora me divierte, también por las mañanitas, el grito sonoro del tren que en su caminar bien hacia Guadalajara y más allá, o a Colima, grita, a todo pulmón, durante las silenciosas mañanas, al pasar por San Juan del Fuerte, como si dijera: mira, aquí estoy, todavía vamos juntos en el atardecer de la vida.

Cambio de frecuencia para decir que aquel día, o aquella tarde, no estoy seguro, y bajo el añoso mezquite de la casa que fuera de papá Vicente y mamá Petrita y luego de papá Chon y Mamá Benita, la casa del sufrimiento, jugaban los niños sus rondas infantiles, pero echando mano de las estrofas que, según voz familiar, eran de la autoría del cuando niño,“poeta” Silviano.

Miry, Flavia, Gabrielita y otros de la ronda familiar, danzaban va y viene, a la manera del Matarili, pero entonando el Cabudedos, Cabudedos, Cabuderos; Los Mecates, Los Mecates, Los Mecates; Sani Sani, Sani Sani, Sanisantes. Era tal el alborozo infantil que Chon les llamó la atención considerando tal vez que era una especie de profanación al estro del susodicho poeta. A mi desde luego me parecía toda aquella inventiva infantil de la chiquillada, una feliz ocurrencia.??????????

No tan feliz, ni tan infeliz, aquella versificación habría de retomar otras dimensiones, al casi engarzarla con el cantar de altura del músico Rossini, en su crescendo de la obertura El Barbero de Sevilla.

Decían las crónicas familiares que al niño Silviano le dio por cantar, en los albores del despertar a la vida social, unas estrofas tan “originales” y tan “extensas”, como lo arriba mencionado. A uno de los muchachos de la buena, servicial, alegre familia Duarte, vecinos en la casita del Llano, se le ocurrió dotar al referido “músico-poeta” del instrumental necesario para su desempeño, y fue como le improvisó con un leño largo, un tololoche, y con cordeles de lazo, las cuerdas. Y así, con su gabán bien puesto y su flamante tololoche, cantaba y cantaba el  Cabudedos, cabudedos. Así decían.

LA VISCOSA. AL FRENTE, CASA DE LA FAMILIA CORNEJODías vendrían cuando durante una postración de esas que hacen mella, el tal cantito recobrara vida y luego se le colgara al más profesional y desde luego mejor articulado del crescendo referido, para expresar indecibles mociones que también, por sublimes, marcan vidas y despiertan añoranzas.

Fantasías posteriores en busca de explicaciones, habrían de jugar con los números de la aritmética, al recurrir al cuatro del ritmo dominante, que mitologema, en determinadas tradiciones significa ni más ni menos, que lo universal existente. La mente intelectualizada inventando conclusiones que en el sentir de un niño era simplemente divertido “cantar”.??????????

Cambio de frecuencia para decir que durante las correrías infantiles de vaquerillo, no había más quehacer que atajar las reses para contenerlas en el pastizal que uno considerara mejor; y en el interin, usar los paredones a manera de resbaladillas, dizque nadar en la tinaja del tiempo de aguas, improvisar la fogata con leña de tepame, palodulce o de perdida del modesto casahuate, cantar o componer versos.

Esto del cantar y componer versos, es relativo, porque de recordarlo, sólo intenté  hacerlo una vez, con  una “composición”, tan original, tan original, que la bauticé como La Guaracha y no sé por qué, sería con el afán de darle compañía al guarache. El caso es que en mis ratos libres, cante y cante, camine y camine por los campos que duraron días, hice la referida “composición”, cuyo texto quedó en los archivos de la memoria, pero ¡Oh Curiosidad!, al tratar de desentrañar después los intríngulis de aquello, resultó cifrado, con el 4 como referencia del universal existente y el total diez, como la plenitud de plenitudes, según determinadas tradiciones, de reminiscencias apocalípticas.

Ganas de hacerse tarugo, porque si a esas vamos, especulando sobre eso, todo está cifrado para enseñarnos a caminar según los diseños de la vida realmente existente, a fin de completar la plenitud que vendrá, pero ese, en realidad, es el verdadero cantar, el cantar de los cantares. Y cualquiera lo puede percibir, si se abre al gran libro de la naturaleza, ahora amenazada por nosotros mismos, que somos también de la familia de los vivientes, o dicho de otra manera, de la familia de lo realmente existente.

Pero aquello de las mociones, u ondas que interrumpían mi discurrir de niño, y que se dieron durante algunas temporadas, no pasaban de ser elucubraciones infantiles, que mi persona vaqueril interpretaba simplemente como “otra figura”. Pero eso nos sucede a todos cuando hacemos paréntesis en el mundanal ruido y nos dejamos llevar por las mociones (o susurros imaginativos) que nos regalan el amor, o el afecto, la admiración o el respeto,  sea a una persona, a una planta, o a un animalito.

Lo que sí digo, y esto sin cambiar de frecuencia, es  aquello de la estrellita y el grillo, que de alguna manera he contado en otras oportunidades de mi modesto escribir. Pero, por lo demás, no es cosa de buscarle rebuscadas explicaciones a lo que puede ser común en el ambiente campirano en un niño que contempla el firmamento y sus estrellas. Y no son deseables los apagones, pero durante ellos, el hombre urbano bien podría contemplar el cielo y remembrar sus nostalgias del paraíso perdido.

El caso es que serían los seis o siete años cuando aquella noche vi las estrellas, en particular alguna de ellas que me llamó…la atención, pero al mismo tiempo escuchaba un grillo cantador. En mi mente infantil, no disocié al grillito por aquí, a la estrellita por allá, aun cuando creo le daba su lugar a cada una de las criaturas mencionadas.

Porque en un momento, creí que grillito y estrella cantaban y brillaban (tintileaban) al unísono. O más bien dicho, la estrellita en su intermitente tintilear, expresaba, al grillito, en su intermitente canturrear.

Será cosa de aprender a leer, en nuestro caso el homo sapiens civilizado, releer, a la naturaleza. Los científicos nos dicen ahora que no hay ser aislado en este Universo mundo. Ni átomos, ni estrellas, ni grillos. Nuestra edad es la misma para todos, unos 13,300 millones de años, poco más o menos; somos una familia (la Creación) y ella pertenecemos y nuestro destino es compartido.

También se dirá que la raza humana, la única, con sus admirables matices,  tiende a su unidad; pero si no se une realmente, se destruye y esto no es juego, ni mucho menos retórico.RUMBO A LA MESA, A VER EL GANADO, DICE GERARDO PLACENCIA

En eso del bailar, lo digo con franqueza, no soy modelo, ni me considero serlo en nada. Los internados de antes, en eso y en algo más copaban, pero además condicionan los propios temperamentos. No es desdeñable, sin embargo, que de todas maneras lleva uno la música por dentro, porque eso le fue dado y no hay castraciones ideológicas que lo quiten.

Recuerdo bien que yo seguía, a Chon, músico pueblerino, en algunas de sus “tocadas”, en sus fiestas, y bien que se desempeñaba con el trombón. Y era cosa de ver y oír aquellos jarabes, del uso campirano entonces, como aquella vez en San Antonio Carupo, donde la chusma infantil se entremezclaba entre los adultos para vibrar al ritmo zapateado.

??????????Y no era ni es  desdeñable aquella costumbre, en fiestas pueblerinas, de acompañar a la banda de música tradicional, aun cuando a veces sea un “privilegio” de alumbrados, o sea cuando a  uno se le han pasado las cucharadas, zapateando y al son que le toquen baila.

Son de recordar expresiones recientes, en otras latitudes, cómo todo un pueblo despidió a su líder (Mandela) con cantos y baile. Aquí, nosotros, disponemos según se cree de cientos y cientos de danzas. Somos, pues, un pueblo de artistas. Vale una especulación: ¿Sería el mismo México si hubiésemos recibido con danzas a los Papas, no sólo con discursos, y sintonizando con ellos en el mensaje que ahora se dice, es de alegría?.

El cambio de frecuencia me permite decir lo que llegó a decirse, en aquellos tiempos un poco turbulentos, a nivel  de pueblito, que un día llegó por los cerros de Ziquítaro un padre, posiblemente misionero, procedente posiblemente de Zamora, cabecera de la diócesis. No era raro que las misiones tanto de religiosas como de sacerdotes, fueran complementarias de acciones rutinarias dentro del esquema usual en estos menesteres de fe. Lo que me impresionó fue el hecho del caminar del misionero, quien según se decía, se regresó también, a campo traviesa, a pie, rumbo al lugar de donde había venido.??????????

Eso debió impresionarme, porque muchos años después, luego que me llevaron de la plancha de operaciones a la cama de reposo, y ante la preocupada concurrencia de médicos y directivos del internado, se me ocurrió decir que sería misionero. Lo chistoso del caso, es que pretendía llevarme a la enfermera de compañera, a mi empresa misional, je je. El caso quirúrgico debió ser delicado, porque supe que un año después un compañero del internado, no sobrevivió a la apendicitis aguda. No me tocaba, si no, de seguro ni lo mencionaría ahora.

TRINO ROA Y LUIS OJEDA, CON LAS MUCHACHAS QUE FUERON A PLANTEAR UN ASUNTO A LA JEFATURAEs de dudarse si en la adolescencia los afanes misioneros no serán sino el deseo de aventura por países exóticos, antes que debidos afanes evangélicos.

 Ahora pienso que hay muchas maneras de ser misioneros, aún laicos. El caso es que abundan: misioneros que expresen algo, en pequeño, o en grande, en favor de la vida, amenazada por nosotros mismos. En todo caso, serán siempre biofílicos los designios de la Vida.

http://eltaller.us.es/index.php/FANT.13-_A2K_O_EL_ERROR_DEL_MILENIO

Cambio radicalmente de frecuencia para relatar lo que considero una experiencia subjetiva (y espero no sea redundancia entre los dos términos), la cual podrá interpretarse como se pueda o como se quiera, según enfoques, pero que la presento solamente como un acontecimiento síquico, en sus líneas generales  no borrado de la mente, a través del tiempo.

Soy consciente de que esto es un atrevimiento, pero va como lo sentí, lo viví, lo experimenté. En todo caso, no me siento, en torno a ello, ni único, ni exclusivo y caigo en la cuenta que, a pesar de todo, cada uno de nosotros, y todo lo existente, es un enigma siempre abordable, y desde la perspectiva creyente, un misterio de la vida.

Es un asunto para consignarse en libro, me expresó  alguna vez una persona autorizada; una especie de incursión en el inconsciente colectivo, acaso, le escuché a otra; y sé ahora, que en determinados asuntos, no se le pueden poner condiciones a Quien decide ofrecer un regalo…compartido. Al fin y al cabo, “nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de  paz”.

Son, en todo caso, meras opiniones subjetivas en el fondo y,  en la forma, expresiones literarias si acaso, sin que de ninguna manera, y en ambas modalidades, me atribuya en ello competencia ni académica, ni autoridad en ninguna clase de investidura.

El no haberse borrado en lo fundamental, aquellas experiencias a través de las décadas, 39, 40 años, y al ser apreciado su contenido como algo bueno y por lo tanto con indicios de verdadero, es por lo que considero, he considerado, abordarlo por escrito (exclusivamente por escrito) de diversas maneras.

Admitiendo, como admito ser diletante, en las diversas cuestiones que abordo, y sin que tenga para mi ningún sentido referirme a circunstancias objetivas que hayan rodeado mi entorno de entonces, reconozco mis limitaciones de expresión y, al mismo tiempo, considero que todo aquello podrá decir algo a mis posibles lectores. Nada más. http://silviano.wordpress.com/2011/04/29/suenos-guajiros-rusticos-vi-silviano-martinez-campos/

Y si bien las experiencias comenzaron en el 74 y se prolongaron el 75, relato aquí el que considero episodio central de mis vivencias. Sueños Guajiros, pues, dicho a la manera festiva, reduciendo todo a lo que, a fin de cuentas, podría ser un episodio más de lo que miríadas de personas han aportado para la buena marcha de las cosas, en lo pequeño y en lo grande.

Ni qué decir que como ciudadano me inclino porque nuestro entorno social se oriente, en todos los niveles, por la justicia y la unificación humana. Y como católico, que el mensaje del Señor Jesús sea una aportación vigorosa en todas partes, para que se reoriente nuestra vida comunitaria igual en justicia y en la paz constructiva que salvaguarde la vida, tan amenazada hoy  por hoy, en todas sus expresiones.

Va pues mi relato (relato, dije, no crónica):

Era un día de octubre, media mañana. Bajé la escalera de mi pequeño departamento, en un cuarto piso y en uno de los recovecos vi un paquetito de Sal. Lo digo, para ubicarme. Había suspendido mis clases que daba sobre una materia quizás de título rimbombante como geopolítica de la información (agencias noticiosas y organizaciones relativas al periodismo en niveles no nacionales) y mis alumnos eran, sobre todo, muchachas, lindas por cierto.

Había dejado las clases por una especie de obnubilación que pude entender vagamente como enfermedad y los médicos tal vez sin vaguedades, la calificaban así.

Caminé por la calle de Edison, rumbo al centro de aquella desde entonces gigantesca ciudad de México. Poco antes de la alameda central vi los cristalitos del piso, activados en su reluciente esplendor, por el sol mañanero. Mi subjetividad transtornada los interpretó como estrellitas, estrellas reales de esas del firmamento, y luego como una proyección hacia lindas muchachas.

Aturdido como andaba, llegué a la Alameda central, la crucé por el lado frontal del Palacio de Bellas Artes, crucé la avenida Eje Lázaro Cárdenas, o Niño Perdido, sobre lo cual no me ha interesado precisar cuál era el nombre de entonces.

Tomé, en mi caminata, la avenida Madero, que comienza según creo recordar con La Torre Latinoamericana y sigue el templo de San Francisco. No recuerdo haber pasado al templo, el cual era de mi predilección  porque admiraba su interior, sobre todo aquellos grandes cuadros con motivos franciscanos. El templo, pues, dedicado a San Francisco, no me atrevería a decir santo de mi devoción porque en aquellos tiempos no me consideraba muy devoto, pero sí santo de mi admiración, entonces y ahora.

Continué mi caminata rumbo a Bolívar, obvio, por la banqueta, puesto que la calle no se abrió al peatón sino décadas después.

Poco antes de aquella calle mencionada, me sentí transformado en un ser bellísimo, cuerpo reluciente con los colores del oro, tornasol el cuerpo, tachonada la frente con diminutas joyas a través de las cuales y de la diadema que coronaba la cabeza, recibía mensajes luminiscentes de lo alto, o de lo profundo.UNA VISTA DEL ALA ORIENTE DE LA PLAZA

Creí no perder el juicio, porque no me atreví a cruzar la calle antes de que se pusiera la luz verde del semáforo. El de la voz me había “dicho”, respeto sus reglamentos.

Todo atolondrado giré hacia la izquierda y luego también a la izquierda por la calle de Tacuba, creo que así se llama. Y frente a la casa perfumada (una aromática perfumería) mirando al Norte, sobre aquellas edificaciones, llegué a creer que el mensaje también era para quienes destruyen la Tierra.

ZONA DE JACARANDAS, QUE SON PODADASSeguí rumbo a la Alameda, me senté en una banca que miraba hacia un conjunto colonial de dos templos, plazoleta de por medio y, en el centro de la edificación, plazoleta de  por medio, uno como museo, o palacio artesanal, del cual provenían bellas piezas del folclore mexicano, algunas tal vez con temas de la revolución mexicana. En el momento en que escuchaba la música de mi tierra, de mi México, me invadía una tranquilidad, una paz indecible, con dejos de suave melancolía.

Me levanté de la banca, me dirigí hacia el Poniente y en las cercanías del templo de San Hipólito, pero todavía en la Alameda, me encontré a un colega zamorano, periodista muy activo entonces, de trato amable siempre conmigo, que interpreto como una característica de su talante y una simpatía innata en él, por el paisanaje. Me preguntó en torno de un accidente ocurrido tal vez el día anterior, en una de las estaciones del Metro. No se me ocurrió ni entonces ni después, averiguar en la prensa los pormenores de tal accidente, así es de que no logré contestarle con precisión, y no llegué a detectar si él detectó mi perturbación.

ESTAN EN LA LIGA DE PENJAMILLO

Allí había terminado mi vivencia, regresé a casa y de lo demás de ese día, de plano nada recuerdo. http://eltaller.us.es/index.php/FANT.3-_ENCUENTROS_CERCANOS

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El Vuelo de la Oruga. Silviano Martínez Campos

FANT.15- EL VUELO DE LA ORUGA

De El Taller

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EL VUELO DE LA ORUGA

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 23-26 de Diciembre, días navideños.

—Cuando más  necesitaba, me abandonas. Y ahora vienes, suplicante, que escriba sobre ti: ¡Me decepcionas!

— ¿Quién abandona a quién? ¿Qué no lees GUIA? Hasta el alto funcionario de  alta casa,  mexicana, de muy lejano origen  pontificio ha decretado, en la solemnidad de la academia azteca, que ¡Fuera el Creacionismo de estas tierras! Salgo sobrando y has de saber que pensaba comentarte, por si acaso lo crees y lo asimilas,  la opinión del científico inglés, aquel que augura , como plazo irreversible de doce años, para que esto no tenga  más remedio. Así que no se puede, considera.

—Académico debe ser, el mexicano,  d’esos de la religión alternativa, así sean ciencias, sistemas, nuevos liberalismos, nuevas edades o algo parecido. Pero no me hagas opinar en lo que no soy competente.

—Yo menos. Y no digo  me hayas desterrado de la academia, aun cuando lo pretendas, ni de las iglesias aunque lo pretendas, pero me desterraste de tu vida y allí están las consecuencias.

—Bueno, eres Musa, o qué, porque en mi atrevimiento, he entrevistado a Dios, al diablo, a duendes y a microbios, pero no a entidades nebulosas que ni siquiera existen.

—Has dado en el clavo, pues ni siquiera existo.

—¡Conque a tu pueblo engañaste  por milenios, si es que pueblo tenías y tienes tiempo!, si he de basarme en anterior supuesto.

—Son cosas del lenguaje y, en el “tienes”, está tu perdición. ¡Aquí me tienes!

—Reconozco el tener, no me desdigo. Tengo poder, tengo mi ciencia. Tengo dineros en las arcas llenas. Tengo saber, conocimiento, sucedáneos que mitigan mis fatigas, tengo mucho poder, te tengo a ti, te tengo, ¡Y tengo!

—Tienes mucha razón, lo tienes todo, menos a mí muchacho  presumido, que te lo  expropias todo. ¡La  regaste!: Guerras de religión, debates turbios, cruzadas bendecidas o en mi nombre pero yo estaba allí, aun cuando no en decretales ni en espadas ni en cañones ni en metrallas ni en las bombas (tontas o inteligentes), sino en el hombre que sufre que desangra, en sus cuerpos, en sus almas.

—Trambuluqueado estoy y no comprendo: compresto eres Musa, eres microbio. Te disfrazas de duende, hada y en ángel, y hasta de extraterrestre. Si no fuiste creador ¡Qué fuiste, entonces! Y si esto sabías  iba a pasar, ¡Pa’qué me creates!

—No llores muchachito, has de guardar tus lágrimas. Acepto tus lamentos y plegarias. Pero acuérdate de Job, ¡Cómo le fue por exigirme cuentas! Contigo estoy de siempre, no me rajo. Y  pido, te suplico, reproduzcas, aquella la oración que te apenaba, porque creías que no era pertinente para el Dios de las alturas que soñabas. Pero el Dios que confiesas  no se raja, está contigo donde quiera existas, te acompaña en tus penas y en tus gozos y renace y renace por lo siglos.

—Me vuelves confianzudo, así ya cambia. Pero si tú lo quieres, sale y vale. ¿Resabios maniqueos, tal vez gnósticos y todo recogido a lo largo de mi historia destemplada? Los fragmentos aquellos ¡Qué atrevidos!,  en el 73. Los mismos, lo aseguro, lo prometo, y de paso les doy su remozada:

PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN EL CIELO. Padre nuestro  porque creemos que lo eres. Tú generaste la explosión inmensa que según los astrofísicos fue el principio de la materia y después en espiral ascendente tejió las maravillas del cosmos, desde la micromolécula hasta el microcosmos de conciencia que es el hombre.

“Tu nos arrojaste a este remolino de vértigo que es la vida y nos lanzaste a una aventura dolorosa. Nos hiciste inmensos  porque colocaste dentro nuestro tendencia insaciable de conocer, de amar y nos has dado potencialidades inmensas de amar (o de odiar) de crear (o destruir)”.

Padre eres de la madeja aún no desecha del microcosmos del átomo y eres padre también de la célula que lleva en sí la vida y engendra vida. Padre eres, porque no tienes prisa, de los primeros microorganismos que despertaron azorados a la vida en la  inmensidad de los océanos vírgenes allá en aquellos tiempos para nosotros lejanísimos. Padre eres de los peces que salieron a tierra firme y transformaron sus aletas en  patas y sus branquias en pulmones  para respirar el aire aún no contaminado por la creatividad del  hombre.

Padre eres de aquellos monstruos biológicos que llamamos dinosaurios y padre eres de los cuadrumanos de los cuales nosotros dependemos por parentesco en millonésima generación. Padre eres también de las plantas y de las piedras, de los metales y de las montañas, del agua y del fuego, de las estrellas y de sus  planetas y sus posibles habitantes, y de las galaxias y sus posibles confederaciones de sociedades inteligentes.

Como padre te manifiesta en todo proceso viviente o  no viviente; en todo fenómeno social. Como padre te manifiestas en toda convulsión humana desde los tiempos de la vida de las cavernas hasta la edad en que el hombre ha amasado el uranio y el hidrógeno respondiendo a esa tendencia que le diste de crear (o destruir).

Padre te manifiestas en este tiempo doloroso para  nosotros en que nos agitamos presas de la desorientación y muchos hemos perdido la fe en la vida pero otros muchos nos renovamos y reorientamos nuestra mirada hacia el nuevo hombre, el hombre cósmico.

Padre nuestro eres (pues nos has dado como herencia todo un cosmos donde habitas) PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN LOS CIELOS.

Estás en los cielos, en el cosmos poblado de galaxias, desde el centro a la periferia del Universo, rumbo a los cuatro puntos cardinales del Universo.

Nuestro cielo comienza en la tierra, en este pequeño planeta al que bautizamos con el nombre de Tierra; pero tu cosmos no tiene “fin” aunque tuvo principio. No tiene fin para nuestras miradas porque los juguetes para escudriñarlo que hemos inventado están a la medida de nuestra miopía. Pero medimos su esfera con el metro de la poesía y del arte Llenas el Universo, como se ha dicho. Llenas nuestro globo y te manifiestas en cada pedazo de materia inorgánica u orgánica. En los mares y en las altas montañas, en los desiertos, en las selvas, en las llanuras, en las pequeñas poblaciones primitivas, en las grandes concentraciones urbanas y ultramodernas de lo que nosotros llamamos Europa, América, Asia, Oceanía o Africa.

Permaneces entronizado en las demás estrellas, que por millones se organizan en torno a nuestra Vía Láctea y tu cosmos se extiende más allá, a distancias que nosotros medimos en millones de años luz pero que tu las ves y las percibes fuera de nuestro tiempo y de nuestro espacio, porque trasciendes tiempo y espacio.

“Eres el Señor en la Nebulosa de Andrómeda, en la Nube de Magallanes y en las galaxias alfa, beta, gama y omega. Eres el alfa y el omega porque eres el principio de todo y eres el fin de todo. Los cielos con sus astros proclaman tu gloria. Nosotros  te glorificamos, y por eso aspiramos a que sea SANTIFICADO TU NOMBRE

Nombre indefinible. Absoluto porque no alcanzamos a percibir lo infinito por nuestras miradas limitadas; y te llamamos el Altísimo,  porque te consideramos lejos, muy lejos de nosotros, porque nos falta la fe y no reparamos en que estás dentro de nosotros porque tu Espíritu nos alimenta y dentro de ti vivimos, nos movemos y existimos, según dice de ti s preclaro mensajero. También te llamamos el Señor y Dios y el Eterno y Motor Primero, la Materia. Te buscamos.

Tu nombre ha tomado diversas denominaciones dentro de la memoria mágica de generaciones y  generaciones que te han temido o te han amado. Y eres Alá, Hitzilopoztli, Ahrimá, Astarté, Jehová o Quetalcóatl, Materia, Cosmos, Indefinido. En todos tus nombres se encuentra la angustia y el interrogante del ser que sufre y  pide compasión o del ser que goza y se proyecta (en sublimación).

Santificado sea tu nombre, tu mismo, ahora y hace miles de años y dentro de miles de años más mientras haya hombres y dentro de millones de años mientras haya aún seres inteligentes en el cosmos pasando por  su definitiva creación; y millones de millones de años multiplicados hasta el infinito sin límite ninguno, cuando ya no haya hombres sobre la Tierra como los conocemos y cuando ya sobre ningún  planeta ni estrella ni constelación ni galaxia haya seres en proceso de perfección, sino todo se haya consumado en ti, para que seas todo en todos, como dice tu mensajero, cuando HAYA VENIDO SOBRE NOSOTROS TU REINO.

Reino ciertamente aún lejano, pero que comenzamos nosotros mismos a construir, con tu ayuda, sobre la tierra. Pero ves cómo nos resistimos a construir tu reino. Tu en la persona de tu hijo Jesús te manifestaste a nosotros y nos enseñaste lo que es tu reino, “donde hay muchas moradas” para todos.

Pero hay entre nosotros resistencias no sólo a construir el reino, sino también a considerar factible que ese reino  pueda construirse y aún, que pueda existir. Hay pánicas resistencias a construir tu reino entre quienes creen que la verdad absoluta se ha descubierto ya y que son los poseedores de la misma. Otros nos resistimos a construir tu reino de justicia, aun cuando nos confesemos seguidores y la Tierra está llena de injusticia.

En cambio,  ves qué lejos está de venir tu reino de justicia: el hambre amenaza a millones de hombres a quienes se ha dicho no se preocupen del alimento, porque los pájaros no trabajan y bien que friegan en siembras y cosechas hasta invadiendo la propiedad privada, y bien que comen y beben.

Cuántos millones vegetan sin porvenir, sin alimento ni vivienda, víctimas del despotismo, tratados como cosas cuando debieran verse como centros de conciencia que de alguna manera te refleja en tu imagen.

A pesar de todo necesitamos, sin embargo, acelerar la construcción de tu reino que es don. Aún así, en el aquí y ahora, que las estructuras de poder, y esto parece una utopía, se pongan al servicio de todos pero no sólo en servicio de clanes, castas, mafias y grupos del poder o el del dinero, manejados tal vez por los  imperios que ahora se disputan la Tierra.

Aspiramos también a que líderes de la política conciban al mundo con visión planetaria de promoción humana,  pero no experimento para sus pretensiones de poder y de dominio. Y queden en los archivos de la historia las pretensiones de imperios únicos y llegue el imperio planetario, el de todos, pero sin hegemonías ni ejércitos privados, sin bancos del dinero usurpadores de los bienes comunes ni bancos de datos que niegan el saber y fomentan las ambiciones de poder y dominio y ven al hombre de carne y hueso como ficha, cifra, referente estadístico y no corazón que al amor aspira.

Que se vea al cuerpo como recipiente del amor y de la ciencia que articula al Cosmos, y no esclavo de rufianes que lo insultan con sus manejos violentos y artilugios que lo instrumentan para ganar dinero.

Que tu reino empiece a establecerse en cada uno de los países que conforman la Tierra, los desarrollados o no, los ricos y los pobres, los que hoy por hoy se organizan conforme al sistema capitalista o su tendencia se llama socialista. Los que hablan en griego, hebreo, o latín transformados una vez que el Espíritu sopló tanto en el Hebreo como en el Griego, o en el país del Lacio, en lo que hubo y hay en todos, de humanismo.

Lo sabemos, Señor, que el  implante de tu reino en estos términos y tierras, es difícil y lento. De todas maneras, que venga tu reino a través de la ciencia y de la técnica, en los avances cada vez más acelerados en sus descubrimientos, hasta que no quede rincón de la Tierra que no haya penetrado el ojo, oído, el tacto, el olfato y el gusto de la curiosidad humana.

Que no quede partícula desconocida por nosotros y tampoco rincón alguno inexplorado dentro de la entraña de la Tierra y dentro de la entraña del mar y sobre la superficie de  la Tierra en sus montañas, sus praderas, sus desiertos y en sus lagos y ríos y en sus superficies desoladas por el hielo, o las arenas.

Que el globo terráqueo sea tan transparente para el hombre como lo es un cristal. Y que no quede, después, ningún rincón ignoto para el hombre en torno a su Sol y sus planetas y tampoco enigmas en torno a su Universo, las estrellas próximas y lejanas, las nebulosas cercanas y lejanas.

Que conozcamos si definitivamente, como lo creemos algunos, tu Universo está poblado también, en todos sus rincones, por seres vivos e inteligentes, en mayor o menor proceso de crecimiento, vale decir, de su creación definitiva, porque evolución y creacionismo, teorías siempre de aproximación a lo que creaste, nunca, nunca ni ahora, serán definitivas.

Porque el miedo, el temor y el asombro ante lo que tu creaste, nos hicieron sembrar de inquisiciones y pesquisas para causar también miedo y temblor entre tu  pueblo. Pero ahora también los miedos, no a la ciencia, hacen temer que sí, que eso era cierto, sí tuvo principio, sí fue creado y ciencia y fe no son adversas porque los big-bang, los agujeros negros, innumeras galaxias y a lo mejor innumeras creaciones, signos todos lo son de que tú Existes.

Que dominemos, pues sí, sin trastocar designios, a todo tu Universo aun cuando deban pasar años por millones y millones y la naturaleza que nos diste, por obra tuya y fidelidad nuestra, se encuentre mucho, mucho transformada y las formas humanas conocidas en este siglo XX, y en el XXI, ni rastros de ellas haya y entonces pululen por el Cosmos seres cuyos ancestros nacieran aquí, en este vivero de los hombres libres, por cuanto herederos del universo mundo.

Y entonces, Señor, aun cuando habrán pasado millones de millones multiplicados al infinito, habrá venido tu reino. Mientras tanto, desde ahora, construyéndolo, contribuyendo contigo a construirlo, deseamos que  venga a nosotros tu reino,  pero no, no la nuestra sino que HAGASE, SEÑOR, TU VOLUNTAD, ASI EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO.

Prendiste en nosotros un foco de conciencia que no podrá apagar nadie. Muchos consideramos, sin embargo, a tu obra como absurdo. Pero diste conciencia a los humanos, aspiraciones que cultivan la utopía, pero la fragilidad impide realizarlas.

Qué es la Tierra, y suena a bíblico, sino una pequeña cárcel dentro de nuestro Universo inmenso. Hacemos apenas intentos para sobrepasar la placenta de nuestra Tierra y hemos logrado un poco, acercarnos apenas a la ventana de tu Cosmos.

Nuestro cuerpo es sacudido por la llamada a la unión, pero es copada por la limitación propia y del otro. Imbuiste en nuestro corazón (así expresamos nosotros nuestra emotividad y sentimientos), una inclinación irresistible a amar y ser amados, pero ya ves, qué dividido tu mundo. Nos desgarramos unos y otros, en la guerra desde que éramos tribus nómadas, en las selvas o en la arena, hasta que somos naciones; desde el pedernal, la flecha, el arco, hasta el cañón, el fusil o la bomba “inteligente”.

Nuestra sed infinita de amar o ser amado, no logra, a veces, traspasar el narcisismo, el clan o hasta la etnia, porque estamos divididos en sectores, en gremios o en clases. Tú trazaste las leyes de la marcha del mundo, pero nos hiciste libres de tal modo, que nosotros nos ajustamos, o no a ellas.

Si nos ajustamos, creamos ambientes llevaderos para gozo de todos. Si no, creamos, diseñamos, proyectamos y hacemos la guerra, usamos o abusamos de tus bienes y si el caso  amerita, nosotros mismos podremos inmolarnos, mediante la fuerza del átomo, mediante el suicidio social o transmutar con nuestra química el mismo clima, ahora mediante su cambio drástico, por terrible reacción defensiva de la madre Tierra.

Por todo esto y más y porque permites que la historia humana se vaya gestando, con auxilio de  participación directa del hombre, con suma lentitud y en medio de dolores, hágase pues tu voluntad en la Tierra. Y aunque muchas cosas nos parecen incomprensibles y absurdas, y no las entendemos, hágase, sin embargo, tu voluntad en la Tierra.

Y en los cielos: los astros, las estrellas con sus planetas y lunas, las galaxias y nebulosas, los hoyos negros que remiten a lo incomprensible, los universos paralelos y los reinos de los seres que en inconmensurable número pueblan lo creado. Ya sean lo que llamamos ángeles, ya sean los que llamamos alienígenas, ya sean universos de robots o máquinas o ya sean universos biológicos donde se siente, se ama, se goza, se canta, aunque de momento también se llore.

Que en todo el Universo, que surgió de la “Nada”, para nosotros oscura y que ahora ciframos en la matemática, en la ciencia, pero también en la intuición y en el canto,  se cante  la grandiosa, inconmensurable, admirable y bella explosión del Big-Bang. Y ya sea que tu Cosmos se extienda y se contraiga para cada vez en miríadas de millones de años y en cada eón  hacer surgir nuevas, innumeras especies de ángeles, de hombres, que todos los seres, como en el cuadro de  los cuatro Vivientes, te digan Alabado y que seas por siempre, siempre, el Santo, Santo, Santo. O sea por el contrario que el Universo haya nacido, crezca, se reproduzca y muera, de frío, o de calor, pero después de haber “expulsado”, en el acto creador supremo por tu Nombre, a miríadas y miríadas  de vivientes para ponerlos frente a tu insondable misterio y sean  plenificados así en, en el gozo y la acción permanente.

Porque serían visitantes, turistas de todos los cuatro puntos cardinales de lo creado y serían hechos así  también el corazón del cielo, en contraste,  y además, con universos robóticos, cibernéticos y automatizados, reales o imaginarios, por lo demás virtuales. Pero aún así, que todos los seres, como en el cuadro de los cuatro Vivientes, todos te digan bendiciendo por siempre, el Santo, Santo, Santo. Y entonces tu Tierrita, como lo dices en las tradiciones, habrá recibido el don de  transparencia, y si ahora, obediente al “crece y multiplícate”, también se vuelva dócil al “obra la justicia”, y el pan a ti solicitado sea debidamente agradecido y por eso mismo se comparta, habrá recibido entonces para siempre el prometido Pan del Cielo.

—Allí está, mi Musita misteriosa de los vientos y pregunto, si ha de merecer mi comentario alguna opinión profesional desde tu esfera.

—Megalómano, sí, también Narciso. Navegas demasiado en las alturas y así te desentiendes lo inmediato. Crees que si traspasas universos, sofocas con palabras y con frases tu real acontecer y tu miseria. Opinas que las cosas de tu vida se extienden hacia esferas planetarias.

Proyectas hacia tiempos infinitos tu finitud tan dolorosa y triste.

Expresas en liturgias luminosas la oscuridad de tu conducta tibia.Remites al Big-Bang evolutivo tus rechazos a tesis creacionistas. Exaltas la creación evolutiva, para eludir plegaria y compromiso. Adoras los esquemas de tu ciencia, para copar pasión y sentimientos. Exaltas discurrir en positivo, para eludir la exultación y el arte. Te afianzas en la sombra de tu Padre, para negar el  regazo de tu Madre. Te asomas a fronteras invisibles, y luego renegar de lo visible. Espero que segunda parte, mantenga tu atención en lo concreto: si de veras compartes pan que pides y perdonas de veras las ofensas, si has sorteado el sinfín de tentaciones y si aceptas en verdad al Bien que te libera.

Como digo una cosa, digo la otra y no lo publicites: el afecto que nace, nunca muere; haré realidad tus sueños nobles; si quieres ser creador, creador eres; navegante serás si así lo quieres, por insondables mundos misteriosos; si apeteces amar, serás amado; si quieres poseer, el todo es tuyo. ¿Rey quieres ser?, tendrás tu reino. Vida quieres tener, la vida es tuya. ¿Inmortal?,  por supuesto, no menos de’eso. Pero está con cuidado: desde aquí, más no del todo en esta esfera. Pobre sería la oruga si volara, antes de que fuera mariposa. Después de Navidad vienen las cruces, después viene la Pascua de la Vida. Nada es tan fácil. Los dones se regalan pero no “gratis”. Los dones caen del cielo, pero para apararlos, de veras, te lo digo, no se vale el estar adormilado pero sí vigilante, despertado.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, VENTANAS, 2—3 B, 1 de Enero del 2006)

Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web 2

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Regalo de Navidad. Silviano Martínez Campos

Navidad 2010

Navidad 2010 (Photo credit: Luis Morello)

Regalo del Alma

Regalo del Alma (Photo credit: Wikipedia)

Navidad

Navidad (Photo credit: Lumiago)

FANT.10- REGALO DE NAVIDAD

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REGALO DE NAVIDAD

Silviano Martínez Campos

— ¡De seguro fuiste a comprar los regalos para compartir entre tus numerosas amistades!

—  ¡Otra vez tu!, ¿por qué te da por interrumpir cuando escribo?, Ahora le tocaba a La Musa, no a ti.

—Observé el título de tu escrito y me dije: este Silviano está en mis dominios, no es tan objetivo. Además, tan dadivoso, de seguro ya fuiste a mercar tu regalo. Te vi en el centro curioseando aparadores.

—Nada más curioseando, duende indiscreto, la curiosidad es lo único que nos dejó el neoliberalismo. Están de moda los hermanos incómodos y tú eres uno de ellos. Qué es eso de mercar, te creía más moderno.

—Mercar no es arcaísmo, es tan de moda que todo el mundo le está tributando adoración. Por lo demás, soy duende cibernético. Acabo de regresar de la antigüidá y me traje en equipaje uno que otro arcaísmo, para tu regalo.

—Así es, estoy por recibir arcaísmos. El otro día recibí el don de un amora y me lo regaló un niño.

—Estás muy  alrevesado, lo que tú quieres decir es que te regalaron un amor.

—Un amora. Pero mira, duende juguetón, dicen que no se puede regresar al pasado y volver, así es que no fuiste a la antigüidá. En cambio sí puedo viajar al futuro y traer de regreso  mi presente. Voy y vengo y te traigo un amora.

—Voy y vengo y te traigo un amor.

—Voy y vengo y te traigo un amora.

—Voy y vengo y te traigo una cruz.

—Voy y vengo y te traigo una esperanza.

—Voy y vento y te trago una A.

—Voy y vento y te traigo una Z-

—Voy y vengo y te traigo un pez.

—Voy y vengo y te traigo pan y vino.

—Me trambuluqueaste, ¿cómo viajas al futuro?.

—Dí  tu primero, ¿cómo viajas al pasado?.

—Me trepo en la espalda del tiempo y dejo llevarme por sus alas. El aleteo en su vuelo me transporta poco a poco a las regiones donde surgen los sueños. Capto las claves perdidas y desando el camino guiándome por el parpadeo de las estrellas o el suspiro de los grillos. Te toca.

—Eso está muy oscuro y ni es tan original. Yo atrapo un rayo de sol y como la araña en su hilo me transporto a la velocidad del pensamiento, vago por galaxias y universos y te traigo noticias de lo maravilloso. Sigues.

—Eso es sicodélico y ni tan original. Yo hago mía una canción ranchera, desentraño su compás terciario o cuaternario y me remonto al tiempo en que el hombre cantaba y bailaba en amistad con plantas y animales aceptando los aplausos de la Luna. Sigues.

—Eso es premoderno, ya hasta la pisamos. Yo  pido prestado a Mozart y a Beethoven ese compás terciario y cuaternario, los comparo con tu canción ranchera y luego verifico si en ellos pueda estar la clave del mundo. Vas.

—Eso es megalómano. Yo pregunto a una etnia, arcaísmo viviente, por qué se conforma sólo con tierra, pan, escuela, medicina, le  respeten su ser y su pasado y la dejen vibrar con su cultura enamorada del Universo. Te toca.

—Eso es anticuado. Por eso estoy de acuerdo y pregunto a un imperio, a un potentado, por qué siega su futuro cerrando el paso a la gran ciudad del mundo, la gran Jerusalén de la unificación humana, e impide hacer real la utopía de la Nueva Tierra. Sigues.

—Eso es ideológico, además de pretencioso. Te regalo el arcaísmo del pez, y de paso una cruz: ICHTHUS (pez, en griego) =Iesus Christos Theou Uios Soter=Jesucrisato, Hijo de Dios, Salvador.

—Te regalo un Amor A y de paso una esperanza. Amora, aroma de Navidad, la sonrisa de un niño callejero.

—¿Y cómo viajaste al futuro?

—De la primera A, el presente, a la segunda A, el futuro. Regreso leyéndola al revés y te regalo un amora, un aroma, el aroma navideño de la sonrisa de un niño, un regalo navideño recibido en la calle, uno de esos días atribulados. ¿Y cómo regresaste al pasado?.

—Igual, te dije que era Amor, lo leí al revés y resulta Roma, y es lo mismo. Al calvario se regresa por Roma y por Roma se viaja al futuro. Para regresar lo lees al revés y queda AMOR. Es lo mismo: Amor, Roma, A Roma, Aroma, Amor A.

—Ahora tú me trambuluqueaste. Nada de eso es novedoso, se me hace que ambos la regamos.

—De eso se trata, muchachito, de regarla. Regar por todos lados la noticia de que la sonrisa de un niño, recibida con devoción,  puede darte la clave del mundo. ¿O a poco en el Jesús niño no podemos estar recibiendo el regalo de la sonrisa de Dios?

—Ora sí te agarré, duendecillo, con que te incluyes, ¿por qué? —Porque soy tú mismo que te preguntas desde el presente y te contestas desde el futuro. En cambio, tú eres un traidor.

—Ya lo sabía, ni me cuesta reconocerlo. A lo largo de la vida no sólo me he traicionado a mí mismo, sino he sido traidor al negar en hechos y palabras la buena noticia que nos cayó desde las alturas.

—No hombre, eres un traidor porque tráis desde el presente al futuro los lamentos del hombre afligido, las quejas contra los hermanos incómodos, las angustias de los torturados por la vesanía o el hambre, en los aromas de las oraciones concertadas en la comunidad creyente.

—Y tú eres también un traidor porque tráis al presente la esperanza vital cifrada en la sonrisa de un niño, la confianza en una comunidad orante, la certidumbre de que quien hace la paz y la justicia está sacando para él y para todos,  el pasaporte hacia la Tierra  Prometida,  el gran Regalo de Navidad, me lo dijo un pececito.

—Siempre que nos trenzamos en polémica quedamos tablas. Te dejo, escríbele a tu musa.

—Musa de los Vientos: por culpa de un duende entremetido, no logré elaborar una carta navideña dirigida a ti, en la cual pretendía pedirte, como regalo de Navidad, me dieras paz y bien y lo hicieras extensivo a mis familiares, amigos de Guía, Etcétera, Porqué, colegas y a todo el mundo y, desde luego, a mis posibles lectores.

—Narciso pretencioso: tus deseos sean cumplidos. Desde la muerte (es un decir) de Chon y de Benita, te me había olvidado, así es que para comunicarme hoy contigo, me disfracé de duende y has de disculpar la treta.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas Pág. 4-B, 22/XII/1996.

Y en  ETCETERA, semanario, La Piedad,   Mich.,   17/I/1997 )

GNU Copyright (c) 2007 Silviano Martínez Campos. Se autoriza la copia, la distribución y la modificación de este documento bajo los términos de la licencia de documentación libre GNU, versión 1.2 o cualquier otra que posteriormente publique la Fundación del Software Libre (Free Software Fundation); sin secciones invariables (Unvariant Sections), textos de portada (Front-Cover Texts), ni textos de contraportada (Back-Cover Texts).Se incluye una copia en inglés de esta licencia en el artículo Text of the GNU Free Documentation License.

Sueños Guajiros, Rústicos, VI. Silviano Martínez Campos. (Con introducción del 11-VIII-014)

INTRODUCCIÓN DEL 11-VIII-014, 6:11 a.m., …….A

SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS, VI

Sería más o menos a mediados de marzo de 1974 (mil novecientos setenta y cuatro), creo que por la tarde, luego de unos tres meses y medio de aturdimiento, de atolondramiento.

Durante un descanso, si se puede llamar así, recostado, antes de acudir a mi trabajo rutinario diario, del periódico, en mi turno vespertino-nocturno, mas o menos de 7 p.m a 12 o 1 a.m.

Un estado anímico crepuscular, como en la frontera entre el ser consciente o no.

No, no tiene caso abordar las posibles causas del atolondramiento, ante lo que me sucedió a partir de aquellos tiempos, fue una especie de “tsunami” síquico, que cambió mi vida, si es que así  puedo expresarlo, radicalmente.

No, no, “no oí” voces. El decirlo así, es un recurso retórico, quizás pedagógico, o precautorio, para no soltar las cosas de golpe y porrazo.

Tengo qué acudir a metáforas, imágenes, aproximaciones, sugerencias, para expresar lo indecible, lo numinoso, lo totalmente sorpresivo para mi.

¿Y Por qué lo digo, lo expreso, lo divulgo?. Porque a través del tiempo he llegado a la conclusión de que allí hubo algo bueno y por lo tanto verdadero, en medio de borrascas, nublazones, neblinas, oscuridades en las profundidades del mí mismo.

Sí, consulté algo, a mi manera. Y una sola frase, una expresión, me facilitó, en medio de “tropezones” mentales, en la búsqueda del adecuado discernimiento.

Sí, sí, en mi búsqueda del entendimiento adecuado, me volví desconfiado y tal vez un  poco paranoico: las cosas no eran para menos. Toree, pues, a mis ideas, hurgando dentro de mi mismo, dentro de mi propio laberinto, la explicación de aquel “tsunami síquico”.

¡Claro que consulté!. Uno que otro sondeo, uno que otro buscapiés a  personas que consideraba adecuadas, para entender en mi mismo en torno al laberinto, la cloaca, el enredo del mí mismo, en que me había metido, o me habían metido. Y esto del “me habían metido”, no tuvo para mí una explicación categórica, definitiva, contundente.

Pero mi consulta fundamental, considero, fue a través de lo que se llama cultura, libros pues, y una que otra  película.

Así es de que me dio por leer en libros y otros medios escritos, sobre temas tan diversos como ovnis, extraterrestres, sicología social, sicología profunda, parasicología y, sobre todo, temas de índole religiosa (sobre todo de teología de mi propia tradición). De aquí, y de allá, para acabar pronto.

Desde luego estaba la base de mi propia formación en colegios católicos. (Vale decir formación captada a mi manera, no con criterios estrictamente académicos).

De aquella experiencia en adelante, cierto que cambió mi percepción de las cosas. Cierto, como dije, estaba la base de mi propia percepción. Pero también las innovaciones que se fueron presentando en nuestra tradición, como el Concilio Vaticano II, sus aconteceres, sus documentos. Por mencionar algo, la nueva visión de la Encíclica Pacem in Terris del Papa Juan XXIII.

Y en el terreno de la reflexión, esto también desde mi Escuela de Periodismo, desde mi estancia en ella, mi acercamiento al pensamiento del gran jesuita, científico, Pierre Teilhard de Chardin. Confieso que no tenía yo la preparación académica para abordar a fondo su pensamiento, pero la lectura de la mayor parte de sus obras que encontré en Español, además de ensayos sobre el mismo escritor, ¡Cambió mi perspectiva de las cosas!. Y creo que  para bien.

Luego, en mi búsqueda, y a invitación de un sacerdote que de seguro me percibió medio dudoso, participé en un  curso (seminario bíblico) intensivo, equivalente a dos años de estudio.

Me sirvió mucho, allí fui llevado a una perspectiva más amplia, de nuestra propia tradición judeo-cristiana. Y allí tuve también un acercamiento, en estos temas, a la reflexión latinoamericana.

A partir de allí me aficioné a determinados autores, sobre todo al gran Leonardo Boff, a quien he tomado como maestro.

La cosa para mi, no ha sido fácil, aún después de aquello, ha habido “descontones” anímicos derivados de mis  propios resentimientos y aquí mismo llegué a ponerme alguno, pocos, cierto, encuentros con botellas y pido perdón públicamente. Fueron en círculos familiares. ¿No sería todo eso también para un poco sin darme cuenta, eludir el paquete y huir de lo que consideré encomienda?.

¡Quién sabe!. Los seres humanos,  personas, en grupos, comunidades y grupos mayores, somos medio complicados y ¡bastante enredados!.

Pero a estas alturas del rollo, del relato de nuestra (comunitaria) vida, de nuestra historia, confío en que Alguien, con suficiente Poder Amoroso y misericordia, podrá ayudar a desenredarnos y retomar el camino, si es que alguna vez estuvimos plenamente en él, para enfilarnos hacia la Nueva Tierra prometida.

Este texto lo hice manuscrito, de una sola tirada, la mañanita del 11 de agosto del 2,014. No lleva edición.

Y ¡Ah!, cuando en los Sueños Guajiros hago referencia a “aquel individuo”, el tal individuo es Silviano Martínez Campos. Y “El de la Voz”, tan real como mi propio pensamiento lo dejo a su consideración amable, comprensible, compasivo lector.

Por mi parte, considerándome tan defectuoso, sólo digo: ¡Glorificado sea Nuestro Señor Jesucristo!. Sea para gloria de Dios y provecho nuestro. ¡Viva la Vida!.

 

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P.D (Breve tiempo después, en esta misma  mañana). Esas vivencias relatadas en Sueños Guajiros, Rústicos, ocurrieron en la ciudad de México, en 1974 y 1975. No dudo que haya habido una que otra réplica después, del gran tsunami, de la gran temblorina, pero fueron más leves, de menor intensidad (smc)

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Otra Post Data:

A propósito del “no oí voces”, expresado arriba, no voces en el sentido literal del término. En uno de los Sueños Guajiros digo, o creo decir y si no lo expresé, aquí lo digo:

(Algo así como que le pegunté “al de la voz”: a poco es posible la comunicación por el  pensamiento. Y repuso: ya le diremos el lugar, el día y la hora.

Y ese lugar, el día y la hora, opino, nos es dicho a los seres humanos, a cada quien a su manera de recibirlo, en el curso de la vida, también la comunitaria, la histórica.

Así es de que nadie nos consideramos ni únicos ni exclusivos. El mensaje de vida es para todos y, reitero, una vez más:

¡Glorificado sea Nuestro Señor Jesucristo! (smc)

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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS, VI. Silviano Martínez Campos

Publicado el abril 29, 2011 por silviano
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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS, VI.

Silviano Martínez Campos

M E T A F O R A S D E U N E N S U E Ñ O

Y VARIACIONES SOBRE UN MISMO CANTAR

(Fotos de Silviano. En caso contrario, se indica)

SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS. (NOTA: Estos pequeños textos son extraídos de las columnas MOSAICO, del autor, o sea su servidor, publicadas en diversas fechas en el semanario GUIA, de Zamora, Mich., México y reproducidas algunas en la página Mi Ziquítaro, Silviano’s Weblog y otros sitios. Guajiros por “fantasiosos” por aquello de que cuando uno sueña se le atribuyen “sueños guajiros”; y rústicos, por eso, por rústicos, por sencillos y “transparentes” en su expresión…En su significado, no tanto, pues quién sabe, porque todos fueron sacados de un pozo, no siempre de aguas transparentes, del pozo del sí mismo de aquel individuo (smc) Sacados un poco de contexto, pero aún así pudieran tal vez decir algo y encontrar la benevolencia de un posible lector (a) en estos campos electrónicos más propios del Siglo XXI y su tercer milenio, que del XX y su segundo. Están ordenados dichos textos, por orden de aparición y la fecha es del día, en la hora mañanera en que se escribieron. Deben faltar otros que se traspapelaron o se cuatrapearon o perdieron en esto del cambio de tecnologías, o en la zona siempre difusa entre el Soñar y el Despertar, ya sea dormidos o despiertos)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Al individuo aquel (smc) Silviano Martínez Campos, por más que lo había intentado, no le había sido posible borrar de su mente aquella tremenda, a la vez que regocijante experiencia, a pesar de las décadas transcurridas. Más de alguna vez se le había ocurrido adjudicarse aquel primer versito del Dante: ”en medio del camino de mi vida, me perdí en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto”. Pero especulaba que si bien podría aplicarse a sí mismo dicho pensamiento, el acontecer bien podría también llevarlo a encajar aquel versito en la gran crisis de la que ahora era testigo en de alguna manera; porque al fin y al cabo todo indicaba se había perdido el rumbo en algún momento de su historia, la misma del Homo Sapiens. Si bien la experiencia campirana le hacía rememorar tormentas en pleno día y luego tras ellas presenciar el espectáculo del Arco Iris, su atrevimiento no llegaba a tanto en un plan adivinatorio, o precognitivo y se contentaba con rememorar, como testigo de lo incierto, aquella su gran experiencia de haber incursionado, o llevado al fondo del sí mismo para luego regresar, agradecido, al mundo del recuerdo, más gratificante, éste de la vida “real”, en todo caso, que las aventuras en un mundo de laberintos, sí, pero también de luminiscencias. Y aun cuando en épocas de la propia biografía, no del todo equilibrada, había dejado de orar, ahora podía hacerlo también, fuera por necesidad de afirmación o por sentimiento de confianza, dirigiéndose al Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, Dios de nuestro Señor Jesucristo, Dios de todos nosotros, Dios también personal ( de él, de aquel individuo). Había llegado a la convicción de que a ese Dios soberano, Quien sin embargo solicita para sus fines amorosos, cooperación voluntaria de la criatura, no se le pueden poner condiciones, aun cuando bien que se presta al diálogo. Por eso aquellas experiencias en la dimensión oscura, pero también, y además en la dimensión luminosa donde la firma personal es definitiva, según así parece. Y esto , por muy descabellada que dicha especulación pareciera, al fin y al cabo ya podía aceptar que no es descabellado imaginar un Universo ( o más universos) multidimensional, sea robótico, o maquinal, con extraterrestres, y seres innúmeros. Pero tampoco desdeñaba su tradición poblada de ángeles, bienaventurados, u hombres y mujeres de buena voluntad a través de quienes Quien de veras las puede, puede comunicar sus mensajes, y aún desde la yerba, el pájaro, el monte, las estrellas y todo cuanto existe, cuantimás desde las profundidades del sí mismo humano. Aquel individuo había llegado a considerar además, que el Señor soberano lo es también, y sobre todo, en las profundidades del sí mismo humano , en los laberintos de la mente extraviada y, a pesar de todo, lo que parece locura, sea temporal o permanente, quizá también sea un modo, un vehículo para Quien, como El sepa, o a través de sus mismas criaturas, dé mensajes al hombre atribulado y con su poder los haga extensivos a todo el Homo Sapiens, a quien sus errores históricos le han hecho hacerse merecedor también, en los últimos tiempos, de Homo Demens, por cuanto él mismo se amenaza con el propio suicidio contaminador y depredante. Pero aquel individuo habría de considerar también que, como se dice, entre más oscura es la noche, más cercano está el amanecer. Porque después de todo, el poeta (Hölderlin, en Patmos), puede tener razón, entre más grande el peligro, más cerca está lo que salva o también ahora podría decirse: entre más grande el riesgo de la hecatombe planetaria, más cercano está Quien salva. O hablando a lo cristiano, el Cristo Cósmico, el Señor del Universo también es humano y por eso mismo, no ajeno a los sufrires de su hermano, sea el hombre concreto, sea el hombre comunitario, o aún planetario, porque al fin y al cabo a El se le atribuye haberlo dicho: tengo compasión de esta multitud. Y les dio de comer, el pan diario, pero también el “epiousios”, el supersustancial, el de allá, el de otras dimensiones, como dicen los sabios de la Tierra. Pero no, desde luego, el que con sus engaños pregonan los poderosos que también contribuyen a destruir con sus químicas a la trama de la vida, y al pan de los pobres, de los limitados. Aquel individuo creyó que se le daría la manera de expresarlo, la fue encontrando, y en el ocaso de su vida se atrevió también a considerar que sí, pueden tener razón quienes dicen que Dios es Pantocrator, por soberano y que el viento sopla por y donde quiere. Porque, su Espíritu agita no sólo las aguas turbias de hombres destructivos, sino también comunidades o multitudes o continentes, siempre que haya un soplo, entre todas ellas, de espíritu vital que busca la plenitud de todo lo viviente. Pero también convulsiona y agita, a ese que ahora se llama el Planeta Extraviado, o más claramente, a quien a sí mismo se ha denominado Homo Sapiens, en riesgo de perderse , por haberse extraviado del camino recto. Sería también porque clavó demasiado sus ojos en el suelo utilitario, o porque los fijó demasiado en las lejanas estrellas. Pero la gran sacudida le hizo ver que sí, su porvenir es el Cielo, pero hay tiempo aún, para arreglar su Tierrita, el cual es, en rigor, el planetita extraviado. (26—IV—011)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: ante la debacle universal, aquel individuo sonreía al recordar aquello de hacía 35 años, que probablemente haría también sonreir al señor Jung. De todas maneras y a riesgo de bordar en lo nebuloso de las profundidades del sí mismo, se echó su rollo improbable, inverosímil, desconcertante, suculento y asaz “sicodélico”, conforme a la mentalidad de aquella época. De todas maneras corrió el riesgo y soltó su rollo de la siguiente manera: al bajar la escalinata de sus pequeña morada, vio en el borde un paquetito de Sal. Habría de caminar por Edison en mañana soleada y en la banqueta, aquella efervescencia (los cristalitos iluminados por el Sol) que él interpretó como estrellas y luego como lindas muchachas. Habría de cruzar la Alameda, todo atolondrado, rumbo a la avenida que parece aún se denominaba Niño Perdido. En todo caso, luego fue Lázaro Cárdenas. Pasó por el templo de San Francisco, el bello templo a donde a veces acudía a contemplar aquellas grandes pinturas de motivos franciscanos, el templo dedicado a Francisco. No recordaba si pasó a orar y si de plano en aquel tiempo no oraba. El caso es que aquel individuo siguió la caminata por Madero, rumbo a Bolívar. Poco antes de esta calle se sintió transformado en un ser bellisimo, luminoso con los colores del oro, tornasol su cuerpo y tachonada su frente de diminutas joyas y desde ellas y desde la diadema que coronaba su cabeza, recibía los destellos de lo alto. Ante tanta belleza, creyó no perder el buen juicio porque no cruzó la calle antes de la señal del semáforo. Creyó haber escuchado al de la voz que le dijo: respeto sus reglamentos. Fue un momento, giró hacia la izquierda, hacia Tacuba y frente a la casa perfumada creyó que el mensaje también era para los de la opulencia para que dejaran de destruir la Tierra. Llegó a una banca de la alameda y escuchó, objetivamente, claro, música folclórica mexicana que surgía de un conjunto colonial donde había un museo, o conjunto artesanal. Luego al caminar hacia el Poniente, un colega zamorano le habría de preguntar en torno a un sonado accidente en el Metro, del día anterior, tal vez. SUCULENTO EL RELATO, pero aquel individuo llegó a pensar que la vida se defiende, lo que es para uno es para todos y el hombre tiene futuro sólo que conforme a su libertad y dentro del respeto mutuo, deberá arreglar su mundo y hacerlo, mientras tanto, también habitable. Habría de afirmar después su convicción (se le había dicho haría más de dos mil años), que siempre hay lugar para la Esperanza. (3—III–011)

((( Silviano Martínez,

Mosaico


Viernes, 04.03.2011, 09:24pm (GMT-5), En GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México.

LA PIEDAD, 3 de Marzo.- AQUELLOS GRITOS, MÁS bien ladridos, más bien ahullidos, eran lastimeros. Y lo hacía por las tardes, y casi todos los días.Por eso, tratando de interpretar los sentimientos de “El Chango”, pensabamos que su dolor por la ausencia era tan grande, tan grande, que lo expresaba en forma de lamentos. Si humano, hasta le hubiésemos atribuido una especie de lamento-oración, para que Chon, su amo, regresara a consolarlo. Pero no, El Chango no era humano, sino perro. Y su amo, don Encarnación, meses hacía que andaba por los “Iunaites” de bracero, cuando había contrataciones. Tiempo después andaría fuera de contrato, y cuando según contaba, al tratar de librar un tren, al caminar sobre un puente, saltó y se dislocó un brazo. El, tan trabajador, continuaría luego los cultivos de su “pedacera”, sus retazos de tierra ejidal, en Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso. EN ESE OMBLIGO y en todos los ombligos del mundo, digo rancherías, poblados y aún zonas urbanas de nuestra región, el fenómeno de la emigración hacia los Estados Unidos se volvió común. Y no es por demás decir que según estudiosos, el fenómeno de la migración es universal, extendido e imparable. Causas económicas, necesidad de sobrevivencia, desde luego, pero no sólo. Pero en nuestro México, obviamente, lo mismo pero además la cercanía fronteriza con el país más rico y poderoso (hasta ahora) del mundo, según se dice. Y qué decir de su influencia cultural (a veces nos mandan lo peorcito) y las relaciones tan estrechas, que se ha llegado a decir, sobre nuestra dependencia, que llega a más del 80 por ciento en lo económico. Pero claro, la interdependencia es obvia y tal vez por eso ha cundido el temor por allá entre grupos, de que la invasión de la raza morena sea tan apabullante que se sientan amenazados. La invación a la inversa, pues. CUANDO CANDIDATO, UNA vez que le había ganado a Creel,Felipe Calderón Hinojosa preguntó por aquí, en referencia a la migración, que quiénes tenían parientes en los USA y que levantara el dedo el que sí. El fue el primero. Problema envolvente, pues. Y ahora, este tres de marzo, anda por allá el Presidente y, probablemente, además de otros asuntos bilaterales candentes, abordará con el Presidente Obama el tan reiterado, por real y acuciante, problema de la migración. CUANDO LA DESINTEGRACIÓN del sistema soviético, fines de los ochenta y principios de los noventa, se dijo que sus réplicas durarían unos 25 años. No sé si dentro de esas réplicas se incluya la actual convulsión en el Norte de Africa y en el Medio Oriente. En 1991, en su informe “La Primera Revolución Mundial”, el Club de Roma decía en su primer párrafo del capítulo VI, sobre “El Malestar Humano”: “Las ondas expansivas por los drásticos cambios de la gran transición no están respetando ninguna región ni ninguna sociedad. El cataclismo ha quebrado un sistema de relaciones y sistemas de creencias heredados, sin ofrecer ninguna guía para el futuro”. Claro, ahora todos lo vemos, no sólo quienes estudian el fenómeno, el “bailoteo” del Planeta nos envuelve a todos. Hay, sin embargo, pero en otros ámbitos de nuestra realidad, dijéramos dentro del gran motor del sentido, aquel que mueve al ser humano hacia la utopía del más ser, la inconmovible Esperanza. SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: ante la debacle universal, aquel individuo sonreía al recordar aquello de hacía 35 años, que probablemente haría también sonreir al señor Jung. De todas maneras y a riesgo de bordar en lo nebuloso de las profundidades del sí mismo, se echó su rollo improbable, inverosimil, desconcertante, suculento y asaz “sicodélico”, conforme a la mentalidad de aquella época. De todas maneras corrió el riesgo y soltó su rollo de la siguiente manera: al bajar la escalinata de sus pequeña morada, vio en el borde un paquetito de Sal. Habría de caminar por Edison en mañana soleada y en la banqueta, aquella efervescencia (los cristalitos iluminados por el Sol) que él interpretó como estrellas y luego como lindas muchachas. Habría de cruzar la Alameda, todo atolondrado, rumbo a la avenida que parece aún se denominaba Niño Perdido. En todo caso, luego fue Lázaro Cárdenas. Pasó por el templo de San Francisco, el bello templo a donde a veces acudía a contemplar aquellas grandes pinturas de motivos franciscanos, el templo dedicado a Francisco. No recordaba si pasó a orar y si de plano en aquel tiempo no oraba. El caso es que aquel individuo suguió la caminata por Madero, rumbo a Bolívar. Poco antes de esta calle se sintió transformado en un ser bellísimo, luminoso con los colores del oro, tornasol su cuerpo y tachonada su frente de diminutas joyas y desde ellas y desde la diadema que coronaba su cabeza, recibía los destellos de lo alto. Ante tanta belleza, creyó no perder el buen juicio porque no cruzó la calle antes de la señal del semáforo. Creyó haber escuchado al de la voz que le dijo: respeto sus reglamentos. Fue un momento, giró hacia la izquierda, hacia Tacuba y frente a la casa perfumada creyó que el mensaje también era para los de la opulencia para que dejaran de destruir la Tierra. Llegó a una banca de la alameda y escuchó, objetivamente, claro, música folclórica mexicana que surgía de un conjunto colonial donde había un museo, o conjunto artesanal. Luego al caminar hacia el Poniente, un colega zamorano le habría de preguntar en torno a un sonado accidente en el Metro, del día anterior, tal vez. SUCULENTO EL RELATO, pero aquel individuo llegó a pensar que la vida se defiende, lo que es para uno es para todos y el hombre tiene futuro sólo que conforme a su libertad y dentro del respeto mutuo, deberá arreglar su mundo y hacerlo, mientras tanto, también habitable. Habría de afirmar después su convicción (se le había dicho haría más de dos mil años), que siempre hay lugar para la Esperanza. (www.lapiedadymiregion.wordpress.com; www.ziquitaromipueblito.wordpress.com, www.silviano.wordpress.com).

Silviano Martínez Campos)))

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SUEÑO GUAJIRO, RÚSTICO: Aquel individuo no supo ni de dónde venía tan tremenda advertencia cuando el de la voz le dijo: le vamos a cambiar el código genético. Su confianza permaneció invariable, porque esa expresión metafórica, o acaso real, de provenir del de la voz, no podía ser más que biofílica. (7—IV–011)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO.  Aprovecho para invitarlo a que lea mi fantasioso trabajo denominado LA INVASION, primeramente publicado en GUIA y que puede encontrar en los blogs mencionados abajo. De él, extraigo un pequeño texto, en homenaje al burro y sus antenas:  “—Duros, drásticos son, bichos malvados. ¿Quién a ustedes encomienda defensa de los reinos? Rey de la selva, al león reconocemos, al delfín animal inteligente tras nosotros; como fiel servidor al perro, nuestro amigo, y dócil criado nuestro al asno laborioso. Pero ustedes microbios del demonio, sólo dolores y penurias causan. Torpes, faltos de entendimiento tuvieron que escoger los ojos par manifestarse cuando a nuestro gran cerebro pudieron revelarse. —Dos razones te damos, mentecato. El león, rey de la selva, claudicó de su reino entre nosotros al dejarse enjaular y ser hazmerreír en circos y festines; negóse el delfín temeroso a dejar seguridades en sus mares y correr en tierra la carrera que ganaste; el perro fiel prefirió la garantía de su comida al lado tuyo y el impráctico borrico escogió ser tu esclavo, pero no olvides que con sus dos grandes antenas, más disponible está para oír las señales de los astros”. (10–II–011)
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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO:   A aquel individuo se le mostró de tal manera la plenitud que le esperaba, que “protestó” y dijo lamentándose: no sólo yo, no sólo yo. El individualismo había sido derrotado en él. (3—I—011)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo captó estas expresiones: soy intuitivo. Amo afectivamente. Pero aquel individuo no sabía discernir si dichas expresiones provenían del de la voz, o por el contrario eran expresiones de la propia introspección en la hondura del sí mismo. O de plano, si ambas consideraciones eran válidas igualmente, sin mezclarse ni confundirse. Aquel individuo,  al haberse sentido capturado por el “crescendo” de El Barbero de Sevilla de Rossini, llegó a entender que el lenguaje de la música es más pleno, abarcante y profundo que el intelecto, para “entender” el mundo. (20—I—011)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO:  aquel individuo llegó a comprender que el intelecto no tenía la última palabra en la explicación del mundo. Porque de alguna manera, el individuo aquel fue sorprendido por destellos de plenitud, al presentársele como medio para captar algunos de esos destellos regocijantes, mediante el animado “crescendo” de la obertura El Barbero de Sevilla del músico Rossini, o una “melodía” infantil improvisada de sus tiempos de infancia. (13—I–011)

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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS:  en el umbral de su ancianidad, aquel individuo llegó a comprender algunas cosas, pero algunas otras, las más, bordaban los enigmas de las profundidades del sí mismo. No dejaba por ello de extrañarle aquel “interrogatorio”, ni sus finalidades, interrogatorio desde luego a cargo del de la voz. En todo caso, por la índole del contenido, no dejaba de admirarse de que no hubiese ningún asomo de presión o agresión, contrariamente a lo que sabía por terceros o por las sublimaciones del arte,  a que llegaba la infamia humana contra un ser indefenso (a) que caía en las garras de los sádicos de la Tierra. Así es que el de la voz le Espetó, debiera decir le pro-vocó al  individuo aquel, la pregunta de ¿es usted justo?, pero el individuo echó mano del recurso consignado en algún Evangelio de “Sólo Dios es bueno”,  pero sin palabras desde luego, tan sólo una referencia a sugerentes destellos, benévolos, por cierto, que provenían de no sabía dónde; ¿es usted un chingón?, preguntaba el de la voz. No soy la mamá de Tarzán, repuso aquel individuo. Dígame eso en términos más “intelectuales”, repuso a su vez el de la voz. Por qué cambió de ruta,  “preguntó” el de la voz, pero el individuo aquel no supo qué contestar; quién le dijo que se suicidara, planteó el de  la voz, pero el individuo aquel no logró articular respuesta; ¿lo acepta como líder?, planteó el de la voz, pero aquel individuo tenía el prejuicio contra líderes manipuladores y tuvo sus reservas de aplicarlo a  Quien consideraba libre de apetitos de poder y de dominio.   (6—I—011)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: en las profundidades de sí mismo, aquel individuo se dio cuenta de la enormidad del paquete, que lo sobrepasaba. Había alcanzado a entender una especie de mandato en el sentido de que no se diga por la palabra, lo que no se recibió por la palabra. Aquel individuo habría de recordar nociones tan comprometedoras como aquellas encerradas en la palabrita Pantocrator (Dios todopoderoso, por soberano), los misterios de Dios son inescrutables y el Espíritu sopla donde quiere. Aquel individuo era invitado, si se puede expresar así, a dar un mensaje, necesariamente de paz, por lo que objetó al de la voz y le “dijo”: para qué les sirvo como robot, permítanme poner en juego mis potencialidades creativas. Y, de plano, aquel individuo parecía rajarse cuando “dijo”: por qué no escogen a un intelectual. Al fin se dio por vencido y aquel individuo simplemente, en las profundidades de sí mismo, atribulado, “dijo” con sentimiento: me dono, me dono. Y prefirió pasar como loco, antes que fallarle, a quien consideró amoroso, con la suficiente autoridad como para hacer tan tremendas y esperanzadoras propuestas. Porque en algún “momento”, el de la voz le había dicho algo así como: no me conocerá más que por la… (y aquí, por alguna asociación, se sugería el nombre de una persona llamada Encarnación). (23—XII—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO:  aquel individuo no sabía mucho de beisbol, pero se le sugirió en el tablero del partido, el “score” donde siempre, siempre, a la larga, ganaba el mejor partido: el de la vida (se suponía que con todas sus valoraciones como justicia, paz, encuentro y etcétera). (16—XII—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo revivía en lo profundo del si mismo, imágenes de aquella guerra perpetua en la ficción de la novela “1984” de George Orwell.  Sin embargo, aquel enredo “cibernético” no fue perpetuo y regresó a la “superficie”, a un mundo de flores, insectos, cerros y arroyos. La nueva salida del sol era más gratificante que las oscuridades del desencuentro de los anteriores horizontes. (9—XII—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RÚSTICO: Usted conoce toda mi vida, le dijo aquel individuo al de la voz. Usted me la está contando, repuso el de la voz. (2—XII—010)

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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS:  A aquel individuo lo conmovió la pregunta del de la voz: ¿quién le dijo que se suicidara?, porque no entendió nada, nada. Aquel individuo se precipitaba en la oscuridad de las profundidades del sí mismo pero en cierto “nivel” del precipicio, lanzó el grito salvador de “Viva la Vida”, y fue entonces cuando un coro regocijado se hacía eco desde las “alturas”, desde donde no se sabe mucho: “Quién como Dios”. Y aquel individuo habría de confiar luego, porque llegó “después” a afirmar: el que me lo dio (el mensaje de paz), no falla. (25—XI—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo creyó entender la pregunta del de la voz, que le inquiría: qué opina de la revolución mexicana. Y por eso contestó: es un proceso terminado. Y aquel individuo luego extrapolaría, hacia otras revoluciones, que siempre apuntaban hacia algo realmente nuevo, porque la historia la hacen los hombres, pero con una ayudita. Pero no había duda, de esa ayuda, porque aquel individuo había percibido que estaba en la frontera del país de la libertad. (19—XI–010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se quedó desconcertado cuando el de la voz le dijo, algo así, como: “Pendejo, por qué hiciste eso”. El individuo no negó que había cometido muchas pendejadas, pero no le agarró la hebra a cuál se refería el de la voz. Pero luego pensó que también el Homo Sapiens (demens) había cometido pendejadas y en esas estaba, ahora, corrigiéndolas, je je. (11—XI–010)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo no sabía cómo interpretar la inquietante visión: aquel signo “suástico”, no necesariamente luego en negativo, se levantó de sus cenizas de la central Europa, en veloz carrera pero a medio Atlántico se convirtió en guerrero azteca luminoso, tomó vuelo desde muy adentro del país vecino, y desde allí, cruzando México, se remontó hacia las estrellas; aquel individuo, en la postración en el abismo del sí mismo, creyó “oírle” al de la voz, la expresión aquella, del “soy intuitivo”; aquel individuo creyó escucharle al de la voz aquella expresión de “amo afectivamente”. La cosa se volvía peliaguda, tanto si tales profundidades eran fruto de la introspección, como si no. Porque quién era, aquel individuo, para poder atribuirle tales expresiones al de la voz. (7—XI—010)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: la resistencia de aquel individuo fue dura, pero cuando se dio cuenta que aquello era bueno y valía la pena (y además no había de otra), le dijo, con sentimiento y convicción, reiteradamente, al de la voz: “me dono, me dono…” ; pero “antes”, aquel individuo puso una más de sus objeciones: “pa’ qué les sirvo como robot, permítanme poner en juego mis potencialidades creativas”: no obstante, “antes”, aquel  individuo recibió del de la voz tremenda pregunta: “quién le dijo que se suicidara”, y el individuo, en las oscuridades del sí mismo, no supo qué contestar. (28—X—010)

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SUEÑOS GUAJIROS RUSTICOS: ante el acelere en los torbellinos de las profundidades del sí mismo, aquel individuo fue invitado a poner los pies en la Tierra, porque el de la voz le dijo: no me conocerá más que a través de… y se le presentó la imagen o una referencia de una persona que se llamaba Encarnación; el individuo aquel se admiró de la grandeza prometida al ser humano y le dijo al de la voz: a poco hasta en eso somos libres; lo que de ninguna manera entendió aquel individuo fue cuando se le dijo: le vamos a cambiar el código genético. Porque al de la voz no lo podía atribuir nada, nada, nada, contra el hombre. (21—X—010)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: “Vendrá después la danza de los pueblos: fundida la alegría de los cubanos con la del noble pueblo americano. También el zapateo de los tarascos, mexicanos, con los ritmos sabrosos colombianos, unidos al tambor maravilloso de los múltiples pueblos africanos. ¡Sí se puede”!, dirás, ¡sí que se puede!, el Espíritu hablará, sí por mi raza, mi raza bullanguera, americana. Para decirle a pueblos y naciones que su parto pasó y de la TIERRA el EJE cambió de dirección y ahora se orienta al nuevo mundo, en fin, el POLO del AMOR, por justo y solidario, en gozo permanente, planetario” (De A2K o El Error del Milenio), en las direcciones web abajo anotadas); aquel individuo estaba en lo más profundo de la oscura caverna del sí mismo de tal manera que sólo le quedaba una pizca de razón y por eso se decía, a sí mismo, aquello de El que me lo dio (el mensaje para salir) no falla, y no falló; aquel planetita extraviado estaba precipitándose a gran prisa en la oscura caverna de las profundidades del mundo sideral, pero unos caporales al parecer “extraterrestres” lo lazaron y lo volvieron a la luz de la superficie, a la luz de la Vida; aquel individuo se había precipitado en la caverna oscura del desencuentro, pero su Tierrita fue rescatada para ponerla junto al Gran Fuego y hacerla así el Corazón del Cielo (14—X—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: cuando al individuo aquel se le hizo ver de alguna manera el porvenir (personal y comunitario) que le esperaba, estalló de asombro. No sólo yo, exclamó ante el de la Voz, a quien le dijo: me voy a volver loco. Pero el de la voz sencillamente le repuso: nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de paz. (7—X—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. ¿Quién le dijo que se suicidara?, se le  preguntó al individuo aquel, por quien tenía autoridad para hacerlo. El individuo luego habría de entender que no se trataba sólo de él, sino la pregunta cierto que abarcaba mayores horizontes. (26—VIII—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo se confrontó con el de la voz y, ante alguna eventualidad de juzgar a alguien, le dijo: yo no los juzgo. Pero el de la voz simplemente repuso: ellos (¿los seres humanos?) se juzgan solos. Y de ser así, pues nos estamos juzgando, y está pesado nuestro juicio histórico, je. (11—VIII—010)

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DADO QUE NUESTRO mundo humano (no el astronómico) está totalmente alrevesado, ahora comienzo este MOSAICO al revés, o sea alrevesado. Con dos sueños guajiros, pues, pero de esos sueños comunes, no de esos sueños más profundos, de las oscuridades del sí mismo. Y los cuento, tal como “me los contó aquel individuo”. Resulta que el individuo aquel llegó a un monte rodeado de penumbra, a la cima que más parecía una zona arqueológica. Porque allí estaba un monolito (de piedra, claro) con un dibujo en relieve, de un ave con sus alas extendidas. El individuo aquel, curioso, quería saber quién era, o a quién representaba, aquel diseño artístico puesto allí por no sé quién. Miró hacia arriba y se encontró en las alturas con un pequeño sol, dorado, que le envió el mensaje telepático: es diosa. El enigma estaba descifrado. El otro sueño es más enredado porque, le adelanto, se trata de una rápida, vertiginosa carrera, rumbo al “sueño americano”. Aquel individuo se situaba en un llano, en medio de la penumbra y de pronto sintió el apremio de huir, porque alguien a quien no identificaba, le daba una corretiza. Pero en un momento, si aquí puede hablarse de momentos, se le unió Salvador (un amigo de la infancia). Ambos continuaron la carrera, llegaron a una especie de tobogán, de resbaladilla de esa de los parques infantiles, se deslizaron por ella y llegaron a una estancia elegante, como despacho de abogado, con las paredes adornadas con motivos cuadrados. Ya la hicimos, como que pensó aquel individuo, una estancia muy apropiada para el reposo, con libros para leer muy quitado de la pena, huido del mundanal ruido. Pero no, vino otro apremio y hubo necesidad de lanzarse contra las paredes elegantes, romper una de ellas, salir y continuar la carrera. Individuo y guía, que lo conducía hacia el país de la abundancia, llegaron a un estanque oscuro, se echaron ambos un clavado y se sumergieron en las aguas negras (nada más de color, no de olor). Allí se perdió el guía, y el individuo se encontró en otra estancia, con un sillón ejecutivo de cuatro gajos y un cetro, un librito amarillo de esos que dicen “Dios llega al Hombre” y un grupo de mujeres enlutadas, una de ellas que lo esperaba. Esa era la meta, y no el llamado sueño americano. Yo no sé qué diría el señor Jung de todo esto, pero lo que sí sé decir es que mejor cambio de frecuencia, luego de afirmar que en estas cuestiones el individualismo sale sobrando, porque se trataría, en todo caso, de una aventura compartida. (27-V-010).

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo muy probablemente fue instruido, o eleccionado para que su mensaje fuera difundido de alguna determinada manera, porque el individuo aseguró: sé distinguir los planos. Aquel individuo no comprendió la hondura de aquellas expresiones, aun cuando aceptó la afirmación del de la voz que le decía, algo así como usted me enseña el lenguaje (rústico) y yo le enseño el lenguaje (de las alturas). Aquel individuo sintió la hondura de su enajenación y por eso le dijo al de la voz: si voy al hospital, nadie me va a creer. Por fin se dio por vencido, dio el sí, y de inmediato se sintió un Quijote enjaulado, en carreta de leños rústicos, no rumbo a su casa solariega del señor Quijano, sino al hospital siquiátrico. (20—V—010).

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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS: A aquel individuo lo conmovió la pregunta del de la voz: ¿quién le dijo que se suicidara?, porque no entendió nada, nada. Aquel individuo se precipitaba en la oscuridad de las profundidades del sí mismo pero en cierto “nivel” del precipicio, lanzó el grito salvador de “Viva la Vida”, y fue entonces cuando un coro regocijado se hacía eco desde las “alturas”, desde donde no se sabe mucho: “Quién como Dios”. Y aquel individuo habría de confiar luego, porque llegó “después” a afirmar: el que me lo dio (el mensaje de paz), no falla.

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS. Aquel individuo pareció entender que, el de la voz, le proponía, a un determinado Personaje, como su dirigente y por eso le preguntó: ¿lo acepta como líder?. Pero el individuo dudó, puesto que la idea de líder estaba totalmente contaminada por el poder de un sistema manipulador y corruptor. Aquel individuo pareció entender que el de la voz le hacía una propuesta sorprendente: usted me enseña el lenguaje campesino, y yo le enseño el lenguaje de las (alturas). Aquel individuo se agarró haciéndole preguntas al de la voz, hasta llegar a una fundamental ¿a poco hasta en eso somos libres?. No hubo respuesta, pero parece que la misma vida se encargaba de responderlas. Aquel individuo, ante tan insólitas propuestas, se atrevió a decir: sé distinguir los planos. Eso le daba a entender que el mensaje de vida era para todos, en un respeto completo, total, a la libertad del hombre y de sus reglamentos, y de sus instituciones. Aquel individuo cedió, fue lanzado a las profundidades del sí mismo y fue cuando escuchó el grito liberador: ¡Viva la vida!, coreado regocijadamente por el equipo de vivientes. (1—VII—010)

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SUEÑOS GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo creyó entender la pregunta del de la voz, que le inquiría: qué opina de la revolución mexicana. Y por eso contestó: es un proceso terminado. Y aquel individuo luego extrapolaría, hacia otras revoluciones, que siempre apuntaban hacia algo realmente nuevo, porque la historia la haccn los hombres, pero con una ayudita. Pero no había duda, de esa ayuda, porque aquel individuo había percibido que estaba en la frontera del país de la libertad. 28—XI—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: A aquel individuo se le mostró de tal manera la plenitud que le esperaba, que “protestó” y dijo lamentándose: no sólo yo, no sólo yo. El individualismo había sido derrotado en él. (3—II—011)

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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS: En el umbral de su ancianidad, aquel individuo llegó a comprender algunas cosas, pero algunas otras, las más, bordaban los enigmas de las profundidades del sí mismo. No dejaba por ello de extrañarle aquel “interrogatorio”, ni sus finalidades, interrogatorio desde luego a cargo del de la voz. En todo caso, por la índole del contenido, no dejaba de admirarse de que no hubiese ningún asomo de presión o agresión, contrariamente a lo que sabía por terceros o por las sublimaciones del arte, a que llegaba la infamia humana contra un ser indefenso (a) que caía en las garras de los sádicos de la Tierra. Así es de que el de la voz le Espetó, debiera decir le pro—vocó al individuo aquel, la pregunta de ¿es usted justo?, pero el individuo echó mano del recurso consignado en algún Evangelio de “Sólo Dios es bueno”, pero sin palabras desde luego, tan sólo una referencia a sugerentes destellos, benévolos por cierto, que provenían de no sabía dónde; ¿es usted un chingón?, preguntaba el de la voz. No soy la mamá de Tarzán, repuso aquel individuo. Dígame eso en términos más “intelectuales”, repuso a su vez el de la voz. Por qué cambió de ruta, “preguntó” el de la voz, pero el individuo aquel no supo qué contestar.; quién le dijo que se suicidara, planteó el de la voz, pero el individuo aquel no logró articular respuesta; ¿lo acepta como líder?, planteó el de la voz, pero aquel individuo tenía el prejuicio contra líderes manipuladores y tuvo sus reservas de aplicarlo a Quien consideraba libre de apetitos de poder y de dominio. (6—I—011)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo no sabía cómo interpretar la inquietante visión: aquel signo “suástico”, no necesariamente luego en negativo, se levantó de sus cenizas de la central Europa, en veloz carrera pero a medio Atlántico se convirtió en guerrero azteca luminoso, tomó vuelo desde muy adentro del país vecino, y desde allí, cruzando México, se remontó hacia las estrellas; aquel individuo, en la postración en el abismo del sí mismo, creyó “oírle” al de la voz, la expresión aquella, del “soy intuitivo”; aquel individuo creyó escucharle al de la voz aquella expresión de “amo afectivamente”. La cosa se volvía peliaguda, tanto si tales profundidades eran fruto de la introspección, como si no. Porque quién era, aquel individuo, para poder atribuirle tales expresiones al de la voz. (4—XI—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo creyó entender la pregunta del de la voz, que le inquiría: qué opina de la revolución mexicana. Y por eso contestó: es un proceso terminado. Y aquel individuo luego extrapolaría, hacia otras revoluciones, que siempre apuntaban hacia algo realmente nuevo, porque la historia la hacen los hombres, pero con una ayudita. Pero no había duda, de esa ayuda, porque aquel individuo había percibido que estaba en la frontera del país de la libertad. (18—XII—010)

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. SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS. Aquel individuo pareció entender que, el de la voz, le proponía, a un determinado Personaje, como su dirigente y por eso le preguntó: ¿lo acepta como líder?. Pero el individuo dudó, puesto que la idea de líder estaba totalmente contaminada por el poder de un sistema manipulador y corruptor. Aquel individuo pareció entender que el de la voz le hacía una propuesta sorprendente: usted me enseña el lenguaje campesino, y yo le enseño el lenguaje de las (alturas). Aquel individuo se agarró haciéndole preguntas al de la voz, hasta llegar a una fundamental ¿a poco hasta en eso somos libres?. No hubo respuesta, pero parece que la misma vida se encargaba de responderlas. Aquel individuo, ante tan insólitas propuestas, se atrevió a decir: sé distinguir los planos. Eso le daba a entender que el mensaje de vida era para todos, en un respeto completo, total, a la libertad del hombre y de sus reglamentos, y de sus instituciones. Aquel individuo cedió, fue lanzado a las profundidades del sí mismo y fue cuando escuchó el grito liberador: ¡Viva la vida!, coreado regocijadamente por el equipo de vivientes. (1—VII—010)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo muy probablemente fue instruido, o eleccionado para que su mensaje fuera difundido de alguna determinada manera, porque el individuo aseguró: sé distinguir los planos. Aquel individuo no comprendió la hondura de aquellas expresiones, aun cuando aceptó la afirmación del de la voz que le decía, algo así como usted me enseña el lenguaje (rústico) y yo le enseño el lenguaje (de las alturas). Aquel individuo sintió la hondura de su enajenación y por eso le dijo al de la voz: si voy al hospital, nadie me va a creer. Por fin se dio por vencido, dio el sí, y de inmediato se sintió un Quijote enjaulado, en carreta de leños rústicos, no rumbo a su casa solariega del señor Quijano, sino al hospital siquiátrico. (20—V—010).

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo revivía en lo profundo del si mismo, imágenes de aquella guerra perpetua en la ficción de la novela “1984” de George Orwell. Sin embargo, aquel enredo “cibernético” no fue perpetuo y regresó a la “superficie”, a un mundo de flores, insectos, cerros y arroyos. La nueva salida del sol, era más gratificante que los oscuridades del desencuentro de los anteriores horizontes. (9—XII—010). SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo revivía en lo profundo del si mismo, imágenes de aquella guerra perpetua en la ficción de la novela “1984” de George Orwell. Sin embargo, aquel enredo “cibernético” no fue perpetuo y regresó a la “superficie”, a un mundo de flores, insectos, cerros y arroyos. La nueva salida del sol, era más gratificante que los oscuridades del desencuentro de los anteriores horizontes. (9—XII—010).

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo no sabía mucho de beisbol, pero se le sugirió en el tablero del partido, el “score” donde siempre, siempre, a la larga, ganaba el mejor partido: el de la vida (se suponía que con todas sus valoraciones como justicia, paz, encuentro y etcétera). (16—XII—010).

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SUEÑOS GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo creyó entender la pregunta del de la voz, que le inquiría: qué opina de la revolución mexicana. Y por eso contestó: es un proceso terminado. Y aquel individuo luego extrapolaría, hacia otras revoluciones, que siempre apuntaban hacia algo realmente nuevo, porque la historia la haccn los hombres, pero con una ayudita. Pero no había duda, de esa ayuda, porque aquel individuo había percibido que estaba en la frontera del país de la libertad. (18—XI—010).

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: En las profundidades de sí mismo, aquel individuo se dio cuenta de la enormidad del paquete, que lo sobrepasaba. Había alcanzado a entender una especie de mandato en el sentido de que no se diga por la palabra, lo que no se recibió por la palabra. Aquel individuo habría de recordar nociones tan comprometedoras como aquellas encerradas en la palabrita Pantocrator (Dios todopoderoso ,por soberano), los misterios de Dios son inescrutables y el Espíritu sopla donde quiere. Aquel individuo era invitado , si se puede expresar así, a dar un mensaje, necesariamente de paz, por lo que objetó al de la voz y le “dijo”: para qué les sirvo como robot, permítanme poner en juego mis potencialidades creativas. Y de plano, aquel individuo parecía rajarse cuando “dijo”: por qué no escogen a un intelectual. Al fin se dio por vencido y aquel individuo simplemente, en las profundidades de sí mismo , atribulado, “dijo” con sentimiento: me dono, me dono. Y prefirió pasar como loco, antes que fallarle, a quien consideró amoroso, con la suficiente autoridad como para hacer tan tremendas y esperanzadoras propuestas. Porque en algún “momento”, el de la voz le había dicho algo así como: no me conocerá más que por la… (y aquí, por alguna asociación, se sugería el nombre de una persona llamada Encarnación). (22—XII—010).

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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS: A aquel individuo lo conmovió la pregunta del de la voz: ¿quién le dijo que se suicidara?, porque no entendió nada, nada. Aquel individuo se precipitaba en la oscuridad de las profundidades del sí mismo pero en cierto “nivel” del precipicio, lanzó el grito salvador de “Viva la Vida”, y fue entonces cuando un coro regocijado se hacía eco desde las “alturas”, desde donde no se sabe mucho: “Quién como Dios”. Y aquel individuo habría de confiar luego, porque llegó “después” a afirmar: el que me lo dio (el mensaje de paz), no falla. (25—XI—010).

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((( FANT3

ENCUENTROS CERCANOS

Silviano Martínez Campos

— Entiendo que anda usted con dificultades.

—Ando, y no encuentro la puerta, ya no siento lo duro sino lo tupido; hacia donde quiera que dirijo mis pasos, topo con barreras a tal punto que creo encontrarme en un callejón sin salida.

— En qué puedo ayudarlo, creo me llamó usted.

— Lancé un S.O.S. (Save Our Soul, salve nuestra alma), a las cuatro direcciones del Universo; mi ser atribulado se encuentra como una tempestad marina, que debe ser espantosa, según cuentan quienes han experimentado las furias del mar. Usted respondió a mi lamento. Cualquiera que sea su planeta, gracias señor extraterrestre.

— Confía usted en los extraterrestres y está bien, aunque los pinta monstruosos, guerreros, conquistadores y hasta chupasangre. Es bueno confiar en alguien aun cuando mejor sería confiara también en usted mismo.

— ¡Quién nos salvará de esta hecatombe de no ser ustedes los extraterrestres! Porque déjeme contarle, si usted no lo sabe, es interminable la letanía de nuestros males. Las leyes de este planeta, sabrá usted, determinan que nos comamos unos a otros. Me refiero desde luego a seres no movientes y a los semovientes: unos ni se mueven del lugar donde nacen y otros pisan cualquier lugar aunque no sea suyo. Entre estos últimos nos contamos los inteligentes y estamos a punto de “cuando el destino nos alcance”, comernos también entre nosotros, en forma de galletita.

—…

— Creo que no me entendió, su silencio lo dice. El caso es que muchos seres inteligentes, unos mil millones, tienen dificultad de comerse a los no movientes y a algunos de los semovientes.

— No sea rebuscado, tortuoso, retorcido. Por qué no dice claramente que hay hambre en su mundo, los bienes son mal repartidos, el SIDA los acosa, los flagelos del narcotráfico, violencia, terrorismo los desquician; cambios climáticos los asustan; treinta guerras dan idea de su desequilibrio global y, en su ombligo del mundo, su México, se acabó el desarrollo estabilizador, unos veinticuatro muy inteligentes se quedaron con la parte del león, los volvieron a saquear y tampoco pudieron defender el peso.

—Sí me entendió, conoce parte de la historia, pero no ha terminado la letanía: las cosas están de tal manera descompuestas, que muchos de esta Tierra creen que es acabamiento de mundo y al dos mil no hemos de llegar.

—Así decían el sesenta ¿recuerda?, y muchos apresuraron su casorio. Debe ser igual ahora. ¿No cree que la vida amenazada por defenderse más tiende a difundirse?; pero vamos con el acabamiento de mundo, ¿No cree más bien que el mundo que ha conocido ya se acabó y usted no se ha dado cuenta y todos esos grandes gemidos de su letanía no son sino estertores que anuncian nueva vida?

—No entiendo, señor extraterrestre.

—Voy a llevarlo de la mano, vea y entienda cómo es ahora su planeta. Tome su directorio y verá que puede comunicarse por el aparatito a cualquier lugar del mundo (“o casi”); vea su noticiero preferido, haga a un lado manipuleos interesados y entérese de las catástrofes de cualquier rincón del mundo (aquí sin “casi”); vaya al aeropuerto internacional más cercano y desde allí viaje a cualquier lugar; no se lo recomiendo si no lleva visa y una talega de dólares, pero allí está la posibilidad al alcance de su mente.

—No siga, para saber eso no requiero consultar a extraterrestres. También sé que ya pisamos la Luna, pero en vez de plantar la bandera de la Tierra, izamos la de un país pionero en la astronáutica. El mundo se encamina a su unidad, pero hasta ahora la ONU rehúsa la forma de gobierno mundial democrático y participativo que deje a un lado pretensiones hegemónicas de los viejos imperios o pretensiones de dominio por los dineros de potentados financieros.

—Volvamos pues a lo pequeño. Vuélvase contemplativo. Siéntese junto a un hormiguero, o junto a una colmena o un avispero, no tan cerca, por supuesto. Observe a los animalitos, cómo todos trabajan, todos tienen su lugar, todos comen del aporte común y no hay jerarquías dominantes sino de función y de servicio. Pero no calque su modo de vida a la suya social, porque sus ciudades se vuelven inhabitables. No olvide que la lucha a muerte contra la propiedad terminó con la muerte del sistema. Pero tampoco desestime que la propiedad sin coto ni medida también puede terminar con el sistema y de paso con la Tierra.

—Eso también lo sabemos, nuestra inteligencia clasifica día a día ensayos, estudios y serias consideraciones en periódicos, libros y memorias electrónicas.

—Volvamos pues a lo grande. Vuélvase contemplativo. Mire de vez en cuando hacia arriba, cuente las estrellas de su galaxia y luego cuente las galaxias sin olvidar, desde luego, la descubierta el otro día y verá cuán grande y variado es, qué bello y qué asombroso su Universo. Esa es su casa.

O mire hacia abajo a lo pequeño y vea hasta sus confines donde se borra el tiempo y dé gracias porque hay límites en su mundo y en usted, así está mejor porque no se pensará omnipotente, reconocerá sus límites y así será plenificado.

—Ya lo sé, pero eso no es noticia, perdí el sentido del asombro.

—Creo haber detectado la causa de sus males. Su pequeñez lo apena y siéntese marcado por la grandeza del mundo descubierto; y se refugia, para sentirse grande, en las arcas de sus cajas fuertes, en la madeja de su poder; lo indigestan sus juguetes tecnológicos o la abundancia de su mesa o se aturde con ruidos e imágenes. Su miedo lo ha hecho más violento. Es cuando olvida lo que es compartir, cuando la ley fundamental en su planeta es donarse los unos a los otros, los no movientes y los semovientes, como quiso explicarme, para que todos coman del pan propio y del ajeno.

—También eso lo sabemos los inteligentes, sólo que no ha bajado de la idea al afecto ni el afecto ha motivado la mano que comparta.

—Puesto que ya lo sabe todo, debo decirle sólo que bajé del reino de los sueños para ayudarlo a usted, el homo sapiens. Misionero soy del país de la vida, yo mismo ángel, reina coronada, si prefiere, o un hada bienhechora. Destellos rojos, verdes, amarillos, tornasoles visten el arcoiris que es mi cuerpo y a través de mi cuerpo mi mensaje. Soy reina o rey si prefiere y la diadema que a mí corona es receptáculo de lenguajes cifrados venidos de más alto, o de más profundo si prefiere y cada luminiscencia es una caricia para usted, el homo sapiens, en conspiración amorosa, acordada en las estrellas. Somos en mi planeta luminosos, dotados de luz fuerte, vigorosa, aun cuando su colorido iridiscente no lastime. Tachonada nuestra frente de joyas diminutas en destellos ordenados. Reflejamos con ellas lenguaje inteligente y en él afirmamos nuestro ser y nuestro estar vivos y damos gusto y regocijo a quien regocijo y gusto nos prodiga. Razón, gusto y afecto, alegría de ser que chocan con mundos y universos donde tal vez sólo domina el intelecto. Capaces somos de recibir los secretos máximos del mundo en la cadencia de una frase musical, pero también palpamos el misterio en la barrera diminuta de un bemol.

Satis mirari nequeo, señor extraterrestre, no puedo admirar bastante y disculpe el latinajo ya en desuso, que sea bello, radiante su planeta, ¿De cuál, de cuál procede, señor extraterrestre? ¿De Alfa Centauro o tal vez la Tau Zeta, Epsilon Eridani, Sirio, la estrella más cercana, o acaso la última lejana?; ¡Será usted habitante en Tauro, bella Orión, el Cangrejo o tal vez alguna de las Osas! ¿Y si es una galaxia, cuál, la próxima o aquella, Andrómeda tal vez, Magallanes será, M 3 ó la Z 24?

—De tu mismo planeta procedemos, el bello, rutilante, multiforme, viviente, el astro azul llamado Tierra, bendecido, tal vez con otros muchos de tu Cosmos, en el don prodigioso de la vida. Entiéndelo mejor, somos tú mismo, cuál eres ya por dentro, muy adentro pero no tanto que puedas negarte a escuchar lastimeros los ecos de tu SOS. Verás así que estamos cerca, encuentros cercanos surgidos de lo alto podrán ayudarte y junto y amoroso con todos mis hermanos, arregles desde ahora tu morada en justicia y la PAZ que te regalo. Tempestades vendrán, qué duda cabe, tormentas provocadas o espontáneas, pero encuentros cercanos con tu alma bien podrían ayudarte a esperar y hacer esperando la casa que viene hasta tu encuentro, hermosa, plena y solidaria. Tu pregunta respondo, al fin contento: los contactos cercanos que apeteces contigo mismo son, y yo tu HERMANO, soy tu mismo, el HOMBRE iridiscente del futuro. )))

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Ventanas, Págs. 7B-8B, 14/V/1995. y en ETCETERA, semanario de La Piedad, Mich., el 15/V/1995)

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Martínez Campos, 28/IV/011

GUIA

MOSAICO

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 28 de Abril.- EN ESTOS TIEMPOS desquiciados y desquiciantes, es bueno, a fin de sobrevivirlos, agarrarse de algo. Pero no es lo mismo agarrarse de un bastón a fin de sortear un tropiezo, o una caída, que agarrarse de un clavo ardiente, como se dice, con el riesgo consiguiente de terminar tatemado. En el caso personal, pues depende cómo agarre uno la vida; pero en el caso más amplio, el social o el comunitario, depende como le presenten el bastón, o en su caso el clavo. Digo esto, porque estos días a los amantes del espectáculo se nos presentan dos casos espectaculares para agarrarnos, en la fantasía, o en la devoción. La boda de Guillermo y la beatificación de Juan Pablo (no de Karol, por lo que se ve). SERÁ POR EDAD o será por convicciones, creo estarme volviendo más respetuoso y tolerante de las tradiciones (ajenas, claro) y creo que allá por los setenta se alborotaba el avispero bajando del pedestal estatuas e imágenes, en lo que estoy de acuerdo, pero esto poco a poco. En lo personal, ni tengo qué decirlo, asumo mi propia historia , incluidas mis fijaciones en mi ombligo del mundo, dicho sea de paso mi Ziquítaro. Pero creo no ser este el lugar para reminiscencias tan agrestes y campiranas, por lo que me veo obligado a cambiar de frecuencia. POR LO MISMO, debo decir, en el caso de “la boda del siglo” (¡Cómo le harán para saberlo, si apenas llevamos de él once años!), muy respetable la tradición británica que a estas alturas acepta a su nobleza. Eso sí, a veces la desnuda con sus críticas y los paparassi no se detienen ante nada para hurgar en busca de fotos. Para nosotros no pasa de ser espectáculo y para ellos, además tal vez un negocio colateral, porque si gastan millones de libras, de seguro las recuperarán con el turismo. Y EN CUANTO a lo de Juan Pablo, es otra cosa. Nadie niega que la gran inversión de la municipalidad para cuestiones de seguridad y orden, será compensada po r los millones (aquí no libras sino liras) que llevarán los millones de visitantes. Y por acá, entre nosotros y en otras latitudes, las transmisiones en vivo y en directo tendrán también su recompensa, por lo que significa meterle, entre prédica y prédica, el “mensaje” que deja también millones en ingresos publicitarios. PERO AQUÍ CAMBIO de frecuencia, pero por otras razones. Recuerdo cuando vi a Juan Pablo, en la esquina de Reforma e Insurgentes, en la ciudad de México. Entonces en vehículo totalmente descubierto, sin “papamovil” blindado como luego del atentado en su contra. Desde luego que para el creyente y seguidor del Papa, como dirigente (pastor), su figura impone. No hay qué desestimar, sin embargo, que en la realidad (lo leí en una novela donde el Papa de ficción llevaba consigo la forma eucarística) lleve la ostia y que, desde luego, siempre bendiga en nombre de Jesucristo. El caso es que según crítica de fondo, la explosión devota del pueblo mexicano durante el primer viaje y los subsecuentes de Juan Pablo II, fue una vivencia mística. Así lo creo. Por eso e independientemente de los manipuleos mediáticos, el pueblo mexicano sí estará en espíritu con el nuevo Beato, quien por lo demás en el Estadio Azteca, luego, de hecho se proclamó mexicano. EL MISTERIO DE todo esto es por qué ahora nosotros estamos en convulsión, presas de la violencia, del desencuentro, de la insania. ¿No será que los amaneceres luminosos siempre se anuncian por las noches más oscuras?. ¿Y esto también, a niveles globalizados?. Pues quién sabe. MUY BIEN QUE los mexicanos estemos representados en la beatificación, por nuestro Presidente y por los turistas que pueden hacerlo. En lo personal, sin dificultad, pero no sin sufrires por la movida de tapete que significan los cambios drásticos, estaría de acuerdo en una Iglesia desclericalizada, con sacerdocio femenino, desburocratizada al grado de volverse más comunitaria y menos masiva, porque nuestro mundo desquiciado necesita más y más su voz (la de su Maestro); pero las tradiciones de siglos o de milenios, no se acaban así porque así, sólo porque uno lo desee. Tal vez aquí también funcionen leyes evolutivas, en caso copadas o fomentadas, a según, por las burocracias cerradas o las mentes abiertas. PERO DE QUE hay otras quemazones, no tan metafóricas como en el caso de conservadurismos regresivos, las hay y las hay. Los incendios forestales tan destructrivos en buena parte de nuestro territorio. Sequía, altas temperaturas, vientos, irresponsabilidades, se mencionan como causas. Y por allí debe andar, medio oculto pero real, el tan llevado y traído cambio climático. EL MENSAJE DE fondo: una partecita de la homilía del Jueves Santo, del obispo auxiliar de Morelia, monseñor Carlos Suárez Cázares, oriundo de La Piedad: “…Es necesario hacer de la Eucaristía nuestra vida, pero también hacer de nuestra vida una Eucaristía, sobre todo con el ejercicio de la caridad al prójimo, en la lucha contra el hambre, hay tantos pobres en el mundo, en la construcción de una sociedad nueva donde se refleje el mandato que hace Jesús, que todos sean uno, como tu, Padre y Yo, somos uno. Hemos recibido y lo que hemos recibido debemos transmitirlo”. Y la exigencia del Jueves Santo, lavarnos los pies los unos a los otros. El obispo habría de encabezar el rito del lavatorio, que no se entiende aislado de la misa. El significado, pues, de la Eucaristía, don de Dios, Dios que se entrega, para hacerlo don entregarlo a los demas en el servicio, y esto clérigos y laicos y familias, según lo expresó y es de entenderse. (www.lapiedadymiregion.wordpress.com; www.ziquitaromipueblito.wordpress.com; www.silviano.wordpress.com).

FANT.5- LA INVASION

[editar] LA INVASION

Silviano Martínez Campos

—Pst, pst, pst, somos nosotros, ganamos la guerra. Ganamos, ganamos, hey, mira, frente a ti, frente a ti. ¡Hey!, humano, aquí, aquí, nos tienes enfrente. En tu cabeza, arribita, pst, pst.

((— ¡Eso me pasa por transgredir la austeridad y cenar de más!, ¡no vuelvo a entrevistar al diablo! ¡Sólo eso faltaba, no niego que haya oído voces, pero eso fue hace más de veinte años!)).

— ¡Mirhaciarriba, de frente, por los libreros!, donde guardas empolvados pensadores y uno que otro músico.

((— ¡Ya caigo!, no que no. No que eran mudos, con mentalidad sólo histórica e inmortales pervivían solamente por sus obras y por su pensamiento plasmados en libros y en partituras. ¡Les seguiré el juego!)).

—Sí señores, ¡cómo no!, hermanos poetas, hermanos músicos, hermanos cuentistas, hermanos filósofos, hermanos pensadores. De acuerdo, ganaron la guerra, a mí, ávido en el buscar y torpe en el encontrar. He de confesar, sin embargo, que en cada libro puse un afecto, una duda, una pregunta y disculpen la propia dispersión. Doctorado en vida y de seguro porque anduve a tropezones; pero algo debió quedar de ustedes en la mente: alguna obra, un capítulo, algún párrafo, tal vez un pensamiento o la huella de una palabra solitaria.

Mil disculpas a usted señor Platón, mil disculpas a usted señor Aristóteles. Si no he logrado terminar sus obras, no es porque falte el interés, sino más bien entretuvo mi mente el arte de su pueblo y ¡cómo me divertían las travesuras de sus dioses! Y en nuestros propios monumentos admiraba los que sus artistas diseñaron.

—A ese paso, no te alcanzará el resto del milenio para el mea culpa en el recuento de tu ignorancia. ¡De frente, en tus ojos! —Ya caigo, “los cassetitos”. ¡De usted, señor Mozart, he aprendido que a los niños no se les debe colmar de honores (ni de vituperios), eso despierta celos que lastiman y corta las flores antes de que plenamente fructifiquen. Pero comulgo con su música y estoy de acuerdo en que la inspiraron ángeles.

Qué habría de contar a usted, señor Beethoven. Los sufrimientos también pueden ser fecundos. Y su quinta, desde joven, me enseñó a dar cauce a las nostalgias; su pastoral confirmó el gusto campirano por escuchar la orquesta en tempestades y su coral hizo también extender la mirada en más amplios panoramas.

— ¡Huy Narciso, con razón te caíste en el estanque!. Ve de frente, en tus ojos, como cuando miras a contraluz tenue del día. ¿Qué has observado?

—Una como galaxia en el ojo izquierdo y, en los dos, como puntitos relucientes danzarines, semejantes a minúsculas estrellas. Defectos oculares, no lo niego, o quién sabe qué cosas naturales; pero alguna vez me incliné a ver en ellos, fantasioso, ánimas diminutas de difuntos vagando en nuestra tierra.

—Ni lo uno, ni lo otro. El garabato de tu ojo, uno como cordel entrelazado, es el Ebola. Puntitos luminosos ambulantes son los virus del SIDA. ¡Ganamos la batalla!, estamos en ustedes y somos parladores, les hemos invadido su organismo.

—Bichos infames, me trambuluquearon. Y yo, ingenuo, imaginaba se había estrenado nueva dimensión en nuestro mundo y dialogábamos con los inmortales.

—Tú, homo sapiens, naciste en África, según crees, y nosotros también allá nacimos; te extendiste por la tierra y asimismo nosotros; nos declaraste la guerra y estás correspondido.

—Animalitos del Señor, si no son malos, respetamos el milagro de su vida, pero respétennos también. Y no sean mentirosos, ni han salido de Africa ni han ganado la batalla, pero sí causan estragos entre hermanos, ahora de pronto allá, en un rincón del continente. ¿Por qué están enojados?

—Porque tú, homo sapiens, con los ensayos de tu química puedes ocasionar la muerte de todos los vivientes. No expertos en guerras como ustedes, hemos montado ejércitos potentes. Microbios, gérmenes, bacterias, virus, bacilos, en ordenada mezcolanza preparados estamos para los frentes de batalla. Cólera, tuberculosis, tifo, tétanos y rabia, viruela, polio, sarampión y gripe proletaria, convencionales armas son; armamento pesado el SIDA y el Ebola, más los que abramos en la marcha del conflicto: hoy por sobrevivir nos federamos.

Y ya que ustedes repudian esta bella Tierra, nosotros venceremos, dueños d’ella; reyes de la creación nos declaramos, pues dejó el trono quien no supo llevar digna corona. Gracias de todos modos por su paso, maestros del pensar, nos enseñaron, mas no se dieron cuenta por su prisa, que en cada especie muerta se corta al Creador un pensamiento y al Universo todo un latido de su pulso.

—No es para tanto, bichos maldicientes. Un pacto y podremos entendernos.

—Déjennos vivir y vivir los dejaremos.

—Vuelvan a los changuitos, a quienes no hacen daño, nos dejan en paz a los humanos y por siglos de siglos convivimos. Pero dennos tiempo, bichitos, una tregua; seguiremos simulando nuestra guerra, ustedes perdedores, pero al perderla, ganan.

Por principio de cuentas, los aislamos, mas no olvidamos a nuestros hermanos invadidos. Ángeles de cofia y ojos relucientes, cuidan a nuestras víctimas caídas. Generales y tropas de blancos uniformes armados de jeringas impiden que perdamos las batallas.

Doctorados científicos sacados a empujones de viejos laboratorios de la guerra, inventan nuevas armas que detecten, neutralicen, bichitos, a sus tropas. Brigadas portadoras de alimentos construyen las murallas defensoras porque sólo donde hay hambre y miseria llegan las huestes ebolinas.

En tanto se organizan las naciones, las Naciones Unidas se organizan, arman sus burocracias de la vida y entablan batallas planetarias. UNESCOs promotoras de cultura, educan en el uso de los bienes, educan en el uso de las letras; Obreros Mundialistas Sanitarios que limpian las cloacas de la Tierra y dejan relucientes sus estanques; Fecundos Agraristas Observantes cultivan en el campo los maizales; Unidos Numerosos Integrantes de Clubes Entusiastas Federados, rescatan a los niños de la calle.

La tregua de la guerra simulada, treinta años podría durar, ejércitos sidianos y ebolinos; paz concertada con huestes microbianas, es la propuesta de la humana raza.

—Ora sí te atrapamos, homo sapiens; muy en serio rey de la creación te titulaste y no sólo disponías de nosotros al ponernos nombre según condición y apariencia, sino en el curso de vida depredante fuiste acabando especie por especie y, al paso que vas, si te dejamos, quedarás como rey solo y desnudo, pero sin corte viviente que inciense tus grandezas, pero tampoco que te vista y alimente.

—Duros, drásticos son, bichos malvados. ¿Quién a ustedes encomienda defensa de los reinos? Rey de la selva, al león reconocemos, al delfín animal inteligente tras nosotros; como fiel servidor al perro, nuestro amigo, y dócil criado nuestro al asno laborioso. Pero ustedes microbios del demonio, sólo dolores y penurias causan. Torpes, faltos de entendimiento tuvieron qué escoger los ojos par manifestarse cuando a nuestro gran cerebro pudieron revelarse.

—Dos razones te damos, mentecato. El león, rey de la selva, claudicó de su reino entre nosotros al dejarse enjaular y ser hazmerreír en circos y festines; negóse el delfín temeroso a dejar seguridades en sus mares y correr en tierra la carrera que ganaste; el perro fiel prefirió la garantía de su comida al lado tuyo y el impráctico borrico escogió ser tu esclavo, pero no olvides que con sus dos grandes antenas, más disponible está para oír las señales de los astros.

Otra razón, no menos convincente, expresamos a ti, gran homo sapiens. Tu cerebro está más bien que sano, has logrado por él remontarte al principio de las cosas, a penetrar las entrañas de tu Cosmos y a medir el tamaño de su esfera. Has palpado fronteras del misterio y a través del cerebro pensar el Universo.

No es pues a tu cerebro al que queremos. Nuestras huestes conspiran defensivas a posesión mayor, donde tú sabes: al corazón que malquerencias trama, al corazón que a razonar se niega, al corazón que de temor enferma. Allí está tu maldad, no en el cerebro. Tus tendencias nocivas allí anidan.

—Bichitos parlanchines, causan risa. ¿Quién instruyó a bacilos moralistas, quien a los virus que prediquen vida? No todo corazón está podrido, abundan millonarios en largueza, ONGos pululan defendiendo al hombre, yerbas y bichos abogados tienen; casas, asilos, hospitales y orfanatos cuidados son por ángeles de cofia, salvan al mundo las Teresas de Calcuta. Treinta años de tregua nada más o perecemos o salvamos todos. Nada es tan simple y basta de locuaces mandatarios, su palabra esperamos, punto y cambio.

—Mandatarios lo somos, tú lo has dicho. Mandatarios de todo lo viviente. Olvidaste de pronto que tu origen, conforme a tus científicas razones, en microbios está y no en gigantes, ya sean hombres, elefantes o torpes dinosaurios. Por lo demás no lances ultimatums, ultimatums nosotros los ponemos. Nunca punto final hubo en tu historia, sí nuevo comenzar: punto y aparte. Si en materia de puntos discutimos, estaríamos en puntos suspensivos.

¡O paras tu rápida carrera, legislas desviaciones del progreso, unes al mundo y todas las naciones, calmas tu corazón de tempestades o nos vemos al término del pacto! Treinta años no es mucho, no seas tonto, un futuro de ensueño te deparo: tu nueva Tierra, aquí, por miles de años y la tierra de allá, por siempre nueva.
(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Ventanas 4-B-5-B. 11/VI /1995. Y en ETCETERA, semanario, La Piedad, Mich. 5/VI/1995)

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FANT.6- LA MUSA

[editar] LA MUSA

Silviano Martínez Campos

—Pase usted, señora, cuánto gusto, ésta es su casa. Tiempo hacía, tal vez meses, no me visitaba. De seguro había notado algún desaire. Pero, a pesar de mi pobreza, le aseguro, la cortesía me impide rechazarla y póstrome de nuevo a sus aladas plantas.

—Mira muchacho, q’eso no te queda: tu párrafo primero está falseado. Cuarenta y cinco palabras he contado y de ellas 5 y 40 son vacías. Tratas de dar miel a la antigüita, pero te sale hiel a la moderna. Si acaso mi pobreza sea muy cierta. Pobreza de lenguaje: ocho hiatos, lugar común en número de cinco, disonancia final y poca simetría. Como que sale verso sin esfuerzo.

—A esas exigencias no me gana: hiatos al por mayor le he detectado y bien que sean de moda reprimendas gramaticales en altos niveles poderosos, pero eso no autoriza exigir melodía cuando usted sólo indicó el ritmo.

—Allí está la cuestión o sea el detalle. El ritmo lo palpaste a maravilla, desde el canto infantil aquél que sabes y luego tu tañer del tololoche con un palo y cordeles fabricado. Pero faltó la melodía, ¿recuerdas?, y tuve qué ponerla yo, tu musa, 35 años después o más o menos, con ayuda del músico Rossini.

—El ritmo lo enseñó don Chon, cuando tocaba en fiestas pueblerinas, escalas refrescantes del trombón y en los jarabes los compases del bajo improvisaba. Pero también doña Benita, cuando de joven era cantadora. Las alegres canciones que entonaba mientras hacía tortillas, las medía con el rítmico son de la palmada. A mano estamos, mi musita linda, tú también me fallaste con el tiempo: veintitrés años ha, si lo recuerdo, que pasó el Kohoutec por estos cielos. Entonces me decías del Thecel Phares (Mane también), como anuncio, en la cola del fúlgido cometa, que ni se vio, por cierto, pero la fantasía indicaba lo contrario.

—Puede tengas razón, bien lo recuerdo. El argumento se basaba en esto: es tal la confusión en el planeta, que un cometa agorero nos visita. Aparecen los signos en su cauda, las naciones lo miran temerosas. De los cuatro rincones de la Tierra comienzan los informes cautelosos, sin que hubiera “Internets” ni celulares, “vipers” ni redes ni correos satelitales.

—Los científicos arguyen sus razones, astrónomos escrutan los espacios, se juntan comisiones de estudiosos y concluyen de pronto con premura que ningún observatorio del planeta llegó a registrar los signos tales que a todos auguraban los tres ayes: tus días, tus días, tus días , están contados.

Un fenómeno tal, obvio es decirlo, no dejó satisfechos a los hombres, con las razones de los hombres sabios. Otros sabios también se dedicaron, por encargos precisos de la ONU, a estudiar por su cuenta los sucesos y echando mano de las ciencias varias, sobre todo las ciencias humanistas, concluyeron por fin muy cautelosos, que de signos aquellos, Thecel Phares (Mane también) sólo alucinación había ocurrido.

La guerra de Vietnam era una causa, dos guerras mundiales otra d’ellas, tensiones por doquier acumuladas, habían sobrecargado la memoria de violencias sin fin y eso, claro, que ni Ruandas, Yugoslavias o Chechenias aparecían por tanto en el planeta.

Entonces los gobiernos presurosos en la ONU por fin se concentraron y jefes de gobierno y los de Estado, una junta por fin recomendaron. Días de debate fueron y tensiones. Pero todos llegaban al consenso: una sola familia componemos y ante signo ominoso del cometa, no nos queda otra más, nos federamos.

Un gobierno mundial por consecuencia, había nacido ya tras el cometa, que según las noticias de la gente, tuvo su aparición el día primero, brilló por Navidad y un día 28, el de lo Santos Inocentes, manifestó esplendor, para dejar la Tierra en primeros de febrero.

—Cuánta razón te asiste, musa mía, la música faltó, qué duda cabe. Una novela quise hacer y darle al ritmo, versátil melodía llamativa. Mas te faltó decir que eran treinta años el plazo que se daban las naciones y eliminar las armas destructoras, derribar de sus bases los misiles y luego convertirlos en tractores.

El cuento contemplaba, por supuesto, organizar la ciencia y la cultura, salud, educación, la siembra y la cosecha: almacenar graneros previsores, reorientar la técnica hacia el hombre. Hurgar más las entrañas de la Tierra. Y todo en libertad de pueblos y naciones, en era universal inaugurada.

—Vergüenza debe darte confesarlo, ni siquiera el esquema terminaste. Pero la realidad te adelantó y los jefes de Estado y de gobierno, ciento cincuenta o más comienzan a reunirse, en Naciones Unidas con motivo de su cincuenta aniversario.

Veremos si ellos ponen como meta, organizar el Foro y, en treinta años, ponerle el parchecito al agujero de la capa de ozono desgarrada; terminar con las guerras de locura, prevenir a su tiempo los temblores; formar las Internet humanitarias; inventar artefactos bienhechores; regar por todos lados la semilla del trigo, del maíz, del arroz y los frijoles, para saciar el hambre de millones.

—Una cosa omitiste, muchachita, a no ser que me falle la memoria. Que el Kohoutec ya había pasado por la Tierra, dos mil años antes, al comienzo de esta historia.

—No juegues con el tiempo y con los signos, ya bastante penuria te atosiga. Dedícate mejor, si bien te place, a escribir sobre flores y jardines, con el estiércol que dejan las noticias de sismos, homicidios y masacres y ponte el saco que diseñan quienes lobos son al dar consejos a la luz de las estrellas en llanos cultivados entre montes, fervientes defensores de utopismos pregonados por locos fantasiosos tocados por las musas de los vientos.

—Si musa de los vientos te acreditas, sopla donde tú quieras, eres libre; pero dame tan sólo, te lo pido, el ritmo terciario o cuaternario y me pongo después sombrero ajeno, te saludo con él y yo te canto, la canción infantil de “La Paloma”. Pero ya adolescente, crecidita, podré cantarte un canto de mi pueblo y podré repetirte muchas veces, que tu cara es muy linda, “Eres Bonita”, que tu cara es muy bella, muchachita.

—Si a esas vamos yo también te canto, la primera canción que se me ocurra, porque todas me sirven para amarte; aunque podría ser la que tú escojas, te pido aceptes esas dos estrofas, de la bella canción : “Adolorido”.

—Desde luego que sí, con asegures, si ese canto y esa letra tú la extiendes a los seres que sufren y se angustian por los mil estertores del milenio. Sólo así comprendemos el sentido de voces y lamentos y plegarias que ofrendamos a diario los humanos, en casas, templos, catedrales o en las calles.

—No pides imposibles, lo aseguro; santo y seña te doy pa’ que me escuches. “Si a tu ventana llega una paloma, cuéntalo por seguro que es mi persona; si a tu ventana llega un burro flaco, trátalo con cariño, que es tu retrato”, como decía en sus cantos tu mamita. Si en la banda de Ichán o de Ocumicho, Numarán, Santa Fe, Cruces de Rojas, La Cañada, escuchas esos ritmos pegajosos, no olvides que en el bajo está la clave. Ta, Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta: Sol La Si Do.

Intenta comprender –¡si un niño entiende!— la clave te la da naturaleza, el solfeo repetido de las aves, sonsonete cansado de los grillos, el compás sosegado de las ramas y el ritmo que te dan las estaciones.

Pero si quieres música tremenda, que linda en las fronteras del misterio, entonces de la dan las tempestades, los gritos repentinos de los rayos, lamentos que resurgen de la Tierra, en huracanes, sismos, terremotos.

—Parece que capté, no mucho, ¿sabes?, pero empiezo a entender la tonadilla del canto aquel que te brindó Francisco. Pero también aquella, que en noches de Luna cándidos chiquillos entonaban y te devuelvo, con ligera versión modificada: “Una Paloma Blanca,/ que del cielo bajó,/ con sus alas doradas y en el pico una flor. De la flor a la lima,/ de la lima al limón/vale más mi muchacha/ que los rayos del sol.”

—Te dejo este paquete de tarea, por hoy es todo y hasta luego. Preparo mis maletas pa’ la ONU, a ver si alguien recibe mis susurros en temas importantes del dinero. Temas de enfermedad y del desarme, hambres, pestes y pandemias; cambios de clima y capas de ozono, mirar al sol en busca de energía. Si acaso quieran pueblos y naciones bailar al son que toco, pero que todos canten por sí mismos la letra de su propia melodía: costumbres y culturas, tradiciones, tejidas a lo largo de su historia.
(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich. México, Las Ventanas, Pág. 5-B, 28/X/1995. Y en ETCETERA, semanario, La Piedad, Mich. 16/X/1975)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS (I)

[editar] SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS

Silviano Martínez Campos

(NOTA:Estos pequeños textos son extraídos de las columnas MOSAICO, del autor, o sea su servidor, publicadas en diversas fechas en el semanario GUIA, de Zamora, Mich., México y reproducidas algunas en la página Mi Ziquítaro, Silviano’s Web. Guajiros por “fantasiosos” por aquello de que cuando uno sueña (despierto, por supuesto, ya sean grandezas, quimeras o imposibles) se le atribuyen “sueños guajiros”. Y rústicos, por eso, por rústicos, por sencillos y “transparentes” en su expresión…En su significado, no tanto, pues quién sabe, porque todos los sueños fueron sacados de un pozo, no siempre de aguas transparentes, del pozo del sí mismo de aquel individuo. Sacadas un poco de contexto, pero aún así dichas pinceladas subterráneas pudieran tal vez decir algo y encontrar la benevolencia de un posible lector (a) en estos campos electrónicos más propios del Siglo XXI y su tercer milenio, que del XX y su segundo. Están ordenados dichos textos, por orden de aparición y la fecha es del día, en la hora mañanera en que se escribieron. Deben faltar otros que se traspapelaron o se cuatrapearon o se perdieron en la desmemoria, en esto del cambio de tecnologías, o en la zona siempre difusa entre el Soñar y el Despertar, ya sea dormidos o despiertos. Pero ya aparecerán.)

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CAMBIO DE FRECUENCIA para citar un propio sueño guajiro, rústico: “Vendrá después la danza de los pueblos: fundida la alegría de los cubanos con la del noble pueblo americano. También el zapateo de los tarascos, mexicanos, con los ritmos sabrosos colombianos, unidos al tambor maravilloso de los múltiples pueblos africanos”…”¡Sí se puede, dirás, ¡sí que se puede!, el Espíritu hablará, sí por mi raza, mi raza bullanguera, americana. Para decirle a pueblos y naciones que su parto pasó y de la TIERRA el EJE cambió de dirección y ahora se orienta al nuevo mundo, en fin, el POLO del AMOR, por justo y solidario, en gozo permanente, planetario”. (“A2K o el error del Milenio”, GUIA, Febrero 28 de 1999, 3-B, Mi Ziquítaro y ahora El Taller). ( 14 de Abril del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo (smc)–Silviano Martínez Campos 16:36 11 jun 2010 (UTC) como que le reclamaba “al de la voz”, a la manera de Job, que “si sabías que me ibas a hacer esto para qué me creates”. El de la voz de alguna manera replicó que “si no les gustó como lo hice, háganlo a su manera”. Tal vez el de la voz apelaba a la responsabilidad y qué cada cual la asuma, porque aquel individuo alcanzaba a decirle “perdóname”. Pero como única respuesta, el de la voz sólo decía: AMO, AMO, AMO…Sea como sea, parece que el individuo se dio por vencido, porque tal vez “después” alcanzó a “decir”: “el que me lo dio, no falla”. Conclusión del sueño guajiro: ¡ Siempre hay lugar para la Esperanza!.…(5 de Mayo del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO, que apunta “hacia arriba y hacia adelante”: Aquellos cuatro seres míticos, antropoformos, se congregaron , corriendo de prisa, desde todos los confines, en medio del caos y la penumbra y confluyeron frente a un altar, cuyo sagrario apuntaba hacia lo oscuro del misterio. No sé “dijo”uno, cuando yo vine, ya estaba, aludiendo al misterioso altar. Lo que sugiere que así estamos hechos, necesitamos algo, a Alguien que, no puede ser menos que amoroso, nos supere…Si no, nos invade el miedo violento (7 de Julio del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: De que se enredó, se enredó: estuvo dura la cáida del caballo. Pero aquel individuo no se mareó con las profundidades, sino con las alturas; no con lo oscuro, sino mas bien con lo luminoso; no con lo feo, sino por el contrario con lo bello; no con lo “banal” sino con lo grandioso; no con el “presente” trágico, sino con el “futuro” gozoso. Así es de que le dijo al de la voz: “me voy a volver loco”. Pero el de la voz desde luego le replicó: “nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de paz”.(21 de Julio del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: A veces decimos que entendemos, pero no entendemos nada. Lo que pasa es que hacemos afirmaciones perentorias, “definitivas”, “irrefutables”, contundentes, sobre todo en cuestiones políticas, ideológicas, y nos cerramos a la razón del otro. Y resulta que aun cuando lleguemos a la conclusión del sabio griego en aquello de que “sólo sé que no sé nada”, no lo aceptamos, por lo menos en público. Por eso aquel individuo de plano se enredó en “la dimensión desconocida”, más truculenta que en la serie cinematográfica del mismo nombre. Y eso por haber naufragado en las profundidades del sí mismo. Fue así que se encontró con, o fue encontrado, por alguna Presencia. Y fue entonces cuando le preguntó al de la voz: “¿En qué me vas a convertir, en cucaracha?, nada más que no pierda mi conciencia”. Pero el de la voz desde luego le replicó: “Se quedará a ayudar al Homo Sapiens”.(24 de Noviembre del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo no supo cómo interpretar la visión y si su contenido era amenazante, o por el contrario previsor: Una caverna dorada, con matices amarillentos y rojizos poblada de seres semirrobóticos, humanoides, maquinales, con armaduras sofisticadas, no medievales, más bien de entidades astronáuticas, todos moviéndose lenta, lenta, pausada, pausadamente. Dentro de uno de ellos, su estructura era un esqueleto…El símbolo de la muerte.(8 de Diciembre del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se vio de pronto envuelto dentro de un Universo Robótico. Seres maquinales, luminosos en matices amarillentos y rojizos, equipados con cascos a la manera de astronautas. Su penetración en la mente sugería proporcionar informaciones sobre las medidas de lo real, tan grandes o más, que las usadas por astrónomos en sus mediciones de parsecs y kiloparsekcs, Algo tan grande, algo tan inmenso, que el individuo prefirió el tocar un cuerpo humano que alcanzar una estrella, el tararear una tonada infantil o un motivo clásico, que escudriñar el infinito. Y aquel individuo descubrió después el valor de ser vivo, de ser hombre. Y luego agradeció y adoró. (5 de Enero del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo creía que ya todo, todo, se había acabado, pero de pronto apareció una Nueva Tierra: grande, redonda, luminosa, blanca y azul como fue vista por los astronautas desde la Luna. Blanca y azul como La Inmaculada, morena como La Guadalupana. (12 de Enero del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo de plano se enredó en sus propias profundidades. Fue cuando la voz benevolente, que lo hacía apuntar su ser hacia algo bello y plenificante, por lo mismo indecible, le “dijo”: Dios no existe: somos todos nosotros. Pero el interpelado le repuso: sí existe: somos todos nosotros. ¡Cómo enreda la dialéctica!, porque el interpelado no quería decir que “somos todos nosotros”, sino que “sí existe”. En estas cuestiones lo mejor es ser humilde…( 2 de Febrero del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se encontró en los sótanos del sí mismo. Y de alguna manera entendió, o le fue dado entenderlo, que en el fondo no hay poder que lo haga atentar contra sí mismo, porque el máximo valor es la Vida. Por eso “gritó” cuando se despeñaba: ¡Viva la Vida!, mientras algún coro festejaba la conocida expresión de ¡Quién como Dios!, en reconocimiento a Quien de veras las puede y no falla.. Y el individuo siguió viviendo…(16 de Febrero del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo creía que todo se puede preguntar y que se pueden llevar los estilos del oficio a planos indecibles. Por eso el de la voz le dijo: no haga preguntas. Pero el individuo sacó de inmediato su “carnet” de periodista, es decir, creía que allí se podía también preguntar. Y sí, sí tuvo respuestas. Pero todavía no alcanza a digerirlas…Porque en esos planos, no funciona la curiosidad sino todo, todo, tiene sentido pedagógico y no se pueden lastimar las conciencias de los débiles…Porque allí, sí se ama.(23 de Febrero del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo, al haber traspasado la dimensión del discurrir centrado en el sí-no, hacia el discurrir comunitario, “cibernético”, se dio cuenta que en aquella red se podía regresar a una base de datos más amplia y podía detectarse, en la “computadora” compartida, por ejemplo, santo y seña de un ancestro del Renacimiento, verificar con la información actual y luego expresarlo, traducirlo, a diferentes lenguas y signos. La “red” subjetiva de la que hablan parasicólogos (Oscar G. Quevedo), más “poderosa” y más humana y plenificante que la entrelazada por los satélites y las máquinas de los guerreros que lanzan con ellas sus tremendas bombas “inteligentes”. La red, que tal vez espere, siglos o milenios más delante, al ser hombre si éste sobrevive a sus propias locuras….(2 de Marzo de 2006)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo ya no quería queso, sino salir de la ratonera, cuando penetró en el intrincadísimo mundo simbólico del sí mismo. De alguna manera tal vez lo atrapó la angustia, mala agorera de tanto problema, aquí sí que planetario, porque algún resquicio de Esperanza le quedó. Así es que su Planetita se despeñaba hacia el abismo, pero unos “caporales” con escafandras al estilo extraterrestre, sacando sus reatas lazaron a la Tierrita para rescatarla. No sé si allí, en esa dimensión simbólica, haya antes o haya después, el caso es que ante tanta calamidad, apareció una Tierra nueva, azul y blanca como la Inmaculada, reluciente, así como la veían los astronautas desde la Luna. Es de suponerse que una Tierra regenerada, capaz de albergar de nuevo arroyitos donde los niños campesinos tomen agua durante sus correrías campiranas. Y donde los ciudadanos de la “civitas”, ciudad, de la “urbs”, de la urbe, confíen de nuevo en el agua entubada. ( 9 de Marzo de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo percibió dentro del abismo del sí mismo, una como chispita de razón, pero mezclada con la angustia vital de que no pudiera alcanzar el puntito rojo que lo abrigaría. Al fin lo alcanzó y se perdió en él. A lo mejor gracias a ello luego descubrió la maravilla del estar vivo (26 de Abril de 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo tuvo un sueño “real”, normal, no de esos sicalípticos que ocurren con motivo de enfermedades, crisis síquicas de fondo, o algo por el estilo. Sueño arquetípico, dirían los estudiosos, de esos sueños que vienen y se quedan. Al dicho individuo le daban una corretiza por un llano, debió ser en su ombligo del mundo, porque no hallaba la puerta y buscaba escapar de los perseguidores, invisibles por cierto. En un momento dado se le allegó Salvador (así se llamaba) como guía y se le sumó en la carrera, en busca del sueño americano, es decir, de la tierra prometida. La idea era llegar a los USA, desde luego, así es que se sumergieron “migrante” y guía (suena feo decir pollero), en una especie de tobogán, como de esos juegos de los parques, que llaman resbaladilla. Pero no llegaron a la tierra prometida sino a una estancia elegante, sobria, iluminada, como un despacho de abogado. Lugar a propósito para instalarse, supongo que con libros y todo. Pero no, alguna premura hizo que el individuo rompiera las elegantes paredes (supongo que de madera) con motivos ornamentales cuadrados y siguió la corretiza, pero no se veían los perseguidores. Ambos, individuo y guía, se sumergieron enseguida, mediantne una especie de clavado de nadadores expertos, en un estanque oscuro. Allí se perdió la noción y también el guía. El individuo llegó a una estancia de otro nivel. Un sillón de ejecutivo con cuatro gajos y un cetro, un librito amarillo, que contenía La Palabra, un grupo de mujeres enlutadas, de entre las cuales le esperaba una. Esa era la tierra prometida, y no los USA…¡Apa sueñitos! A lo mejor significan que la condición humana está “diseñada” para algo más que los pleitos por la vida y los pleitos callejeros por el poder. (27 de Abril de 2006)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: El Gran Hermano de la novela y de la fantasía, pretendía controlarlo todo y hasta hacía la guerra para conservar la “paz”. El Gran Hermano, el de la realidad, hacía hombres libres, tanto, que el interfecto le preguntó admiradísimo al de la voz ¿a poco hasta en eso somos libres? No hubo respuesta, pero desde luego se avizoraban grandes sorpresas. (20 de Junio del 2006)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: para quien dirigía la competencia, era muy importante el centro delantero, pero no desestimaba el trabajo de conjunto, el actuar de todo el equipo…(P:D. …”la democracia es el modo menos imperfecto de organizar la vida pública…debió decir en el anterior MOSAICO, en lugar de perfecto. (22 de Junio del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, TUSTICO: aquel individuo de plano se sentía desorientado. Habitaba un planeta que estaba a punto de caer en el abismo, pero unos caporales con escafandras de astronautas extrarterrestres, lazaron la Tierrita y la halaron para evitar se despeñara. Las máscaras que cubrían tanta infamia planetaria se precipitaron en el abismo. Y sea como sea, en su momento surgió una nueva Tierra, reluciente, blanca y azul, como la vieron los astronautas terráqueos desde la Luna (27 de Julio de 2006)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo ya no sentía lo duro sino lo tupido, al encontrarse en la dimensión desconocida, en la película de la interioridad del sí mismo. Por eso le preguntó al de la voz, con cierto humor: ¿en qué me vas a convertir, en cucaracha? nada más que no pierda mi conciencia. Pero el de la voz le repuso: se quedará a ayudar al “homo sapiens”. Lo que es para uno, es para todos, podría decirse. Y habría qué ser humildes: ni uno solo descompuso el mundo, ni uno solo, lo va a arreglar. Es una tarea titánica, sí, pero comunitaria. (10 de Agosto del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo de seguro reclamó algo al de la voz, tal vez en torno al funcionamiento del mundo, porque el de la voz le replicó: si no les gustó como lo hice, háganlo a su manera. A poco hasta en eso somos libres, dijo el reclamante. No hubo respuesta. Es el precio del gran don de ser libre… (23 de Noviembre del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo quedó atrapado, en su inteligencia, por el Universo Robótico. La máquina pensante lo llevaba, a través de todos los puntos cardinales, a medirlo con los años luz, parseks y kiloparsecs que utilizan como escala los astrónomos y ni por eso aquello tenía fin. Aquel individuo comprendió lo gratificante de que su Tierrita fuera colocada frente al gran fuego y así la vida dentro de ella fuera valorada como una amorosa invención. Comprendió el valor del sentimiento y que de momento era más importante tocar un cuerpo humano que alcanzar una estrella. (7 de Diciembre del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo fue el primero en sorprenderse, desconcertarse, caer en la total ignorancia de saber quién era, al verse transformado, en plena calle y en plena gran urbe, en otro ser, entre humano y ángel, revestido de luz iridiscente y coronado (a) de una diadema, a través de la cual eran recibidas inefables señales amorosas de lo alto. Habría de entender después cuánta razón tienen las prédicas milenarias (universales por plurales) que apuntan hacia el insondable valor del ser humano, a quien se regala, pero no sin él, una realeza que trasciende las miserias del poder, del tener, del creer saber y del miedo, que lo hacen resistente a la grandeza prometida. (21 de Diciembre del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo no hallaba la puerta, compungido, arrepentido de lo que había o no había hecho. Tuvo qué pedir perdón, pero el de la voz no lo lanzo a las tinieblas y sólo le dijo: “amo, amo, amo”. (4 de Enero de 2007)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo percibió que todo en la naturaleza y en la obra humana estaba cifrado en vistas a su plenitud y su trascendencia. Lo mismo el ritmo terciario, o cuaternario de una canción ranchera que la sinfonía u obertura de un gran músico. Y que era tarea humana descifrarlo, en la admiración, el gozo, o la acción que promueve, no la que esclaviza.(25 de Enero del 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo ya no sentía lo duro sino lo tupido. Pero en la frontera percibió que sí, que vale la pena, porque la palabra, La Palabra, realmente se está haciendo historia. ( (21 de Junio del 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo, a quien se le dio como representación (gráfica) el Planeta Azul visto y fotografiado por los astronautas desde la Luna, se tomó en serio aquello de la Nueva Tierra. La de aquí, la histórica, y la de allá, la de la Promesa. (5 de Agosto de 2007)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo vio la película, pero le fue borrada inmediatamente de su mente. Fue mejor, y se volvió más humilde, en eso del conocer. Y ante eso, percibió que la salida más humana es el ORAR, y el trabajar. Y luego también esperar. Porque de lo contrario, si leyera las cosas al revés, el mundo le parecería no sólo RARO, sino absurdo para el constructor de utopías. (6 de Septiembre de 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: el temor de aquel individuo era real, luego de haber incursionado, llevado o no hasta allí, por terrenos fronterizos donde se tambalean el ser y el sentido. Pero no estaba perdido. Allá, en el horizonte oscuro, surgió la Nueva Tierra, el planeta azul y blanco, como la Inmaculada, como el visto por los astronautas desde la Luna. (19 de Septiembre del 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se admiraba, desde lo hondo de si mismo, de que el día de la gran fiesta fueran vigentes tanto los bailes exóticos caribeños como las danzas pintorescas de los de Guerrero, los de Michoacán y de todas las geografías. Y que pasara el examen y cruzara la frontera, todo lo bueno que había hecho el ser humano en su búsqueda; pero no sólo las grandes creaciones artísticas, como dicen pensadores, sino cosas tan sencillas como el canto infantil La Víbora de la Mar hecho danza, ejecutada en vivo por adultos redimidos.(11 de Octubre del 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo percibía que los cuatro seres “antropomorfos” se habían congregado, veloces, desde las cuatro direcciones. Habían llegado a un altar, símbolo de lo sagrado. Uno de ellos simplemente dijo: “no sé, cuando yo vine, ya estaba aquí (el altar)”. Pero el altar, con fondo de tinieblas, apuntaba hacia arriba, hacia el no saber.(18 de Octubre del 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo, que de alguna manera se percibía en situación anímica confusa, atípica, caminaba por la calle céntrica de la gran urbe, entre el ruido y el tráfago de las máquinas, poco más allá del templo de San Francisco, por Madero hacia Bolívar. De pronto se sintió transformado, o más bien poseído, en o por un cuerpo de luz bello, reluciente, tachonada su frente de joyas diminutas iridiscentes, coronada su cabeza de una diadema luminiscente mediante la cual recibía destellos de lo alto. Fue un momento y al tratar de cruzar la calle, esperó la luz del semáforo. El de la voz le había dicho simplemente: respeto sus reglamentos. Aquel individuo habría de entender después que en el ser humano lo atípico no es lo que viene, sino lo que está, no es lo de “adentro”, sino lo de “afuera” y que sí, en lo personal tanto como en lo comunitario “es el arquitecto de su propio destino” pero no sólo, porque le ha sido dada la gran palanca, la del sentido plenificante, para transformarse y para transformar su mundo. Y para el cristiano, esa gran palanca es Alguien como nosotros y algo más, Jesús a Quien confesamos como El Cristo, el Mesías. (25 Octubre 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo de plano se hacía bolas con los nombres. Le decía licenciado a quien no era licenciado, le decía doctor a quien no era doctor, apoyándose en la promesa de que lo iba a curar, hasta que se le ocurrió el nombre de señor, dicho con extrañeza y con respeto. Pero el de la voz no repuso nada. A lo mejor no tenía nombre. Y a lo mejor le quedaba más bien el nombre de hermano. Y a lo mejor, también, los nombres son cosa humana, para entendernos, o para enredarnos…Y si son sólo siglas, huecas de contenido, está peor. (16 de Noviembre de 2007).

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, II (Y…III)

Martínez Campos, 2–23/II/08

EL TALLER (De la Enciclopedia Libre Universal en Español)

SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, II (…y III)
Silviano Martínez Campos

(NOTA: Estos pequeños textos son extraídos de las columnas MOSAICO, del autor, o sea su servidor, publicadas en diversas fechas en el semanario GUIA, de Zamora, Mich., México y reproducidas algunas en la página Mi Ziquítaro, Silviano’s Web. Guajiros por “fantasiosos” por aquello de que cuando uno sueña se le atribuyen “sueños guajiros”; y rústicos, por eso, por rústicos, por sencillos y “transparentes” en su expresión…En su significado, no tanto, pues quién sabe, porque todos fueron sacados de un pozo, no siempre de aguas transparentes, del pozo del sí mismo de aquel individuo. Sacados un poco de contexto, pero aún así pudieran tal vez decir algo y encontrar la benevolencia de un posible lector (a) en estos campos electrónicos más propios del Siglo XXI y su tercer milenio, que del XX y su segundo. Están ordenados dichos textos, por orden de aparición y la fecha es del día, en la hora mañanera en que se escribieron. Deben faltar otros que se traspapelaron o se cuatrapearon o perdieron en esto del cambio de tecnologías, o en la zona siempre difusa entre el Soñar y el Despertar, ya sea dormidos o despiertos)

…IMAGINEMOS UN SUEÑO guajiro, rústico: 4 entidades o seres vagan por quién sabe dónde, por espacios insondables. De pronto llegan volando a un sitio en torno al cual se congregan. Es como altar, con su protuberancia como sagrario que apunta a las alturas oscuras del misterio. Uno de ellos dijo, tratando de explicar el “hallazgo”: no sé, cuando yo vine, ya estaba aquí. ( 12 de Agosto de 2004).


HABLEMOS DE SUEÑOS guajiros, rústicos: un pobre mortal deambula por una calle de la ciudad de México, la urbe tan agitada como las que más en el mundo. Pongámoslo en la calle Madero, por ejemplo. En medio del tráfago se siente poseído por u n ser, que parece ser él mismo, bello, luminoso, con luminosidad multicolor donada, de arco iris, su cabeza coronada con diadema luminiscente que recibe a su vez luminiscencias por bellas, insondables, de lo alto, o de lo profundo. Se ve tentado a cruzar la calle, antes del alto del semáforo, atenido a su belleza pero una voz le advierte: respeto sus reglamentos. Sueños guajiros que apuntan, si acaso, a afirmar que lo que es para uno, es para todos y el ser humano es bello, bello, bello. Y a pesar de los pesares, tiene futuro. Después de todo, en estos tiempos de desfondamiento, lo improbable parece ser lo más cierto. (19 de Agosto de 2004).


UN SUEÑO GUAJIRO, rústico: un planeta extraviado está a punto de despeñarse en los abismos siderales muy oscuros. Pero unos caporales echan mano de sus reatas, lo lazan, lo rescatan y lo vuelven a su lugar. (2 de Septiembre de 2004).


…YA ME ENREDÉ con esto, mejor hago referencia a un sueño guajiro, rústico, más simple y menos enredado: en una caverna dorada, como de fuego pero sin quemar, danzan lenta, pausada, silenciosamente unos como seres humanoides con armaduras, a la manera de los guerreros medievales pero esos “uniformes” son modernizados estilizados. No bailan sino se mueven pausada, rítmicamente sin que nadie les toque ni los dirija. Surge en el fondo de uno de esos seres la visión de su interior, uno como esqueleto, en realidad su estructura ¿o algo , o alguien aprisionado?, ¿Sería la muerte? Quién sabe. ¿O será la muerte anunciada para la robotización radical? Quén sabe. Con eso de que estas cosas de la muerte, que conmemoramos el martes, son tan simples en su expresión: somos mortales. De lo demás no sabemos…Pero esperamos. (27 de Octubre de 2004).


SE ME FUE el santo al cielo (más bien el “espacio” electrónico en la pantalla) y este Mosaico me salió totalmente ambiental y se hace tarde para “enviarlo” a GUIA donde son tan benevolentes en la espera (siempre que su servidor no abuse). Por tanto, lo terminaré con un sueño guajiro, rústico: Aquel individuo veía la imagen de una especie de caporales astronautas o extraterrestres, que rea en mano lazaban al Planetita Extraviado para que no cayera en el abismo. Debieron lograrlo, porque surgió después la Nueva Tierra, como la vieron los astronautas desde la Luna, reluciente, blanca y azul . Morena como la Guadalupana; blanca y azul como la Inmaculada. Una Nueva Tierra regenerada después de sus dolores de parto ecológico. ¡Uf!…Siempre hay lugar para la Esperanza (pero la Esperanza activa, según la idea del sicólogo Erich Fromm). (9 de Junio de 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO, que apunta “hacia arriba y hacia delante”: aquellos 4 seres míticos, antropomorfos, se congregaron, corriendo de prisa, desde todos los confines, en medio del caos y la penumbra y confluyeron frente a un altar, cuyo sagrario apuntaba hacia lo oscuro del misterio. No sé “dijo” uno, cuando yo vine, ya estaba, aludiendo al misterioso altar. Lo que sugiere que así estamos hechos, necesitamos algo, a Alguien que, no puede ser menos que amoroso, nos supere…Si no, nos invade el miedo violento. (10 de Junio del 2005)


NO ME ALCANZÓ el espacio para mis rollos mosaiqueros habituales. Sólo he de afirmar que el planeta extraviado lazado por los caporales del espacio, al que hice referencia en el sueño guajiro, rústico, anterior, a pesar de sorpresa de nubarrones, tormentas y cambios climáticos, surgirá luego como una Nueva Tierra: blanca y azul como la Inmaculada. La ventaja de los sueños guajiros (las utopías), es que no son ni comprobables ni refutables. Allí no vale más que la “ciencia” de la Esperanza. (8 de Septiembre de…).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: a veces decimos que entendemos, pero no entendemos nada. Lo que pasa es que hacemos afirmaciones perentorias, “definitivas”, “irrefutables”, contundentes, sobre todo en cuestiones políticas, ideológicas, y nos cerramos a la razón del otro. Y resulta que aun cuando lleguemos a la conclusión del sabio griego en aquello de que “sólo sé que no sé nada”, no lo aceptamos, por lo menos en público. Por eso aquel individuo de plano se enredó en “la dimensión desconocida”, más truculenta que en la serie cinematográfica del mismo nombre. Y eso por haber naufragado en las profundidades del si mismo. Fue aquí que se encontró con, o fue encontrado, por alguna Presencia. Y fue entonces cuando le preguntó al de la voz: “¿En qué me vas a convertir, en cucaracha”, nada más que no pierda mi conciencia”. Pero el de la voz desde luego le replicó: “Se quedará a ayudar al Homo Sapiens”. SIEMPRE, SIEMPRE, HAY una Benevolencia salvadora. Con tal de que extendamos nuestra mano para aceptar la caricia, el refugio, la invitación a la vida, de la mano tendida hacia la nuestra, y salgamos de los abismos en los que nos metemos o nos meten…Sea como entendamos la mano tendida: el ser querido, el próximo, el discurso en el libro, en el medio de comunicación, o en el llamado del Angel de la Vida, quien tiene mil recursos para hacerlo con cada quién. Porque como dice el sabio (Sto. Tomás, y no recuerdo dónde): “quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur”, lo que quiere decir que según el sapo es la pedrada. O más literalmente expresado: lo que se recibe, se recibe a la manera de quien lo recibe…PD: sean personas, sociedades o pueblos y, ¿por qué no?, el mismísimo Homo Sapiens (Demens, dicen algunos). (24 de Noviembre del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo se vio de pronto envuelto dentro de un Universo Robótico. Seres maquinales, luminosos en matices amarillentos y rojizos, equipados con cascos a la manera de astronautas. Su penetración en la mente sugería proporcionar informaciones sobre las medidas de lo real, tan grades o más, que las usadas por astrónomos en sus mediciones de parsecs y kiloparsecs. Algo tan grande, algo tan inmenso, que el individuo prefirió el tocar un cuerpo humano que alcanzar una estrella, el tararear una tonada infantil o un motivo clásico, que escudriñar el infinito. Y aquel individuo descubrió después el valor de ser vivo, de ser hombre. Y luego agradeció y adoró. (5 de Enero de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo, al haber traspasado la dimensión del discurrir centrado en el sí-no, hacia el discurrir comunitario, “cibernético”, se dio cuenta que en aquella red se podía regresar a una base de datos más amplia y podía detectarse, en la “computadora” compartida, por ejemplo, santo y seña de un ancestro del Renacimiento, verificar con la información actual y luego expresarlo, traducirlo, a diferentes lenguas y signos. La “red” subjetiva de la que hablan parasicólogos (Oscar G. Quevedo), más “poderosa” y más humana y plenificante que la entrelazada por los satélites y las máquinas de los guerreros que lanzan con ellas sus tremendas bombas “inteligentes”. La red, que tal vez espere, siglos o milenios más delante, al ser hombre si éste sobrevive a sus propias locuras. (2 de Marzo de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo vio sobre la región michoacana a las palomas mensajeras, advertidas de que si van al paraíso, “sopre él volando están”. Milenios después, la codicia y la complicidad del poder caciquil con el dinero, convirtieron al paraíso prehistórico en casi un desierto…Salgo de la realidad virtual hacia la “realidad real” y escucho el concierto mañanero, en los prados cercanos, de las torcacitas, las conguitas. Nuestra Tierra, averiada y todo, es realmente un paraíso…perdido en las inmensidades. (16 de Marzo de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se había enredado de tal modo0 por siglos de condicionamientos en torno a personas y situaciones, que no encontraba la salida razonable para contestar, cuando el de la voz le preguntó qué opinaba sobre Benito Juárez. El individuo sólo acertó a destacar el mérito del personaje, de haberse remontado desde su origen indígena a las cimas del poder. Pero en el fondo le quedó al individuo el sentimiento desconcertante: en su duda para la respuesta, quedaba de manifiesto el enredo en que se había metido durante dos mil años de historia “del pensamiento”, o más. Entonces no lo percibía, pero tampoco era descabellado el hecho de estar pasando por un “juicio universal”, en el sentido histórico de estar revisando todo su pasado y su presente y su “porvenir”. Se le había movido el tapete, y un cambio de paradigmas, de modelos de representarse las cosas y de rehacerlas en todas las dimensiones de la vida, apuntaba hacia una nueva era, la nueva etapa en la aventura de ser humano… (23 de Marzo de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo ya no veía lo duro sino lo tupido, en su incursión en las profundidades del sí mismo. El de la voz le preguntó: por qué cambió de ruta. El individuo no supo qué contestar. Pro es de recordarse el comienzo de la Divina Comedia del Dante: “en medio del camino de mi vida, me perdí en una selva oscura por haberme apartado del camino recto”, aplicable a personas, a grupos y a la especie, creo. (6 de Abril de 2006)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo estaba totalmente derrotado en su mente, confuso y sin horizontes: allí sí era real el dicho de que se encontraba en u n callejón sin salida. Por eso no podía identificar al de la voz y lo trató de licenciado. No soy licenciado, se le dijo; sí, doctor, ¿no dice que me va a curar?; no soy doctor, se le repuso. Y aquel individuo no buscó más títulos y se dio por vencido, sólo acertó a decirle: Sí Señor. Lo que quiere decir que la verdadera curación de la semillita dañada al cruzar su cielo antes de aterrizar, no está en la máscara, en la apariencia, sino en el fondo; no en la superficie, sino en las profundidades…¡Uf!. (18 de Mayo de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Sarita nos dejó turulatos a Lupita y a mi, cuando de buenas a primeras dijo: “Cuando yo nací, había poca gente. Yo redimí al mundo… (hizo breve pausa)… y así me fue”. Desde su enfermedad mental expresó algo que aún no digiero, ni digeriré. ¿Una incursión en el inconsciente colectivo?. ¡Quién sabe!. Con eso que hay tantos enigmas en la dimensión desconocida. Tan insondable, como los agujeros negros. Pero al menos dicha dimensión sí permite que salgan de ella destellos de la palabra, o quizás de La Palabra…(21 de Febrero de 2008)


…Y III
ELABORADO PARA, Y DEDICADO ESPECIALMENTE A EL TALLER

EL TALLER.- Aquel individuo, desde la postración en las oscuridades del sí mismo, oía los golpeteos metálicos reales en la noche del taller real, en la redacción del diario. Por no sé qué mecanismos en los subterráneos de sus propias fuerzas telúricas, parecía entender dichos golpeteos como la fragua en el construirse desde sus propias profundidades. Habría de captar después que el ser hombre (especie) además de una llamada, una voca–ción a lo mismo, es una forja. Y que los golpeteos en los viejos yunques de la fragua no son castigo, sino duros moldeos para dejar luego el modelaje delicado, en el taller del alfarero. O en el delicado trabajo del decorador, que aromatiza con azahares lo que será, a fin de cuentas, el nuevo cuerpo, el cuerpo real. O en el pincel del artista–pintor, para que retrate lo que es o parece y diseñe mediante el instrumental de sus sueños, lo que podría ser. O en el músico–artista que se monta con su asombro en la sinfonía de lo real para decirnos en el canto, o en la orquesta, que el ser hombre también es ser creador de sinfonías, aun cuando de momento parezca todo desentonar por la tragedia del desamor, o la falta de entendimiento entre nosotros mismos. O en el esquema siempre nuevo de quien escudriña los sentidos, para darnos un vislumbre no de lo que podría ser, sino de lo que realmente será. O en el cronista de lo trágico, que nos da cuenta de las infamias de la historia guardadas en la memoria, o en los escondrijos de la desmemoria de cada pueblo y de las que tal vez nadie pueda lanzar primeras piedras. O en el cronista de lo actual que da cuenta de las infamias de quien le teme al otro y por eso estructura poderíos o ídolos potentados o imperios de por sí perecederos. O más bien se teme a si mismo, podría decirse, y se espanta de su propia grandeza. O en el poeta que canta al amor, a veces con canto devaluado por la palabrería ambiental. Pero más bien, en el poeta de la vida que lo practica en los arrabales de la condición social humana y vuélvese el amante del otro, llámese, ese amante, Francisco, Vicente, Damián o Juan o Martin Luther King o Teresa de Calcuta, o Nelson Mandela, o las miríadas de amorosos, preclaros o anónimos que han tejido la historia con fibras de Esperanza. El taller, pues, de la raza, la única, la humana. La raza humana que hace actual aquello que se dijo sobre los dolores de parto, ahora en la clínica redonda de la Tierra. Imagen siempre actual y referida a lo grande, al nuevo hombre, más que colectivo, comunitario que nace llorando, dando alaridos en su asombro, al asomarse, entre los escombros que deja el poder–dominador, a una nueva vida diseñada y puesta en práctica por el soñado poder–servicio. La transformación, o metamorfosis del sí mismo, personal o comunitario. Siempre acompañado, pero ahora lo sabe, con el resto de los vivientes en este insondable y delicado sistema que el sabio bautizó como Gaia, pero desde siempre muchos lo han referido como la familia humana, o la creación. Grande, cósmica idea, tampoco contradicha, ahora, por los aleteos iniciales del Big-Bang, cuando se diseñó todo con los instrumentos de La Sabiduría y El Amor, aun cuando hubiese sacudimientos insondables con la gran explosión, el gran grito del parto inicial. La energía seminal paterna que siembra mediante fuerzas insondables universos, galaxias, estrellas, planetas y lunas. Y los conductos y senos maternos amorosos que la riegan y la cultivan con la leche nutricia de Su Vida… Y COMO TODOS estos pensamientos van hoy hacia EL TALLER, los dedico desde luego, como mi homenaje–agradecimiento a quienes primero me acogieron: LadyInGrey, KillOrDie (ATW-KOD), Lourdes Cardenal, Roy Fokker. Y luego a todos quienes con su arte y su pensamiento, que aquí también es arte, participan en esta forja que se hace con diseños, letras, fractales, pinceles electrónicos, intercambios, debates, cantos…..Y sueños. (La Piedad, Mich., México, mañanita del sábado 23 de Febrero del 2008. Silviano Martínez Campos).

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, IV

SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, IV Silviano Martínez Campos

=(NOTA: Estos pequeños textos son extraídos de las columnas MOSAICO, del autor, o sea su servidor, publicadas en diversas fechas en el semanario GUIA, de Zamora, Mich., México y reproducidas algunas en la página Mi Ziquítaro, Silviano’s Weblog y otros sitios. Guajiros por “fantasiosos” por aquello de que cuando uno sueña se le atribuyen “sueños guajiros”; y rústicos, por eso, por rústicos, por sencillos y “transparentes” en su expresión…En su significado, no tanto, pues quién sabe, porque todos fueron sacados de un pozo, no siempre de aguas transparentes, del pozo del sí mismo de aquel individuo (smc)–Silviano Martínez Campos 16:45 11 jun 2010 (UTC). Sacados un poco de contexto, pero aún así pudieran tal vez decir algo y encontrar la benevolencia de un posible lector (a) en estos campos electrónicos más propios del Siglo XXI y su tercer milenio, que del XX y su segundo. Están ordenados dichos textos, por orden de aparición y la fecha es del día, en la hora mañanera en que se escribieron. Deben faltar otros que se traspapelaron o se cuatrapearon o perdieron en esto del cambio de tecnologías, o en la zona siempre difusa entre el Soñar y el Despertar, ya sea dormidos o despiertos)

SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Al individuo aquél (smc)–Silviano Martínez Campos 16:58 11 jun 2010 (UTC), por más que lo había intentado, no le había sido posible borrar de su mente aquella tremenda, y a la vez regocijante experiencia, a pesar de las tres décadas y media transcurridas. Más de alguna vez se le había ocurrido adjudicarse aquel primer versito del Dante: “en medio del camino de mi vida, me perdí en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto”. Especulaba que si bien podría aplicarse a sí mismo dicho pensamiento, el acontecer podría también permitir encajarlo en la gran crisis de la que ahora era testigo; porque al fin y al cabo todo indicaba, se había perdido el rumbo en algún momento de su historia, la misma del Homo Sapiens. Si bien la experiencia campirana le permitía rememorar tormentas en pleno día y luego tras ellas presenciar el espectáculo del Arco Iris, su atrevimiento no culminaba en afán adivinatorio, o precognitivo y se contentaba con rememorar, como testigo de lo incierto, aquella su gran experiencia de haber incursionado, o llevado al fondo del sí mismo para luego regresar, agradecido, al mundo del recuerdo. La vida “real”, en todo caso, más gratificante que las aventuras en un mundo de laberintos, sí, pero también de luminiscencias. Y aun cuando en épocas de la propia biografía, no del todo equilibrada, había dejado de orar, ahora podía hacerlo también, fuera por necesidad de afirmación o por sentimiento de confianza, dirigiéndose al Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, Dios de nuestro Señor Jesucristo, Dios de todos nosotros, Dios también personal ( de él). Había llegado a la convicción de que, Quien es soberano, sin embargo solicita para sus fines amorosos, cooperación voluntaria de la criatura, y no se le pueden poner condiciones, aun cuando bien que se presta al diálogo. Por eso aquellas experiencias en la dimensión oscura, pero también, y además en la dimensión luminosa, donde la firma personal, aun cuando “cibernética” es definitiva, según así parece, por cuanto se incursiona en el país del amor y de la verdadera condición de hombres libres. Y esto, por muy descabellada que dicha especulación pareciera, al fin y al cabo ya podía aceptar que no es descabellado imaginar un Universo ( o más universos) multidimensional, sea robótico, o maquinal, con extraterrestres, y seres innúmeros. Pero tampoco desdeñaba su tradición poblada de ángeles, bienaventurados, u hombres y mujeres de buena voluntad a través de quienes Quien de veras las puede, puede comunicar sus mensajes, y aún desde la yerba, el pájaro, el monte, las estrellas y todo cuanto existe. Aquel individuo había llegado a considerar además, que el Señor soberano lo es también, y sobre todo, en las profundidades del sí mismo, en los laberintos de la mente extraviada y, a pesar de todo, lo que parece locura, sea temporal o permanente, quizá también sea un modo, un vehículo para Quien deveras las puede. Porque la Potencia, amorosa, de seguro no tendría límites si de ayudar al hombre atribulado se tratara. Aquel individuo habría de considerar después, en su búsqueda de explicaciones al embrollo del sí mismo, que después de todo, el poeta puede tener razón, y parafraseándolo, podría pensarse que entre más grande el riesgo de hecatombe planetaria, más cercano está Quien salva. O hablando a lo cristiano, el Cristo Cósmico, el Señor del Universo también es humano y por eso mismo, no ajeno a los sufrires de su hermano, sea el hombre concreto, sea el hombre comunitario, o aún planetario, porque al fin y al cabo a El se le atribuye haberlo dicho: tengo compasión de esta multitud. Aquel individuo creyó que se le daría la manera de expresarse, la fue encontrando, y en el ocaso de su vida, más de tres décadas después, se atrevió también a considerar que sí, pueden tener razón quienes dicen que Dios es Pantocrator, por soberano y que el viento sopla donde quiere. También por eso, tal vez, Su soplo amoroso vaya dirigido a ese que ahora se llama el Planeta Extraviado, o más claramente, a quien a sí mismo se ha denominado Homo Sapiens, en riesgo de perderse , por haberse extraviado del camino recto. Pero la gran sacudida le hizo ver que sí, su porvenir es el Cielo, pero hay tiempo aún, para arreglar su Tierrita, la cual es, en rigor, hoy por hoy, el planetita extraviado. (5—I—010)

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=SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo ni por asomo hubiera pensado que aquellas cosas sucedieran en la calle, y en plena urbe desde entonces caótica. Porque luego del templo de San Francisco, por Madero y cerca de Bolívar, fue transformado en ser luminoso y bello, capaz de recibir destellos de lo alto. Después habría de pensar, y creer, que el hombre unidimensional fue un invento de la sociedad tecnológica y capitalista y, por el contrario, el ser humano, como las tradiciones lo han afirmado desde siglos y milenios, camina construyendo su historia, pero incursionando siempre, a tientas desde luego, en la dimensión desconocida, más plenificante que en la película del mismo nombre. (1–X–09)

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SUEÑO GUAJIRO RUSTICO: aquel individuo, en la postración, en la oscuridad del centro de si mismo, se percibía como parte de un juicio universal. Y tal vez fuese cierto, pero en algún momento salió del lado oscuro del si mismo, para encontrarse que el sueño había terminado con un amanecer luminoso (5—XI—09

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: en un momento dado, aquel individuo percibió, o le fue dado hacerlo, que también un son tarasco (purépecha), una danza guerrerense, un baile caribeño, o una danza infantil, eran rescatados del tiempo para la eternidad. Para la Vida verdadera, en la Nueva Tierra que sería colocada para regocijo, frente al Gran Fuego. Se trataba de hacerla, así, el corazón del mundo. (8—X—09)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: no les gustó mi mundo, háganlo a su manera, pareció entender aquel individuo que le decía el de la voz. Pero el individuo aquel después habría de entender que también es un gran peso el ser libre, y que la tentación de la fuga por evasión, para dejarle el paquete a los que vienen, también es grande (12—XI—09)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo se quedó turulato, aturdido, desconcertado, cuando creyó entender que el de la voz le decía, algo así como ¡quién le dijo que se suicidara!. Y aquel individuo no supo qué contestar, porque llegó al límite del no saber. Pero en las oscuridades del sí mismo, ya había percibido que en esta vida no todo es tinieblas. Y ante las amenazas del naufragar en el océano de las profundidades del sí mismo, no en lo oscuro, sino en lo luminoso, le dijo al de la voz: me voy a volver loco. Pero el de la voz sencillamente le dijo: nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de paz. Y aquel individuo afirmó su convicción de que el que se lo dio (ese mensaje), no falla. Y ha de ser, porque como dijo el poeta, entre más cercana está la amenaza, mas cercano está lo que salva. O dicho en otras palabras, entre más oscura es la noche, más cercano está el amanecer, como también suele decirse. Y aquel individuo luego habría de llegar a considerar que la humildad no ha pasado de moda, ni tampoco las siete obras de misericordia. Sólo que habrían de traducirse al hombre tecnotrónico. (17—XII—09)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: en la zona fronteriza entre el suelo de la Madre Tierra donde se ponen los pies, y los abismos de las profundidades del sí mismo, aquel individuo veía despeñarse al planetita extraviado, pero la salvación venía de los caporales extraterrestres que la lazaron para rescatarla. Lejos estaba, aquel individuo, de pensar que, décadas después, a ese proceso de salvamento del planetita extraviado, estarían sumados centenas, miles, millones de mujeres—hombres que no querían más adorar al dio$ de e$te mundo. Porque ya empezaban a distinguir las fronteras, entre los dos países, el país del ser y el país del tener, donde estaba el intríngulis de las cosas (30—VII—09)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo, extraviado en las profundidades del sí mismo, había perdido el Norte, la brújula de su orientación. No dejó de ser reconfortante para él percibir que su Tierrita fue colocada frente al gran círculo de fuego, para hacerla, como planeta vivo, el corazón del cielo. Le había servido de referencia para captarlo, la portada de aquel librito denominado “Dios llega al Hombre”, en cuyo diseño estaba el planeta y sobre su esfera el diseño de la gran cruz, plantada, clavada precisamente sobre el astro, y apuntando desde luego hacia las alturas. Para aquel individuo, su Tierrita era el ombligo del mundo. (24—IV—08)
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Yo, el autor de este trabajo, (Silviano Martínez Campos) lo publico por este medio bajo la licencia de
Dominio Público
Esto es válido internacionalmente.
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Silviano Martínez Campos 16:57 11 jun 2010 (UTC)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, V

SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, V–Silviano Martínez Campos 22:43 11 jun 2010 (UTC) +++++

SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, Silviano Martínez Campos =(NOTA: Estos pequeños textos son extraídos de las columnas MOSAICO, del autor, o sea su servidor, publicadas en diversas fechas en el semanario GUIA, de Zamora, Mich., México y reproducidas algunas en la página Mi Ziquítaro, Silviano’s Weblog y otros sitios. Guajiros por “fantasiosos” por aquello de que cuando uno sueña se le atribuyen “sueños guajiros”; y rústicos, por eso, por rústicos, por sencillos y “transparentes” en su expresión…En su significado, no tanto, pues quién sabe, porque todos fueron sacados de un pozo, no siempre de aguas transparentes, del pozo del sí mismo de aquel individuo (smc)–Silviano Martínez Campos 16:45 11 jun 2010 (UTC). Sacados un poco de contexto, pero aún así pudieran tal vez decir algo y encontrar la benevolencia de un posible lector (a) en estos campos electrónicos más propios del Siglo XXI y su tercer milenio, que del XX y su segundo. Están ordenados dichos textos, por orden de aparición y la fecha es del día, en la hora mañanera en que se escribieron. Deben faltar otros que se traspapelaron o se cuatrapearon o perdieron en esto del cambio de tecnologías, o en la zona siempre difusa entre el Soñar y el Despertar, ya sea dormidos o despiertos) ++++
SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo (smc)–Silviano Martínez Campos 22:43 11 jun 2010 (UTC), por más que lo había intentado, no le había sido posible borrar de su mente aquella tremenda, a la vez que regocijante experiencia, a pesar de las décadas transcurridas. Más de alguna vez se le había ocurrido adjudicarse aquel primer versito del Dante:”en medio del camino de mi vida, me perdí en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto”. Pero especulaba que si bien podría aplicarse a sí mismo dicho pensamiento, el acontecer bien podría también llevarlo a encajar aquel versito en la gran crisis de la que ahora era testigo en de alguna manera; porque al fin y al cabo todo indicaba se había perdido el rumbo en algún momento de su historia, la misma del la del Homo Sapiens. Si bien la experiencia campirana le hacía rememorar tormentas en pleno día y luego tras ellas presenciar el espectáculo del Arco Iris, su atrevimiento no llegaba a tanto en un plan adivinatorio, o precognitivo y se contentaba con rememorar, como testigo de lo incierto, aquella su gran experiencia de haber incursionado, o llevado al fondo del sí mismo para luego regresar, agradecido, al mundo del recuerdo, más gratificante, éste de la vida “real”, en todo caso, que las aventuras en un mundo de laberintos, sí, pero también de luminiscencias. Y aun cuando en épocas de la propia biografía, no del todo equilibrada, había dejado de orar, ahora podía hacerlo también, fuera por necesidad de afirmación o por sentimiento de confianza, dirigiéndose al Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, Dios de nuestro Señor Jesucristo, Dios de todos nosotros, Dios también personal ( de él). Había llegado a la convicción de que a ese Dios soberano, Quien sin embargo solicita para sus fines amorosos, cooperación voluntaria de la criatura, no se le pueden poner condiciones, aun cuando bien que se presta al diálogo. Por eso aquellas experiencias en la dimensión oscura, pero también, y además en la dimensión luminosa donde la firma personal es definitiva, según así parece. Y esto , por muy descabellada que dicha especulación pareciera, al fin y al cabo ya podía aceptar que no es descabellado imaginar un Universo ( o más universos) multidimensional, sea robótico, o maquinal, con extraterrestres, y seres innúmeros. Pero tampoco desdeñaba su tradición poblada de ángeles, bienaventurados, u hombres y mujeres de buena voluntad a través de quienes Quien de veras las puede, puede comunicar sus mensajes, y aún desde la yerba, el pájaro, el monte, las estrellas y todo cuanto existe, cuantimás desde las profundidades del sí mismo. Aquel individuo había llegado a considerar además, que el Señor soberano lo es también, y sobre todo, en las profundidades del sí mismo humano , en los laberintos de la mente extraviada y, a pesar de todo, lo que parece locura, sea temporal o permanente, quizá también sea un modo, un vehículo para Quien, como El sepa, o a través de sus mismas criaturas, dé mensajes al hombre atribulado y con su poder los haga extensivos a todo el Homo Sapiens, a quien sus errores históricos le han hecho hacerse merecedor también, en los últimos tiempos, de Homo Demens, por cuanto él mismo se amenaza con el propio suicidio contaminador y depredante. Pero aquel individuo haría de considerar también que, como se dice, entre más oscura es la noche, más cercano está el amanecer. Porque después de todo, el poeta puede tener razón, entre más grande el riesgo de hecatombe planetaria, más cercano está lo que salva. O hablando a lo cristiano, el Cristo Cósmico, el Señor del Universo también es humano y por eso mismo, no ajeno a los sufrires de su hermano, sea el hombre concreto, sea el hombre comunitario, o aún planetario, porque al fin y al cabo a El se le atribuye haberlo dicho: tengo compasión de esta multitud. Y les dio de comer, el pan diario, pero también el “epipisousios”, el supersustancial, el de allá, el de otras dimensiones, como dicen los sabios de la Tierra. Pero no, desde luego, el que con sus engaños pregonan los poderosos que también contribuyen a destruir con sus químicas a la trama de la vida, y al pan de los pobres, de los limitados. Aquel individuo creyó que se le daría la manera de expresarlo, la fue encontrando, y en el ocaso de su vida se atrevió también a considerar que sí, pueden tener razón quienes dicen que Dios es Pantocrator, por soberano y que el viento sopla por donde quiere. Porque, su Espíritu agita no sólo las aguas turbias de hombres destructivos, sino también comunidades o multitudes o continentes, siempre que haya un soplo, entre todas ellas, de espíritu vital que busca la plenitud de todo lo viviente. Pero también convulsiona y agita, a ese que ahora se llama el Planeta Extraviado, o más claramente, a quien a sí mismo se ha denominado Homo Sapiens, en riesgo de perderse , por haberse extraviado del camino recto. Sería también porque clavó demasiado sus ojos en el suelo utilitario, o porque los fijó demasiado en las lejanas estrellas. Pero la gran sacudida le hizo ver que sí, su porvenir es el Cielo, pero hay tiempo aún, para arreglar su Tierrita, el cual es, en rigor, el planetita extraviado. (1—I—010)

+++++ SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se quedó desconcertado por aquella visión de la pareja primordial. “El” desparramaba su semilla generadora de galaxias, constelaciones y estrellas a la manera de un rehilete de fuego pirotécnico. “Ella” rociaba con su feminidad y con su leche materna, aquel manto estrellado para darle vida generadora de afectos y amores, según aquel individuo alcanzó a entender la metáfora. (2—III—010) +++++ SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo muy probablemente fue instruido, o eleccionado para que su mensaje fuera difundido de alguna determinada manera, porque el individuo aseguró: sé distinguir los planos. Aquel individuo no comprendió la hondura de aquellas expresiones, aun cuando aceptó la afirmación del de la voz que le decía, algo así como usted me enseña el lenguaje (rústico) y yo le enseño el lenguaje (de las alturas). Aquel individuo sintió la hondura de su enajenación y por eso le dijo al de la voz: si voy al hospital, nadie me va a creer. Por fin se dio por vencido, dio el sí, y de inmediato se sintió un Quijote enjaulado, en carreta de leños rústicos, no rumbo a su casa solariega del señor Quijano, sino al hospital siquiátrico. (20—V—010). +++++ Martínez Campos, 27/V/010 GUIA MOSAICO Silviano Martínez Campos LA PIEDAD, 27 de Mayo.- DADO QUE NUESTRO mundo humano (no el astronómico) está totalmente alrevesado, ahora comienzo este MOSAICO al revés, o sea alrevesado. Con dos sueños guajiros, pues, pero de esos sueños comunes, no de esos sueños más profundos, de las oscuridades del sí mismo. Y los cuento, tal como “me los contó aquel individuo”. Resulta que el individuo aquel llegó a un monte rodeado de penumbra, a la cima que más parecía una zona arqueológica. Porque allí estaba un monolito (de piedra, claro) con un dibujo en relieve, de un ave con sus alas extendidas. El individuo aquel, curioso, quería saber quién era, o a quién representaba, aquel diseño artístico puesto allí por no sé quién. Miró hacia arriba y se encontró en las alturas con un pequeño sol, dorado, que le envió el mensaje telepático: es diosa. El enigma estaba descifrado. El otro sueño es más enredado porque, le adelanto, se trata de una rápida, vertiginosa carrera, rumbo al “sueño americano”. Aquel individuo se situaba en un llano, en medio de la penumbra y de pronto sintió el apremio de huir, porque alguien a quien no identificaba, le daba una corretiza. Pero en un momento, si aquí puede hablarse de momentos, se le unió Salvador (un amigo de la infancia). Ambos continuaron la carrera, llegaron a una especie de tobogán, de resbaladilla de esa de los parques infantiles, se deslizaron por ella y llegaron a una estancia elegante, como despacho de abogado, con las paredes adornadas con motivos cuadrados. Ya la hicimos, como que pensó aquel individuo, una estancia muy apropiada para el reposo, con libros para leer muy quitado de la pena, huido del mundanal ruido. Pero no, vino otro apremio y hubo necesidad de lanzarse contra las paredes elegantes, romper una de ellas, salir y continuar la carrera. Individuo y guía, que lo conducía hacia el país de la abundancia, llegaron a un estanque oscuro, se echaron ambos un clavado y se sumergieron en las aguas negras (nada más de color, no de olor). Allí se perdió el guía, y el individuo se encontró en otra estancia, con un sillón ejecutivo de cuatro gajos y un cetro, un librito amarillo de esos que dicen “Dios llega al Hombre” y un grupo de mujeres enlutadas, una de ellas que lo esperaba. Esa era la meta, y no el llamado sueño americano. Yo no sé qué diría el señor Jung de todo esto, pero lo que sí sé decir es que mejor cambio de frecuencia, luego de afirmar que en estas cuestiones el individualismo sale sobrando, porque se trataría, en todo caso, de una aventura compartida. (27—V—010)

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Yo, el autor de este trabajo, (autor) lo publico por este medio bajo la licencia de
Dominio Público
Esto es válido internacionalmente.
Copyright (c) año autor. Se autoriza la copia, la distribución y la modificación de este documento bajo los términos de la licencia de documentación libre GNU, versión 1.2 o cualquier otra que posteriormente publique la Fundación del Software Libre (Free Software Fundation); sin secciones invariables (Unvariant Sections), textos de portada (Front-Cover Texts), ni textos de contraportada (Back-Cover Texts).Se incluye una copia en inglés de esta licencia en el artículo Text of the GNU Free Documentation License.
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Silviano Martínez Campos 04:52 26 abr 2011 (CEST)

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  1. […] Guajiros, Rústicos. Silviano Martínez Campos  Publicado el abril 30, 2011 por silviano   SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS, VI. Silviano Martínez Campos Publicado el abril 29, 2011 por silviano | […]

  2. […] SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS, VI. Silviano Martínez Campos […]

Sueños Guajiros, Rústicos, III. Silviano Martínez Campos

English: Nelson Mandela in Johannesburg, Gaute...

English: Nelson Mandela in Johannesburg, Gauteng, on 13 May 1998 (Photo credit: Wikipedia)

English: The prison cell where Nelson Mandela ...

English: The prison cell where Nelson Mandela was once imprisoned. (Photo credit: Wikipedia)

Nelson Mandela Primary School

Nelson Mandela Primary School (Photo credit: Wikipedia)

…Y III
ELABORADO PARA, Y DEDICADO ESPECIALMENTE A EL TALLER (De la

Enciclopedia Libre Universal en Español)

EL TALLER.- Aquel individuo, desde la postración en las oscuridades del sí mismo, oía los golpeteos metálicos reales en la noche del taller real, en la redacción del diario. Por no sé qué mecanismos en los subterráneos de sus propias fuerzas telúricas, parecía entender dichos golpeteos como la fragua en el construirse desde sus propias profundidades. Habría de captar después que el ser hombre (especie) además de una llamada, una voca–ción a lo mismo, es una forja. Y que los golpeteos en los viejos yunques de la fragua no son castigo, sino duros moldeos para dejar luego el modelaje delicado, en el taller del alfarero. O en el delicado trabajo del decorador, que aromatiza con azahares lo que será, a fin de cuentas, el nuevo cuerpo, el cuerpo real. O en el pincel del artista–pintor, para que retrate lo que es o parece y diseñe mediante el instrumental de sus sueños, lo que podría ser. O en el músico–artista que se monta con su asombro en la sinfonía de lo real para decirnos en el canto, o en la orquesta, que el ser hombre también es ser creador de sinfonías, aun cuando de momento parezca todo desentonar por la tragedia del desamor, o la falta de entendimiento entre nosotros mismos. O en el esquema siempre nuevo de quien escudriña los sentidos, para darnos un vislumbre no de lo que podría ser, sino de lo que realmente será. O en el cronista de lo trágico, que nos da cuenta de las infamias de la historia guardadas en la memoria, o en los escondrijos de la desmemoria de cada pueblo y de las que tal vez nadie pueda lanzar primeras piedras. O en el cronista de lo actual que da cuenta de las infamias de quien le teme al otro y por eso estructura poderíos o ídolos potentados o imperios de por sí perecederos. O más bien se teme a si mismo, podría decirse, y se espanta de su propia grandeza. O en el poeta que canta al amor, a veces con canto devaluado por la palabrería ambiental. Pero más bien, en el poeta de la vida que lo practica en los arrabales de la condición social humana y vuélvese el amante del otro, llámese, ese amante, Francisco, Vicente, Damián o Juan o Martin Luther King o Teresa de Calcuta, o Nelson Mandela, o las miríadas de amorosos, preclaros o anónimos que han tejido la historia con fibras de Esperanza. El taller, pues, de la raza, la única, la humana. La raza humana que hace actual aquello que se dijo sobre los dolores de parto, ahora en la clínica redonda de la Tierra. Imagen siempre actual y referida a lo grande, al nuevo hombre, más que colectivo, comunitario que nace llorando, dando alaridos en su asombro, al asomarse, entre los escombros que deja el poder–dominador, a una nueva vida diseñada y puesta en práctica por el soñado poder–servicio. La transformación, o metamorfosis del sí mismo, personal o comunitario. Siempre acompañado, pero ahora lo sabe, con el resto de los vivientes en este insondable y delicado sistema que el sabio bautizó como Gaia, pero desde siempre muchos lo han referido como la familia humana, o la creación. Grande, cósmica idea, tampoco contradicha, ahora, por los aleteos iniciales del Big-Bang, cuando se diseñó todo con los instrumentos de La Sabiduría y El Amor, aun cuando hubiese sacudimientos insondables con la gran explosión, el gran grito del parto inicial. La energía seminal paterna que siembra mediante fuerzas insondables universos, galaxias, estrellas, planetas y lunas. Y los conductos y senos maternos amorosos que la riegan y la cultivan con la leche nutricia de Su Vida… Y COMO TODOS estos pensamientos van hoy hacia EL TALLER, los dedico desde luego, como mi homenaje–agradecimiento a quienes primero me acogieron: LadyInGrey, KillOrDie (ATW-KOD), Lourdes Cardenal, Roy Fokker. Y luego a todos quienes con su arte y su pensamiento, que aquí también es arte, participan en esta forja que se hace con diseños, letras, fractales, pinceles electrónicos, intercambios, debates, cantos…..Y sueños. (La Piedad, Mich., México, mañanita del sábado 23 de Febrero del 2008. Silviano Martínez Campos).